“Déjame entrar”: La soledad de los vampiros (y de los que no lo son)

El visionado de “Déjame entrar” se convierte para el espectador en toda una experiencia; sientes un punch en el estómago, un pellizco en las entrañas, desasosiego. Esto se llama CINE, así, con mayúsculas; donde la experiencia cinematográfica pasa de ser un mero entretenimiento para ahondar en un rincón de nuestro ser que seguramente habíamos olvidado. Puede que la gran virtud de la película sea el haber convertido el vampirismo en el mcguffin para contar una historia sobre dos chicos, y sobre la soledad que por distintas circunstancias sienten ambos, sobre el amor, sobre el bulling y la venganza, sobre personas que se sienten aisladas y rechazadas por la sociedad. Todo esto, junto a la estética nórdica (y ochentera…) y la deliciosa banda sonora, hace que “Déjame entrar” se ancle en nuestra memoria cinematográfica.

No escatima en imágenes duras, tan duras, que el paisaje helado se convertirá en un bálsamo para nuestros ojos. Las escenas de terror están rodadas sin sobresaltos, para luego pasar a escenas tan tiernas que resulta difícil no emocionarse. El horror, la violencia y la ternura pasan a estar en el mismo plano emocional, tratados estos sentimientos con la misma vara de medir; no hay juicios de valor.

Por eso las palabras del título se convierten en un canto desesperado, en una petición de no sólo de traspasar una puerta, sino de traspasar a un grupo social y ser acogido, de ser amado, de no sentirse solo. Son un “déjame entrar en tu vida y acéptame como soy”. En definitiva, son palabras de auxilio.

Los vampiros aquí se despojan de toda estética gótica; la niña-vampiro se desnuda (y no sólo metafóricamente; arriesgada escena  la que ha rodado Tomas Alfredson enseñando el cuerpo desnudo de una niña de 12 años) y nos enseña su cara menos elegante, uñas y boca siempre ensangrentadas.

Hakan

Eli vive con Hakan, podrían ser padre e hija, pero vemos que su relación se basa en la necesidad de sangre de Eli, y en que Hakan prefiere matar él a que lo haga ella; él provee de sangre.  Seguramente haya una necesidad por parte de los dos de hacerse compañía; intuimos que él lleva con ella muchos años, que ella es su única familia (al igual que él es lo único que tiene ella), su relación se retroalimenta mutuamente; cuando él no puede llevarle sangre, ella se enfada (no vemos su rostro, pero oímos su voz, que ha tornado a la de un adulto) y él le pide perdón. Su trato era el de alimentar a Eli. Después de ver a Oskar (aquí lo erótico va de la mano del hambre; Eli se queda con ganas y punto), debe saciar su hambre, y mata a un hombre. Eli llora, lo que nos lleva a pensar que gracias a Hakan llevaba mucho tiempo sin hacerlo, pero que un error de él ha provocado el terrible incidente. Hakan regaña a Eli y se deshace del cuerpo.

Déjame entrar

Al siguiente error de Hakan para conseguirle, se vierte ácido en la cara para no ser reconocido. Pero cuando Eli va a verle al hospital, se sacrifica por ella. Él se deja matar por Eli para que coma. Su relación, su complicidad ha sido tal (no sabemos el tiempo que llevan juntos), que hasta roza lo poético. Cuando no puede cumplir su promesa, él se convierte en la comida de EliEli se queda sola. Ahora debe matar para alimentarse.

Déjame entrar

Esta película es tan atípica, que hasta es capaz de elevar a categoría de fetiche al cubo de Rubik y al Código Morse. En la segunda escena entre Oskar y Eli, él tiene un cubo entre las manos, intentando sin éxito resolver el rompecabezas. Eli aparece, colocándose a su espalada, por encima. Mientras ella le observa por la nuca oímos los ruidos de su estómago vacío. Eli tiene hambre, podría disponer del cuello de Oskar cuando quisiera. Pero no, prefiere el cubo. Cuando Oskar se va dejándole el juguete para lo que lo intente, Eli se retuerce de dolor; tiene mucha hambre, su rostro se transforma y vemos a la verdadera Eli, la que lleva teniendo 12 años tanto tiempo que ni se acuerda.

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Cuando al día siguiente Oskar encuentra el cubo de Rubik resuelto, su cara de satisfacción es absoluta. Eli ha hecho eso por él, y lo ha dejado allí para que él lo encuentre. Ese juguete pasa de ser un mero pasatiempo, al instrumento por el que el chico empieza a interesarse por Eli, incluso llegando a admirarla por haber conseguido terminarlo; ella empieza mostrarse como un ser superior ante sus ojos.

Déjame entrar

Oskar vive con su madre pared con pared con Eli. La manera que encuentra para comunicarse con ella es a través de una pared utilizando el Código Morse.

Déjame entrar

Tan cerca y tan lejos; la pared que los separa no es sólo física. Cada uno pertenece a un mundo. Los dos deslizan una y otra vez sus dedos por la pared sintiendo que el otro está al otro lado. El uso de este lenguaje evidencia la soledad de ambos (hoy en día este tipo de escenas sería inconcebible por culpa de las nuevas tecnologías), pero también resalta la enorme sensibilidad de los dos chicos.

Déjame entrar

 

Oskar y Eli

Oskar y Eli nos brindan algunas de las escenas más enternecedoras que se puedan encontrar en el cine entre chicos de su edad, no sin dejar de lado la inocencia propia de la edad, pera también el despertar sexual. El que no sean aún adultos no les exime de mantener unas conversaciones deliosas, que no se sabe si son demasiado ingenuas, o demasiado maduras. El cariño mutua empieza a ser tan grande, que Eli hasta prueba una golosina que le ofrece Oskar, aunque luego vomita. Cuando Oskar la abraza, le pregunta Eli: “Oskar, ¿te gusto?”. “Sí, mucho”, le contesta Oskar. “Si no fuera una niña, ¿también te gustaría?”. “Supongo” le contesta Oskar.

Déjame entrar

Después de la muerte de Hakan, Eli va a refugiarse a casa de Oskar. Aparece por la ventana, en su habitación, y ante la vergüenza de que Oskar vea la sangre en su rostro, le pide que cierre los ojos; Eli se desnuda y se mete en la cama con Oskar. Siente vergüenza de su acto, siente vergüenza de que la vea como lo que es, pero ante la pérdida de Hakan, siente la necesidad de consuelo, de calor; al fin y al cabo, lo que cualquiera necesitaría en su situación. Eli y Oskar están desnudos en la cama.

¿Cómo has subido?– le pregunta Oskar.
Volando – le contesta Eli.
No llevas ropa. Estás helada.
Lo siento. ¿Te da asco?
No.
Eli¿quieres ir en serio? ¿Quieres ser mi novia?
Oskar, no soy una chica.
¿Pero quieres ir en serio, o no?

Déjame entrar

Déjame entrar

Oskar, en un intento de hacer un “pacto de sangre” con Eli, se corta en la mano. La visión y el olor de la sangre es superior a ella y se tira al suelo para lamer la sangre antes los ojos del chico. Otra vez su cara cambia a la de un adulto; no sólo se alimenta de la sangre de Oskar, sino que le enseña su verdadera cara.

Déjame entrar

Oskar va a buscar a Eli a su casa. Ella cierra la puerta acristalada para aislarse, pero a la vez utilizan sus dedos para sentirse a través del cristal.

¿Eres un vampiro?– le pregunta Oskar.
Me alimento de sangre. .
¿Estás muerta?
No. ¿No se nota?
¿Eres vieja?
Tengo 12 años. Pero desde hace mucho tiempo.

Eli vuelve a buscar a Oskar tras volver a matar. Necesita estar con él.
¿Tienes que invitarme a entrar?– le dice Eli.
¿Y qué pasa si no lo hago? ¿Hay algo en medio?

Eli entra sin ser invitada para enseñarle a Oskar lo que pasa; empieza a sangrar por ojos, oídos, boca, cuero cabelludo, espalda…Oskar, asustado, le dice “puedes entrar”, y la abraza.

Déjame entrar

Déjame entrar

¿Quién eres?– le pregunta Oskar
¿Qué quieres decir?

Eli vuelve a mostrarle a Oskar su verdadero rostro, el rostro de una anciana. Oskar la espía mientras se cambia la ropa, y la ve desnuda. Eli ya no es un misterio para Oskar.

Déjame entrar

El bulling

Uno de los grandes temas de la película y leit motiv de su desenlace es la violencia, el bulling o acoso escolar y la venganza.
No deja de ser curioso que dos seres tan antagónicos como Oskar y Eli (él acosado, ella tiene que matar para vivir) creen una relación como la que tienen.

La manera que tiene Oskar de canalizar su rabia es a través del morbo que le suscitan las noticias sobre asesinatos y muertes violentas. Tiene un álbum de recortes de periódicos. También tiene un cuchillo e intenta practicar con un árbol, se imagina así mismo apuñalando al acosador. Tiene sentimientos de venganza escondidos. Pero ni siquiera se defiende, lo que causa al espectador impotencia y hasta cierta molestia.

Déjame entrar

Eli ve un corte en la cara de Oskar que le han propinado sus acosadores, y le dice: “Escucha. Devuelve el golpe. Nunca lo has devuelto, ¿verdad? Hazlo, devuelve el golpe. Con fuerza.Oskar le dice que son tres. “Con más fuerza entonces. Lo más fuerte que puedas, y te dejarán en paz. Te ayudaré, puedo hacerlo”.

Después de estas palabras, Oskar se siente más fuerte, y no duda en golpear con una vara al acosador cuando se siente humillado. Lo hace a la luz del día, delante de todos, no se esconde. Y sonríe mientras el cabroncete se desangra. Y nosotros sonreímos con él. La escena nos lleva al punto de posicionarnos. La magia del cine.

Déjame entrar

En un momento dado, Oskar le dice a Eli “yo no mato”. Eli le contesta “te gustaría si pudieras. Para vengarte, ¿o no?
Todo esto, desemboca en las últimas escenas de la película, donde se alcanza el clímax.

Oskar está en la piscina, y aparecen sus acosadores, desalojando la piscina. El chico al que Oskar agredió viene con su hermano mayor, que aprovecha que Oskar está dentro del agua para “proponerle un juego”: estará tres minutos debajo del agua. Si lo consigue, sólo le hará un rasguño con la navaja que lleva. Si no lo consigue, le sacará un ojo por la oreja. En este momento Oskar mete la cabeza debajo del agua, y sólo vemos la imagen submarina de Oskar y el brazo del chico que lo mantiene sumergido. La cámara no se mueve, sentimos la angustia de Oskar, sabemos que es imposible. Haga lo que haga, va a terminar mal. Oímos ruidos, algo está pasando fuera de la piscina, pero no se puede identificar qué, los sonidos nos llegan a través del agua. Oímos lo que oye Oskar. Vemos muy poco, un brazo, una cabeza, pero seguimos con el mismo encuadre. La carnicería que se desarrolla fuera no la vemos, Oskar no la ve, lo que provoca en el espectador aún más sensación de angustia; es una escena realmente terrorífica. Vemos un brazo que agarra a Oskar y lo saca fuera de la piscina. Es Eli, que ha venido a ayudarle. Se miran y sonríen. Eli ha matado por venganza, ha matado por Oskar.

Déjame entrar

Déjame entrar

Eli ha elegido a Oskar. Desde el principio; esa relación que han mantenido, de protegerse, acompañarse, quererse… ha llevado a que Oskar sea convertido en el nuevo Hakan. No se nos dice en la película, pero vemos en el último plano a Oskar en un tren, y a Eli escondida; ha llegado el momento de huir, de empezar en un nuevo sitio. Se comunican con el Código Morse. No se nos enseña nada, pero lo imaginamos todo; imaginamos que Oskar ha escapado de casa, imaginamos que Oskar matará para alimentar a Eli, imaginamos que Oskar envejecerá y Eli no…

Podemos terminar con un párrafo de “El Hobbit” que la profesora lee a los alumnos al principio de la historia:

Entraba y salía entre las sombras, corriendo rápido y en silencio, y evitando salir a la luz. Pronto regresaron a vigilar la puerta refunfuñando y maldiciendo. Bilbo había escapado”.

Y efectivamente, Oskar, al igual que Bilbo Bolsón, ha escapado de las sombras para salvarse. Eli ha sido la que le ha dejado entrar a él en su vida.

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  • Me pareció una bellísima película. Es la única que vi dos veces seguidas en el cine: una semana después de haberla visto, volví a verla.
    Me temo que lo de Hakan es mucho más retorcido (y después de haber leído el libro, confirmé lo que pensé en la película): él es un pedófilo, en Eli busca protección, ella (o “él”) se la da, e incluso deja que la observe en forma libidinosa, a cambio de que él le busque sangre…
    Hay varias cosas que no me terminaron de cerrar en la película, varias que objetar, pero igual queda exculpada por lo hermosa y emotiva.
    Los niños actuaron muy bien, en particular “Eli”.
    Saludos, desde la Argentina.
    : )
    Roberto

    • Hola Roberto ,porfavor podrías escribir más sobre el libro ,yo solo leí 50 páginas aproximadamente ,si no es que menos ,por lo crudo y frío que es la historia ,y me refiero a hakar la verdad ya no deseo leer el libro , pero me intriga lo que pasa cuando Eli lo muerde ,porfavor conteste mi respuesta

  • Elena Iniesta Gª-Mohedano

    Gracias por el comentario. No he leído el libro, pero ahora tengo ganas de leerlo. No obstante, por lo menos desde mi punto de vista, no hace falta buscar en una película explicación a todas las tramas planteadas, y ahí está la belleza del cine, en disfrutar mientras la ves, y seguir pensando en ella durante mucho tiempo después. Por supuesto que tiene temas que se quedan en el aire (como la relación con el padre, que en la película se insinúa su homosexualidad, o el final), pero, al fin y al cabo, partimos de la base de que es una película de vampiros, por lo tanto, estamos en el plano de la ciencia ficción. ¿Podemos, por ejemplo poner en entredicho “Los pájaros”, de Hitchcock por lo inverosímil de la trama o el final abierto que nos plantea?
    Saludos, y reitero mi agradecimiento por haber leído mi análisis.

  • De nada. Me gustó leerte.
    Es cierto que está bueno que queden “cabos sueltos”, cosas para que quede a libre interpretación, pero por ejemplo, la historia relacionada con la mujer que muere incendiada en la cama…no sé, me pareció algo deshilachado. En el libro hay más personajes, y se profundiza en más temas….es más cruda, más siniestra que la película. Creo que aparece un amigo del chico, y el papel del profesor de gimnasia es más relevante, y también habla más de su relación con el padre, que ahí queda claro, y no insinuado, que es homosexual.
    Todos los encuentros entre ellos me resultaron mágicos. En especial cuando ella lo va a visitar a la casa. …
    Otro tema de la película tiene que ver con esa difícil interpretación entre “lo que está bien, y lo que está mal”.
    Vi tramos de la versión norteamericana de esta película…y me resultaron demasiado… norteamericanos….muy directos…menos poéticos, y los chicos actúan bien pero los de la sueca son incomparablemente mejores.
    Saludos…
    Roberto
    Saludos.

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