“El gran carnaval”: Culpa y compasión

Tratado III

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Tuve ocasión de leer hace unos años “El malestar en la cultura” de Sigmund Freud a raíz de un seminario sobre el Edipo impartido por el Catedrático de Comunicación Audiovisual, Jesús González Requena. Nunca una obra me había impresionado tan hondamente. Si en el anterior tratado intentaba un acercamiento hacia la «voluntad de poder» en Nietzsche (de forma periférica y prudente), en este otro quisiera abordar (de la misma forma) el sentimiento de culpabilidad nombrado por el padre del psicoanálisis.

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Mientras todo es fiesta y negocio en torno al accidente de Leo Minosa, el causante de este carnaval iniciará un recorrido hacia un lugar dentro de sí mismo del que reniega. Anteriormente intenté mostrar el ascenso de Tatum hacia el cumplimiento de su voluntad, pues todo en él era una lucha por alcanzar su cima. Pero no debemos dejarnos engañar por este efecto óptico, pues en realidad el camino del periodista no era sólo de subida ya que también es un descenso. Una bajada a las profundidades de sí mismo; hacia un lugar inexplorado del que no quiere saber, porque intuye su incapacidad para manejar lo que allí habita.

Escher

Todos encontramos rasgos en nuestra personalidad que nos resultan complicados gobernar. Son atributos de los que tratamos de mantenernos lo más alejados posible hasta que decidimos enfrentarnos a ellos (si es que este enfrentamiento llega a producirse). El roce con “aquello de lo que no queremos saber” es común para todos, incluso quienes se ven sumidos en la fiebre producida por el anhelo de alcanzar su voluntad están expuestos a ese contacto con “lo real” en uno mismo. He aquí los primeros síntomas de flaqueza, los puntos por los que se podría originar una quiebra emocional en Tatum. Y es que a pesar de su arrogancia y decisión, hay lugares en el miedo a los que nadie escapa, siendo capaces de consumir incluso a los «animales de presa» más crueles.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Debemos recuperar unas declaraciones de Tatum que dejamos en reposo. Se producen justo después del primer encuentro con el herido: “Yo no provoco los sucesos, lo único que hago es contarlos“. ¿Qué se esconde bajo esta frase? Tatum desea que el accidente de Leo se prolongue al menos una semana y esto inquieta al joven Herbie: “¡Bromeas Chuck, no le deseas nada parecido!” ¿Quién podría desear que el sufrimiento de un herido se alargue en el tiempo? El inocente fotógrafo desaprueba las palabras de Tatum, pero un censor tan fácilmente manejable no será capaz de alejar al astuto periodista de sus impulsos. Tatum consigue burlar el juicio que Herbie menciona sobre sus actos: “Yo no provoco los sucesos, lo único que hago es contarlos“. pero como dijimos, Chuck no se limita únicamente a contar este suceso. Y por ello, la afirmación de Tatum trata de sofocar un conato de incendio dentro de sí: “el sentimiento de culpabilidad“. Ya que necesita extinguir esas llamas para poder llevar a cabo su «voluntad». Continuemos este viaje a través de la película para ver el desarrollo.

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Continuamos nuestro recorrido localizando una fórmula interesante que consigue despertar en Tatum una extraña incomodidad fruto de la compasión que ha permanecido ausente hasta el momento. ¿Es posible que nos encontremos ante un modelo más eficaz que el de Herbie para activar el funcionamiento de la conciencia en Tatum? El periodista tiene frente a sí una figura que demuestra menos escrúpulos que él: Lorraine. La mujer de Leo Minosa se comporta de tal forma que sus actos provocan en Tatum un sentimiento excepcional que maneja con dificultad; una sensación interna que estorba y molesta al mismo tiempo. Es capaz de discernir en Lorraine la deshonestidad hacia el herido que no consigue ver en sí mismo.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Lorraine manifiesta un nivel de crueldad similar al del periodista, pero ella consigue ocultar el más mínimo remordimiento. Por ello, Tatum no puede permanecer impasible ante la insensibilidad de su conducta, llegando a enfadarse por la apatía que la mujer muestra hacia su marido. Pero es complicado aleccionar a alguien cuando uno mismo es inmoral. Quizá por esto sus intenciones de reconducir a Lorraine se tuercen. Pero sospechamos que hay algo más, pues la extraña fascinación que Tatum siente hacia ella inquieta nuestra curiosidad, por lo que más adelante trataremos de acercarnos un poco más a este punto candente. Por el momento debemos admitir que a pesar de nuestra esperanza por haber hallado un sistema que activase la conciencia de Tatum, comprobamos que en gran medida se desvanece pues el redactor utiliza la figura de Lorraine como una cortina de humo que impide reparar en sus propios actos, aplazando así el desarrollo de ese malestar interior que hubiese podido frenar el trágico final de Leo. Parece una característica general de la mente humana localizar vías de escape cuando casi es inevitable enfrentarnos a nuestros errores, evitando de este modo reconocer la responsabilidad que estos conllevan.

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En nuestro segundo tratado hablábamos de la transformación que sufre Herbie. Después de ver en primera plana la noticia que está cubriendo ha encontrado un punto dulce a la trágica situación de la que es partícipe. Si al principio no concebía que su instructor pretendiera alargar la agonía de un herido para crear una noticia a la medida de sus intereses, conforme avanza la película esa opinión se desvanece hasta el punto de parafrasear al propio Tatum: “Es una oportunidad. Nosotros no lo provocamos“. No quisiera pasar de largo por este fragmento de la acción. Hasta que Herbie declara estas palabras, Tatum se mostraba orgulloso de la ambición y el entusiasmo que el joven expresaba. Pero escuchar sus propias palabras en boca del chico ha conseguido crear un malestar manifiesto en su ánimo que parece haber llegado a su conciencia.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Tatum encaja el golpe sacudiéndose el pecho (como si hasta ese lugar hubiera llegado la voz de Herbie) y sorteando la conversación. De este modo se refugia de nuevo en los detalles de la noticia ya que mientras se encuentra sumergido en ella no queda espacio para la reflexión, especialmente cuando ésta exige examinar su conciencia. Pero sospecho que aún hay algo más en esa molestia de Tatum, pues propongo que, la transformación del chico también hace mella en su ánimo al comprobar lo que está haciendo con el futuro de su pupilo. Escucharse en boca de Herbie puede ser sólo un síntoma de lo que realmente sucede en su interior. Me disculpo ante el lector ya que por el momento no pretendo avanzar por esta senda, de este modo dejo en el aire una cuestión interesante, invitando a quienes me acompañan en este recorrido a ser partícipes de ella: La incomodidad de Tatum ¿es producida por las palabras de Herbie (es decir, por sus propias palabras e intenciones hacia el herido reflejadas en otro) o por la transformación que el joven está sufriendo bajo su influencia? ¿O quizá por ambas a la vez? Hay suficientes detalles dentro de la película para aclarar estas cuestiones, pero debemos regresar hacia las otras inquietudes que pretendemos abordar en este tratado.

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Hay un hombre atrapado y hay que sacarlo“. Ésta es la declaración de un curioso atraído por la noticia de Tatum. Su propia creación se vuelve en contra, por ello, el periodista deberá enfrentarse a la opinión y la conciencia de alguno de los fisgones presentes. El testimonio de esa persona anónima recuerda cual es el motivo de esta siniestra feria y penetra en el interior de Tatum. Pero una vez más esquivará la situación pues su «voluntad» parece mucho más fuerte que cualquier remordimiento. Y digo parece, porque el hecho de que en un primer momento Chuck no preste atención a estos llamamientos a la cordura, no quiere decir que no tengan un efecto en él, como más adelante veremos. Mayor complicación será soportar la carga que suponen sus encuentros con el herido, ya que Leo le considera su amigo, “su mejor amigo”, y así, ante esta avalancha de emociones la coraza de Tatum ha de sufrir fracturas que serán especialmente notables en esos momentos en los que el periodista se presta a escuchar el padecimiento de Leo. Sin embargo Tatum no asume que ese sufrimiento sea debido en gran parte a su propia conducta, con lo cual, canaliza todo el sentimiento de culpa hacia Lorraine en un ejercicio de cinismo, pues como ya hemos comentado, consigue ver en ella los actos deplorables que en él mismo no ve. Parece que cuando Tatum concebía su noticia no quiso reparar en que su principal reclamo era un ser humano. Quizá esperaba que Leo fuese sólo un muñeco sin sentimientos del que poder sacar partido. Pero justo por ese importante error de cálculo ahora se ve inmerso entre las desavenencias conyugales de dos desconocidos. Así, es testigo del anhelo de un hombre herido hacia su esposa, mientras la aspiración de ella es marcharse de allí aprovechando el accidente de su marido. Este comportamiento de la Sra Minosa corroe el ánimo -incluso- del periodista. La figura de Lorraine resulta muy interesante en la configuración del film, ya que Tatum es un antihéroe, pero también es el protagonista de la historia y es quien lleva el peso de la película, por tanto será el personaje que durante más tiempo acompañe al espectador. Mientras conformaba este texto pude escuchar las opiniones de algunas personas de mi entorno sobre la película que nos ocupa. Me interesaban especialmente sus primeras impresiones, aquellas que nacen de forma más espontánea; las menos razonadas; en definitiva, las conclusiones más inmediatas después de ver el film. Me pareció significativo que en estas primeras valoraciones en seguida aparecía la conducta de Lorraine, (un personaje secundario) en algunos casos antes que la del propio Tatum. Generalmente el público empatiza con el personaje principal, pero tener un mínimo de acercamiento hacia la figura de Tatum resulta incómodo para quien acuda a una sala de cine buscando entretenimiento (posiblemente éste sea uno de los motivos del fracaso de crítica y taquilla que tuvo). Si es complicado observar la conducta de Tatum, contemplar también la de Lorraine se hace casi insoportable. De ahí que el personaje que encarna Jan Sterling sirva de descarga (no sólo para el protagonista), pues parece necesaria una figura con un comportamiento tan abyecto como Tatum para no echar a perder la atención del espectador. Alguien en quien poder vaciar nuestra incomodidad para no sentirnos demasiado culpables por permanecer tanto tiempo acompañando a Chuck en su maquinación, pues la conducta de Tatum y Lorraine es un caso extremo de una situación bien reconocible: el hombre usando al hombre para alcanzar sus fines.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Hemos señalado aquellos momentos en los que Tatum se muestra más vulnerable, dubitativo y cercano a la quiebra emocional. Quiero recordar en este punto que para Nietzsche sería «nefasto» que «los afortunados, los bien constituidos, los poderosos de cuerpo y de alma, comenzasen a dudar así de su derecho a la felicidad». Tenemos a nuestro protagonista en la cima de la noticia. Ha conseguido llevar a cabo su plan sorteando los obstáculos que le estorbaban en el camino. Ha superado lo más difícil y parece que a partir de ahora le espera un recorrido descendente, sin impedimentos que detengan el curso de su «voluntad». Pero en contra de lo que cabía esperar, Tatum presenta indicios que pondrían en peligro su «derecho a la felicidad». ¿Qué motiva esos síntomas? Tomemos como punto de partida estas palabras de Freud: “La cultura se ve obligada a realizar múltiples esfuerzos para poner barreras a las tendencias agresivas del hombre, para dominar sus manifestaciones mediante formaciones reactivas psíquicas“. Y concretamente una de esas medidas será especialmente importante: “La cultura domina la peligrosa inclinación agresiva del individuo, debilitando a éste, desarmándolo y haciéndolo vigilar por una instancia alojada en su interior, como una guarnición militar en la ciudad conquistada“. Es decir, la cultura ha entendido que una forma de mantener el orden entre sus miembros consiste en alojar una “guarnición militar” en el interior de cada uno, que provoque un sentimiento de culpabilidad en el individuo. Y parece que incluso el propio Nietzsche claudica ante este hecho: «Yo considero que la mala conciencia es la profunda dolencia a que tenía que sucumbir el hombre bajo la presión de aquella modificación, la más radical de todas las experimentadas por él, de aquella modificación ocurrida cuando el hombre se encontró definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y de la paz.» Y a pesar de que el filósofo germano no tiene «duda» de que «la mala conciencia es una enfermedad», Freud encuentra una utilidad clara para el sentimiento de culpa, ya que este hecho conlleva un aspecto importante que debemos tener en cuenta, pues “el hombre civilizado ha trocado una parte de posible felicidad por una parte de seguridad”.

Freud y Nietzsche

A lo largo de este análisis hemos visto el modo que ha tenido Tatum de ignorar esa guarnición militar que nombra Freud, pero no pensemos que el protagonista ha salido indemne de esta situación, pues es algo que podremos comprobar al final de este trabajo.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Una de las escenas clave del film es el reencuentro entre Tatum y el Sr. Boot. Recordemos la máxima del veterano: “TELL THE TRUTH“. Apotegma notablemente visible en la redacción de su rotativo, ya que es un hombre que encarna unos valores que Tatum no ignora. El Sr. Boot manifiesta su desagrado por el modo de dirigir la noticia que ha tenido su empleado; y no parece casual que en el mismo instante que muestra su disconformidad, Tatum tome su primer trago [a la vez que oculta con su cuerpo el crucifijo sujeto a la pared en un acto significativo]; siendo éste el primer paso hacia su quiebra emocional. A continuación el Sr. Boot explica las razones que le llevan a tomar distancia de la noticia; aclaraciones que nada tienen que ver con el hecho de que Tatum prolongue el rescate de un herido para sacar provecho del suceso -pues el patrono ignora este dato-. Por ello, el rebelde periodista respira aliviado: “Me había asustado, creí que había hecho algo malo“. Parece que en el fondo siente que hay “algo malo” en su conducta y el Sr. Boot se lo recuerda simplemente con su presencia; en consecuencia la decisión es clara: apartar de sí estas molestias que tanto le inquietan.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

He cesado, ya no trabajo para usted (…) No soy su tipo de periodista, no me adapto a su redacción y menos con ese cartel bordado que hay en la pared: ¡me estorba!“. La respuesta del Sr. Boot será concisa y certera: “Entonces le preocupa un poco“. Pero Chuck, en su defensa desesperada no puede negar que dentro de sí sucede algo: “No como para pararme, estoy en el camino…” Y por desgracia sus palabras son ciertas, pues no parará y finalmente las consecuencias serán trágicas. Hasta el momento está consiguiendo reprimir la fuerza con que le golpea su conciencia en lugar de reprimir la fuerza que le impulsa hacia su voluntad, pues Tatum es todo pulsión. Pero volvamos al principio, pues pienso que tras esa incapacidad de Tatum para reprimir su pulsión se esconde su decisión de trabajar para el Sun Bulletin, ya que lo hizo a raíz de leer un artículo del Sr. Boot, un hombre con unos valores significativos. Tatum no buscaba un empleo, buscaba ayuda. Necesitaba estar bajo el amparo de alguien capaz de controlar-(le) unos impulsos dentro sí mismo que él no puede dominar. Buscaba una protección cerca de personas que encarnan esos valores de contención pues en el fondo sabía cuales son sus propias inclinaciones y necesitaba auxilio para sujetarse. Fue lejos del cobijo que le proporcionaba la redacción del Sr. Boot cuando se libera en Tatum su marcada voluntad. Él sabía de ese estallido y por ello necesitaba que le contuviesen, pero fue imposible.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Resulta difícil creerlo, pero incluso alguien con la crueldad de Tatum muestra destellos de un oculto sentimiento de compasión hacia los demás, (a pesar de sus intentos por silenciarlo en favor de su objetivo) . En el capítulo final de este artículo veremos la dificultad para gestionar este sentimiento velado y su torpeza para aceptarlo.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

La lucha del ser humano entre contener sus impulsos o dejarse llevar por el goce de éstos no resulta sencilla. En la capacidad de renuncia que cada uno desarrolla diferenciamos al héroe del débil. El camino hacia un hombre íntegro dentro de nuestra civilización exige demasiados sacrificios, así, “parece indudable, pues, que no nos sentimos muy cómodos en nuestra actual cultura“. Pero quizá precisamente por esta causa “Es hora de que nos dediquemos a la esencia de esta cultura, cuyo valor para la felicidad humana se ha puesto tan en duda.” Preguntándonos el porqué de estos sacrificios tal vez lleguemos a poner en valor aquellas conquistas culturales tan relevantes que fueron fruto de nuestra evolución. Para ello conviene iniciar esta reflexión recordando que “el término [cultura] designa la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí…” como bien nos señalaba Freud.

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Tatum ha abandonado su disciplina, ahora no sólo bebe, además toma a la mujer del herido mientras transcurre la tarde -quién sabe si a causa del alcohol que hay en su cuerpo, pues en estado ebrio no fue capaz de hacerlo-. La confianza que le produce estar en la cima de la popularidad conlleva una relajación de aquellas acciones que provocaron esa subida hasta la cumbre. Así comienza el descenso de Tatum.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Vayamos hasta el momento en que estuvimos cerca de ver el rescate. Leo es un pobre hombre que ya piensa en liberar sus pecados y solicita un predicador. Presiente su muerte como también la presiente Chuck, pues al periodista le angustia escuchar las quejas del herido. Por esta causa, quiere engañar a Leo, y tal vez a sí mismo.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Tatum: Vas a salir dentro de doce horas. ¡Aguanta!
Leo: ¿No estarás mintiéndome? ¿verdad Chuck? (…) No, no lo harías. Nunca lo has hecho.

Es ahora cuando empieza a ser consciente de que este juego se le ha ido de las manos. Y para ver con claridad las consecuencias de su voluntad desenfrenada ha necesitado conducir a un inocente hasta la muerte. Billy Wilder ya anunció el comportamiento de su personaje: “No le hice simpático, pero creo que le hice interesante. Le hice casi fascinante, lo más fascinante que pude. Era como estar en el laboratorio de un asesino en potencia, que era lo que acababa siendo. Pero no tenía por qué ser simpático. Ésa era la intención de la película“. No podemos escapar de los hechos que provocamos. Para el sheriff Kretzer no es un contratiempo la anunciada muerte de Leo y encaja la noticia con la naturalidad que recibe órdenes de Tatum. Tiene claro qué quiere conseguir de este suceso como también Chuck lo tenía. Como vemos, algo se ha modificado en la conducta del periodista. Su orgullo no le permite reconocerlo, pero al parecer ocultaba algo de empatía en su interior, la suficiente como para sentirse culpable y permanecer junto a Leo, atendiendo los últimos ruegos del herido. Recuperar la humanidad y llevar a cabo los deseos finales de Minosa conllevarán unas consecuencias trágicas para Chuck.

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Tatum irrumpe en la habitación de Lorraine. Allí está ella, oscureciendo su pelo como el periodista pidió; quería darle una sorpresa. Chuck busca el regalo que guardaba Leo para su mujer y se lo entrega. Ante el desprecio que ella muestra hacia el obsequio, Tatum enloquece y trata de asfixiar a Lorraine.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Lorraine: No Chuck. No. No puedo respirar
Tatum: Él tampoco

Chuck odia a Lorraine tanto como se odia a sí mismo, pues ella es un apéndice del protagonista y encarna una parte que éste desea extirpar de sí: ese atributo que domina su personalidad elevándose por encima de los demás rasgos que le configuran, y que le atormenta dirigiendo sus acciones. Como si durante todo este tiempo Tatum hubiera obedecido órdenes de Lorraine para acabar con la vida de Leo, despliega su ira sobre ella al ver que el siniestro deseo se cumple. Chuck proyecta en la Sra. Minosa su propia conducta homicida señalándola como verdadera culpable del trágico desenlace, pues en el fondo Tatum y Lorraine son dos caras en una misma moneda. Pero finalmente ese apéndice que nunca ha sabido manejar es quien asesta un golpe fatídico a Tatum, y es que el periodista ha sido víctima de su incapacidad para controlar los impulsos que habitan en él. Es muy importante prestar atención a este pasaje del film, pues a raíz de este acuchillamiento, el personaje de Tatum es radicalmente otro. Tampoco debemos pasar por alto que finalmente Lorraine será el único personaje en esta historia que alcance su objetivo, pues se marchará de la estación de servicio con la maleta llena de dinero e indiferente ante la muerte de su marido.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Reanudamos el seguimiento de nuestro protagonista, pues le habíamos dejado con una herida mortal en su vientre, asestada con las mismas tijeras que Lorraine usaba para arreglar su pelo. A causa de este episodio, Tatum parece haber despertado de un mal sueño y enseguida se pone de nuevo en acción para continuar cumpliendo los últimos deseos del herido. El siguiente paso será conseguir un sacerdote que bendiga a Leo en sus últimos minutos con vida. Minosa puede morir en paz, pues su amigo Chuck le ha asegurado que Lorraine ha recibido su regalo y está “guapa”. Y mientras se escenifica la extremaunción vemos a Tatum debatirse entre las heridas del alma y la de su estómago abierto.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Llegamos al final de la historia “del hombre que quedó atrapado en la montaña de los siete buitres”. Leo Minosa ha muerto y alguien tiene que deshacer “el Gran Carnaval”.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Y quien mejor que aquel que originó este embrollo. Charles Tatum comunica a todos los que han llegado hasta allí, la última noticia de este dislate. Subido a lo alto de la montaña se dirige a su gran público, pero esta vez no mercadeará con la exclusiva que pretende anunciar. El periodista que creó un terrible espectáculo en torno a un herido ha decidido -demasiado tarde- dar la cara y afrontar su error. Él, que convocó a toda esa caterva jaranera desde sus columnas, desmonta ahora todo ese circo en el que se habían convertido los alrededores de la discreta estación de servicio. Y en ese momento, con excesivo retraso, Tatum ha sido consciente de cuál es su propia naturaleza y de las consecuencias que sus impulsos desenfrenados han ocasionado. El ansia por imponer su ley y la necesidad de recuperar su trono perdido se han llevado por delante la vida de un hombre.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Tatum: Marchaos a casa. ¡Todos! El circo ha terminado.

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Leo Minosa no murió, fue asesinado (…) Un reportero mantiene a un hombre enterrado seis días“. Esta es la revelación que Chuck hace al director del periódico neoyorquino. ¿Necesita confesarse? Intenta que desde Nueva York se publique un hecho tan lamentable para que desde los medios se haga justicia y se condene al asesino ¿Necesita expresar ese sentimiento que nace desde lo más profundo de su ser y le exige un castigo severo por la muerte de Leo? Necesita que alguien le crea y le comprenda, pero sobre todo necesita mitigar esa insoportable sensación autocorrectora que se ha apoderado de él. Su testimonio nace de un ataque de orgullo y tiene la intención de desbaratar la noticia de unos compañeros de profesión que muestran su desprecio hacia él mediante burlas. Entonces, ¿no ha habido tal arrepentimiento por parte de Tatum? Lo ha habido, y el siguiente paso hacia su redención será tratar de hacer algo valioso por los que no han muerto. Después de su fracaso con Leo Minosa ahora su intención será llevar a Herbie por el camino que corresponde. Como dijimos, el joven hace tiempo que abrazó la causa de Tatum, y ahora es el momento de reconducir su carrera, pues entre algunas de las noticias pendientes, emerge con especial interés la cercana elección de un nuevo sheriff, y esta vez habría que evitar que fuera un corrupto. De este modo Chuck conduce al chico hasta la redacción y allí sus órdenes son claras: “Siéntate. Esta es tu mesa. Y empieza a trabajar” Ahí está el verdadero motivo de su largo viaje hasta la redacción en lugar de curar su herida, pues devolviendo a Herbie al lugar del que nunca debió salir, Tatum intenta salvar a alguien de todo lo sucedido. Por desgracia atrás queda ya la historia de Leo Minosa.

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

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Llegamos al final de nuestro recorrido. Quisiera señalar que es en este capítulo donde se concentra la semilla del análisis hasta ahora expuesto, pues el planteamiento que voy a proponer en éste último pasaje fue el primer esbozo que surgió en mi cabeza a raíz de ver el film de Billy Wilder. Todo lo que han leído hasta ahora ha sido “tirar de un hilo” que se inició en la idea que a continuación les propongo, y si lo desean pueden ensayar a tomar este capítulo como el inicio del artículo. Para abordar este capítulo considero necesario que antes de continuar realicen la siguiente lectura de Gonzalez Requena: “Nietzsche: compasión y quiebra“. Como hemos visto, Nietzsche expresó en númerosos escritos su desprecio hacia la compasión humana. En este sentido siempre se mostró claro al respecto sin dejar lugar a la ambigüedad. «Los enfermos son el máximo peligro para los sanos; no de los más fuertes les viene la desgracia a los fuertes, sino de los más débiles (…) Los enfermizos son el gran peligro del hombre: no los malvados, no los “animales de presa” (…) Lo que hay que temer, lo que produce efectos más fatales que ninguna otra fatalidad, no sería el gran miedo, sino la gran náusea frente al hombre; y también la gran compasión por el hombre» Para el autor germano es «la gran compasión por el hombre» una de las dos cosas que deberíamos temer. Dicho esto, recordemos: “El 3 de enero de 1889 deja Nietzsche su vivienda. En la piazza Carlo Alberto observa cómo un cochero pega a su caballo. Llorando se arroja Nietzsche al cuello del animal, con ánimo de protegerlo. Sobrecogido por la compasión, se derrumba.” (Rüdiger Safranski).

"El gran carnaval" ("Ace in the hole", 1951)

Nietzsche, al igual que el protagonista principal de la película de Wilder, fueron víctimas de su incapacidad para aceptar un sentimiento interior: La Compasión. Este rechazo les llevó al colapso. Ambos trataron de alejar de sí una sensación que presentían como una amenaza capaz de acabar con su estabilidad emocional, sin discernir que el verdadero peligro era otro.

 

BIBLIOGRAFÍA

“Edipo II: Del odio a la promesa” (González Requena, 2015)

“Lo real” (J. González Requena, 2010)

“Turistas de la idiotez” (Pérez Reverte, 2017)

La genealogía de la moral” (Friedrich Nietzsche, 1887). Alianza editorial.

El malestar en la cultura” (Sigmund Freud, 1930). Ediciones Orbis 1988.

“Nietzsche biografía de su pensamiento” (Rüdiguer Safranski) . Tusquets ediciones.

Conversaciones con Billy Wilder” (Cameron Crowe, 2005). Alianza editorial.


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