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Escenas para la historia: “Borgen”, 2×06. Una dialéctica elegante entre la emoción y la prudencia narrativa

01/03/2015 -
2 comentarios

Hacer estallar la emoción pero conservando la elegancia y la prudencia narrativa es una cota al alcance de escasos textos. “Borgen” ejemplifica la proeza del equilibrio y la buena TV.

 

Sobre el papel, no sería “Borgen” la mejor oportunidad para describir una escena de alta carga emocional, habida cuenta de que se trata de una de las mejores series de TV jamás rodada sobre política pero por todo lo contrario a lo emocional. Su guión no es tan efectista como el de “House of cards”, ni sus tesis son tan oportunistas como las de “Secret State”, ni sus valores políticos alcanzan el idealismo de Sorkin en “El Ala Oeste de la Casa Blanca“,  y es por eso que despliega un texto bastante equilibrado, de personajes ricos y con pliegues y con políticas pragmáticas que ofrecen una visión razonablemente realista y posibilista del mando político y del sentido de estado. Por todo esto, la serie danesa merece, decíamos, ser mencionada en relación a sus dotes políticas, y no tanto por las emocionales. Sin embargo, el capítulo 2×06, titulado “Ellos y nosotros”, cierra con una embriagadora escena emocional que atrapa al corazón y lo alimenta con una carga sentimental enorme terriblemente alejada del contenido abstracto del resto de la serie y de su devenir político.

Una bellísima y embriagadora escena final sin palabras que atrapa al corazón

Ojo, a continuación se desvelan muchos contenidos de la escena y de la serie para su análisis. Unas escenas antes de la que nos ocupa, Kasper le dice a su ex-pareja Katrine que la quiere y que “siempre la ha querido solo a ella”. Ella le responde: “Uno comparte los secretos con aquellos a los que quiere”, aludiendo indirectamente a la razón por la que ella finalizó la relación con Kasper, que no fue otra que descubrir algunas de sus mentiras fundamentalmente relacionadas con su padre. Kasper le habla con los ojos llenos de lágrimas, tras perder su empleo y asistir al fracaso de su reciente relación sentimental con otra mujer. Le habla desprovisto de estrategias, sin defensa, expuesto a una intemperie emocional sin asideros posibles, acuciado por la simultaneidad de las tragedias que están desmontando su estructura vital. Ante la mujer a la que ama, y en la distancia figurada que les separa, Kasper nombra la única gran certeza que le queda, su amor por ella, ya sin máscaras que sostener ni alternativas en las que fingir confiar. Poco después, Kasper se redime ante ella visitándola en su casa y entregándole una caja de cartón con algunos objetos personales de su infancia. Él la deja sola para que pueda revisar el contenido, y de la ilusión original por el obsequio, Katrine pasa pronto al horror más terrible al comprobar que los objetos revelan que Kasper sufrió abusos sexuales durante gran parte de su infancia cometidos por su padre y por sus amigos en forma de orgías. También revelan que Kasper terminó asesinando a su padre con un cuchillo de caza e ingresando por ello en un centro de reclusión de menores. Su nombre, entonces, era Kenneth, no Kasper, y correspondía a una persona a la que se le arrebató la infancia y que cambió su nombre después para fingir ser otra persona ante el mundo y ante sí mismo.

En la escena final, Kasper espera sentado en medio de la calle cuando aparece Katrine. Ella se acerca, le mira, le posa las manos, se tapa la boca, vierte una lágrima y junta su rostro al de él sin mediar una sola palabra. La escena es de una gran carga emocional pero brilla especialmente por la elegancia cómo ha sido concebida, escrita y ejecutada por sus actores. Fijémonos en sus características más representativas:

La ausencia de palabras tiene que ver con el horror de lo sucedido ante lo que “no caben las palabras”

.1 Sin palabras. Toda la escena final se recorre, se sufre y se asimila sin que aparezcan las palabras. Ni Katrine le dice entender ahora su viejo silencio o sus mentiras sobre su progenitor, ni él articula un legítimo e implícito “¿ahora me entiendes?”, que sin embargo late violentamente en el corazón del espectador. Seguro que el guionista sintió la tentación de espantar esa comunicación espiritual con palabras tópicas fáciles de imaginar, llenas de sentido seguramente, pero se contuvo dejando que las emociones vibraran sin trampa en los espectadores, sin necesidad de espantar el momento con palabras fáciles. Si la escena estaba contada incluso antes de empezar, sólo cabía ya asistir a un encuentro lleno de comprensión que funcionara como una catarsis para espectadores y personajes. La ausencia de palabras, además, tiene que ver con el horror de lo sucedido en la infancia de Kasper, ante lo que “no caben las palabras”, “no hay palabras posibles”, y por eso Katrine se tapa la boca, para no hablar, para no decir nada, para no faltar el respeto al horror inimaginable que aún vive en la memoria de Kasper. Como desarrolla la profesora Begoña González Cuesta en su trabajo “Imágenes pese a todo, quizás sea todo un sacrilegio tratar de reproducir con imágenes, con un texto, las escenas de horror que se producen en la realidad. Quizás sea una falta de respeto a quiénes realmente son víctimas de tales torturas o abusos, creer que las imágenes o las palabras pueden alcanzar a dramatizar en un discurso el horror del verdadero horror, la veracidad de una emoción que en su faceta REAL estalló en toda su tragedia. Katrine se tapa la boca, se cuida de no poner palabras, porque no las hay, o porque no serán suficientes cualquiera que fueran.

Si atendemos al hecho de que ella es periodista, la ausencia de palabras es aún más estruendosa; aquélla de quién se esperan las palabras más precisas se cuida de no ofrecerlas o directamente carece de ellas. La tragedia de los abusos, sin el bálsamo de las palabras, en forma de silencio metafórico, se desboca en su capacidad para herir.

.2 La escena entronca con lo político. El espectador descubre que la historia de Kasper y los abusos explican su comportamiento durante la crisis política que atraviesa la Primera Ministra (Kasper se encuentra muy excitado y pierde la educación). El llamado Partido de la Libertad, un partido de derecha bastante radical, ha exigido al gobierno la reducción de la edad penal de los 14 a los 12 años para poder castigar a los menores que cometen delitos. La historia de Kasper pone el contrapunto al simplismo de la visión de la oposición y hace entender al espectador que el arco de las actuaciones gubernamentales en tal asunto requiere de una enorme altura de miras y de la contención necesaria para garantizar el derecho de justicia de los daneses, pero también la responsabilidad de todos para con los niños. “Borgen” se abre la gabardina para mostrar la última pieza que permite comprender a los personajes y sus comportamientos aparentemente violentos. Las piezas encajan en esta última curva del capítulo revelando conexiones que consolidan el “todo” que en realidad forman desde el comienzo de la serie.

"Borgen" (2x06) - "Ellos y nosotros"

.3 El plano simbólico. Se advierte el trabajo realizado en el plano simbólico para que la escena transmita con toda locuacidad a pesar del hecho de no contar con palabras. En primer lugar, el tono cromático cambia radicalmente abandonando la paleta de colores fríos que la serie emplea habitualmente, como cabe esperar de una serie rodada en un país tan frío y nuboso como Dinamarca, para usar tonos cálidos que acarician las mejillas y los ojos de Kasper y Katrine con tonos anaranjados y ocres. La luz, que en la mayoría de las escenas es dura y extraordinariamente fría, que suele trazar cada detalle de sus rostros para una mejor lectura del gesto político, se vuelve suave y amable. Incluso su naranja parece reflejar la gravedad de lo narrado, o mejor, de lo “no mostrado”. El plano se mantiene dilatado para que podamos empatizar con cada uno de ellos y asistir a la rotura de sus estrategias, primero la de él (en escenas anteriores) y, finalmente, la de Katrine en la escena final. Ojo a ese segmento de luz que parece posarse sobre la cabeza de Kasper, como si fuera un halo divino que transmite la inocencia perdida de su infancia, o mejor, la recuperación de esa condición de inocencia a través de la confesión. Kasper, desnudo y en tragedia viva, en contacto con “lo real” y herido por ello, comparece exhibiendo la condición de niño inocente que le fue arrebatada con los abusos de su padre. Ese segmento de luz, mientras suenan las campanas de una iglesia, hace emerger esa vulnerabilidad infinita del personaje, asociada a la inocencia. Y para que nadie se pierda y pueda responder a la pregunta sobre lo que Kasper perdió durante su infancia, la serie hace pasar por delante de ellos, precisamente, la respuesta antropomórfica a la pregunta: unos niños que juegan alegremente, metáfora de la infancia misma.

.4 La contención narrativa y el respeto a los personajes. Si la escena hubiera formado parte de un culebrón o un serial, el devenir emocional de la escena se habría desbocado y la comprensión de Katrine habría dado paso a un acceso amoroso a corazón abierto del que habría emergido la enunciación del amor. Se habría confundido así la empatía con el amor de pareja, lo que, en el fondo, habría supuesto una falta de respeto a los propios personajes. Borgen”, sin embargo, se asienta en la contención narrativa y se asegura de que si bien permite aflorar una profunda comprensión por parte de Katrine, el texto no se acelere locamente hacia el amor, ni hacia la pareja. El texto guarda sus armas, contiene sus impulsos y deja que el corazón del espectador camine por el borde de lo sucedido sintiendo la pureza y el detalle de cada acontecimiento. Sin nada más. Es el trazo inconfundible que revela el estilo y la elegancia de una serie digna y de calidad.

Buena televisión que no renuncia a las emociones, al espacio donde cabe lo subjetivo y nos reconocemos como sujetos espectadores, pero que lo hace guardando el respeto tanto a sus personajes como a su audiencia. Esta es una serie brillante por sus textos políticos, por desarrollar con realismo los valores democráticos en los que estamos instalados las democracias occidentales, por enseñarnos un poco del “real politik” que late en el fondo de todas ellas, pero también sabe tomarse unos cuantos primeros planos tan emocionales como humanos. Son pocos los momentos, y necesitan de acontecimientos propios de “horror”, pero cuando llegan se despliegan con intensidad, prudencia narrativa y trazo firme.

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  • Mira que tengo una lista de series por ver ya demasiado larga; lo que no quita que aún le pueda hacer sitio a esta que propones (y de la que ya me has hablado en más de una ocasión) :) )

    • Ricardo Sánchez

      ¡Uy!, ¡y lo seguiré haciendo!. “Borgen” no es, ni mucho menos, una serie perfecta, pero creo que es una magnífica serie, además de un interesante futurible político. :-)
      Hasta hace poco era muy complicada de conseguir, y yo sólo pude ver la primera temporada en una calidad pésima, pero ahora que Canal + la ha pasado en España es fácil de localizar a una calidad impecable. En VOS o doblada, a elegir. ¡Ya no tienes excusa!.

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