Cine

“Gravity”, la película del espacio que no vimos venir

27/10/2013 -
4 comentarios
Gravity

Gravity” (2013) de Alfonso Cuarón sorprende a propios y extraños con una concepción nueva y sorprendente del espacio exterior que a pesar de no contar una historia de gran valor personal, ofrece escenas innegablemente hermosas y emocionantes, y deja un estupendo sabor final.

A estas alturas en las que nos encontramos a nivel cinematográfico y siendo ya capaces de recrear para la pantalla cualquier clase de imagen sobre el espacio exterior, la única limitación a la que los creativos se enfrentan a la hora de concebir una nueva historia espacial es su propia concepción del espacio. La concepción del espacio de “2001, una odisea del espacio” (Kubrick) en poco se parece a la concepción de “Apollo XIII” (Ron Howard) y mucho menos a las de las llamadas “space operas” con las que muchos hemos crecido (“Star Wars”, “Galactica”, etc.). En general, las diversas aproximaciones espaciales parecen englobarse en dos familias: Las películas que plantean una representación espacial de tipo espectacular llenas de explosiones, estruendos y disparos de colores, frente a las historias más pseudocientíficas (o totalmente científicas) donde los elementos narrativos parecen ajustarse más a las leyes de la física y la textura final de la historia recuerda más al planteamiento puramente tecnológico que se desprende de las imágenes tipo Nasa que todos conocemos. “Gravity”, sin duda, pertenece a esta segunda familia, aunque proponiendo una concepción del espacio realmente novedosa que ha sorprendido a propios y extraños y que ha servido para demostrar que aunque las familias de las películas espaciales están planteadas, existen multitud de huecos entre ellas y aún se pueden proponer concepciones realmente seductoras que no habíamos vivido aún.

La última película de Alfonso Cuarón es un magnífico ejemplo de esta reivindicación que no intenta otra cosa que demostrar que se pueden plantear concepciones del espacio totalmente novedosas. “Gravity”, eso sí, propone una historia en donde los elementos se ajustan con devoción a las leyes de la física, aunque eso suponga tener que renunciar a una cierta fracción de espectacularidad (tan doloroso de hacer cuando rodamos una película del espacio). “Gravity” acepta y refleja nociones como que en el espacio no se produce sonido (debido a la ausencia de aire que impide la propagación de las ondas de sonido) o que los objetos, en ausencia de un punto de apoyo externo, mantienen su “momento lineal” y “momento angular” indefinidamente. Un guión que observe éstas y otras leyes físicas encuentra unas dificultades extra que Cuarón y su equipo han resuelto no ya maravillosamente sino integrándolas dentro de una historia que las ha aceptado de forma integral.

Gravity

Concretamente, la ausencia de aire y por tanto de sonido en el espacio ha obligado a incrementar la atención sobre la banda sonora de la película. De hecho, la música cumple en “Gravity” una función adicional que normalmente no encontramos en ninguna otra película, que es la de hacer sentir emociones que habitualmente se producen al asistir a grandes estruendos, explosiones, etc., y que sin embargo aquí no se reproducen dado que en el espacio exterior no se propaga el sonido. El hecho de que la película respete esta norma física tan básica que mantiene al espacio en un inesperado y profundo silencio, tiene un efecto muy importante en la combinación de imagen y sonido, y es que el encargo de producir las emociones asociadas a los grandes estruendos se traslada a la banda sonora, que de repente tiene que servir tanto a los objetivos de la lógica musical habitual en cualquier película, como al objetivo de hacer sentir el gran estruendo a través de la música. De hecho, lo más interesante de esta propuesta es que es toda una novedad en el código habitual de narración audiovisual y sólo funciona en la medida en que los espectadores se dejen llevar por la capacidad de la música para transmitir ideas más allá de reglas preconcebidas y aprendidas. Y es que los prejuicios adquiridos por décadas de consumo de “space operas” nos hacen creer que “Gravity” sufre errores de montaje en la banda de sonido o que la realidad a la que asistimos tiene una gran cantidad de “irrealidad”. Si los espectadores son alcanzados por este código y llegan a sentir los “estruendos musicales”, es decir, el caos de la escena escrito en su banda sonora, el efecto resulta sorprendente; pero si no se produce, el efecto pasa a ser de “descodificación aberrante”, produciéndose una desincronización entre el código y su interpretación y dando lugar a una sensación algo decepcionante. Y es que, no nos engañemos, nadie dijo que las “space operas” no tuvieran ningún sentido.

Dentro de este despliegue visual destacan unas hermosas imágenes espaciales que, si bien no cuentan con el ingrediente poético tan habitual en estas “demostraciones” (compárese con “2001, una odisea del espacio”, Kubrick) sino más bien en la línea de “Apollo XIII” de Ron Howard o Moon” de Duncan Jones, no tardan en resultar estéticamente muy atractivas. La película cuenta con reconstrucciones visuales de estructuras espaciales absolutamente reales y realistas, lo primero por la identificación de las estructuras; y lo segundo por la excelencia de su construcción visual. Además, no se reduce a una sucesión de imágenes de carácter estático, sino que la evolución de la historia pone a dichas estructuras al límite de su concepción visual como protagonistas de escenas destructivas de un gran impacto final. Y todo ello mientras se respetan las normas básicas de la física espantando toda posibilidad de supervivencia de la fórmula de las “space operas”, aquí totalmente desterradas. “Gravity” demuestra que, aunque resulta más complicado de alcanzar (y de narrar), se puede llegar a transmitir una sensación emocionante de intensidad similar renunciando a estos efectos artificiales y ficticios y recurriendo tan sólo a los elementos físicos reales en el espacio exterior.

Quizás donde la película no resulta tan competente es en la parte del guión que pretende transmitir el sentido de la historia, es decir, la enseñanza final que subyace bajo las imágenes que se nos muestran y que conducen al porqué de los actos y deseos de los protagonistas. “Gravity” plantea un escenario visual eximio y notable (razón última para la admiración de crítica y público) en donde el sentido de los personajes no resulta tan importante. De hecho, la mayor parte de las veces, la distracción visual es tan apabullante que la película no presenta sentido más allá de ésta. Cuando la película se ve obligada a cerrar el sentido de su historia

para que trascienda una narración que dé conexión a todo lo mostrado, recurre a un (simple) planteamiento de autosuperación personal seguramente un tanto decepcionante. Se plantea, eso sí, en dos niveles paralelos: Por un lado, el reto personal de la Doctora Stone (Bullock), que habiendo perdido a su hija pequeña en un accidente reimpulsa su vida profesional hasta lograr llegar a lo más alto (literalmente). Segundo, la superación personal de la Dr. Stone como metáfora del propio avance científico (que es el de la humanidad) al conseguir superar las dificultades técnicas y las aventuras espaciales. De hecho, el último plano de la película muestra los pies de la Dr. Stone caminando y alejándose de la cámara como si dejara atrás un reto absolutamente superado y marchando hacia el siguiente con una nueva madurez de lo más catártica. El caminar de la Dr. Stone comparece en el plano como una metáfora del caminar humano y nuestra enorme capacidad para superar las adversidades propias de la evolución. Habrá quién encuentre un paralelismo entre esta concepción de superación personal y una posible lectura de “2001, una odisea del espacio”, sobre todo si concebimos sus enigmáticos monolitos como alertas de la superación de las diversas fases de la evolución humana. Una vez más, las películas de este género conciben al espacio exterior como una metáfora de nuestro destino y de nuestro avance, y reflexionan sobre el sentido de nuestra búsqueda más trascendente. Puede que sea una tabla de salvación universal para el género espacial, aunque por otro lado quizás el recorrido de este cliché esté empezando a agotarse.

Gravity

Mención aparte para George Clooney, este actor que cada vez está más allá del bien y del mal y cuyos personajes, en la medida en la que incorporen una buena dosis de sí mismo y le dejen ser él en estado puro, desprenden una enorme diversión de lo más contagiosa, aunque no tengamos muy claro que esto sea realmente “interpretar”. Si ya lo sentimos en la saga “Ocean’s eleven”, donde pareciera que más que trabajar estaba rodando un corto con sus colegas (y si no fuera por la longitud del metraje, quizás lo fuera de verdad), aquí en “Gravity” el actor se reserva el más desenfadado y despreocupado de los personajes, creado sólo para hacer sentir placer sin más trascendencia y para arrojar luz sobre el resto de personajes. Es tan “estupendo”, en el sentido desenfadado del término, que “Gravity” parece pedir con cada una de sus apariciones un “spin-off” o una secuela temática para saber más cosas de este astronauta de vuelta de todo que parece distribuir a diestro y siniestro más sabiduría y sentido que toda la destilación del pretendido mensaje subyacente de la película. Eso, o quizás es que en esta ocasión ha decidido aproximarse a su personaje espacial haciendo todo lo contrario de lo que hizo cuando rodó su plúmbeo remake de la “Solaris” de Tarkovski (de la que su amigo y director, Soderbergh, apenas tomó su ritmo denso). De un modo u otro, Clooney se lo pasa en grande casi siempre y tiene ese porte y ese gesto tan autosuficiente pero por mérito propio que parece que en lugar de actuar, pasa el rato.

Destacamos también un par de escenas de la película. La primera de ellas es, precisamente, la escena de apertura en la que, sin dificultades aún que atender, los protagonistas gozan de una conversación desenfadada de lo más divertida con la que el espectador se lleva a la boca una buena ración de Clooney en estado desbocado, y unos diálogos deliciosos que le hacen a uno no sé si querer ser Clooney o al menos querer formar parte del elenco espacial de la misión. Es cierto que estas escenas son un “lugar común” de las películas del espacio, bien acometido y explorado, por cierto, en películas como “Apollo XIII”, pero “Gravity” le da una vuelta adicional con unas líneas de guión con mucha química. Segundo, y sin entrar en demasiado detalle para no desvelar demasiado a los lectores, destacar alguna de las escenas finales en las que la película alcanza una enorme emoción derivada de escenas técnicas, sin rostros humanos, que sin embargo llegan a resultar casi poéticas en algunos momentos. Puede que la mitad de las buenas sensaciones con las que los espectadores terminan el visionado se construyan durante esta escena apabullante y hermosa que da término a las dificultades de los protagonistas y que lo hace con gran tamaño y contundencia narrativa. Una verdadera delicia para saborear con los ojos como si fuera el premio final de una larga road movie. Brillante. Próximamente, Código Cine dedicará una nueva entrega de la serie “Escenas para la historia” en la que analizará con más detalles la escena de la reentrada y con la capacidad de análisis que permite dirigirse a un público que ya la haya visto.

Gravity” contiene un reconfortante guiño a “Apollo XIII”, la película de Ron Howard que sigue siendo un referente absoluto para el género del cine espacial, con la elección del actor Ed Harris para dar vida a la voz que se dirige por radio a los astronautas desde el control de tierra en Houston. De alguna forma, la película le ofrece de nuevo la oportunidad de reencarnarse en el mismo personaje, uno que, recordemos, representó un relevante punto de inflexión en su carrera y el comienzo de la parte más luminosa y exitosa de ésta. Ed Harris demostró que los secundarios pueden robar una cantidad desmedida de atención y formar parte de pleno derecho del mejor patrimonio de una obra. Su personaje, con su chaleco blanco y su sentido de la responsabilidad, está integrado en “Gravity” en forma de sincero homenaje.

En definitiva, “Gravity” es la película del espacio que no esperábamos y que no supimos ver venir; la película que necesitamos que nos avisen de que no es lo que creemos, sino algo mucho más interesante. Que nadie espere una historia trascendente ni reflexiones espirituales, porque esta es una película de formas tecnológicas y un estilo muy impregnado en las leyes de la física, pero lo que no se puede negar es que deja un magnífico poso final en el espectador y la sensación de haberlo pasado realmente bien. Y esto, sin duda y últimamente, no pasa muy a menudo. Gran candidata a recibir multitud de premios técnicos y algún premio de los que importan en esas ceremonias de premios chungos tipo Oscar o Globos de oro, ya verán.

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  • Aunque se le podía haber sacado más partido a Clooney (qué despercio, por favor!) y pese a alguna licencia maniquea cuando éste parece salir de la cinta, es una película totalmente recomendable. Se agradece el factor sorpresa, el que no nos la hayan vendido de antemano. Felicidades por el post!
    PD: estamos, varios, deseando leer esa nueva sección de “escenas para la historia”!

  • ¡Sí!, que luego a lo mejor nos empachamos de Clooney, pero está claro que aquí se han quedado cortos con su personaje. :-)
    Bueno, la sección de “Escenas para la historia” está por aquí…
    http://alternativamultimedia.com/dev/cc052015/tag/escenas-para-la-historia/
    ¡pero la escena de “Gravity” en cuestión, aún no tiene post!. Oído cocina!. :)

  • Siento disentir sobre eso de que Gravity no tiene reflexiones trascendentes. En mi opinión desde la situación personal de la protagonista hasta la última escena donde pone un pie en la tierra, esta película va sobre la razón última del ser humano en un nuevo mundo. Sobrevivir en el marco de un mundo abierto y global que nos sitúa en lo desconocido, mínimo común múltiplo de toda existencia. La situación personal de los que se encuentran perdidos en el abismo, los dos guiños religiosos de las estaciones internacionales, el hecho de que sean tres estaciones: la americana, la rusa y la china que quizás hablen del pasado, del presente y del futuro, sean el marco de las escenas de una persona que representa a una sociedad que sigue perdida y sin raíces con una única misión: sobrevivir abriendo nuevos horizontes, inquietantes horizontes sin sonido y donde la naturaleza deja de ofrecer los asideros a los que estábamos tan acostumbrados. Al contrario de lo que se viene diciendo, es probablemente la película con más trascendencia que he visto en los últimos tiempos.

  • cuales son los valores de esa pelicula por vafor

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