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Veni, vidi, Milcho (Manchevski): ”Before the rain”

31/07/2016 -
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Es más que justo reivindicar la obra de Milcho Manchevski, director macedonés que, a pesar de su contar en su carrera con pocas obras, es indudable que ha creado un universo propio, un estilo muy personalista, detallista, y en el que tienen cabida tanto la belleza más puramente artística, con una visión de la realidad del país en el que ha nacido. Aunque su visión nunca incluye la crítica social como estamos acostumbrados a observar en el cine; simplemente nos planta ante los ojos una radiografía de un país que es como cada una de las películas de Manchevski: multicapas, crudas, sugerentes y sangrantes. Con su primera película,”Before the rain”, consiguió una entrada triunfal, dejando para el recuerdo una de las mejores películas europeas de los 90.

Dividida en tres partes pero con una concepción del tiempo de tal complejidad, esférica podría decirse, que al finalizarla lo primero que se piensa es en volver a verla para “completar el círculo”, frase que sale de la boca de uno de los personajes. Y es que el tiempo es una de las obsesiones de Milcho Manchesvski, no solo referente al paso del tiempo, sino al tiempo en el que nos ha tocado vivir, en cómo nos adaptamos a él, y en cómo tomamos decisiones en la vida para que el tiempo sea  un poco menos doloroso.

Before the rain - Manchevski

Las primeras escenas ya son una declaración de intenciones: leemos una cita del escritor ¿serbio?, ¿bosnio?, ¿yugoslavo? Mesa Selimovic:

Whith a shriek birds flee across the black sky, people are silent, my blood aches from waiting

(Con un graznido los pájaros volaron cruzando el negro cielo, la gente está en silencio, me duele la sangre en la espera)

Y seguidamente, la más que sugerente y envolvente banda sonora de Anastasia (grupo macedonio, ¿eh?) ensalza la hermosura de las primeras imágenes: la cara de un joven monje, que nos transmite serenidad y dulzura, el sol que lo baña todo, un monasterio, el agua, el huerto…

Pero la escena que más llama poderosamente la atención, y que retrata con mucho simbolismo esa cruda realidad, ese tiempo al que hay que adaptarse que decíamos antes, es una en la que vemos a unos niños jugar en la tierra (escena que bien podría haberse sacado de un western de Sam Peckinpah) jugando con tortugas como si de tanques se trataran. Esos niños se han tenido que adaptar al tiempo en el que les ha tocado vivir, hacerlo suyo; no juegan con una pelota, juegan a la guerra. Después vemos a esos mismo niños jugando con balas y fuego. Y de repente, un trueno, augurio de lo que vendrá después, estamos en ese  justo momento de calma que precede a la lluvia.

Pero la escena sobre la recae toda la escena de la película, es en la que vemos el retorno del personaje de Rade Serbedzija (hay que otorgarle a Manchevski la medalla de honor por ser el único director capaz de contener sus excesos interpretativos; Kubrick, a lo mejor llevado por la vejez, no pudo). Vemos el retorno de Ulises a su Ítaca para ver a Penélope. Vemos el viaje en autobús por Skopje, vemos flashes de la cotidianeidad de un país tosco (tanques de las Naciones Unidas por el asfalto, una pareja discutiendo en la calle mientras al fodo, una pintada reivindica comida), al que le ha tocado vivir en un momento difícil. Pero la cara de absoluta felicidad del protagonista,  la canción que oímos de fondo, nos/le aísla de la fealdad  de lo que le rodea. Le da igual, el héroe vuelve a su patria. Usando como simbología un túnel (muy de la filmografía de Manchevski, robado a su vez de Tarkovsky), desembarcamos ya por fin en el hogar, hogar que ha sido víctima de la guerra, una casa completamente en ruinas, como él; busca a su Penélope. Y en ese instante, nuestro Ulises se da cuenta de que ha estado fuera mucho tiempo, de que aquella patria suya tiene unas reglas que son irrompibles, de que el amor no puede con todo.

Before the rain - Manchevski

El espectador recibe una torta, porque hay cosas de la guerra, cosas que suceden entre gente que vive en un mismo país pero que pertenecen a distintos pueblos, que son ajenos a nosotros. No podemos llegar a hacernos una idea; esta película es sólo una pincelada.

Y el círculo se cierra. Nos volvemos a encontrar en esa dulce calma justo antes de la lluvia.

 

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