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“Boyhood” y sus 12 años de rodaje: ¿Recurso cinematográfico o morbo audiovisual?

20/09/2014 -
6 comentarios
Rodada por Linklater durante 12 años con el mismo conjunto de actores, “Boyhood” representa un interesante experimento en el que los actores envejecen en realidad frente a la cámara. ¿Recurso… o morbo audiovisual?

 

La de Richard Linklater no es una filmografía al uso. Resulta evidente que el balance final de su trabajo brillará por dos títulos: La saga “Antes del amanecer” (que ya tiene de momento 3 títulos) y su última y más que llamativa producción “Boyhood”. Ambas tienen elementos característicos que constituyen el trazo personal de este cineasta que parece tener una cierta debilidad por las historias en las que se advierte el paso del tiempo, la línea de la vida, las fases que cosen el devenir de la existencia, eso sí traduciéndolo a unos términos cercanos y emotivos con los que en los últimos casi 20 años ha logrado legiones de seguidores. Puede que muchos de ellos no conozcan su nombre, pero sí el de sus películas, el de las citas que extraen de ellas y le alaban sin saberlo toda vez que intentan acordarse de Ethan Hawke y Julie Delpy caminando por la calle.

Linklater estrena “Boyhood”, una película más relevante por las vicisitudes únicas de su proceso de producción que por el contenido de la película en sí. Linklater ha hecho realidad lo que otros cineastas tan sólo han llegado a cercar con cierta proximidad a lo largo de sus carreras: Un experimento cinematográfico no especialmente original pero que por la pulcritud de su realización quedará sin duda como el exponente más paradigmático de esta “idea” aparentemente irresistible: Rodar una película durante 12 años con un plantel fijo de actores y captar en ella su transformación biológica como un recurso al servicio de la historia. No es un documental y la película no se interesa por la vida real de estos actores, sino por una “línea argumental” fundamentalmente de ficción, aunque con una transformación biológica de los actores absolutamente real y con unas decoraciones socio-históricas en el guión que también remiten a la realidad. El experimento resulta insoslayable, imposible de ignorar por cualquier aficionado al cine como un arte más allá del entretenimiento, un divertimento prometedor del que consumimos con más avidez su engranaje de producción y los objetivos narrativos de su demiurgo, que su calidad cinematográfica convencional.

Lo que “Linklater” ha hecho es convertir la producción de una película en un proyecto que trasciende los límites temporales habituales de un rodaje y que toma de sus intérpretes y de gran parte de su equipo tanto compromiso como para convertirse en todo un proyecto de vida. Linklater comenzó el rodaje de “Boyhood” hace 12 años, y durante todo este tiempo ha trabajado en paralelo en otras 8 ó 9 películas, aproximadamente toda la segunda mitad de su filmografía, desconectando de ellas durante 1 semana al año para reconectar con “Boyhood” y escribir una doceava parte (cada vez) del que hoy nos damos cuenta que ha sido, en realidad, su proyecto de fondo más relevante, su gran aportación al universo del cine y a su patrimonio histórico. Se podrá valorar si el resultado de este experimento ha sido satisfactorio, cosa que haremos aquí humildemente a continuación, pero lo que no se puede negar es que Linklater ha experimentado en la franja más exterior del espacio de confort del cine (narrativo), en una época en la que muchos cuestionan la viabilidad de este arte tan necesitado de innovaciones cualitativas. Durante los días que han precedido al estreno de “Boyhood”, algunos medios de comunicación han relacionado la película con otros experimentos anteriores en un intento por localizar sus precedentes históricos o su propia “bibliografía narrativa”. Algunos han citado a François Truffaut y la inolvidable historia de Antoine Doinel, su alter-ego cinematográfico que con el rostro de Jean-Pierre Leaud contó parte de la biografía de Truffaut en las pantallas, aunque en ese caso, la historia se dividió en más de una película y con saltos irregulares. Pareciera que los medios se habían empeñado en demostrar que “Boyhood” no era necesaria porque ya se había hecho antes, cuando en realidad, vista la película, sí parece un experimento necesario. Independientemente de si los ratones de hemeroteca localizan incunables cinematográficos que respondan a la misma lógica, la de Linklater tiene todas las papeletas para convertirse en la película más paradigmática de este modelo de rodaje. Y si tiene la suerte de lograr premios, cosa que hoy parece probable, además se considerará que gran parte de su calidad se debe al acierto de rodar durante 12 años con los mismos actores y que su autor ha sabido ordeñar este insólito recurso para obtener un resultado cinematográfico de calidad. Se esconde, eso sí, una cierta trampa, puesto que podría valorarse “Boyhood” sin atender a esta característica tan peculiar de su rodaje, y obtendríamos, seguro, una valoración más objetiva, pero no parece que esto sea posible, y mucho menos en el momento de su estreno internacional.

Nos atrevemos a lanzar, en el contexto de este experimento que es “Boyhood”, algunas preguntas sobre las peculiaridades de su producción:

 

¿Realmente aporta algo al espectador que “Boyhood” se ruede durante 12 años con los mismos actores?

Porque… existen cientos de películas que a lo largo de la historia del cine han recorrido y retratado la niñez a través de un personaje central… o de varios. Todo el mundo sabe que para contar una historia de 12 años de duración no es necesario contar con 12 años reales de un plantel de actores. Como audiencia, no sólo estamos acostumbrados a descodificar correctamente el cambio de actores dentro de una misma película para interpretar al mismo personaje, sino que además ya lo consideramos algo totalmente natural. Puede que el momento del cambio suponga un cierto estrés en el espectador, una disrupción que puede provocar por unos segundos un salto al off heterogéneo y hacerle consciente de su propia condición de espectador, pero lo cierto es que éste suele superarlo con facilidad y en apenas unos segundos está nuevamente en conexión con la película. Por tanto, y considerando la dificultad en términos de producción que supone, la pregunta de “¿Qué aporta contar con 12 años reales de un actor?” parece tener… todo el sentido. ¿Mejora la historia si el envejecimiento del personaje refleja el envejecimiento real del actor? ¿Resulta la historia más verosímil? ¿Depende la película menos del talento interpretativo de los actores y más de su propio aporte biológico involuntario?

"Boyhood"

Lo primero que se puede comentar es que, al contrario de lo que cabría esperar, el recurso de contar con los mismos actores para una misma historia que condensa 12 años de vida, no evita que se produzcan ciertos “extrañamientos” al espectador, como los que ya padece viendo cualquier otra producción que cuente con varios actores para representar las distintas edades de un personaje. Dicho de otro modo, si Richard Linklater apostó por la eliminación de estos “saltos” o “extrañamientos” en la experiencia de visionado, lo cierto es que no lo ha conseguido, dado que se producen igualmente aunque por una razón diferente. Antes, por el cambio del actor; en “Boyhood”, por la detección del cambio físico producido por el normal envejecimiento. De un modo u otro, la percepción activa del espectador ha de reconfigurar en alguna medida sus parámetros de reconocimiento y de identidad de los personajes para someterlos a un proceso de actualización temporal, que en esta ocasión no está provocado por el cambio de actor, pero sí por el signo inequívoco del envejecimiento. Por tanto, esa pequeña desconexión temporal no desaparece por el hecho de contar con los mismos actores y no nos hemos acercado al ideal de la transición temporal suave y continua. Por otro lado, tampoco partíamos de la premisa de que dicho extrañamiento perjudique notablemente al visionado y desde luego sí aceptábamos de antemano que la audiencia tiene interiorizado el recurso del cambio de actor, del que ya no depende ni la calidad final del metraje ni la de la experiencia del visionado.

En cambio, puede que este recurso de producción sí haga surtir un cierto efecto que se experimenta no durante el metraje sino cuando éste ha concluido. Tras el visionado de la película, y mediante la condensación de los recuerdos que cada espectador guarda de cada uno de los actores (elegidos libremente según su albedrío que no debería coincidir con el de nadie más), puede que emerja una visión diacrónica de los personajes con un matiz de mayor consolidación temporal, es decir, como si su evolución como personaje quedara refrendada por la autenticidad de su envejecimiento. Eso sí, pareciera que para que este efecto aparezca, es necesario atender exclusivamente a estos recuerdos fotográficos de los planos del metraje, obviando y descartando todos los hitos narrativos que van haciendo evolucionar la historia en la franja de ficción que el guión aporta sobre los actores. En el guión, en sus “plot points” (si es que esta película los tiene en realidad), se deshace el efecto de que sean los mismos actores, pero si la historia descarta esta narración y el espectador consolida tan sólo el recuerdo fotográfico del personaje, emerge este efecto de coherencia fisiológica en el que el espectador quiere leer también un cierto efecto de coherencia narrativa, aunque en realidad no tenga porqué darse necesariamente.

Si este efecto se produce, y si es suficiente para justificar el recurso en cuestión, queda, sin duda, al criterio de cada uno. En términos narrativos, no parece que durante el visionado contribuya ni a una mejor descodificación del mensaje ni tampoco directamente a una intensificación de las emociones. De hecho, pareciera en ocasiones que la historia está permanentemente a la espera de que se produzcan los “plot points” que hagan virar la historia hacia un nudo que precise una resolución. “Boyhood” no proporciona ese “placer”, más interesada en captar una suerte de “video casero” de la niñez del protagonista y su familia que en plantear una disrupción a resolver como la mayoría de las películas.

Existe una aportación adicional un tanto escurridiza. Empeñados en buscar el efecto del recurso de contar durante 12 años de rodaje con un plantel fijo de actores, nos damos cuenta de que existe un cierto efecto sobre su modo de interpretación. Podemos pensar que el rastro que un actor deja en una película, el resultado de su trabajo en el metraje, es el resultado de su competencia artístico-teatral limitada pero también matizada por la infraestructura humana desde la que la ejerce. Dicho de otro modo, lo que un actor puede obrar ante la cámara es la mezcla entre lo que mueve con su voluntad de actor pero dentro de su círculo de lo posible dadas sus características humanas, físicas, experienciales, empáticas, etc. Por ilustrarlo más claramente:  Aunque dos actores pretendieran con sinceridad resultar en el mismo personaje exactamente, el mismo producto cinematográfico, jamás lo conseguirían puesto que cada uno está limitado por sus propias características como persona que le son exclusivas. Como defiende José María Pou en “La pasión por el oficio  (min. 30 aprox.), su clase magistral sobre teatro y actuación en la Fundación Juan March, aunque un mismo personaje (él habla de Hamlet) esté interpretado una y otra vez, nunca es el mismo puesto que cada vez está interpretado por un actor distinto. Es decir, toda interpretación está limitada y matizada por una estructura interpretativa que es específica de cada actor y que deja una huella en su producto artístico final. No es sólo cuestión de estilo interpretativo, que también, sino una cierta franja de elementos específicos del actor que van a marcar, potenciar o limitar su trabajo. Pero además, podría decirse que esa franja personal de cada actor, su galería de armas donde se encuentran los pertrechos necesarios para obrar el milagro de construir un personaje, no permanece inmutable con el tiempo. Cada actor es bajo sus máscaras una persona en constante evolución, y ello afecta también a esa franja personal de elementos específicos que dejan huella de forma silenciosa en los personajes interpretados. La aportación personal que un actor realiza a un personaje cuando lo interpreta con 30 años, seguro que no es la misma que aporta al MISMO personaje cuando tiene 60 años, por poner un ejemplo que aplica especialmente a nuestro caso. Seguro que se advierten diferencias que trascienden el estilo y que van a ser el rastro personal que el actor deja en su personaje. Personaje y actor, por tanto, guardan una muy estrecha relación tanto en franjas visibles como en algunas mucho más intangibles. En “Boyhood”, cabe pensar que la aportación de alguien como Patricia Arquette cuando comenzó a rodar con 34 años no es exactamente la misma que realiza con 45 años cuando finalizó el rodaje. Ese intangible, imposible de medir, sin embargo de experimentación sincera, es el resultado de un flujo involuntario y enormemente honesto en tanto en cuanto es dejado involuntariamente. “Boyhood” cuenta con la Patricia Arquette de 34 años, pero también con la Arquette de 45 años. Muestra su trabajo, su obra como intérprete, pero en cada momento con sus propias muescas de vida de las que quizás ella ni siquiera es consciente. En ese sentido, el experimento “Boyhood” sí aporta un intangible único y de valor que se degusta y se experimenta aunque de forma inconsciente y silenciosa. Quizás los propios actores sean los más indicados para detectar la estela de tales elementos cuando vean su propia película y se contemplen a sí mismos envejecer reconociendo en cada momento la razón de sus gestos y ademanes.

"Boyhood"

Lamentablemente, entre lo que “Boyhood” ha ganado debido a este recurso, también encontramos algunos patrimonios de dudosa reputación. Así, si no advertimos una ventaja clara en el empleo de un plantel fijo de actores que mejore notablemente la narración o la calidad de la obra en sí misma, ¿de dónde procede el interés que despierta el experimento en sí? De hecho, basta contarlo incluso a una audiencia no especialmente cinéfila para despertar el interés. Habrá quién opine que el interés aparece debido a lo original de la propuesta. Sin embargo, otros pensarán en la no especialmente presentable fruición del consumo escópico del deterioro físico-personal de los actores en la película. Es decir, parte de la audiencia encontrará como principal motivación el seguimiento escópico del deteriorio progresivo de los actores que aunque se disfrazará de interés cultureta por una fórmula interesante de producción puede no responde más que a la lógica del consumo de un cierto morbo. Desde este punto de vista, se pone en mayor valor el esfuerzo realizado por los actores participantes, especialmente por los actores adultos, que no termina con su propio trabajo de actor, sino que continúa con el estreno de la película y que se somete al escrutinio (a veces no tan) silencioso de la audiencia en términos no puramente cinematográficos. Considerando que la película carece de grandes giros de guión y cuenta con un largo metraje de más de 160 minutos, a veces pareciera que la lógica del morbo explica una parte no desdeñable de su taquilla.

 

¿Qué ha perdido “Boyhood” por haber sido rodada con los mismos actores durante 12 años?

Básicamente, cabe decir que la naturalidad asociada al envejecimiento de los actores no tiene porqué resultar especialmente fotogénica ni más cinematográfica que la que puede construirse mediante el acierto creativo de actores cambiantes. De hecho, la incorporación de diferentes actores para interpretar distintos momentos de la vida de un mismo personaje puede ser una fuente artística inestimable para aportarle intangibles dispares creados a partir del talento y la fisionomía interpretativa de distintos actores. Así, nadie duda de que, si bien una de las más memorables estampas de la historia del cine fue la del personaje de El Padrino de Coppola, mérito incuestionable de un enorme Marlon Brando, pocos dudan de que su representación en juventud a cargo de Robert Deniro en “El Padrino 2” no sólo fue un enorme acierto sino que está trufada y enriquecida con los ingredientes específicos de un actor distinto a Brando que ensanchó el personaje y multiplicó factores cinematográficamente importantes en la subhistoria del flashback que narraba sus orígenes. ¡Qué mayor extrañamiento que el intercambio no sólo entre dos actores diferentes, sino además dos actores archiconocidos y de máxima repercusión pública!. Y por si fuera poco, además, el flashback no se cuenta en una secuencia toda seguida sino que interrumpe varias veces la historia principal de la película en el momento presente. Así, deberíamos al menos plantear que el cambio de actores no merece ser necesariamente maldecido y que no tiene porqué ser algo a evitar en todo caso.

"Boyhood"

También cabe pensar que la producción renunció hace 12 años a elegir a su actor principal en base a unas cualidades interpretativas determinadas, puesto que tal patrimonio artístico puede no estar presente a la tierna edad en que Ellar Coltraine (Mason) comenzó el rodaje. Sin duda, el actor fue elegido a partir de un seguro que riguroso proceso de casting pero no podemos esperar que Coltrane mostrara a esa edad competencias artísticas que su interpretación requeriría 10 años más tarde. Se argüirá quizás que parte de ese misterio constituye el atractivo del experimento, pero cabría recordar que no deberíamos confundir carácter personal con cualidades interpretativas, y que si bien puede resultar interesante asistir a la cristalización real del carácter de una persona durante su niñez, su plasmación cinematográfica exige unos mínimos interpretativos y ciertas cualidades sin las que no sobrevivirá una película de ficción. Este experimento, en ocasiones, nos hace olvidar que “Boyhood” NO es un documental sobre la vida de Ellar Coltrane, sino una historia de ficción que no tiene porqué tener tanto que ver con su vida real durante esos 12 años de rodaje. Coltrane ha resultado ser un actor razonablemente aceptable que, a medida que su personaje se adentraba en la edad más avanzada que alcanza en la película, iba teniendo más y más dificultades para estar a la altura. Al final, el espectador tiene la sensación de que el carácter del personaje está más condicionado por el que resultó tener el actor en la vida real que por las claves principales de su personaje “Mason”.

En definitiva, “Boyhood” es un interesante experimento que aunque ya había sido sugerido o apuntado por otros cineastas anteriores, no habíamos tenido aún ocasión de ver en unos términos tan paradigmáticos. Resulta interesante que los espectadores no especialmente cinéfilos tienden a padecer lo extenso de su metraje y lo plano de su guión, y la crítica está alabando en tropel el resultado final… aunque por razones no directamente relacionadas con el recurso aquí analizado. Dicho de otro modo, no parece que el recurso en cuestión (12 años de rodaje, mismos actores, envejecimiento real, etc.) esté surtiendo un efecto satisfactorio por sí mismo. Puede ser el efecto que se intenta ocultar bajo la polvareda mediática de su originalidad de producción. Ojo al recomendarla a los amigos.

Publicación posterior Publicación anterior
  • Ricardo Vargas Peña

    Ricardo: Excelente, minuciosa opinión y análisis. Que por supuesto es subjetivo, como todas las opiniones. Otros menos expertos y neófitos, pero igualmente cinéfilos, como yo y mi esposa, disfrutamos mucho de este film, de principio a fin. aún cuando el guión era “plano” según tu opinión. La vida no siempre es para todos un continuo cúmulo de sobresaltos espectaculares.
    Lo vimos sin el conocimiento previo de que se trataba de los mismos actores el todo el rodaje. Si eso aportó o no, pienso que si y mucho, porque el guión de ficción se hace más real porque los actores niños, en el comienzo del rodaje no sobre actúan al no ser consagrados y posteriormente crecen en interpretación con intensa naturalidad. Los actores adultos al inicio del rodaje agregan posteriormente experiencia y madurez en su rol, ¿resultado? : más naturalidad y realismo de la cotidianidad.
    Muchas gracias por tu opinión y experiencia
    Un saludo

    Ricardo Vargas Peña

  • Ricardo Sánchez

    ¡Hola tocayo!.
    Sí, también estoy de acuerdo contigo en que el hecho de que la sinopsis de “Boyhood” no se ajuste al esquema “planteamiento-nudo-desenlace”, o que ni siquiera tenga un “nudo” como tal, no tiene porqué ser óbice para que la película sea satisfactoria. Puede recoger un fragmento de la vida de un personaje con el objeto de reflejar una visión sobre las experiencias que lo integran (arquetípicamente, claro, y con arreglo a un determinado contexto social que, en este caso, es muy americano). Y éste puede ser el verdadero objetivo de la película para el que prescide del “nudo”. Sí. Estoy de acuerdo.
    Personalmente no… la disfruté… , que es algo muy subjetivo, pero creo que no se debió a que no tuviera “nudo” y “desenlace”.

    Por otro lado, sí creo que el objetivo de reflejar un fragmento de la vida de un personaje o de un país puede contar con una historia, planteamiento, nudo, etc. tal cómo hace, por ejemplo, Bertoluchi en “Novecento”. Es una película que recoge y refleja la vida de los italianos en una parte de su historia pero lo hace siguiendo a unos personajes que sí experimentan un planteamiento-nudo-desenlace. ¡Y “Novecento” es una película magnífica! (larga y no siempre divertida, pero muy valiosa). Refleja con éxito el contexto socio-político de Italia con tanto éxito como “Boyhood” reflejando la vida de “Mason”.

  • Marcelo Arias Souto

    Más allá de no estar de acuerdo con varios aspectos de un texto que subestima al que considero uno de los films más personales, humanistas e innovadores del cine norteamericano de los últimos treinta años, quería apuntar dos errores puntuales:
    1) “En estos días en los que este director estadounidense anda prometiendo que con su última película pone punto y final a su carrera de cineasta …”. Sánchez, ¿de dónde sacó semejante cosa? Linklater jamás dijo eso. Si leyera un muy buen artículo sobre él publicado por The New Yorker hace unos meses, sabría que tiene varios trabajos en mente. Es más, mientras escribo estas líneas, Linklater ya comenzó a rodar su siguiente film, que se titulará “That’s What I’m Talking About”, un proyecto muy personal, para el que buscó financiación durante unos cuantos años, y que trata sobre su experiencia universitaria como jugador de béisbol.
    2) “… no parece que el recurso en cuestión (12 años de rodaje, mismos actores, envejecimiento real, etc.) esté surtiendo un efecto satisfactorio por sí mismo.” ¿No está surtiendo efecto? Boyhood es uno de los films más elogiados por la crítica norteamericana e internacional en los últimos tiempos. Recientemente fue elegida la mejor película del año por parte de Fipresci (Federación Internacional de Críticos). Además del éxito de crítica, le fue muy bien en la taquilla de su país. Con un presupuesto de 4 millones de dólares, ya recaudó más de 23 millones solamente en Estados Unidos. Y la mayoría de los “especialistas” dicen que tiene grandes posibilidades de recibir candidaturas al Oscar en las principales categorías (mejor película, director, actriz de reparto, actor de reparto y guión original). Debería estar mejor informado, Sánchez.

  • Ricardo Sánchez

    Hola Marcelo!
    ¡¡Llevas razón!!, no será su última película. ¿De dónde lo saqué? Pues de aquí: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/09/11/actualidad/1410456868_915129.html Y efectivamente creo que leí toooda esa explicación sobre el adiós, así como la cita de Linklater hablando de que “será la última”, incorrectamente. Lo corregiré enseguida y gracias por el aviso.

    En el otro punto, Marcelo, me temo que vamos a discrepar. Cuando decía que el recurso no está surtiendo un efecto satisfactorio por sí mismo no me refería en absoluto a un efecto en la crítica cinematográfica, la prensa de cine, los premios que pueda obtener, etc. (éxito que yo ya mencioné en el último párrafo, y por tanto ahí no hubo desinformación). Yo me refería ¡al plano estrictamente narrativo!, es decir, que el recurso de emplear a los mismos actores durante 12 años no parece aportar desde el punto de vista narrativo un valor específico que haga al relato elevarse de forma significativa. Miles de películas han recurrido al intercambio de actores para mostrar diferentes momentos de la vida sin que ello tenga, a estas alturas, un coste sensible en términos narrativos. Emplear el mismo plantel y verle envejecer tiene una componente efectista, pero no es estrictamente necesario para hacer una buena película. Y puede que sí aporte un cierto valor, pero creo que no es tan brillante como parece. Creo que la mayoría de los críticos que han alabado la película, y si no me equivoco ahí está uno de los más grandes como Roberto Piorno, lo han hecho valorando el producto final, la película que es “Boyhood”, pero no creo que todos apoyen su éxito en el recurso de emplear el mismo plantel de actores durante 12 años. En mi artículo no he pretendido juzgar el resultado cinematográfico final de la película, sino tan sólo las peculiaridades y los efectos del recurso de contar con los mismos actores durante 12 años, aislando esto del producto final que es “Boyhood”. Personalmente, estoy convencido de que muchos críticos que han celebrado la película lo han hecho por la singular manera cómo Linklater nos ha aproximado a un período crucial de la vida de un niño, cómo ha mostrado sus lógicas y dinámicas, sus momentos de evolución personal, sus relaciones, etc., y no necesariamente porque esto haya sido narrado mejor por contar con los mismos actores. Recordemos que “Boyhood” es una historia de ficción.

  • Buenas! Gracias por el análisis. Lo he disfrutado.
    Solamente remitirme a la última frase de Ricardo: ¿Por qué Boyhood es tan valiosa? Porque nos tienen que recordar que “es una historia de ficción.”

  • Vale!! Pues yo he aprendido mucho con el artículo y los comentarios. Si bien el cine es una de las cosas q mas disfruto desde lo comercial hasta el llamado cine de arte o experimental quisiera compartirles q antes de asistir a una peli suelo consultar sobre ella y en esta ocasión no lo hice…llegue a la sala de cine y desde el comienzo hasta el fin a traves de algunas referencias de contexto ya sea tecnológicas, la música, los escenarios, el montaje o el vestuario me interese profundamente en esta historia q si bien es ficción nos plantea la integracion de la personalidad de un niño hasta convertirse en joven adulto, lo cual, si bien no es nuevo permite apreciar “los tintes de la vida” la responsabildad, el amor, la vida en pareja, las elecciones de la vida, etc. A mi mas q parecerme original o no el recurso de los mismos autores me parecio un reto desde la direccion hasta la producción.Y por otra parte denota los intereses y el sentir del autor por como el tiempo transtoca las relaciones humanas, mismo q marca una especie de “sello” como en su trilogía Antes…
    Finalmente y personalmente disfruto estos diálogos e interacciones entre personajes q me remontan a una especie de escenarios con situaciones y pláticas comunes de las relaciones humanas.

    Como dije al principio no soy ni pretendo ser especialista solo me intereso en el cine y disfruto comentar al respecto.

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