“Bates Motel” y su insuperable deuda hitchcockiana

La serie de televisión “Bates Motel” nos propone a modo de precuela televisiva dar forma al mundo del joven “Norman Bates” y asistir a la construcción de un personaje desquiciado cuyo desenlace conocemos por la “Psicosis” de Alfred Hitchcock.

Últimamente, y seguramente al amparo fértil de la denominada “golden age” de las series de televisión, estamos asistiendo a un repunte de producciones basadas en filmes de prestigio que adaptan su fórmula al formato de las series. Tal es el caso de “Hannibal”, propuesta protagonizada por Mads Mikkelsen que aquí analizamos hace meses y que se llevó a la pequeña pantalla gracias la eterna seducción del personaje de “Hannibal Lecter“, y ahora sucede de nuevo con la serie “Bates Motel”, creada bajo el auspicio del mito de “Norman Bates” que acuñara para siempre la película “Psicosis” (1960) de Hitchcock. Aunque estos brillantes tiempos de producción de series de TV han impulsado esta estrategia como fórmula para la concepción de nuevas series, lo cierto es que no tiene nada de novedosa. “Smallville”, al amparo de las películas de “Superman”, o “Las Aventuras del joven Indiana Jones” son sólo dos ejemplos de adaptaciones anteriores que atestiguan con esmero el éxito de esta fórmula cuyo valor creativo no debe prejuzgarse.

Y es que, aunque resulta verdadero que las series basadas en películas de éxito no existirían sin sus referentes cinematográficos, también es verdad que su calidad va a depender sobremanera del trabajo creativo del equipo de producción y de los guionistas. El caso de “Hannibal” demostró que la historia televisiva no sólo podía construirse con una trama psicológica de gran profundidad y complejidad psiquiátrica, sino que incluso es posible trasladar el foco de atención del personaje principal a otro alternativo, uno que desde luego no resultaba tan célebre entre los fans de “El silencio de los corderos”, y a pesar de todo confeccionar con tales elementos una propuesta irresistible. Las series adaptadas de películas pueden entrañar una gran complejidad y suponer un avance significativo sobre sus películas de referencia, o no ser más que una anodina extensión de escaso valor y nulas aportaciones que sólo demuestra el interés comercial de los propietarios de los derechos dispuestos a exprimir el beneficio de una obra de éxito.

Bates Motel” lucha constantemente por ser un ejemplo del primer tipo. La serie parte de los elementos míticos de “Psicosis”, disponiendo sobre el tablero su sistema de personajes y puntos de energía: “Norman Bates”, “su madre” y “la casa”, un triángulo de fuerzas cuya insalubridad es bien conocida por la audiencia que recordará bien los demonios y delitos del personaje de Hitchcock. Lo irresistible de la propuesta es asistir al hilo conductor que promete llevarnos desde la aparente normalidad de una situación familiar como mucho llamativa, hasta los terribles temores y actos delincuentes que envuelven la historia de “Norman Bates” en la memoria de la audiencia. Se trata de una fórmula de precuela que debería ayudarnos a construir mejor el personaje que conocemos descubriendo los momentos clave de su pasado en los que se nos promete que se forjó el verdadero talante del asesino.

Una insuperable deuda Hitchcockiana

"Bates Motel"

Así, la serie se ve abocada a confeccionar una mezcla desequilibrada de elementos: Los puramente hitchcockianos, es decir, aquellos cuyo origen reside en la película original; y un conjunto de nuevas subhistorias que sirven a la construcción de la trama y que constituirán la verdadera narración en la sucesión de los capítulos. De este modo, la lógica hitchcockiana queda reducida a tan solo unos ciertos e interesantes indicios que asoman en los bordes de los personajes basados en la película y que como espectadores disfrutamos encontrando. Sin embargo, el consumo de la serie requerirá una audiencia dispuesta a seguir una trama totalmente novedosa con unas problemáticas y un devenir que muchos juzgarán francamente alejados de la historia original e incluso de cierta gratuidad. Tales meandros narrativos que conducen la historia por paisajes inéditos y en ocasiones esperpénticos incluyen subtramas relacionadas con el cultivo ilegal de cannabis o el tráfico internacional de mujeres, subhistorias que varían notablemente el paisaje de la narración y que hacen a la audiencia preguntarse a menudo si era necesario acudir a recursos tan lejanos, o si realmente tienen algo que ver con la lógica supuestamente psicológica de la idea original.

Básicamente, los elementos que responden a la historia de Hitchcock así como aquellos que sirven para explicar comportamientos presentes en la película original, son la parte más funcional y definitivamente interesante de “Bates Motel. Sin embargo, el resto de las subhistorias carecen de la creatividad o el interés necesario para enganchar a la audiencia por sí mismas. Se postula así la gran deuda que la serie tiene para con la película de Hitchcock y sin la que no sólo, como decíamos, no existiría, sino que además no tendría más interés que el de una serie de televisión de segunda clase.

Sin embargo, el visionado de “Bates Motel” no es difícil, casi siempre alimentado por el reconocimiento de los personajes que conocemos de la película original y porque ofrece con frecuencia oportunidades para “unir los puntos” e ir montando el camino que debería conducirnos a la historia hitchcockiana que conocemos de antemano. Así, por ejemplo, se presentan momentos bien agradecidos en los que las palabras o los actos de algunos personajes se cargan de significado como precedentes de los acontecimientos narrados en la película. Por ejemplo, cuando “Emma Decody” (Olivia Cooke) le dice a “Norman Bates“: “No puedo ni imaginarme el shock. Que un tío que te gusta tanto resulte ser un auténtico monstruo”.

Se trata de referencias intertextuales que aunque veladas, remiten constantemente al texto energético fundamental de la serie, la película de Hitchcock. Tanto Norman Bates como su madre, “Norma”, así como su poco conveniente relación, pasan a ser los elementos de interés en una trama sin demasiado atractivo, y sin patrimonio autónomo suficiente para conservar el impulso de toda una temporada. Si la audiencia llega al final de la misma será sobre todo por la promesa de un imaginario hitchcockiano que debería satisfacer a quiénes ya se aproximaron a la serie en calidad de espectadores de “Psicosis”.

 

Un desarrollo psicológico insuficiente

"Bates Motel"

Por mucho que “Psicosis” sea recordada para siempre por la escena de la bañera y por sus eternos acordes histriónicos durante el asesinato, lo cierto es que se trata, eminentemente, de una historia de enjundia psicológica. El enorme atractivo de “Norman Bates” no reside tanto en la solución estética elegida por Hitchcock para dar forma a esa escena inolvidable de la historia del cine, sino más bien por la lógica mental que sustenta su tormento de forma totalmente verosímil. La audiencia de la película termina comprendiendo la insana relación que mantenía “Bates” con su progenitora y la terrible manera cómo ésta termina afectando a su mente desquiciada. Comprendemos la tensión interior de “Norman Bates”, y aunque la audiencia no disponga de competencias psiquiátricas profesionales, concluye con acierto la locura en la que “Bates” se ve progresivamente sumido hasta convertirse en un peligro.

Sin embargo, Bates Motel” no parece contribuir de forma creativa en este aspecto de la historia, cuya autonomía parece sustentarse de partida más en las asunciones preconcebidas por la audiencia (a la que se le presupone el visionado previo de “Psicosis”) que en elementos novedosos que enriquezcan la explicación de la locura de “Bates. De hecho, por ahora, pareciera que “Bates Motel” simplifica esta ruta mental de su personaje principal reduciéndola a sus elementos más básicos y tópicos. Inaceptable argüir en defensa de “Bates Motel” que al tratarse de un formato televisivo no corresponde entrar en profundidades psiquiátricas, puesto que el caso anteriormente citado de “Hannibal” alcanza con su esmeradísimo guión profundidades psicológicas de mayor abstracción y complejidad narrativa, lo que seguramente se ha convertido en la razón de que haya sido tan alabada como producto para la televisión. Es posible que en esta faceta, incluso, supere la obra cinematográfica original. Bates Motel” podría haber desarrollado mejor las tribulaciones interiores de un personaje cuyo desquicie se ha de explicar con mucho más detalle. No cabe mostrar simplemente el efecto delincuente de su delirio, sino que la clave del éxito debería estar en la minuciosa conexión de sus sentimientos y sus fantasías, área que aquí no queda suficientemente desarrollado por los guionistas. Como decíamos, la profundidad psiquiátrica de “Norman Bates” se reduce al recuerdo básico que el espectador más probable tendrá tras haber visionado en la distancia la obra de referencia de Hitchcock. De hecho, la ausencia de elementos que permitan reconstruir el laberinto mental de “Norman Bates” hacen que éste pueda ser concebido más como símbolo de un amor desmedido e insano por su madre que como personaje narrativo descrito al detalle. En “Bates Motel”, “Norman Bates” no es tanto una adaptación autónoma del personaje de la película de Hitchcock sino más bien un símbolo de dicho personaje, cuya verosimilitud y dignidad narrativa se encomiendan a lo expuesto por el guión de la película de 1960.

Una estética en deuda pero bien resuelta

Donde la serie alcanza una competencia artística innegable es en la faceta de la recreación artística del mundo de “Psicosis” de acuerdo con las formas y estéticas propias de la televisión. La serie orquesta con acierto los elementos clásicos, entre los cuáles la casa cumple una función estética primordial, dando lugar a planos de gran poder visual. Se trata de referencias intertextuales que remiten, al igual que decíamos antes de los personajes, a la obra original, aunque aquí desarrollados visualmente, en color, con arreglo a las fórmulas televisivas y con una prolijidad de imágenes que permite alargar su presencia visual hasta la longevidad y la autonomía necesaria para una serie de televisión. Los planos del exterior de la casa compiten con los del interior, en los que resulta fácil encontrar el ambiente de la película original pasado a través del filtro de la televisión y la actualización temporal por la ambientación de la historia en la actualidad. En realidad, todo el diseño de producción ha estado a la altura de la serie, incluyendo la parte del vestuario, especialmente acertado con el personaje de “Norman Bates”. El casting del personaje principal, Freddie Highmore (“Charlie y la Fábrica de Chocolate”), es otro de los aciertos de la película, que puesta a remitir constantemente a la película original requería de un actor con una innegable conexión física.

En definitiva, una adaptación que lucha por ser del tipo que contribuye pero que termina consiguiéndolo en muy contadas ocasiones. Lejos de resolverse, la deuda con la obra de Hitchcock planea permanentemente sobre la narración de una historia que se permite inconvenientes meandros con subhistorias de lo más improbables.

 

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  • Es buenísima la serie. El actor inmejorable, y desde el punto de vista psicólogico está muy bien lograda. La serie no se trata únicamente de Norman y el desarrollo de su enfermedad mental, sino, el escenario único hubiese sido un hospital psiquiátrico. Está muy bien balanceada entre la psicología del personaje y lo que pasa en torno a él. Y si uno sigue la trama puede darse cuenta cuales motivos hicieron que se le desarrollara la psicosis, cosa que en la película no es tan claro ni con tanto detalle. Estudié psicología por muchos años y se nota que está siendo apoyada por profesionales de la salud mental, no creo que nada esté echo al boleo, más cuando se trata de una enfermedad mental tan grave, ya que no tiene cura. Si se tratase de criticar solo la historia, el guión, efectos cinematográficos, u errores en los diálogos, ok. Pero si no sos psicólogo creo que no deberías involucrarte hablando de algo que no tenés idea. Y me da la sensación de que no viste la serie, porque hay una intensa conexión entre las alucinaciones y sus sentimientos, si justamente estos son el disparador de las alucinaciones: Cuando lo secuestran y lo encierran; el se acuerda de las palabras de su madre que le decía que todo iba a estar bien; Cuando se encierra con su “amiga” en un armario porque su padre golpeador llegaba a la casa y él se acuerda de cuando su propio padre golpeaba a su madre. En fin, está más que claro y no estoy para nada de acuerdo con tu crítica a la serie.
    Saludos

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