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Aaron Sorkin y sus mediáticas e irresistibles escenas inaugurales: “Studio 60” y “The Newsroom”

11/11/2013 -
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Nadie como Aaron Sorkin para imaginar y escribir escenas inaugurales para series de TV: Personajes irreverentes que delante de las cámaras enarbolan inesperadamente grandes reivindicaciones y le plantan cara al poder establecido. Quizás son fantasías de Sorkin, o quizás sus ganas de hacernos a todos mejores, pero es verdad que el género de la apertura se le da mejor que a nadie.

El nombre de Aaron Sorkin está íntimamente asociado al de televisión de calidad, aunque también con un ingrediente (algunos dirán que “pseudo-”) intelectual y, en algunos casos, también pretencioso. Sin embargo, aunque sus guiones pertenecen a esa “franja de prestigio intelectual”, no se puede negar que Sorkin maneja con maestría una brillante herramienta de promoción comercial: Los comienzos irresistibles. Aunque la obra televisiva de Sorkin aún no es tan extensa (al menos listando los títulos de sus series de TV) y sólo tiene 4 títulos (“Sports Night”, “Studio 60”, “El Ala Oeste de la Casa Blanca” y “The Newsroom”), al menos dos de ellos tienen comienzos… simplemente irresistibles, capítulos piloto imposibles de ignorar que llaman poderosamente la atención y hacen las delicias de sus empresas distribuidoras.

 

The Newsroom”: “¿Por qué América es el mejor país del mundo?”

The Newsroom” abre su capítulo piloto con una escena de lo más llamativa. El protagonista, Will McAvoy, presentador de un programa de noticias por cable, atiza un veloz e inesperado rapapolvo a una estudiante que se atreve a pedirle que explique por qué América es el mejor país del mundo, a lo que Will contesta que… no lo es. Sigue una imparable exposición de números y porcentajes que acredita la afirmación pero que rompe tanto las expectativas del público asistente como el contrato subyacente que cohesiona a éste con los invitados y portavoces del acto. La afirmación rompe el “contrato” que sustenta al acto público en sí y coloca a Will en una posición difícil de mantener frente a una franja inconscientemente patriota. Comparece así como un aparente antihéroe que pretende recordarnos los valores que sí deberían guiar el espíritu de América, pero que termina pasándole factura en términos profesionales, creando por tanto la primera gran tensión que alimentará “The Newsroom”.

Aaron Sorkin - The Newsroom

Evidentemente, Sorkin escribe para una audiencia americana a la que la afirmación de que los Estados Unidos no son el mejor país del mundo le resulta sorprendente, incomprensible e iconoclasta. La audiencia internacional de la serie, en cambio, recibimos la afirmación como algo mucho más alineado con el sentir general de nuestra población europea, en donde si bien carecemos de un fuerte impulso patriota, reconocemos una buena serie de valores sociales, morales, etc. al estilo europeo de los que nos sentimos orgullosos frente a la política americana. A los europeos no nos cuesta citar razones por las que América no es el mejor país del mundo y haciendo uso de tópicos y/o cifras informadas construimos con facilidad un ariete de lo más destructivo con semejante afirmación. Quizás, y debido a nuestra herencia histórica mucho más crítica y frankfurtiana, también seríamos el ariete de nuestra propia Europa, pero esa es… otra historia.

La audiencia europea, por tanto, y ante la citada escena, tiene que decidir si acepta el contrato que se le propone o no, es decir, si acepta en su interior el constructo mental que supone la sorpresa y la confusión que Sorkin espera que la audiencia americana sienta al hacer la afirmación de marras. La clave para aceptar ese “contrato” es ser capaces de entender que la audiencia americana sienta dicha confusión al recibir el mensaje, en cuyo caso no sólo es posible continuar viendo la serie con fruición, sino también, incluso, asistir desde el exterior a un debate de lógica autocrítica dentro de los propios Estados Unidos. Ciertamente, no es la parte más interesante de la serie, pero sí un regalo adicional para la audiencia internacional.

Aceptado el contrato, el comienzo resulta irresistible:

  1. Por la propia afirmación y su inherente iconoclasia que crea instantáneamente una falla sistémica y una polémica clara. Se trata de una verdad impopular que parece clamar la contestación intensa por parte de los estamentos de poder mejor establecidos de América, aunque el discurso de Will está plagado de datos objetivos que configuran en masa un discurso muy persuasivo.
  2. Porque Will lanza su discurso en público, frente a las cámaras de TV, regalando un metraje fácil de emitir y reproducir para su propio escarnio. No es la opinión privada, es una opinión revelada y publicada que se ofrece como una energía mediática imparable que los medios de comunicación emplean sin parar. Will no es sólo un tipo que dijo una verdad impopular, sino que es el “insensato” que además lo dijo frente a América.
  3. Porque su mensaje es inesperado. La lógica de la pregunta “¿Por qué América es el mejor país del mundo?” es manipuladora puesto que insinúa que lo es, da por sentado que lo es, y dificulta enormemente argumentar que no sólo no existe ninguna razón por la que América sea el mejor país del mundo, sino que además es que no lo es. El personaje de Will, a pesar de todo, lo niega.
  4. Porque Will libera su discurso a regañadientes, exhortado a opinar por el presentador del acto, pero sin el deseo de hacerlo. Como profesional de los  medios, es sabedor de las consecuencias que tendría contestar la verdad, y su personaje trata de sortear la respuesta haciendo uso del humor. Siente la tentación de contestar la verdad, una que sorprendería a todos, pero intenta acallarla para ahorrarse el escarnio y la masiva respuesta que él sabe que recibiría. Parte de lo irresistible de la escena es que Will no consigue vencer la tentación de contestar y rompe frente a las cámaras conformando un argumento incapaz de convencer a una masa preideologizada y prejuiciosa. Se convierte en un hombre solo frente al Sistema, frente a los Valores y la Patria, y sólo recibe la tachadura del “establishment”. El hecho de que su discurso fuera vertido a regañadientes descarta la posibilidad de que Will tuviera algún interés oculto al hacer sus afirmaciones, y por tanto, éstas comparecen como “una verdad” a la que se le debería dar una oportunidad. Por eso es tan “terrible”.

 

De este comienzo nace la tensión inicial que impulsa “The Newsroom”. Es verdad que, acto seguido e incluso dentro de la misma escena, el personaje de Will emprende una segunda parte para reivindicar lo mejor de los valores americanos, unos anclados en el pasado que la nación parece no haber sido capaz de llevar consigo hasta la actualidad, y a los que no tiene más remedio que reverenciar (lo dice el propio Will). Esta sucesión de valores de intención ejemplarizante puede ser la parte peor recibida por parte de la audiencia internacional de la serie que tiende a considerarlos en algún punto dentro de la horquilla que va de lo falso a lo manipulador o propagandístico. De hecho, puede ser la clave para comprender muchas de las críticas que ha recibido la serie, tanto después de la primera como de la segunda temporada. Y es que en todas las series de TV de Sorkin, sus protagonistas son personas de valores elevados que durante el desarrollo de las historias exhiben su actuación idónea y moral, y esto no siempre es recibido con satisfacción por parte de la audiencia.

De un modo u otro, el comienzo de “The Newsroom” nos dibuja un personaje que cita los valores que deberían regir su profesión, el periodismo, y que está dispuesto a poner contra las cuerdas cualquier eslogan o verdad preconcebida por impopular que ésta resulte. Se nos presenta un personaje de prestigio e informado con solvencia para darle la vuelta a las ideas que han sustentado algunas de las ideologías o prejuicios más comunes y que parece estar dispuesto a hacerlo delante de todos. Y como pasaría en la vida real si alguien hiciera lo mismo, la audiencia sentimos instantáneamente el deseo de saber más sobre este personaje y las consecuencias de su “salida de tono”.

 La escena, además, hace un uso brillante de los silencios. Al comienzo de la escena, los que discuten acaloradamente son los otros invitados al acto, mientras Will guarda silencio seguramente preguntándose qué le llevó a aceptar la invitación al acto o cuántas tonterías pueden decirse frente a las cámaras. Las frases de los personajes se pisan unas a otras, y todos hablan con velocidad articulando argumentos uno tras otro. Sin embargo, cuando Will lanza su inesperada afirmación, auditorio, invitados en el escenario y presentador del acto… simplemente guardan silencio. Se muestran además las caras absortas de algunas personas del público, que es la manera que tiene Sorkin de informar a la audiencia de que la afirmación debe ser entendida como algo totalmente contrario a lo que la audiencia cree de antemano. En esos momentos, todos guardan silencio. Las palabras de Will resuenan en el auditorio sin respuesta alguna, intensificando la gravedad de su discurso, dejando sin habla a quiénes deberían cuestionarle y como tomándose el tiempo necesario para recomponer una defensa frente a unas palabras que bajo ningún concepto esperaba nadie que Will dijera. Así es cómo el silencio contribuye a sentir que la escena es aún más grave, haciendo que el comienzo de la serie sea más intenso.

Un detalle más: Sorkin es un tipo curioso y atento a todos los cambios y tendencias que afectan a los valores elevados que rigen a sus personajes. En una serie sobre periodismo, o sobre los valores del periodismo, no puede falta una reflexión sobre los nuevos medios como Internet o las redes sociales.

La serie desarrolla mejor estos fenómenos en otros capítulos de la serie en los que se abordan asuntos como “Occupy Wall Street o la presencia de reporteros entre las revueltas de la llamada “Primavera Árabe”, aunque en esta primera escena que abre la serie ya se encuentra un guiño a las redes sociales: Mientras Will escupe números y sorprende a todos, la audiencia levanta sus smartphones para grabarlo y compartirlo en las redes sociales, Youtube, etc. lo antes posible. The Newsroom” es una serie muy interesada en estas nuevas formas de comunicación horizontal que, sin embargo, tienen un gran impacto en las sociedades actuales. Quizás “The Newsroom” no sea hija de la serie “Black Mirror”, serie que ya analizamos en Código Cine por su forma de integrar las nuevas redes sociales en su argumento, pero sin duda forman parte de una serie de obras que están analizando los efectos del fenómeno en términos periodísticos. Y por cierto, también comparten comienzos irresistibles.

 

Studio 60”: O cómo cantar las cuarenta a tu jefe en pleno directo

Studio 60 - Aaron Sorkin

Sorkin es un amante de los comienzos ruidosos y claramente mediáticos. “Studio 60”, una de sus obras más redondas en donde sus mejores cualidades brillan como nunca, abre con una nueva escena frente a las cámaras, aunque esta vez protagonizada por un secundario que trabaja detrás de las cámaras, no frente a ellas. “Studio 60” cuenta la historia de un programa de TV homónimo que se emitiría en directo cada viernes y lleno de sketches de humor. En los primeros minutos del capítulo piloto vemos al director del programa discutir con el delegado de la cadena que lo emite porque éste está exigiendo la retirada de un sketch llamado “cristianos locos” que podría resultar ofensivo para el mencionado colectivo. Y todo ello a pocos minutos de que comience la emisión del programa. Aunque el director acepta la orden y retira el sketch, todo cambia de rumbo inesperadamente cuando el director ordena la interrupción de la emisión en pleno directo, se coloca frente a la cámara y comienza a lanzar una arenga terriblemente crítica contra la dirección de la cadena por la censura política del sketch y por otras muchas razones que explica contrarreloj antes de que corten la emisión del programa. Los segundos que dura su encendido e irreverente discurso frente a la cámara en pleno directo mientras el delegado de la cadena amenaza en la sala de realización para lograr el corte… son, sin duda, uno de los grandes momentos de la serie. Y la idea de un director que aprovecha el directo para reivindicar libertad creativa frente a la cadena dando una suerte de golpe de estado mediático en plena emisión es una idea… irresistible. Un comienzo “al estilo Sorkin” que te amarra con fuerza para querer ver mucho más de la serie.

El capítulo piloto de “Studio 60”, de todos modos, no es sólo valioso por esta sorprendente y brillante escena de apertura. En realidad, el capítulo en su totalidad es una obra maestra de la televisión cuya historia podría desarrollarse hasta convertirlo en un largometraje digno del cine. La historia parte de una situación caótica y agotada y el capítulo finaliza con un nuevo comienzo lleno de ilusión en el que, de repente, el espectador está involucrado y en cuyo futuro confía tanto como la presidenta de la cadena de TV del programa, recién contratada la misma noche de autos (Amanda Peet). Si en lugar de repasar los comienzos de Sorkin, este artículo tratara sobre grandes capítulos pilotos, éste sin duda merecería una mención honorífica. Además, contiene los grandes guiños tan propios de Sorkin, empezando por unos diálogos eximios, acelerados y audaces.

 

Similitudes y diferencias

Aunque en el caso de “The Newsroom” el orador irreverente es el protagonista de la serie, o al menos su estrella central, en el caso de “Studio 60” se trata de un secundario que desaparece de la serie y que tan sólo es “utilizado” para escenificar la secuencia de apertura. Es un hombre de poder que la serie aparta como un accidente necesario para contar una historia con otros protagonistas. No obstante, en los demás elementos de comparación, las dos secuencias tienen muchos puntos en común:

  1. En primer lugar, en ambos casos se trata de “arengas frente a las cámaras”. La relevancia del levantamiento que realizan los protagonistas proviene del hecho de que son dramatizadas frente a las cámaras, ofreciendo a los medios la posibilidad de reproducirlas una y otra vez y con toda la relevancia pública de los medios de comunicación de masas (aunque cada vez menos masivos). Sorkin siempre ha sentido fascinación por el modo cómo los mass media configuran un espacio público-político donde los acontecimientos muestran toda su relevancia y en donde la higiene de los valores y las ideas es algo más que crucial (tanto más en “El Ala Oeste de la Casa Blanca”). En “Studio 60”, el riguroso directo en el que se produce el pronunciamiento mediático subraya el carácter ofensivo del mismo, toda vez que a ningún espectador se le escapa que dicha emisión estaba descontrolada para que pudiera salir la auténtica verdad.
    No es extraño que estas escenas inaugurales, tan relevantes para lograr un impulso claro en los ratings de audiencia que garanticen la supervivencia de la serie de tv en la parrilla televisiva, incluyan secuencias donde los medios de comunicación cumplen roles importantes. Se trata de uno de los puntos fuertes de Sorkin. De hecho, el capítulo 2×22 de “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, titulado “Dos catedrales” y considerado por muchos como “la mejor hora de TV jamás creada“, también reservó a los medios de comunicación un papel clave; y su evento más importante es, precisamente, que el Presidente de los Estados Unidos comparece ante las cámaras y ante la prensa para decir todo lo contrario de lo que se espera, retando a muchos, y reivindicando valores. Es… marca de la casa Sorkin.
  2. En ambos casos, los protagonistas de estas escenas caen en la tentación de hacer frente al poder. En el caso de “Studio 60”, frente a la dirección de la cadena; en el caso de “The Newsroom”, frente a los valores establecidos que, igualmente, podrían terminar con su carrera de periodista (estrella). Se trata de dos personajes que elevan dos discursos inesperados y turbadores que reclaman espacio para decir “las verdades” que otros no quieren confesar. En ambos casos, los personajes son conscientes de que sus palabras son inconvenientes e indeseadas por muchos que tienen poder sobre ellos, pero caen en la tentación de reivindicar su punto de vista. Los dos saben que su silencio les ahorraría problemas, pero no pueden evitar interrumpir y golpear con sus palabras.
  3. En ambos casos, los personajes caen en citada tentación por la reivindicación de unos valores en los que creen firmemente. En el caso de “The Newsroom”, se trata de una solicitud por recuperar los mejores y más acendrados valores periodísticos que guiaron a los nombres más célebres de la historia del periodismo americano (hombres que son citados a menudo durante la serie y que son tomados contundentemente como los referentes más puros para el trabajo de los protagonistas). En el caso de “Studio 60”, hablamos de la libertad política para expresar cualquier idea o historia en los mass media y de acuerdo con las reglas más básicas de la democracia. Los arietes verbales de estos dos oradores de crítica inesperada que hoy analizamos se constituyen no tanto por la contestación al poder, aunque lo hagan, sino por la apertura de un sendero de actuación que reivindique el cuerpo de valores morales, personales, profesionales, etc., que ellos desean para sí mismos y como ejemplo para todos los demás. Y como decíamos, es posible que sea este punto el que más ha animado a la crítica a volverse contra la serie “The Newsroom” a la que acusan de ser excesivamente moral y adoctrinadora. No obstante, en realidad, ésta es una característica común a todas las series de TV de Sorkin, que siempre ha hecho de los valores más elevados el hilo conductor horizontal de sus personajes.
  4. Una similitud adicional consiste en el carácter individualmente suicida de sus protagonistas que articulan y emprenden el ataque frente al poder en aras de los grandes valores pero siempre en su propio nombre, nunca en el del equipo al que podrían representar. Así, la reivindicación de los valores a costa del éxito personal se convierte en un acto de heroicidad que puede costarles todo su prestigio. Para Sorkin, los valores más importantes parecen ser dignos de actos autodestructivos cuyo éxito puede tener graves consecuencias para sus protagonistas.

 

Nada hace pensar que, si Sorkin emprende la escritura de una nueva serie de TV, ésta no vaya a contar con un sorprendente e irresistible comienzo con una escena de apertura de las que llenan de energía al resto de la temporada.

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