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“Hannibal” versus “El silencio de los corderos”

11/08/2013 -
6 comentarios
Comparamos la nueva serie de televisión “Hannibal” (2013) con la inolvidable y legendaria “El silencio de los corderos” (1991), dos alejadas interpretaciones del personaje de “Hannibal Lecter” con sus propias lógicas, estéticas y fetiches. La amenazadora máscara de Hopkins versus la corbata de Mikkelsen.

 

Entre el estreno de “El silencio de los corderos” en 1991 y la nueva serie de televisión “Hannibal” en 2013 han transcurrido nada menos que 23 años entre los cuáles se ha consolidado la leyenda de un nombre cinematográfico a rabiar: “Hannibal Lecter”, el de uno de los asesinos en serie más famosos de la “historia cinematográfica”. El personaje se nutre de la novela de Thomas Harris, aunque seguramente no seríamos muchos los que nos acordáramos de ello si no fuera por la memorable interpretación de Anthony Hopkins para la película original y que se convirtió, sin duda, en una de sus más célebres películas. Pocas veces se produce un maridaje tan excepcional entre personaje y actor en un registro de locura tan siniestro y penetrante como el de “Hannibal Lecter”, asignatura en la que el británico no sólo tuvo un éxito histórico sino que además marcó un referente ineludible para cualquier cineasta que haya querido después recrear una historia similar. Con el “Hannibal Lecter” de Hopkins aprendimos sobre la frialdad y la inteligencia de los asesinos en serie, una faceta creativa de donde han surgido posteriormente numerosas propuestas de cine y televisión (“Millennium” de Chris Carter, por citar una que aquí ya analizamos).

Hannibal Lecter - El Silencio de los corderos

En estos 23 años, el personaje de “Hannibal Lecter” ha sido desarrollado por películas de mayor o menor presupuesto y finalmente mediante la nueva serie “Hannibal” (2013) que hoy tomamos como último eslabón de la cadena para comparar sus extremos y así hacer notar peculiaridades entre el Lecter de 1991 y el de 2013. Resulta lógico pensar que una gran parte de la audiencia, sobre todo de la que acudiera a la convocatoria original de “El silencio de los corderos” a comienzos de los 90 en lo que antes se llamaba la gran pantalla, albergara cuando menos serias dudas sobre si la historia y el personaje disponían aún de recorrido narrativo como para sustentar ya no una película adicional, sino toda una serie de televisión, habida cuenta de que éstas tienen, por definición, una gran cantidad de espacio y de tiempo para desarrollar los asuntos con mucho más detalle y exhaustividad. La serie no es el punto de partida, sino el punto de llegada de esta sucesión de historias sobre “Lecter” y por tanto un arriesgado lienzo que podría haber dejado al desnudo la voracidad taquillera de una producción sin ideas. No obstante, lo cierto es que a juzgar por las críticas y tras el visionado de la primera temporada, sorprende asistir al nivel alcanzado por esta nueva producción que ya se encamina suavemente hacia una segunda y esperada temporada.

Desde el punto de vista de la estética externa, ciertamente, El silencio de los corderos” acusa con intensidad el estilo del año en que se produjo. Al ojo contemporáneo, la película de Jonathan Demme rezuma un enrabietado estilo años 90 que también se encuentra en producciones para televisión muy de la época tales como “Expediente X” o “Millennium”, ambas de Chris Carter, o “Twin Peaks” de David Lynch. De hecho, los colores del primer plano del primer episodio de “Millennium” están muy próximos a los colores encontrados en los primeros planos de la película “El silencio de los corderos”. Igualmente, “Hannibal” también proyecta con contundencia el estilo de su época de producción, aunque ésta tenga poco que ver con la de “El silencio de los corderos”. La de “Hannibal” es una estética contemporánea transparente y firme que resulta tan evidente que puede ser detectada como tal por la audiencia actual, a pesar de que normalmente el etiquetado de las estéticas suele requerir una cierta perspectiva histórica y, por tanto, una cierta demora temporal. Hannibal” cuenta con un código de colores muy moderno y muy actual, consciente de su propio concepto estético con toques vanguardistas, que con el paso de los capítulos se reconoce como uno de los puntos positivos de una serie con un amplio patrimonio de aciertos. Entre “El silencio de los corderos” y “Hannibal”, desde el punto de vista estético, hay tantas fases intermedias, historia propia de la narración televisiva y cinematográfica, que resulta difícil creer que tengan algún lazo de parentesco.

Gillian Anderson - Hannibal (2013)

Atendiendo a la narración de una y de otra, también aparecen diferencias. Es verdad que ambas se ajustan al protocolo narrativo propio del género del thriller psicológico, pero la serie actual añade dos notas con estilo propio: 1) En primer lugar, es fácil encontrar, sobre todo en los planos iniciales de cada capítulo, recursos expresivos propios del género del terror, como por ejemplo un tétrico sonido de fondo que, como decíamos en nuestro artículo monográfico sobre “Hannibal”, proyecta una sensación de inminencia de fatalidad de lo más siniestra y que no se encontraba en la película de 1991. 2) Mientras la película de Demme tenía un ritmo cinematográfico muy en la línea del propio género, “Hannibal” (la serie) ralentiza la exposición mediante planos más largos y gestos hieráticos de los personajes en los que escudriñar la locura del comportamiento y las argucias de los investigadores. Este efecto alcanza su cénit con el personaje de la doctora Bedelia du Maurier, la psiquiatra de Lecter, que es interpretado por Gillian Anderson con una carga de teatralidad y de autoconsciencia expresiva tan alta que parece ir más allá de la verosimilitud del personaje, configurando, eso sí, un escaparate rabiosamente irresistible en el que proyectar un personaje que merece, casi, su propio spin-off. Será fácil que el lector coincida en que esta teatralidad desbocada puede resultar difícil de creer, o incluso disparar un off-heterogéneo nada natural, pero también es verdad que el resultado estético es brillante y que su sola presencia dispara preguntas tan amplias que la serie no puede ni pretende contestar. Quedamos emplazados a nuevas narraciones que completen este personaje tan insólito.

Existe una diferencia adicional entre la película de 1991 y la serie “Hannibal” actual y que tiene que ver con la verosimilitud desprendida por el tejido narrativo, que en el caso cinematográfico es total, mientras que en el caso de la serie sugiere importantes trampas en la forma y tiempos del relato. Dicho de otra manera, en “El silencio de los corderos” la exposición es directa y responde al orden en que se producen los hechos, transmitiendo la sensación de que la calidad de la realidad a la que asistimos, la realidad de la película, es total y honesta, y que por tanto no se nos está engañando en cuanto a lo que se nos narra. Sin embargo, en el caso de “Hannibal”, muchos personajes clave aparecen comprometidos en el relato por el peso de un pasado o incluso de una realidad coincidente con el momento del relato que no se nos muestra y que tiene una importancia crucial para comprender lo que se nos está contando. La calidad de la realidad se resiente en “Hannibal hasta el punto de que el espectador aprende pronto que quizás los personajes principales, de los que no cabía dudar, son responsables de actos que no se muestran y que son llevados a cabo en el mismo momento del relato. No se trata de una elipsis convencional que retire de nuestra vista de espectadores hechos intrascendentes de la historia para mejorar el ritmo de la serie, sino de terribles acontecimientos que cambian completamente el sentido de los personajes, que suceden entre los planos que sí vemos y que se nos ocultan deliberadamente. Esto lleva a la audiencia a poner en tela de juicio permanente la realidad del relato instigándole a considerar las más insólitas hipótesis para explicar lo que sí se le cuenta. Los personajes viven en una realidad, por tanto, ambivalente y difusa en donde no pueden estar seguros ni de sus actos, comprometiendo todo el sentido de su presencia en la historia. Quizás por ello, la dirección tomada por la serie y el desenlace de la primera temporada no resulta especialmente perturbador a pesar de… serlo. Es el efecto contrario al de las más inesperadas escenas de Juego de tronos” que se han hecho famosas por resultar tan sorprendentes que disparan el número de tweets por segundo en las redes sociales.

El propio Hannibal Lecter también presenta importantes diferencias entre la propuesta de Anthony Hopkins y la del actor danés Mads Mikkelsen. Vista la primera temporada de “Hannibal”, ciertamente, comprobamos que el Lecter de Mikkelsen se apoya en 2 cualidades: 1) El estilo: Este Lecter se caracteriza por un marcado gesto estiloso que se transmite a través de su rostro, sus maneras, el gesto de sus manos, etc. Su código de vestuario no sólo resulta elegante, sino que frisa el perfil clásico de un meritorio dandi que cuida con esmero, aunque con un toque a veces arriesgado, sus combinaciones de corbatas, americanas y camisas de caballero. Hay pocos planos en los que Mikkelsen descubra ninguna suerte de lado “casual” en su elegante y afinado Lecter. Y 2) Su discurrir racional y lógico propio de su perfil médico. El Lecter de Mikkelsen teoriza, propone diagnósticos, analiza comportamientos, etc., pero no tanto como si encontrara en su naturaleza psicópata las respuestas para inteligibilizar el comportamiento de otros, sino como si tan sólo pudiera interpretar las pruebas, las señales externas, y arrojar una hipótesis. Este comportamiento le aleja del que podemos observar en el Lecter de Hopkins en la película puesto que en ella éste comparece no como un experto en pruebas o investigaciones policiales, ni tan siquiera como experto en la mente humana, sino en su verdadera condición de psicópata. De hecho, momentos antes de su presentación inicial, el director de la prisión se hace eco del valor de contar con un verdadero psicópata, “es muy difícil atrapar uno, al menos vivo”, dice. La agente Clarice Sterling acude a Lecter en busca de consejo en la confianza de que la mente de un asesino real aporte ideas acertadas que puedan asistir a la investigación. En realidad se trata de un acto de fe que estudiará las propuestas de Lecter apoyadas, entre otras cosas, en la condición mental de éste, atribuyéndole de forma espontánea la puntería necesaria para escudriñar el comportamiento de otro asesino como él o similar. En cambio, el Lecter de Mikkelsen parece errar con más frecuencia y no tener tanto éxito a la hora de buscar sus objetivos. Pareciera que necesita trabajar más sus propias estrategias que, en ocasiones, llegan a dejar algunos flecos sueltos que Will Graham interpreta posteriormente. Así, el Lecter de Hopkins aparece ante nosotros como un tipo más infalible que el de Mikkelsen, al que “se le ven más los engranajes mentales”.

Hannibal Lecter- (Hannibal, 2013)

Sin embargo, la parte estética del Lecter de Mikkelsen configura un escaparate harto refinado que resulta mucho más atractivo, aunque es posible que el coste de tal estilismo sea la verosimilitud del personaje. De hecho, la planta y constitución de Hopkins jugaron a favor de su Lecter en la película de 1991, cuya secuencia de presentación del asesino es ya una de las escenas más famosas de la historia del cine. La aparición de Hopkins, con su constitución ligeramente robusta y sus brazos fuertes contribuyen a aumentar la verosimilitud de su asesino en serie al que le atribuimos fuerza y determinación para llevar a cabo los asesinatos. Al Lecter de Mikkelsen cuesta algo más atribuirle semejantes actos dado que su deambular por la escena responde al de un tipo de finas costumbres y movimientos delicados. Su asesino se convierte así en alguien más preciso y sofisticado, cosa que encaja con la complejidad mental de sus delitos y torturas, pero no tanto con su constitución física. No es extraño, por tanto, que el Lecter de Hopkins resulte mucho más estremecedor. De hecho, en “El silencio de los corderos” asistimos a algunas escenas en las que Lecter interviene con fuerza y violencia, demostrando ante los ojos del espectador la vehemencia de sus actos y su falta de conciencia. En “Hannibal”, sin embargo, no existen escenas equivalentes exceptuando algún forcejeo que no se resuelve con arreglo a la falta de moral o conciencia, ni tampoco por medio de actos psicópatas, sino que parece responder más al protocolo habitual de una pelea convencional con resultado de muerte. Así, los actos de uno y otro Lecter se alejan entre sí, resultando el de la película uno mucho más agresivo y peligroso que el que se muestra en “Hannibal”; al menos hasta el punto final de la primera temporada emitida. El gesto del Lecter de Mikkelsen es más social que el del Lecter de Hopkins, hasta el punto de que su aparente calma permanente, en realidad, podría ser más bien una forma de serenidad profunda. Hopkins, por su parte, diseñó un Lecter mucho más desafiante, evidentemente peligroso, turbador y psicópata.

¿Podría decirse que el nuevo asesino es un “Lecter de diseño light”? Ciertamente, ha perdido fuerza, determinación, locura, voluntad de intervención y parece mucho más interesado en desarrollar el exquisito aporte de la cocina francesa a sus creaciones gastronómicas domésticas, a la altura, por cierto, de banquetes sociales para ilustres comensales, que por llevar a cabo sus locuras. Y por comparar hobbies, también parece que su pasión por la cocina ocupa más tiempo y espacio en su mente que el gusto que el Lecter de Hopkins demostraba por sus dibujos o pinturas. En “El silencio de los corderos”, Lecter es un tipo poderoso a pesar de estar tras unos barrotes que inspira temor a todos los que le rodean. Es el personaje fuerte que conduce la historia incluso sin tener libertad de acción. Es el mismo efecto que se busca con el personaje de Joe Carroll en la serie de televisión “The Following”, un tipo poderoso capaz de reclutar adeptos y manipular la realidad exterior incluso desde su celda. Sin embargo, el Lecter de Mikkelsen es un personaje contratado por Jack Crawford y por tanto a su servicio y al de las diatribas de Will Graham. Se argumentará, sin embargo, con cierta razón, que este rol sólo se debe a que comparamos momentos diferentes de la biografía de Lecter, momentos de cautividad con momentos de libertad, momentos en los que aparece como un hombre inocente frente a momentos en los que es ya un asesino condenado.

Hannibal Lecter y Abigail Hobbs

Más interesante resulta la comparación de ambos a través de sus emociones. ¿Presentan ambos Lecter algún sentido emocional? El Lecter de Hopkins parece disfrutar con el vínculo que le une a Clarice y en virtud del cuál decide dejarla vivir. De hecho, en la secuela cinematográfica (homónima de la serie de televisión que aquí analizamos) se desarrolla mejor este vínculo que demuestra cierta sentimentalidad o referencia emocional de Lecter hacia Clarice. No obstante, aparte de este comienzo de vínculo que sólo aparece claramente al final de “El silencio de los corderos”, el personaje de Lecter no parece tener sentimientos por ningún otro personaje, o al menos significativamente positivos. En cambio, el Lecter de “Hannibal” sí tiene varias de estas relaciones. Para empezar la que le une a Will Graham, su paciente, por quién sabemos que llega a sentir incluso una cierta amistad. Lo decimos conscientes de que tal amistad, definitivamente no del todo bien intencionada, no es una relación sana ni honesta, aunque es mucho más de lo que le encontramos al Lecter de “El silencio de los corderos”. Además, en la serie de televisión, Lecter deja traslucir que se siente responsable del personaje de Abigail Hobbs, la hija de un asesino en serie involucrado en la trama. La juventud de Abigail y sin embargo sus atribuidos actos delictivos producto de la locura de su depravado padre dibujan un irresistible cocktail para la mente de Lecter, que rápidamente comienza a desarrollar dicha relación no mediante la locura sino mediante la empatía psicológica y la comprensión mutua. De hecho, Lecter acepta involucrarse él mismo en la historia y actos de Abigail formando así parte de forma activa de la vida de la joven. Es evidente que Abigail es uno de los personajes más complejos de la serie, o al menos sus efectos psicológicos en los personajes más intensos como Will Graham o el propio Hannibal Lecter. Dicha complejidad se apoya en una carga emocional presente sin ningún género de dudas lo que aleja a estos personajes del Lecter de “El silencio de los corderos. Y si queremos encontrar otros puntos emociones en el Lecter de la serie, podemos acudir a la extraña relación que éste mantiene con su psiquiatra, el personaje mencionado anteriormente e interpretado por Gillian Anderson.

En definitiva, asistimos o bien a los momentos pretéritos y rebajados del llamado a ser un verdadero psicópata, o es que estos 23 años han terminado estilizando e higienizando al personaje hasta convertirlo en un dandi de cocina. Suponemos que algunas de estas dudas se aclararán en las próximas temporadas de la serie de televisión “Hannibal” y la comprobaremos la próxima vez que la saga Lecter sea explotada con una nueva entrega posterior.

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  • Muy buena idea esta comparación. Aunque, más que centrarse en la creación del personaje por parte de los actores, yo creo que habría que centrarla en la creación del personaje por parte de cada uno de los guiones. Tienes razón que estos dos Lecter viven situaciones diferentes. El moderno, a la fuerza no debe parecer un psicópata ni resultar sospechoso ante nadie, mientras que en la película Lecter ya no tiene que esconderse ante nadie. Por supuesto, el actor que interpreta al personaje también le confiere una personalidad distinta, pero el actor debe basarse siempre en el material que le proporcionan, y de momento parece que a Mikkelsen todavía no le han ofrecido la posibilidad de mostrar los aspectos más oscuros del psicópata caníbal. Mikkelsen me parece un actor fantástico y creo que conseguiría aterrorizarnos tanto como el gran Hopkins en su ya mítica interpretación.

  • ¿Tú crees? jajaja ¡¡Eso habrá que verlo!! La verdad que las aportaciones de Mikkelsen a Lecter me encantan, y me parecen una extensión del personaje realmente estupenda. Pero no sé yo si llegaría a la altura de Hopkins puestos a “perder los estribos”. :-)

  • Sí, sí que lo creo :) Por ejemplo, pienso que el villano que realizó Mikkelsen en Casino Royale fue fantástico. Lo genial de Mikkelsen es que es capaz de expresar maldad, indefensión o cualquier otro sentimiento tan sólo con la mirada, y eso es realmente difícil y sólo está al alcance de los grandes intérpretes. Estoy segura de que sería un Lecter completamente aterrador si se le diera la oportunidad.

  • Mmm.. :-) Yo creo que Hopkins, con su torso fuerte y robusto, y su camiseta blanca y sucia, apenas necesitar mirarte para configurar el Lecter que ha estado más de dos décadas aterrorizándonos. En cambio, Mikkelsen precisaría portar al menos un escalpelo y que todos hubiéramos visto 13 capítulos de su serie para que supiéramos de lo que es capaz. :) No sé, no sé.
    Pero no me malinterpretes. Si me preguntaras cuál prefiero, no sabría qué decirte. :)

  • Me decanto más por la opinión de Beatriz. Para mi, Mikkelsen ha sido todo un descubrimiento, ya comenté en la entrada que dedicásteis en exclusiva a la serie, que me gustaba más que Hopskin, aún, como escribí en aquella ocasión, sin desmerecer ni un ápice el gran trabajo de Sir Anthony…
    Creo que, como ya habéis comentado, el actor danés, si un futuro guión lo exige, puede interpretar éste personaje de una manera más violenta y/o terrorífica. Pero, aún tan limitado y “encorsetado” como ha estado, quizás, en esta primera temporada, solo con su apariencia, su forma de comportarse (a mi, particularmente, me encanta su faceta de “sibarita de la cocina”) y, sobre todo, sus gestos y sus miradas, ya da “algo de miedo”…

    Saludos!!

  • Bueno, efectivamente, el guión aún no ha dado ocasión a Mikkelsen de ser el Lecter violento que sabemos que terminará siendo en el futuro. Y aunque en los escasos ensayos de violencia mostrados en la primera temporada de “Hannibal” he de decir que no alcanza ese nivel de locura o violencia que todos sabemos que corresponde al personaje, es posible que sí aparezca en próximas entregas de la saga.
    Como decía, personalmente, me costaría elegir un Lecter. Antonio, estoy de acuerdo contigo en que ese sibaritismo culinario, como el resto de la coreografía de sus exquisitos modales, exceden el nivel de Hopkins y le dan un toque refinado mucho más estiloso y elegante que el de Hopkins. Sólo necesito que, cuando llega el momento de dejar salir al monstruo, sienta que éste ha salido de verdad. Y eso… quizás, tengan aún que contárnoslo en las próximas temporadas, ¿no creéis?. :-)
    En cambio, al Lecter de Hopkins… ya le he visto su parte monstruosa. Y es terrible. :)

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