“El gran carnaval”: Los tres ejes

Tratado I

1

Aquel que recorra los distintos artículos publicados sobre esta película comprobará que la crítica hacia el periodismo es un tema recurrente e incluso manido. Parece inevitable hacer una breve referencia a esta actividad, pero no quisiera detenerme demasiado en este aspecto pues considero que existen demasiados puntos de interés en esta cinta de los que aún no se han hablado. Como ya se ha dicho en incontables ocasiones mencionaré que el trabajo de informar sufre (desde hace tiempo) las consecuencias de reconocerse como un poder capaz de mover masas. Así, en ocasiones demuestra cierta incapacidad para gestionar la información con responsabilidad, primando en muchos casos la “desinformación” bajo intereses propios del gremio, intereses políticos, económicos, etc… En esta ocasión quisiera ensalzar la figura de algunos periodistas (pocos) que (aún) tratan esta profesión con el debido respeto ciñéndose a unas normas éticas que todos podemos intuir, respetando no sólo su profesión sino también la figura a quien va dirigida en última instancia la información. El receptor de información no habita un lugar amable en la cinta que nos ocupa. Podemos ver a lectores de periódicos que movidos por el morbo no dudan en acercarse a un lugar “embrujado” para vivir en primera persona el desenlace de un posible rescate. A nadie se le escapa esa extraña costumbre del ser humano en la que ante un suceso desgraciado son muchos los curiosos que acuden al lugar de los hechos para observar intrigados el proceso que emerge después de un accidente. Ante estas conductas algunos medios de comunicación conocedores de la curiosidad innata en la condición humana han ido ofreciéndonos sin rubor cada vez más noticias con un alto contenido morboso. Heridos, muertos, mutilados… se dan cita en distintos emplazamientos: Vietnam, Golfo Pérsico, Yugoslavia… completando un inquietante binomio de oferta y demanda donde el periodismo y los receptores de información se reparten la responsabilidad a partes iguales. Hemos conseguido desayunar plácidamente mientras vemos el periódico de la mañana que lleva en portada la imagen de un niño muerto boca abajo en una costa del mar Mediterráneo. El morbo, la curiosidad, y el ansia por querer siempre más han conseguido imponerse en los medios de comunicación frente a la información ética y respetuosa.

2

Hasta aquí lo referente a prensa sensacionalista, pues como he anunciado son muchos los artículos que tratan de manera exhaustiva el tema del periodismo tomando como base “El gran carnaval“. Quiero apuntar ahora hacia otros poderes interesantes en este film como son la ley y aquellas figuras encargadas de velar por el buen funcionamiento de ésta. Considero que un hecho cada vez más cotidiano en nuestra sociedad como la relación de amistad íntima entre periodismo y representantes de la ley puede ser muy peligroso, y por ello tomo como ejemplo la cinta que nos ocupa. No quisiera caer en la ingenuidad de insinuar que estos dos poderes pueden permanecer alejados manteniendo una relación profesional en ambos casos, pues todo aquello que es manejado por la mano del hombre tiene sobre sí la propiedad de ser corruptible. Sin embargo debemos advertir sobre las graves consecuencias que implica neutralizar la figura encargada de encarnar las normas de convivencia. A pesar de los intentos constantes del hombre por debilitar la ley (y no hablamos en este caso de modificarla o mejorarla), siempre deberían prevalecer esos preceptos que nos hemos dado y que forman un rasgo significativo de la civilización, no sólo como símbolo de evolución, también como organismo que vela por nuestra propia seguridad. Una encarnación de la ley que se muestre boba, pusilánime, ignorante o miedosa, convierte a la cultura portadora de esta ley en una sociedad frágil y extremadamente vulnerable, concediendo una situación privilegiada de poder a aquellos que optan por el boicoteo de la civilización, peligrando de este modo grandes logros que nos han servido para progresar. En mi opinión (demasiado obvia quizá) el caos, la improvisación, la ignorancia, la torpeza, los elementos que se nutren de la maldad humana y otros componentes similares, nunca deberían formar parte de los mecanismos de contención creados por la ley.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

3

Para tratar el tercer eje que compone la película recordemos que “Ace in the hole” resultó un fracaso de taquilla en su estreno. Con el paso del tiempo la cinta ha conseguido cierto estatus pero no ha logrado emerger como película popular siendo uno de los títulos más ignorados en la filmografía de Billy Wilder. Inmerso en la vejez, el director valoraba en una entrevista los resultados obtenidos: “…por alguna razón, la gente no deseaba ver un film tan deprimente, con aquel tipo del agujero y con el periodista“. En general, cuando vemos declaraciones de realizadores que hablan sobre el fracaso de su obra pensamos que son justificaciones o rodeos para no admitir que su producto no ha sido bueno. Pero sospecho que en esta ocasión hay algo de acierto en las palabras de Wilder. El film pone el dedo en la llaga y no por ello pierde calidad, al contrario, pienso que es ahí donde reside el principal valor de la historia pues consigue enfrentar al espectador con una situación incómoda en la que puede reconocerse mezclado entre esa aglomeración indiscreta de gente que abunda en torno al herido. Resulta interesante comprobar cómo cada uno de los ruines protagonistas del film tiene un motivo para su conducta (podrá agradar más o menos, pero motivo hay). En cambio, tratar de hallar una causa clara en el comportamiento de esa masa para la que se crea El gran carnaval parece más complicado. Antes de ser director de cine Wilder trabajó como periodista entre Austria y Alemania, quizá desde esa experiencia declaraba que “a la gente le gusta el sensacionalismo (…), cuando uno ve un accidente,(…) siempre se ve a personas que se acercan a contemplarlo. Les encanta ver… ver“. Después de enterarse que hay miles de personas fuera de la cueva a causa de su accidente, Leo Minosa se pregunta “¿Quiénes son?, ¿qué quieren?” . Así, nosotros también nos preguntamos qué se esconde detrás de ese interés innato en el género humano que tanta curiosidad despierta frente al morbo. Desde imágenes de heridos o cadáveres hasta humillaciones y vejaciones públicas, pasando por la observación impasible de las desgracias ajenas, el hombre es un demandante de este tipo de circunstancias y ha conseguido convertir estas situaciones en una amplia gama de mercadería. Todos en algún momento nos hemos visto inmersos en este trance siendo testigos de alguna situación mencionada, y el director del film ha tratado de mostrarlo en la gran pantalla. Por una vez la cámara se permite el atrevimiento de girar ciento ochenta grados y como si de un espejo se tratase enfrentó a los espectadores con sí mismos. Los resultados fueron notables: fracaso en taquilla y críticas desfavorables, incluso hubo quien desde la revista Life pidió la deportación de Wilder. “Ace in the hole” pasó a llamarse “The Big Carnival”, pero la inocente idea que tuvo la productora de cambiar el título del film no fue suficiente para corregir aquellas sensaciones que la película provocó y que la convirtieron en su propia víctima, porque… ¿a quién le gusta verse retratado con tanta sinceridad dentro de una sala de cine?

 

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)



Siguiente: El poder de la voluntad
Volver al índice de “El gran carnaval”

 

Siguiente artículo Artículo anterior

Tu dirección de correo no será publicada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR

Recibe nuestro newsletter

Suscríbete ya a nuestro newsletter y recibe cómodamente lo mejor de Código Cine

Rellena estos datos:




¡Gracias por suscribirte!