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Series de TV: De las cadenas televisivas a los canales alternativos

04/10/2012 -
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Hace sólo unos días comentábamos que vivimos en una verdadera golden age de las series de TV; una época de gloriosa y prolija producción de series de todas las naturalezas posibles que son esperadas, valoradas y… , desde hace tiempo, también, descargadas. Y es que el éxito de las series de TV no sólo está causado por el evidente aumento de su calidad narrativa, sino que se debe a diversas causas entre las que se cuenta el hecho de que ya no se consumen exclusivamente como parte de la programación de una cadena televisiva.

Ahora también se accede a las series a través de otros canales: Streaming online, visionado en iPads y tablets, compra de packs originales en DVD, etc. Y todo ello sin olvidar que existe una legión de espectadores que descargan las series de TV de las redes de pares como el Emule, Bittorrent, etc. Hoy, cada vez más, los usuarios intentan evitar el consumo de las series de TV a través de las cadenas y buscan alternativas.

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¿Cuáles podrían ser algunas de las causas de este movimiento?

  • La negligencia de las cadenas televisivas: Que era, sin duda, el único canal de consumo audiovisual de las series de TV hasta hace, prácticamente, una década. La inmensa mayoría de los espectadores de las series las consumían a través de la pequeña pantalla, a merced de un horroroso catálogo de malas prácticas que desesperaban a los espectadores hasta hacerles perder el interés. En primer lugar, las series eran sometidas a una carga publicitaria en la línea del resto de invasión publicitaria de la cadena a cualquier hora del día, tanto más en prime-time, el momento de emitir las mejores series de TV. Esto, naturalmente, creó pronto un enorme descontento por parte del público que tan sólo aceptaba tan triste trato en el caso del cine de estreno, pero que ha arrastrado durante años sin aparente solución. Las series de TV, además, eran sometidas una permanente lógica de interrupción y fragmentación del discurso que debía hacer descansos para alojar contenidos televisivos en su seno más allá de lo publicitario: Autopromociones de la cadenas, segmentos de continuidad repetidos dentro de un mismo bloque, etc. Y a esto hay que añadir aún la incapacidad de las cadenas para respetar la lógica narrativa de las series de TV que exigen una emisión ordenada de los capítulos. Las cadenas los han desordenado, han mezclado las temporadas, han repetido episodios hasta la saciedad y han decepcionado, en definitiva, a quiénes querían hacer un consumo lineal de la serie de TV. Es lógico que las cadenas vean ahora cómo uno de sus contenidos inherentes más específicos, diseñados desde el primer día para ser emitidos a través de la TV, ya no son consumidos únicamente en sus pantallas, sino que además van progresivamente saliendo de ellas para converger en los nuevos canales de emisión (pantallas de ordenadores, ipads y tabletas, videoconsolas, etc.).La tragedia de este fenómeno es la triste traición que las cadenas televisivas han cometido con estos contenidos que, con el tiempo, no sólo se han convertido en narraciones de calidad, sino que además gozan de la demanda de la audiencia. Las cadenas NO han sabido capitalizar con equidad y respeto unos contenidos que hoy tienen una gran capacidad para reunir miradas. Sí es cierto que algunas cadenas han intentado interiorizar los valores de consumo de las series de TV que imperan hoy entre sus aficionados, y así podemos encontrar cadenas que programan días temáticos (con los capítulos de algunas series muy demandadas) o incluso políticas de apuesta por las nuevas series casi en clave experimental en la línea que muchos aficionados hacen de las series hoy en día. Sin embargo, es muy probable que sea ya demasiado tarde y que deban perder la cuota de mercado que les hubiera correspondido si estos contenidos se hubieran repartido entre todos los posibles canales de consumo.

  • El esfuerzo de las distribuidoras: Ante la antigua preeminencia de las cadenas de TV, albaceas y gestoras exclusivas del único canal de consumo de las series, las distribuidoras de contenidos (series de TV en este caso) han visto cómo el tiempo ha revertido los términos. Hoy, las distribuidoras tienen una capacidad de intervención mayor en la comercialización y el consumo de las series de TV. Y esto no sólo es efecto de la multiplicidad de canales de consumo audiovisual por los que las nuevas audiencias desean
consumir estos contenidos (que, como decíamos, van más allá de la TV), sino también de un sistemático esfuerzo comercial por educar a los consumidores en el acto de comprar los packs de series de TV. A mediados de los 90, esta práctica se nos propuso como una novedad que, en un principio, nos parecía casi aberrante, algo ilógico. Quizás tuviera que ver con el hecho de que la audiencia sabía que las series de TV se rodaban para ser emitidas por la TV y aún no se concebía la posibilidad de ser consumidas como un DVD, como una película, etc. Sin embargo, con el paso del tiempo, los espectadores fueron interiorizando esta costumbre, comprando primero los packs de sus series favoritas y luego sorprendiéndose comprando otras series ya no tan favoritas. Las distribuidoras han conseguido revolucionar una “cadena de valor” que antiguamente terminaba necesariamente en la pantalla de la TV a través de las cadenas, y que hoy ya se las salta para llegar directamente a la pantalla del espectador sin cadena televisiva de por medio.
  • El aumento progresivo de la calidad en las series de TV que, como decíamos antes, son ahora las depositarias de un valor en la narración que antes sólo se podía llegar a encontrar en el cine convencional, y a veces sólo en su franja de prestigio. Los espectadores han llegado a concebir las series de TV como obras NO MENORES cuyo consumo merece hacerse en las mejores condiciones posibles. Y éstas, claramente, no son las que proporciona la emisión de una cadena de TV. Como mi colega Marcos Isabel dice en ocasiones, A las películas hay que respetarlas, y la manera cómo antes mostrábamos ese respeto por las películas que nos apasionaban era verlas en forma de celebración: Dedicándole toda nuestra atención, sentándonos tranquilamente con la total decisión de olvidarnos de nuestra propia existencia y pensar sólo en lo que nos cuentan. Hoy, no es extraño que este sea el modo cómo muchos espectadores consumen también las series de TV que les apasionan. La emoción que muchos espectadores sienten por sus series de TV, hoy de gran calidad, justifica tratar de evitar depender de las cadenas de TV, que han demostrado después de décadas ni respetar a los contenidos que emiten, ni ser conscientes del valor que hoy pueden llegar a tener.
  • No querer depender de las cadenas de TV ni de sus parrillas televisivas: Las televisiones de toda la vida emiten sus contenidos con arreglo a una parrilla de programación confeccionada previamente. Consumir sus mejores programas exige coincidir en tiempo y en espacio con sus pantallas y sus programas, cosa que cada día tiene menos sentido. Medio mundo se dirige ya hacia un modelo de contenidos a la carta, on-demand, basado en múltiples plataformas que aún deberán encontrar, eso sí, un modelo de negocio rentable y accesible por todos. El deseo de los espectadores es poder elegir libremente el mejor momento para ver sus series de TV o sus películas, sin tener que calzarse en la rígida parrilla de una cadena de TV. Además, no es extraño que los espectadores de esta nueva golden age de las series de TV quieran consumir varios capítulos seguidos de su serie favorita, cosa que las cadenas de TV no ofrecen salvo con algunas series de TV de éxito, y en cualquier caso eligiendo ellas cuántos capítulos se emiten y si todos ellos están en orden o alguno es una repetición de temporadas anteriores.

Por todo ello, sólo queda constatar la tendencia: Las series de TV se conciben hoy ya no para su emisión exclusiva a través de las cadenas televisivas, sino para ser distribuidas de muy diversas formas a través de una “red de la comunicación y su entorno” cada vez más fragmentada y con más canales alternativos. El consumo de las series va a ser cada vez más personalizado, menos “masificado” y por tanto se va a alejar de los otrora especialistas en “comunicación de masas” como eran las cadenas de televisión. Bienvenidos a los albores de una era en la que veremos películas y series de TV en multitud de dispositivos. Seguramente, esto tendrá también un efecto sobre el formato mismo de las series de TV, así como sus subdivisiones en capítulos (duración, formato, etc.) que hasta ahora estaban muy condicionados por las cadenas de televisión. Parece que habrá que ir pensando cómo van a ser las series de TV de la nueva era de la información.

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