Plano subjetivo

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Unos visionarios: Los hermanos Coen

12/03/2017 -
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Los hermanos Coen consiguieron con esta película, hace 19 años, crear un microcosmos, una pequeña muestra de la sociedad que nos rodea; su lectura está de más rabiosa actualidad que nunca. Sus personajes, que en un principio pueden ser tomados a la ligera por el tono gamberro de toda la película, se pueden elevar a nivel de arquetipo de los tipos de personas con la que nos ha tocado convivir en el día a día, el tipo de personas en que puede que nos hayamos convertido nosotros mismos. Un espejo cuyo imagen reflejada no nos puede satisfacer, por incómoda.

Vivimos en un mundo, en una sociedad, donde la pérdida de identidad puede que sea uno de los males más extendidos. De lo contrario, los movimientos que tienen el “conócete a tí mismo, búscate a tí mismo” como mantra no habrían surgido como setas. Esas son las nuevas religiones. Y ahí tenemos el personaje de John Goodman, puede que uno de los más interesantes de la película. Walter Sobchak es un tipo que ha perdido su identidad: adopta el judaísmo en un intento de sentirse identificado con un grupo, vive anclado en su pasado como ex-combatiente en Vietnam, y pasea el perro de su ex-mujer. Una pérdida de horizonte, una búsqueda constante de aceptación, de “quién soy, de dónde vengo, a dónde voy”, que hoy en día vemos constantemente. Una pérdida total de identidad, y de rellenar esos huecos con sucedáneos vitales, pero que no dejan de ser sucedáneos, al fin y al cabo.

El gran Lebowski

“El Nota” es un personaje que ha caído también en ese nihilismo (término que ya se usa en la película para otros personajes); un ni-ni adulto, un “total, ¿para qué?” que impera también en nuestra sociedad actual, donde se busca siempre una trascendencia en todos nuestros actos. “El Nota” puede que haya llegado a la conclusión de que no hacer nada es lo trascendental, una especie de desarrollo personal a través de la vaguería. Como contraposición, tenemos a Donny, personaje que constantemente anda preguntando, pero que sus amigos le mandan callar.

Jesús Quintana - El gran Lebowski

Y finalmente tenemos al último protagonista de esta escena, a Jesús Quintana, que logra sobreponerse a su pasado en la cárcel acusado de pederastia y lleva a cabo de manera muy profesional su afición por los bolos. Tira la bola y emprende un camino recto y seguro, igual que la actitud de Quintana. Y para redondear la escena, la canción de fondo de los Gipsy Kings, para poner de manifiesto el diletantismo imperante hoy en día. ¿Acaso no es un símbolo de ese diletantismo una canción compuesta por un grupo (Eagles) y cantada en castellano por otro grupo de origen francés y usando palabras inconexas entre sí? Lo que oímos de fondo es lo opuesto a la actitud de Jesús Quintana. ¿No creen que esa canción se podría usar como símbolo de ese mal del que adolece la sociedad, de verter opiniones sin ni siquiera haber ahondado en el tema? ¿No creen que hay demasiados “expertos” en todo?

Y todo esto con esas personas mayores de fondo, impasibles a lo que les rodea, que siguen jugando a los bolos, ajenos y ociosos.

Los hermanos Coen consiguen adelantarse casi dos décadas a una pequeña muestra de nuestro mundo, de las criaturas que lo habitan, con sus intereses y sus debilidades. ¿Acaso no es Facebook y demás redes sociales una muestra de ese mundo? ¿Podría ser esa bolera una red social habitada por todo tipo de personas, donde cada uno vierte sus opiniones?

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