colabor(a)cción

Se cumplen cien años del nacimiento de Albert Camus, uno de los autores más destacados y audaces del siglo pasado. Bien podría ocupar, por derecho propio, un lugar entre aquellos denominados imprescindibles y no sólo en cuanto a literatura sino en cuanto a un hombre cuya bandera ideológica pareció ser la de un espíritu rebelde y guerrero hasta sus últimas consecuencias. Un hombre con una filosofía sin amo ni dios.

Recientemente la revista leer publicó, en su número de Septiembre, un especial sobre su vida y obra; además de recoger otras pasiones reconocidas como el teatro o su vinculación a España. Para el escritor francés, de origen argelino, el teatro era un terreno mágico capaz de dotarle de las herramientas necesarias para su máxima expresión; para alcanzar una mayor felicidad. Si uno repasa sus obras, sus pensamientos, sus tratados, comprenderá aquella lucha permanente que siempre mantuvo a favor del desarrollo de cada individuo como base para conseguir una mayor unión colectiva. No era de extrañar que amigos y conocidos, le vieran subido a un escenario con la emoción de un niño dispuesto a cambiar el mundo. Su entrega al teatro era total; dejando alguna que otra reflexión acerca de ello:

“ En la soledad el artista reina pero sobre el vacío. En el teatro él nunca es el Rey. Lo que quiere hacer depende de los otros. El director precisa del actor, que a su vez precisa de aquel. Esta mutua dependencia, cuando es reconocida con la humildad y el buen humor que siempre debe haber, establece la solidaridad del oficio y da cuerpo a la camaradería de todos los días. Aquí, nosotros estamos unidos los unos a los otros sin que ninguno pierda por eso su libertad. ¿No es esa una buena receta para la sociedad del futuro? “. *1

Desde luego, a priori, parece una receta estimulante y conveniente para su desarrollo. Al menos el intento ya daría muestras de un cambio de actitud, y por ello, de querer cambiar las cosas, de tener otra voluntad en recorrer el camino. En cuanto a géneros – o mejor llamémoslo estados de creación ya que no se trata de clasificar disciplinas sino de hablar de experiencias – se extiende esa creencia acerca de la figura y nombre del autor – no del posicionamiento – en el primer puesto de la pirámide de toda creación o proyecto. Algunos trabajos literarios y sobre todo fotográficos parten de esa idea de autor en la que él es el origen y el final. Y aunque el origen y el final suelen ser harto recordados – y difundidos –, pocas cosas son tan significantes como el propio proceso de la obra. Además, ¿quién establece ese origen?, ¿cómo?. Si hablamos de procesos y grupo ¿cómo y quién establece ese origen puesto que el comienzo de un proyecto grupal es el comienzo de un camino compartido?. Una actividad puede ser solitaria pero no necesariamente individual, y por el contrario ser llevada acabo colectivamente para su máxima expresión, cuyo fin, puede ir más allá de la materialización de la obra. Cuyo fin, en el fondo, es inexistente por mucho que nos empeñemos en creer lo contrario.

La editorial Bside Books, creada en 2011, lleva tiempo apostando por la experiencia colectiva como principal baza en el desarrollo de sus investigaciones y publicaciones. Sus fundadores, Carlos Albalá e Ignasi López, hacen de su distancia geográfica un ejemplo de unión de caminos. No se trata exclusivamente de publicar libros. Se trata de procesos, caminar, de tránsitos en grupo, sin que por ello, como apuntaba Camus, ninguno de los autores participantes pierda su libertad. Los grupos de trabajo ni son más ni menos, mejores o peores, de lo que puede ser un individuo.Pero la suma de autores fieles a su trabajo y originalidad junto a una flexibilidad creativa y colaborativa, puede hacer en un grupo que el trabajo cambie y llegue a un puerto hasta ahora desconocido. El descubrimiento de un campo totalmente nuevo. La llegada, por momentos, a un estado de aprendizaje mutuo donde grupo e individuo se entremezclan para transformar energías.

Prueba de ello fue el proyecto llevado acabo por la editorial este pasado verano en la residencia de artistas La Fragua, situada en el pueblo de Belalcázar, Córdoba. 3 weeks Bside project experiencie fue el proyecto estrella de este verano en el sur del España. Tres semanas en las que los autores participantes trabajaron, convivieron, colaboraron y, en definitiva, experimentaron los tránsitos del proceso colectivo como experiencia iniciática para desarrollar un trabajo acerca del territorio dentro del campo imaginativo, de origen y de terreno compartido, derivando en una topografía emocional. Nuestro cuerpo, al igual que la mente, presenta múltiples orígenes y son muchas las capas que arrastra, en forma de huella, desde la primera pisada y el primer viaje – sea mental o terrenal – hasta llegar a un destino que automáticamente, queramos o no, pasa a ser de nuevo un

origen para estar listo y emprender la marcha. Una marcha que para sus autores, durante ese tiempo, supuso algo más que estar reunidos entorno a unas mesas esperando instrucciones y programa educativo como si de una escuela se tratara. Si estás dentro es que formas parte de ello; recibes, sí, pero también eres un vehículo de tránsito hacia el resto de los compañeros. Talentos únicos al servicio de un todo cuyas decisiones eran plenamente consensuadas donde el avance, parecía claro, se hacía sobre un terreno fértil en cuanto a ideas y expresiones varias. Un equipo que constó de siete autores de lugares remotos con un lugar de llegada en común. Una dependencia al servicio del aprendizaje horizontal donde a las individualidades se les permitía desarrollarse puesto que éstas hacían aumentar el valor del grupo. Cada una en su máxima expresión dotaba al grupo de una identidad única. Por ello, cada mirada se nutrió de un algo salvaje, intransferible en un principio, capaz de salir a la luz para encontrarse con el resto.

La rueda cada vez giraba más y no tenía intención de detenerse. Carlos Albalá, Ignasi López, Pilar Barrionuevo, Gerdard Boyer, Juanan Requena, David Flores y Marcos Isabel fueron siete latidos bombeando energía, cada uno a su ritmo, portadores de luz para el viaje final que supondrá, en breve, el nacimiento de un nuevo Ouroboro en la tierra. Latidos que componen un hermoso mosaico cuya sonrisa es el juego constante. Sin duda, sus lanzamientos llegarán lejos.

Por lo tanto, no es de extrañar el interés mostrado a esta serie de dinámicas de trabajo por parte de La Kursala para su posterior exposición; incluyendo en la muestra algunas partes del proceso, elaboradas durante el tiempo de trabajo en la residencia, con el fin de hacer llegar a la gente el nacimiento de Ouroboro. Un mapa intuitivo que servirá de guía a los aventureros y que pronto se convertirá en uno de los próximos cuadernos, más especiales, de la colección. Jesús Micó, comisario de exposiciones de la Universidad de Cádiz, quiso apostar desde el principio por este proyecto colaborativo. Lo diferente resulta a veces difícil, pero lo diferente, también, despierta un atractivo a este tipo de trabajos que suponen un riesgo, más que justificado, para saber que delante se tiene algo más que una simple propuesta expositiva. Quien escribe estas líneas se refiere a lo que algunos entendidos en la materia llaman política expositiva de una ciudad o sala de exposiciones. En mi caso, viviendo en Madrid, centro de todo movimiento y ensayo en lo que artes y propuestas se refiere – a veces siendo la ciudad una testigo ciega, lamentablemente –, supone una misión más que imposible, perdida, saciar el hambre con trabajos alternativos y con otra manera de contar y mostrar a la gente, el valor que aporta procesos colaborativos de esta envergadura personal. Jesús Micó, desde una Cádiz soleada para la acogida de otras ideas e iniciativas, se suma a este lanzamiento comunitario para formar parte de un hilo cada vez más grande.

Si bien cada uno de los autores hacen uso de la cámara fotográfica, ésta no es más que una herramienta destinada a acompañar una mirada dinámica y complementaria para el desarrollo del trabajo. Al mismo tiempo, el uso de imágenes externas sumaban al enriquecimiento conceptual. Pues si hablamos de territorio desde lo imaginario y desde el anhelo a un mayor avance, los enlaces ilimitados con cualquier otra imagen son patentes; dignos de ser trabajados y sobre todo, reinterpretados. En 3 weeks Bside project experiencie la fotografía desempeñó un papel transmisor pero cuyo resultado, y proceso, vino a estar formado por múltiples influencias y elementos que componían el mapa emocional de cada miembro. Un espacio en el que las conexiones no eran accidentales sino fruto de un acercamiento pleno entre personas abiertas a compartir sus deseos, miedos e inquietudes. Y tampoco se trata de llegar a una meta, estéticamente hablando, para frenar en seco y emprender otro proyecto. La huella de esta experiencia colaborativa quedará latente en el transcurrir de cada uno de sus miembros. El mapa emocional resultante supuso una transformación en el trabajo personal del grupo.

Tal vez el objetivo de esta clase de proyectos sea ese precisamente, el de transformar. Algo que, en “El hombre rebelde”, Albert Camus señaló como la máxima preocupación de la rebeldía. Un análisis continuo y a favor del autoconocimiento de cada autor, cada jugador, cada persona, para aprender en la conducción de su camino. En este caso, un camino transitado colectivamente.

Nunca se es consciente hasta qué punto unos pocos son capaces de cambiar, o cuestionar, las dinámicas y el trabajo entendido como compartido – más allá de la autoría propia – que conducen a nuevas vías de desarrollo; pero acaso, ¿no es esa una buena receta para la sociedad del futuro?

Forma parte de nuestro hilo.
¿Quieres ser un Ouroboro?


NOTAS.
1. – Revista leer. Septiembre 2013, número 245; páginas 18 y 19

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