“El gran carnaval”: El poder de la voluntad

Tratado II

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¿Qué se esconde tras el deseo de volver a casa? Nuestro hogar es el lugar donde nos encontramos con nosotros mismos. Aquel sitio que ofrece seguridad y una sensación de libertad difícilmente alcanzable fuera de sus muros. Es un espacio íntimo donde compartimos nuestras vivencias con quienes más queremos, por tanto allí amamos y nos sentimos amados. Pocas cosas reconfortan tanto como esos momentos en los que después de haber estado lejos, (perdidos quizá) fantaseamos con la imagen de vernos otra vez en nuestra casa. ¿Qué consecuencias podría conllevar un deseo tan sencillo? Comprendo que mi forma de abrir esta presentación es desconcertante; el lector pensará que poco tiene que ver esta reflexión con el filme que nos ocupa, pero les pido paciencia e intentaré dar sentido y encaje a este capítulo al final del tratado. Por ello, pasemos directamente al análisis de la película sin más rodeos.

2

Yo no provoco los sucesos, lo único que hago es contarlos” –Charles Tatum-. Leo Minosa es víctima de su imprudencia. Se adentra en una cueva carente de seguridad y allí quedará atrapado. Pero este hecho no otorga validez a las palabras de Tatum, la frase correcta hubiera sido: “Yo no he provocado este suceso [el accidente de Leo]”. Además, su tarea no es únicamente contar sucesos, -al menos no en este caso-; pues ha moldeado este accidente a su medida dándole la forma que más se ajustaba a sus intereses. Con lo cual, esa segunda afirmación tampoco dice la verdad. No debe extrañarnos que nuestro protagonista engañe, aunque hay que reconocer ciertos momentos en los que sí se muestra objetivo:

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Dejaremos en suspenso esta presentación del protagonista con la intención de retomar más adelante el tema. A continuación prestemos atención al comportamiento que nace de su enérgica «voluntad», la cual, consiste en recuperar “algo” (¿su prestigio en un diario de Nueva York? -pienso que hay más-); pues por esa causa no habrá cabida para los escrúpulos en la conducta del periodista desde que descubre el accidente hasta momentos antes de la muerte de Leo.

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Tatum añora el ruido, la gente y las pasiones de la gran ciudad; las chicas, los espectáculos… Camina junto al desenfreno y lejano a la moderación. Las noticias que le gusta contar están cercanas a su forma de entender la vida. Adentrarse en ellas para hacerlas llegar a los lectores que demandan sensacionalismo es una fuente de placer a la que no se plantea renunciar ya que en este terreno se mueve como pez en el agua. Con el público rendido a sus pies se siente un ser superior y como tal actúa. Así, inmerso en estas circunstancias no hay lugar para preguntarse por qué renunciar a ese goce, pues convertido en «animal de presa» difícilmente se pueden calibrar las consecuencias de los actos. Quisiera recuperar las siguientes palabras de Nietzsche: «Ay, la razón, la seriedad, el dominio de los afectos, todo ese sombrío asunto que se llama reflexión, todos esos privilegios y adornos del hombre…»: La reflexión como un «sombrío asunto». La razón, la seriedad y el dominio de los afectos, «adornos del hombre». Como si Tatum hubiera hecho suyas esas palabras en contra de la razón, orquesta las noticias desde esa perspectiva manejando los tiempos y acciones sin «seriedad» sin «dominio» y sin «reflexión». En el periodo que abarca la película podremos ver un claro ejemplo de las añoranzas de Nietzsche hacia los tiempos en que «la humanidad no se avergonzaba aún de su crueldad», pues para el filósofo alemán, «la vida en la tierra era más jovial».

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Haremos un paréntesis para dejar clara una postura, pues no quisiera causar una impresión equivocada. Con este texto no trato de contradecir la tesis de Nietzsche sobre «la voluntad de poder». No es un ataque a este gran pensador que sin duda recomiendo a todos aquellos que sientan necesidad de penetrar en la complejidad humana. Así, con humildad y respeto, quisiera exponer algunas apreciaciones que considero controvertidas referentes a la liberación de los instintos en el hombre. Opiniones que -pienso- han tomado forma clara en el film de Billy Wilder y que pueden servir de ejemplo para iniciar un acercamiento en estas líneas. Entre otros aspectos, trataré de presentar una réplica (inspirada en las ideas de Freud) que con mayor o menor acierto manifieste una postura diferente a la del autor germano. En definitiva pretendo establecer un diálogo con este polémico filósofo, tratando de exponer alguna de sus inquietantes ideas mediante pasajes de “Ace in the hole“, con la intención de mostrar una composición del lugar al que deseo llegar.

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Hemos alcanzado un punto de difícil desarrollo pues el estudio de la película exige adentrarnos en un terreno comprendido entre la filosofía y el psicoanálisis del que soy ajeno. Intentaré no desorientar al lector ni hacer una mala interpretación de las ideas de aquellos pensadores sobre los que voy a caminar. Partimos ahora del momento en que emerge un estado preocupante de excitación en Tatum que no puede contener. Algo dentro de sí que aporrea la puerta al exterior.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

«El hombre que, falto de enemigos y resistencias exteriores, encajonado en una opresora estrechez y regularidad de las costumbres, se desgarraba, se perseguía, se mordía, se roía, se sobresaltaba, se maltrataba impacientemente a sí mismo, este animal al que se quiere “domesticar” y que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula, este ser al que le falta algo, devorado por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse a base de sí mismo una aventura, una cámara de suplicios, una selva insegura y peligrosa -este loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la “mala conciencia”. Pero con ella se había introducido la dolencia más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la humanidad no se ha curado hasta hoy, el sufrimiento del hombre por el hombre, por sí mismo: resultado de una separación violenta de su pasado de animal, resultado de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y en nuevas condiciones de existencia, resultado de una declaración de guerra contra los viejos instintos en los que hasta ese momento reposaban su fuerza, su placer y su fecundidad»

Friedrich Nietzsche.

Ninguna otra especie ha sido capaz de masacrar, torturar o aniquilar a otros miembros de su especie como el hombre lo ha hecho. (A pesar de vernos favorecidos por esa instancia que hallase Freud alojada en nuestro interior, destinada a vigilar los actos y las intenciones de uno mismo juzgándolos y ejerciendo una actividad censora [super-yo]). El individuo encuentra un profundo goce en la conducta agresiva y es capaz de suspender sus mecanismos de control. Por ello, se encuentra inmerso en una guerra consigo mismo en la que se debate entre los instintos, sus estructuras internas de control, y en ocasiones también la razón; generando en él un intenso malestar. Podemos utilizar a Tatum de ejemplo, ya que sintiéndose «encajonado» como «un animal», «se golpea furioso contra los barrotes de su jaula» pues es «un ser al que le falta algo», y también «un loco prisionero añorante y desesperado» que necesita entrar en acción y que no resiste la contención de sus instintos. Para este personaje, alejarse de aquello por lo que se siente vivo produce un desasosiego que apenas soporta, como demuestra tras un año en el periódico local de Albuquerque. Necesita sumergirse en una historia que le devuelva a la vida, de ahí su confesión ante la falta de noticias: “Si no las hay salgo a la calle y le muerdo a un perro“. Como si todo aquello que le rodea estuviera a su servicio hace y deshace a su voluntad. Es alguien que lejos del ruido y la acción tiende a desesperarse; “¿dónde está ese pan con la lima dentro?” son sus palabras en medio de una situación en la que se siente atrapado. Lejos de casa y sumido en el tedio, la quietud, la lejanía de las pasiones humanas… que se ven reflejadas en la modesta redacción donde ahora trabaja. Ante este prisionero con una «voluntad de poder» tan marcada y sin posibilidad aparente de desenjaular sus instintos, parece inevitable la inconveniente alteración del orden actual.

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Yo no he ido a ninguna escuela, pero sé qué noticias interesan, porque antes de trabajar en un periódico los vendía por las esquinas. ¿Y sabes lo primero que aprendí? Las malas noticias se venden mejor. Porque una buena noticia no es noticia“. –Charles Tatum-. Hay periodistas agitadores porque hay consumidores ávidos de esa agitación. No nos engañemos, todos hemos consumido prensa sensacionalista, así pues, habiendo demanda es inevitable que exista una oferta. Esta premisa la conoce bien Tatum pues decantó su carrera hacia el lado opuesto al del Sr. Boot. Dos tipos de periodismo distintos; dos personas que conocen los entresijos de su profesión pero que se decantan por puntos opuestos de abordaje. Uno sobrio y frío frente a otro hecho desde la emoción. Chuck tiene un olfato especial para intuir dónde se encuentra la noticia, como vemos en el caso que nos ocupa. Es un «ave rapaz» que ha localizado su «presa» en el percance de Leo Minosa. A partir de aquí se desboca como un tren sin frenos al que nadie puede detener, ni siquiera aquellos que se encargan de apagar los primeros conatos de incendio en contra del orden. La «voluntad» de Tatum es tan fuerte que consigue ensombrecer a esa fuerza de contención que es la ley, para llevar a cabo su interés. Y aquí conviene recordar el riesgo que supone un tipo con una «voluntad de poder» tan desatada. Pero no es menos peligroso que aquellos que deben poner freno a estas actitudes se muestren pusilánimes, plegándose ante la fuerza que ejercen quienes han liberado sus peores impulsos. Una ley débil es tan peligrosa como una «voluntad de poder» en su máxima intensidad. Y aún peor; una ley manejable o corruptible puede tener consecuencias irreversibles en aquellos que están amparados bajo ella, pues siempre habrá tipos que no teman mirarla por encima del hombro; personajes que tienen una especial intuición para descubrir aquellos agujeros en los que la ley se muestra más vulnerable; lugares donde penetrar dentro sin dificultad para hacerla suya.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Tenemos a un periodista, que se lanza hacia su objetivo sorteando sin resistencia el primer obstáculo: la ley. Una vez ha eludido este impedimento, tiene ante sí una autopista libre para hacer su voluntad. El siguiente paso será retener al herido el tiempo suficiente para que el reportaje cale hondo en los lectores; después, graduando los comunicados conseguirá atrapar al ciudadano a la vez que genera la necesidad de consumir las sucesivas novedades del caso. En definitiva, Tatum maneja los tiempos de una forma muy calculada dominando a todo aquel que por distintas circunstancias se incorpora a la noticia.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Así, con la ley cogida por el cuello no será difícil reconducir al capataz Smolek -quien está al frente de las labores de salvamento- si muestra preocupación por la salud del herido. La amenaza será un arma convincente para alargar los tiempos del rescate, y si el operario se muestra cooperativo será bautizado en los periódicos como “el hombre cuya experiencia va a salvar la vida a Leo Minosa“. De este modo, con la palmadita cómplice de un falso amigo y con la promesa de ser “el mayor contratista del ramo”, Tatum compra también el silencio del encargado de la operación. Parece que a costa del herido, quienes acompañen al reportero en su locura, podrán prosperar en la vida, pero es algo que todos sabemos pues siempre hubo beneficio en las desgracias ajenas.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Adelantamos en el capítulo anterior que Tatum tiene localizada su «presa»:

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Veamos cómo da forma a la materia prima que tiene en sus manos: “Una persona es mejor que ochenta y cuatro; (…) curiosidad humana. (…) Coges un periódico, lees algo sobre ochenta y cuatro personas, (…) lo lees pero no te afecta. Una sola persona es diferente, eso es la curiosidad humana. Alguien completamente sólo“.-Charles Tatum– Para manejar con soltura este material primero ha de ganarse a su presa, es decir, que el herido le considere su amigo. Y esto no será un problema para Tatum pues recordemos que el periodista es un buen embustero. Ese engaño y la falta de escrúpulos hacia el hombre atrapado serán los causantes del colapso que sufrirá el reportero, pero será más adelante cuando lo tratemos.

 

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Ganada la confianza del herido, es el turno de atraer gente hacia el suceso para que adquiera más consistencia. Poner el anzuelo frente al público para que devore la noticia es el comienzo. Que los curiosos no puedan pasar un día sin las novedades del acontecimiento será el propósito. Tatum sabe que lo conseguirá y anuncia que “todos vendrán”. Después de los primeros encuentros con Leo, el periodista sale de la cueva con energías renovadas, pues se ve cerca de cumplir su «voluntad». Parece que resulta difícil no participar en la causa de alguien que tiene las cosas tan claras y por ello vemos la sumisión del resto de personajes, no hacia el herido; no hacia el rescate de Leo, sino hacia aquel que ha bautizado su noticia como “La maldición de la montaña de los siete buitres“. (Es paradójico que el animal elegido para bautizar la noticia sea carroñero).

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

“Esto es lo que le gusta leer a la gente en el periódico y yo voy a dárselo”

Tatum conseguirá los efectos deseados en el lector: curiosidad, compasión, euforia… un carrusel emocional del que difícilmente se puede permanecer alejado. El hombre siente una incontenible atracción hacia aquello que despierta sus emociones con mayor intensidad. Cuanta más pasión brota dentro de sí, más cerca quiere mantenerse. Con estos ingredientes será cuestión de tiempo que la zona del conflicto se convierta en un circo, (en un gran carnaval) pues el hombre alejado de la razón e inmerso en la emoción es manejado fácilmente por quienes desean obtener un beneficio de ello.

 

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Durante este proceso Tatum no ha dejado hueco para las distracciones. La máquina está en marcha, tiene un objetivo y la dirección ya está trazada en forma de línea recta. Parece que ni siquiera las insinuaciones de la esposa de Leo podrán apartarle de su objetivo.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

«Todo animal (…) tiende instintivamente a conseguir un optimum de las condiciones más favorables en el que poder desahogar del todo su fuerza, y alcanza su máximum en el sentimiento de poder; todo animal, de manera asimismo instintiva y con una finura de olfato que ‘está por encima de toda razón’ siente horror frente a toda especie de perturbaciones y de impedimentos que se le interpongan o puedan interponérsele en este camino hacia el optimum (-de lo que hablo no es de su camino hacia la ‘felicidad’, sino de su camino hacia el poder, hacia la acción, hacia el más poderoso hacer, y, de hecho, en la mayoría de los casos, su camino hacia la infelicidad)»

Friedrich Nietzsche
(“La genealogía de la moral“: Tratado Tercero; Capítulo 7)

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Tatum ha llegado al culmen de la notica manejando con astucia los elementos que la componen. Él la ha creado y quien quiera obtener información al respecto necesariamente deberá acudir a Chuck. Así, utilizará a sus compañeros de profesión para anunciar que sus servicios están disponibles, pues en breve dejará de necesitar al modesto boletín de Albuquerque. Mientras llega la esperada llamada de Nueva York que le desvincule definitivamente de la supervisión del Sr. Boot, decidirá quien habla (o quien no habla) con otros periodistas, calibrando cualquier información que vaya a ser expuesta fuera de su dominio para no poner en riesgo el conjunto de la noticia; promocionará la reelección de su cómplice y valedor: el sheriff Gus Kretzer; y colocará estratégicamente cada figura relacionada con la historia para extraer el máximo beneficio. Todos los detalles importan en la configuración diaria de su gaceta pues es consciente de que: “Mañana este será el periódico de ayer y lo tirarán a la basura“. Pero al margen de ser un tipo minucioso y calculador (siendo estas las claves de su éxito), debemos señalar también que sobre la cima de la popularidad es alguien incapaz de gestionar correctamente su éxito. Este importante detalle es indicador de una vida fluctuante en extremo, pues Tatum oscila radicalmente de la gloria al fracaso incapaz de alcanzar regularidad durante mucho tiempo. Chuck es un carrusel de emociones, pues únicamente consigue una breve estabilidad en ese periodo que abarca desde el momento en que intuye la posibilidad de asomar la cabeza fuera del fracaso, hasta que consigue materializar el desenjaule de esa fuerza que le oprime. Así cuando Tatum se encuentra a un extremo u otro (en la cima o en la lona) él es quien sufre, sin embargo durante ese fragmento de tiempo en el que se desarrollan las exigencias de su voluntad, hasta el objetivo final de ésta, son los demás quienes padecen las consecuencias de su carácter. Inmerso en el goce que supone la liberación de sus instintos es donde se encuentra especialmente cómodo, experimentando un intenso placer al que difícilmente renunciará.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Tatum recordando Nueva York.

 

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Trataré de situar ahora los dos momentos en que Tatum se encuentra cercano a su quiebra emocional. El primero es fácil, pues ya hemos hablado de él. Durante su quietud en el diario local de Albuquerque se muestra violentado por sus instintos, encontrando una vía de escape en el vaso que se halla ubicado junto a la botella que contiene un barco, pues a pesar del intento de Tatum por engañar al Sr. Boot, el pequeño vaso contiene alcohol. Localizamos el segundo caso vinculado a una regla que él mismo se impone en su trabajo. A punto de alcanzar la cima de su objetivo traslada este precepto a su joven fotógrafo: “Nada de bebida amigo, nada mientras dure esto“. A pesar de esta advertencia será el propio Chuck quien rompa la norma, arrojándose sin dominio en los brazos de tan singular compañero etílico. Los dos episodios en que su situación personal entra en conflicto con lo que le rodea se ven reflejados en la relación que mantiene con la bebida:

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Sin embargo no es esta una característica única de nuestro personaje, pues podríamos extender este hábito mucho más allá de la película. El hombre tiene tendencia a hacer un abuso excesivo del alcohol en los momentos que más vulnerable se encuentra: sobre la cima del éxito o hundido anímicamente. Son curiosos estos instantes en que se estrecha con más intensidad la relación con este extraño invento.

 

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Durante este recorrido hemos insinuado las semejanzas entre Tatum y el popular «animal de presa» nombrado por Nietzsche. El filósofo alemán quiso enfrentar a estas «aves rapaces» con aquellas figuras que a lo largo de la historia emergieron en representación de los «ideales ascéticos». Quisiera personificar la imagen que más se acerca a estos «ideales» en la trama de Billy Wilder. Para ello quiero llamar la atención sobre el Sr. Boot, pues en este personaje vemos reflejado un claro intento de protección hacia el joven Herbie. Y para reforzar esta propuesta nada mejor que ayudarnos del propio Nietzsche a la hora de describir el comportamiento del veterano periodista, pues su conducta hacia final de la historia consiste en: «…defender a su rebaño. ¿De quién? De los sanos; tiene que ser el adversario y despreciador natural de toda salud y poder toscos, arrolladores, desatados, duros, violentos al modo de animales de presa».

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

De este modo a raíz de la dimisión de Chuck en el periódico de Albuquerque y de la declaración de intenciones que tiene respecto al suceso del que se ocupa, el Sr. Boot adopta como medida protectora hacia Herbie el intento de apartarle de (la salud de) Tatum, ordenando al joven que le acompañe de vuelta a la redacción. Pero la intención del Sr. Boot de alejar al muchacho de un mal camino resulta inútil ya que éste muestra su disconformidad con el mandato de volver a casa, pues hace tiempo que fue víctima del veneno de Chuck:

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

CHUCK: No sienta lástima por él, ¿qué le hace pensar que el Sun Bulletin es a todo lo que aspira un chico como Herbie? (…) No pretenda que el chico se quede quieto. ¡Quiere avanzar, avanzar, avanzar!
SR. BOOT: ¿Hacia dónde?

 

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Finalmente Tatum ha conseguido apalabrar aquello que deseaba, ha hecho valer su voluntad, pues ha recibido una llamada de Nueva York acompañada de un trato que no ha resultado difícil conseguir desde su posición, ya que toda esta noticia (con lo que conlleva) era un reclamo para recuperar su antiguo despacho en su anterior empleo; y también y no menos importante, para obtener lo siguiente: “Ponga un ramo de flores en mi mesa, con una tarjeta que diga: BIENVENIDO A CASA“. ¡Volver a casa! El deseo más intenso de Charles Tatum. ¡Todo por volver a casa! ¡La muerte de un inocente por volver a casa! Y en medio, padres sufriendo por su hijo accidentado; jóvenes periodistas con un futuro prometedor asomándose al abismo; representantes de la ley corruptibles y capataces miedosos; una esposa sin escrúpulos; masas infectadas de un morbo estúpido dispuestas a todo por permanecer cerca de la noticia del momento… Todo esto es el motor que ha movido los hilos de tan siniestra historia. La voluntad secreta de un hombre por volver a casa es capaz de arrastrar a una masa de gente tras de sí. Por desgracia, parece que nada puede ser un impedimento mientras el objetivo sea claro y la voluntad permanezca intacta, latente y activa. Sobrecoge pensar que cualquiera de nosotros puede verse afectado por una fiebre semejante. Y es que a veces tras las cosas más insignificantes se esconden grandes voluntades. Pasiones que arrasan con todo aquello que se cruza a su paso. Pero en cualquier caso nada es incesante y a continuación podremos comprobarlo en el devenir de la suerte que Tatum ha disfrutado todo este tiempo.


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