Festivales de cine, cine más allá del entretenimiento

Seminci Valladolid - Teatro Calder?n

Gracias a su compromiso artístico, cinematográfico, político, social, etc., los festivales de cine son garantía de CINE más allá del entretenimiento. Todo un patrimonio que no podemos perder.

Desde nuestros dos primeros artículos inaugurales de Código Cine (“Porque el cine no es sólo un entretenimiento” y “Qué vale el cine“), la dirección de esta web ha presentado su más intenso compromiso con la idea de que el cine, como forma de arte y hecho social y político, tiene un valor insondable que trasciende cualitativamente el objetivo de entretener a su audiencia. Código Cine ha reivindicado desde el primer día que conformarnos con las capacidades de distracción de este arte es quedarnos muy cortos, y que vale la pena investigar nuestro mundo, nuestro alma y todas las cosas que nos pasan en cuanto que seres humanos, a través de las películas.

Esto, hoy en día y dicho en las circunstancias actuales, puede parecer una excentricidad sólo propia de quienes confesamos nuestra condición de cinéfilos; sin embargo, el cine ha acompañado a la historia desde que aquél fuera inventado y ha demostrado que tiene una gran capacidad para intervenir en la realidad, para propiciar sus cambios, para subrayar nuevos enfoques, para hacernos sentir intensamente y para hacer que nos replanteemos cada cosa que vivimos. Es un hecho que el cine cuenta con estas capacidades, y que a pesar de vivir en la época post-blockbuster, en la que ya ni tan siquiera la masiva concepción del cine como gran mercado consigue su rentabilización, aún existen instituciones y estructuras que abogan por su desarrollo como arte.

Entre ellas, quizás una de las más complicadas de mantener pero más eficaces a la hora de lograr su objetivo, sean los festivales de cine. Y es cierto que existen toda clase de festivales, incluidos los más comerciales y mercadotécnicos como Cannes, pero también existen otros festivales comprometidos con el cine desde ese punto de vista artístico, social y político. En estos días que Código Cine está realizando una gran cobertura del

Festival de cine de Valladolid, la Seminci, nos damos cuenta de que iniciativas como ésta sirven para tratar al cine como ese hecho artístico que aquí reivindicamos. Su programación, su compromiso con los cinéfilos, el compromiso de éstos con la calidad de las propuestas de cine, iniciativas como la Miniminci, así como el ideario base que rige la concepción misma de su director acerca de lo que debe ser un festival de cine y para qué debe servir, son un magnífico ejemplo de ese desarrollo que los festivales lideran para lograr una concepción del cine que trascienda sus capacidades de distracción. No hay ninguna duda de que el personal que trabaja tras la organización e impulso de estos festivales, sobre todo los que no reúnen a las grandes estrellas de Hollywood sobre sus alfombras rojas, son los verdaderos obreros del cine de valor. Su gestión, como su actividad, son de veras un apoyo imprescindible que nos recuerda con la celebración anual de cada certamen que el cine es importante, que merece la pena, que va de nosotros y que no cabe en un plan de sábado por la tarde para entretener sobrinos. Es mucho más que eso, aunque sea también todo eso.

De hecho, y puestos a ser indulgentes con quiénes parecen los últimos constructores del tejido relevante del cine, podríamos llegar incluso a conceder la legitimidad a esa faceta mercadotécnica de los festivales que pudiera ser concebida como una forma de soporte económico para ese tejido de relevancias más sociales, políticas, personales, espirituales, etc. De hecho, en el fondo, el blockbusterismo del cine siempre ha servido como soporte lateral para esa otra forma de cine más artístico o de mayor compromiso. No vemos nada malo en ello, en la medida en que estos festivales continúen aportando su estructura y su impulso a ese tejido de cine de autor y de compromiso que tanto necesitamos como espectadores. Los festivales son una plataforma excepcional para comenzar a democratizar un cine diferente, un cine de ideas y de compromisos, de capacidades emocionales que hagan a quiénes aún no lo han descubierto sentirse plenos y exhaustos de sentido. Animamos férreamente esta función de los festivales que tanto requerimos y que no podemos permitirnos perder.

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