Series de televisión

black-mirror-foto

“Black Mirror” (1×01), un experimento de crisis política y mediática en la era de Twitter y Youtube

06/06/2013 -
1 comentario
¿Y si la única forma de salvar a la princesa fuera que el Primer Ministro mantuviera relaciones con un cerdo en TV? “Black Mirror” reflexiona sobre una crisis política en tiempos de Twitter, Facebook y Youtube.

 

Twitter, Facebook, Youtube… hoy son ya términos que usamos con cotidianeidad, casi sin llegar a ser conscientes del modo cómo han llegado a intervenir y modificar el mundo en el que vivimos. El primer capítulo de la serie “Black Mirror”, más en la línea de los célebres y ya históricos “Cuentos asombrosos” (la serie de televisión de Spielberg de los 80) que en la de una serie al uso actual, se hace cargo de la omnipresencia de todos estos términos y nuevos canales de comunicación (e intermediación) personal y los pone en acción proponiendo una pregunta insólita, un interrogante contundentemente magnético al que, simplemente, hay que dar respuesta.

¿Y si la única manera de salvar la vida de la princesa real fuera que el Primer Ministro de Inglaterra aceptara mantener relaciones sexuales con un cerdo en directo en televisión? ¿Aceptaría el trato?. 

Pareciera, en este punto, que el interrogante de esta primera propuesta de “Black Mirror” (su capítulo “piloto” al que de ahora en adelante nos referiremos aquí simplemente como “Black Mirror”), queda del todo focalizado, aunque la realidad es que la historia abre constantemente nuevos frentes de narración y de reflexión: desde la manera cómo las redes sociales han modificado las funciones clásicas de los medios de comunicación, hasta el poder de la imagen para manipular a la opinión pública y otros a veces tópicos y otras veces novedosos debates en torno a este nuevo mundo de micro-comunicación personal omnipresente que parece estar cambiando todas las reglas. Vamos por partes a analizar los debates que plantea y el modo narrativo cómo los pone en escena:

1) El impacto de los nuevos medios de comunicación

Twitter, Facebook y Youtube son nuevos elementos que se integran en la historia de “Black Mirror” de forma estructural, cada uno con sus características específicas e inherentemente desarrolladas en el transcurso de la historia. La serie se empeña en mostrarnos el rosario de cambios y novedades que estos nuevos medios están forzando en nuestras vidas y desde luego en la relación entre medios de comunicación y otras formas de poder. No se trata de una característica única de este capítulo piloto de “Black Mirror”, sino que se trata de un recurso permanente y constante en las dos temporadas de la serie y que se convierte, en último término, en su característica más definitoria. “Black Mirror” parece emplear la propuesta de cada capítulo apenas como excusa para poner en juego las nuevas redes de comunicación digital (Twitter y compañía) y reflexionar sobre los efectos que éstas tienen sobre el mundo en el que vivimos. Y lo hace con esmero, con imaginación y, si atendemos con un poco de perspectiva de futuro, hasta con rigor. De hecho, producto de este empeño, hace uso incluso de jerga específica, como el sexting, que tiene una función determinante en el desarrollo de la historia: Una periodista se hace fotografías desnuda y las envía a alguien del equipo de gobierno para que le pase en primicia información secreta sobre lo que va a suceder. Lo cierto es que el fenómeno no es tan interesante por el hecho de retratar la tentación en la ya tópica relación prensa-gobierno (la habíamos visto mejor documentada en “El Ala Oeste de la Casa Blanca” de Sorkin , en “Scandal” o en “House of Cards“), sino por el hecho de que ésta se desarrolle por un canal nuevo como es el del sexting que sólo existe gracias a la inmediatez de los nuevos canales de comunicación interpersonal. “Black Mirror” da así comienzo a su empeño por mostrarnos en qué medida ha cambiado el mundo por el efecto de los nuevos medios, y en este caso incluso proponiendo el debate sobre la corrección de la práctica en cuestión (aunque no desde un punto de vista objetivo, al ser utilizado de forma profesionalmente deshonrosa).

El resultado es una fotografía caleidoscópica, y por tanto muy fragmentada, de todas las nuevas técnicas de comunicación interpersonal y de todo lo que está pasando en la nueva manera cómo se relacionan las personas para las que, como empezábamos diciendo, Facebook, Twitter o Youtube ya son momentos imprescindibles de su día a día.

2) Imposibilidad de detener la información en el mundo de los nuevos medios sociales

blackmirror3

Hasta hace no tanto, y aún hoy en alguna decreciente medida, el poder (personificado habitualmente en los gobiernos aunque también deberíamos pensar en las corporaciones y otras instituciones) han tendido a apartar de la opinión pública aquellas informaciones que no les resultaban favorables. La dinámica de control de los medios de comunicación y el hecho de que no existiera la posibilidad de twittear cualquier item de información (una frase, una foto, un video…) con la pasmosa facilidad con la que se puede hacer ahora, favorecía esta asimétrica relación en la que la sociedad salía perdiendo viviendo en una situación de ignorancia parcial. “Black Mirrornarra la frustrada intención del Primer Ministro de tratar de ocultar la crisis cuando ésta ya se ha filtrado a Youtube consiguiendo miles de visualizaciones en tan solo unos minutos y siendo replicada por doquier para que no desaparezca de la red. Esto cambia, además, la relación entre el gobierno y la prensa que ya no puede negociar con el poder la emisión o no de un determinado contenido: vigilante y vigilado quedan vendidos por el aluvión de “autenticidad” y autonomía de los nuevos medios como Twitter que de forma homeostática parecen reaccionar para proteger aquella información que alguien desea hacer desaparecer. Es como si las nuevas redes sociales tuvieran una voluntad de proteger de forma espontánea aquellos contenidos que alguien quisiera hacer desaparecer, generando réplicas incontables que se propagarían rápidamente por la red (idea que recuerda al funcionamiento de un antiguo proyecto P2P de Internet llamado “Freenet” diseñado precisamente para proteger cualquier información que entrara en la plataforma).

3) Crisis en la autenticidad de los medios de comunicación de masas ante la llegada de los nuevos medios sociales

Black Mirror” pone en escena la reciente crisis en la que se encuentran las funciones clásicas de los medios de comunicación de masas: ¿Qué hacer cuando las redes sociales son más rápidas y más auténticas que tú? La serie retrata el ensalzamiento universal de las redes sociales al que ya estamos acostumbrados (en especial Twitter) por su autenticidad: son redes no politizadas, transparentes, democráticas, no controlables, etc., y los usuarios viven con la ilusión de que es SU red, garantizando así esa mencionada autenticidad en su comunicación.

De hecho, “Black Mirror” hace una rápida mención a Dogma95, un manifiesto cinematográfico auspiciado por Lars Von Trier que defendía una serie de normas a observar a la hora de rodar cine con el objeto de alcanzar su autenticidad, su vuelta a los orígenes, a la eliminación de lo artificial, a la anulación de los efectos de su escaparatista decoración o su iluminación estilosa. Eliminaba los trucos del cine, igual que las redes sociales eliminan, a costa de una presentación estilosa,  la intermediación en aras de la verdad.

blackmirror2

Black Mirror” también nos obsequia con un pequeño pero gráfico ejemplo del fracaso de los medios de comunicación convencionales para competir en autenticidad con los nuevos medios: Mientras la gente habla con naturalidad sobre lo pudendo, con sus propias palabras, sin farsas, a través de Twitter y el resto de canales, los mass media convencionales debaten y se autolimitan en el uso de las palabras para no herir sensibilidades y satisfacer a todas las partes involucradas llegando a la ridiculización de su propio código de valores. Por eso, la historia nos cuenta que las redes sociales llegan más directamente y con más éxito al resto de la gente, resultando más “comunicativas”. 140 caracteres en donde no cabe protocolo de etiqueta corporativa de ninguna clase termina venciendo en elocuencia y capacidad de comunicación a los discursos estructurados de los mass media.

4) La serie plantea el concepto “Mente Colectiva de la red

La masa de pequeñas opiniones y comentarios que son el imparable flujo de las redes sociales parecen constituir un ente pensante que a partir del más mínimo detalle descubierto por uno solo de sus miembros alcanza grandes posicionamientos de implicaciones políticas.

Esa “mente colectiva de la red” aparece aquí retratada como una inteligencia única que es la suma de todas las pequeñas inteligencias (máximo 140 caracteres) que residen en las redes sociales. Millones de pequeñas opiniones a un ritmo trepidante que juegan compareciendo como un único interlocutor virtual. Es una especie de Skynet capaz de manejar y procesar ingentes cantidades de información; una gran mente con una capacidad de memoria a la que no se le escapa nada (como demostró la llamada “Primavera árabe”, que consiguió que algunas imágenes particulares, aparentemente perdidas en el maremagnum de los twits, llegaran a convertirse
en imaginario del conflicto amplificado en occidente) . “Black Mirror” no sólo menciona explícitamente este concepto, sino que lo muestra y lo integra en la historia adjudicándole la grave tarea de hacer cambiar un estado de opinión que inicialmente parecía inmutable. Resulta interesante el alto nivel conceptual y de reflexión estructural que la serie alcanza con sus diálogos y escenas, a costa, a veces, de perder a parte de una audiencia que seguramente no abandona motivada tan sólo por dar respuesta a la pregunta crucial del episodio: ¿Lo hará el Primer Ministro?.

5) El poder de la imagen para manipular a la opinión pública

(SPOILER) La imagen del dedo de la princesa, cortado con toda su violencia, es un contenido de morbo que la audiencia consume con avidez y que conlleva la pérdida de la responsabilidad como ciudadanos, la renuncia de la cordura, la pérdida de la ciudadanía. De repente, la audiencia espera que el presidente ceda y con él todos nosotros con nuestros valores. Una sola imagen, aunque implacable, pone en jaque a todo un código de valores sobre el que se asienta nuestra sociedad. Y en la medida en que la población doblega masivamente sus valores más allá de la dignidad traslada una presión insostenible al gobierno que ya es incapaz de mantener su discurso “correcto”. Se traiciona la base del sistema democrático y por eso tiene éxito presionando al poder, que no tiene más remedio que claudicar. Y el carburante de la imagen es el morbo de su visionado. Esta es, quizás, la afirmación y la reflexión más profunda y más grave de toda la narración y seguramente la culpable en gran medida de la existencia de esta historia.

6) Un gran punto de inflexión que cambia la lógica de la historia

blackmirror4

(SPOILER) Proponemos una estructura de la historia en dos partes según el nivel de garantía de verosimilitud que nos ofrece cada una de ellas. Durante la primera mitad del metraje, la historia parece responder con verosimilitud a los términos exactos del experimento propuesto. La conducta política y personal de los afectados responde a lo que cabría esperar (la reacción de Twitter, la opinión pública, los medios de comunicación, la familia real, etc.), contado con un desarrollo limpio y medido. Se trata, sin duda, de la parte más interesante del experimento. Sin embargo, hacia la mitad de la historia, la decisión del Primer Ministro de continuar adelante con la locura produce una falla insoslayable en esa lógica de verosimilitud inaugurando una segunda mitad regida tan sólo por la lógica de la caricatura o la del espectáculo. Puede que la historia se deje llevar en su propio goce de locura, puede que sólo quiera proporcionar el “momento culminante” (temerosa de que de otro modo pudiera resultar decepcionante para la audiencia de dentro de la historia y la de fuera, nosotros), o puede que “Black Mirror” tuviera desde el comienzo nada más que el empeño de demostrar que la línea que separa la responsabilidad política del mundo de lo exagerado es perfectamente traspasable, extremo éste a todas luces inaceptable y mucho menos en los términos escópicos en los que se resuelve la escena de marras. Desde ese punto insólito de la narración, ésta pierde el contrato de decencia en su exposición a la audiencia y se deja vencer por un desarrollo azaroso y desmedido que podría denominarse “política ciencia-ficción. Son, éstas, las dos antagónicas partes de un metraje que termina demostrando que, en realidad, no dispone de altura narrativa suficiente para ser una gran historia.

De hecho existe un detalle narrativo aparentemente insignificante que confirma esa pérdida de compromiso con la verosimilitud de la historia y que consiste en la ausencia de primeros planos que recojan los gestos en los rostros de los dos asesores del Primer Ministro ante la inminencia del grave acontecimiento. La escena muestra bastante, pero no se nos enseña el impacto íntimo y personal que ello conlleva en los más íntimos colaboradores políticos del Primer Ministro. Resulta muy sencillo comparar la forma cómo esta escena se habría resuelto en otras series de carácter político más comprometidas con la dignidad de la historia: En “El Ala Oeste de la Casa Blanca” vimos a menudo los gestos compungidos de “C.J. Cregg”, de “Sam”, de “Tobey”, etc., cuando el presidente “Bartlett” encaraba decisiones duras; en “Scandal” veríamos a “Olivia” con gesto de sufrimiento y responsabilidad al ver al Presidente decidir con dolor; e incluso en “Boss”, donde la dureza del personaje protagonista parece aplacar el sentimentalismo de sus allegados, cabe imaginar el gesto internamente tierno y empáticamente sentido de “Kitty O’Neil”, consciente de lo que pasa por el corazón del poderoso “Tom Kane”. En “Black Mirror”, estos gestos no se habrían sostenido ante el espectador porque para entonces la historia ya había descarrilado hacia lo imposible y semejantes planos habrían frisado lo ridículo y hasta el humor. La narración se ahorra estos planos fingiendo que convoca la aplicación urgente de la lógica frívola de una serie de formato 20 minutos en lugar de la lógica trascendente que le corresponde a juzgar por sus más de 40 minutos de duración. Se produce así una cierta desincronización entre las lógicas que corresponderían por la naturaleza de la historia y la que, por el contrario, se despliega por el formato elegido para contarla.

Salvando las distancias, la conducta del Primer Ministro y la evolución de la historia a partir de ese grave punto de inflexión (increíblemente narrado con una trascendencia sintáctica en los planos, la música, ritmo, etc. similar a aquella con la que Aaron Sorkin nos contó el grave desplazamiento del Presidente Bartlett en el histórico episodio 2×22 llamado “Dos catedrales” dela serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca”) recuerda al de los personajes de las películas de Buñuel retratando a la gente de clase alta encarnando acciones y decisiones impropias, como puede constatarse de hecho en “El discreto encanto de la burguesía”, aunque eso sí, Buñuel caminaba ya confesadamente por el mundo del surrealismo que le caracterizaba, y no con el efecto secundario de una locura indebidamente concedida en el desarrollo de la historia que parece más bien ser el caso de “Black Mirror”.

Black Mirror

Y para terminar queremos proponer una lectura alternativa de la historia de “Black Mirror” que encuentra puntos en común con el tema de la conservación de los valores frente al terrorismo, un asunto de importancia capital en la opinión pública británica que es, a fin de cuentas, el público al que se dirige esta serie. El embate constante de los grupos terroristas y sus atentados pueden animar a una sociedad inicialmente estable en sus valores de corrección a caer en la tentación de saltar sus propios principios y avalanzarse a una lucha de igual a igual sin límites ni valores morales. El discurso de “lo correcto” se mantiene como referencia de lo que una sociedad quiere ser mientras se mantenga el orden; pero si el caos amenaza a éste, la sociedad puede reclamar contestaciones más allá de lo presentable renunciando para siempre a sus valores ciudadanos y democráticos. Y una vez se traspasa la línea de lo correcto se produce un proceso de bestialización de los ciudadanos que, desprovistos de control moral, sólo ansían satisfacer sus deseos. En “Black Mirror”, ese deseo es escópico, el deseo de “verlo todo”, el deseo de ver al Primer Ministro. Y una vez satisfecho ese deseo, superados y perdidos para siempre todos los límites morales, la audiencia bestializada sólo encuentra la frustración, la sensación de fracaso y el asco. Asco que se encuentra en los rostros de una audiencia cuyo deseo escópico termina hiriendo su calidad moral. Se trata de la escena simétrica a la que vivimos en “Batman: El caballero oscuro“, cuando el “Joker” dispone a dos colectivos de ciudadanos inocentes e incomunicados entre sí abordo de dos barcos en la difícil situación de confiar mutuamente a que el otro colectivo no les destruirá a ellos primero. Nolan y su “Batman” de valores se encantaron exhibiendo la bondad y la madurez moral de los ciudadanos, aunque “Black Mirror” apuesta, precisamente y sin tapujos, por lo contrario.

En definitiva, una pesimista historia que compensa su irresistible punto de partida con una evolución indigna, inverosímil, desviada y caricaturizada que, además de insultar a los ciudadanos suponiéndoles la más vil de las caras, les aboca a un final sin altura y sin clase. Apenas brilla en su primera mitad al reflejar ese nuevo mundo donde los medios de comunicación interpersonales y las redes sociales parecen haber trastocado las lógicas clásicas entre poderes de formas que a los ciudadanos nos suelen resarcir en nuestra eterna pugna contra las clases dirigentes. Es esta la más interesante de sus reflexiones, y afortunadamente, a juzgar por los capítulos posteriores de la serie, el verdadero objetivo narrativo de “Black Mirror”.

Publicación posterior Publicación anterior
  • Ha sido una serie muy impactante en muchos sentidos, y estoy totalmente de acuerdo contigo que saca lo mas vil y oscuro de la naturaleza humana, con los medios de comunicación y de la red como herramienta. Es el “pan y circo” de toda la vida, a lo s.XXI. Desde luego cada capitulo te hace reflexionar. Para mí ha sido una grata sorpresa haberme cruzado con esta serie, aunque pique un poco jejeje
    Muy recomendable

Tu dirección de email no será publicada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR