Por qué “Homeland” ya no es “Homeland”: Diagnóstico de una serie al borde de la psicosis

Vayamos más allá de lo evidente y del brutal cambio de rumbo producido al final de su tercera temporada. Nos preguntamos si lo que resta de “Homeland”, ensayado en su cuarta temporada, es “Homeland” o es otra cosa.

Por supuesto que habrá espoilers, puesto que esto no es una crítica sino un análisis:

 Puede que “Juego de tronos” siga siendo la serie más valiente a la hora de segar vidas de personajes cruciales y asestar golpes catastróficos a los guiones más estables de entre las series de TV actuales. Sus aficionados han aprendido por las malas a no subestimar la capacidad de George R. R. Martin para hacer desaparecer de un plumazo a unos cuantos personajes sin importar cuán imprescindibles parecieran para la trama principal.  Sin embargo, no es la única serie valiente del repertorio capaz de acabar con sus grandes nombres. En el último episodio de su tercera temporada,Homeland” acaba brutalmente con uno de los dos personajes más importantes de toda la serie: Brody. El momento se construye mediante una escalada de dramatismo en cuyas tripas se rumia la tragedia del personaje, esas inefables sensaciones fatales con las que los aficionados a las series sienten llegar inexorable la muerte de alguno de sus personajes favoritos. Es uno de esos momentos en los que uno desearía intervenir para detener el tiempo de la narración, ¡y algunos lo harán con el mando a distancia!, aunque la mayoría simplemente dejan que el tiempo transcurra y con gran resignación ven llegar la tragedia. Después de tantas horas de consumo ante la serie en cuestión, el espectador se preparara para tratar de darle un sentido a semejante sacrificio mientras algunos a su alrededor juran que no volverán a ver la serie. ¡Que ya no tiene sentido!.

Lo cierto, sin embargo, es que eso del sentido tiende a depender más del acierto de los guionistas y productores para construir una continuación digna, que de la talla de los personajes desaparecidos. Lógicamente, cuanto más importantes fueran, o más queridos, más difícil es su sustitución, pero es verdad que no son pocas las series de TV que consiguen continuar y viven aún grandes momentos posteriores. A menudo, el resto del imaginario de la serie, es decir, el resto de personajes y lo que queda de su historia, con sus interrogantes también, pueden ser suficiente escaparate para que una gran cantidad de espectadores decidan continuar viéndola. Puede que lo hagan no sin resignación, lamentando la pérdida, lamiéndose las heridas e incluso echando de menos violentamente los tiempos pasados cuando el plantel estaba completo, pero aún así, encontrando el mínimo deseo para seguir viendo la serie de TV. Si “Homeland” está consiguiendo situarse en este segundo caso, a pesar de la pérdida de Brody al final de la tercera temporada, es algo que tendremos que valorar con el tiempo, aunque nosotros advertimos ya algunas reflexiones posibles que apuntan a que “Homeland” está acusando notablemente su cambio de rumbo.

Algo más que sólo un personaje menos

Ahora que hemos tenido ocasión de ver la cuarta temporada de “Homeland”, la primera que ha sido escrita sin el personaje de Brody, podemos tratar ya de escribir la que sería su “cuenta de pérdidas y ganancias”, es decir, el balance inicial con el que parte la serie de cara a esta nueva andadura sin uno de sus personajes más carismáticos:

Brody es más que un personaje: Puede que sea una de las más dramáticas revelaciones a las que la nueva “Homeland” debe enfrentarse. Aunque el actor Damian Lewis confesara que su personaje fue concebido para dos temporadas nada más, lo cierto es que se integró tan inherentemente con el núcleo mismo de la historia que ahora es difícil concebir la serie sin él. Como decíamos en nuestro artículo anterior sobre “Homeland, la verdadera historia de fondo de la serie, su tensión primordial instalada en el centro mismo de su relato, fue siempre el esclarecimiento de la naturaleza terrorista de Brody. Todavía, cuando ésta había sido avanzada ya en alguna medida y sus actos no dejaban lugar a la interpretación, el relato planteó nuevos interrogantes sobre sus nuevos planes, de tal modo que la audiencia tuviera nuevamente suficientes razones para armar nuevas preguntas. La ambigüedad de Brody siempre estuvo en el centro de “Homeland”, y aunque el personaje se concibiera para desaparecer y dejar paso a otros, si es que esto fue realmente así, su misterio jamás fue periférico sino absolutamente central. Si es verdad que los guionistas contaron con hacerle desaparecer desde el principio, se les fue la pluma multiplicando el deseo por un misterio que terminó siendo la razón por la que toda la serie tenía sentido.

Sin Brody, la serie sigue contando con: 1) un enorme presupuesto para hacer realidad cualquier idea 2) Un gran repertorio de actores 3) Un gran sentido político y un irresistible toque de actualidad. No obstante, el pilar básico de “Homeland” se ha caído. Homeland” puede ser, y en esta cuarta temporada lo demuestra, una gran serie, pero sin “Brody”… es algo diferente de “Homeland”. Es una nueva serie cuyos personajes nos resultan muy familiares y cuya biografía conocemos mejor, pero cuyo primer capítulo de la era posterior a Brody sabe a “piloto” y tiene de nuevo la necesidad de ganarse a la audiencia (casi) desde el principio. En este escenario, puede que “Homeland” cuente con pertrechos suficientes para justificar el visionado de sus antiguos espectadores puesto que su historia es brillante, su tema interesante, su avance tecnológico (el mundo de los drones) es totalmente irresistible y cuenta con las caras de actores imprescindibles como Mandy Patinkin (Saul Berenson) o Claire Danes (Carrie). No obstante, ya nada queda del misterio fundante que dio sentido a sus primeras temporadas y sus personajes supervivientes tienen ahora nuevos pilares definitorios.

La sinopsis principal que se desarrolla en la cuarta temporada ya nada tiene que ver con los interrogantes de Brody, ni de ningún otro personaje. Las nuevas problemáticas están bien localizadas y tienen personajes sólidos y simples en donde no cabe la duda ni el misterio. Esto ya… no es “Homeland”.

 

Unos profundos cambios de lógica narrativa

Carrie, la agente total: Ya en algún punto de la primera temporada, Carrie desarrolla una cierta debilidad por Brody. Es verdad que ella es quién sospecha de veras de sus intenciones y quién comienza a apuntar que Brody podría no ser el héroe que todo el mundo exclama, pero la verdad es que con el paso del tiempo desarrollará una carga emocional muy fuerte por él, y se mantendrá así hasta el final.

Ella, una agente brillante y ambiciosa a la que nunca le tiembla el pulso en el ejercicio de su responsabilidad, tendrá que terminar aceptando que Brody tiene una capacidad especial para encontrarle las costuras y las medias tintas. Así era cómo la “Homeland” de Brody equilibraba los dos personajes principales: Carrie vs. Brody. La primera podía ser fría y terrible, suspicaz e inteligente, casi imposible de engañar gracias a la energía conspiranoica que obtenía de sus comportamientos psicóticos. Sin embargo, su punto débil era Brody… y hé ahí el equilibrio entre ambos.Sin Brody, la agente Carrie se deshace de su debilidad, se concentra en su profesionalidad y transforma “Homeland” no en una serie sobre el posible lado tenebroso de un supuesto héroe, sino en una historia simple en la que una valiente agente “salvará el mundo”. El primer capítulo de la cuarta temporada vaticina con su título la nueva lógica narrativa. Que nadie se equivoque: “La reina de los drones”. Si hubo una contienda actoral entre la una y el otro, y fue a muerte, ahora sólo queda una reina. Su propuesta, por tanto, se simplifica; y el personaje de Carrie pierde demasiados matices. La premisa de partida que fundó “Homeland” queda superada y olvidada, y sus nuevas problemáticas se parecen más a las de las películas de James Bond que a las de sus tres primeras temporadas. No es que Carrie no tenga puntos débiles, sino que, narrativamente, no tiene frente a ella ningún personaje a su altura. Sin un personaje a la altura, el interrogante se desvanece, el objetivo pierde rostro y lo único que Carrie mira es a sí misma.

La era de las certezas: Y es que la cosa va más allá de Brody. Homeland” era la serie de los interrogantes, de las medias verdades y de las intenciones veladas. Sin embargo, con la cuarta temporada se instaura “la era de las certezas”. Para empezar, y como ya hemos dicho, el misterio de Brody se va con él, y era el más grande de todos, pero es que también se va el misterio de su corazón. Si Carrie y Brody vivían un idilio instalado en el corazón mismo de un gran interrogante, la serie formula ahora una insinuada relación sentimental con un Quinn cuyos sentimientos son descubiertos desde el principio de la temporada, y por tanto sentencia su imposibilidad de suscitar deseo alguno. El misterio del corazón de Brody encuentra una réplica chapucera en la certeza que al espectador se muestra sobre el amor de Quinn. Si “Homeland” describía antes a los objetivos de la CIA como musulmanes de carácter humano con personalidades llenas de matices y explicaciones biográficas para sus actos más terribles, es decir, si les hacía comparecer como personajes densos capaces de explicar su discurso, en la nueva “Homeland” se persiguen terroristas simples instalados en la unilateralidad y la demagogia; se afilan sus aristas más cortantes y más próximas a la caricatura propagandística sin hueco para ninguna dosis empática ni profundidad psicológica. Si entonces eran personajes de trayectoria “comprensible” (no justificable) y de corazones hasta cierto punto penetrables, los terroristas de la nueva “Homeland” son inasibles o simplemente demasiado planos. Una certeza miope, que no deja huecos para que el personaje se vuelva interesante, se ha instalado en los nuevos objetivos de la CIA que aparecen aquí tan sólo en su calidad de “villanos” a erradicar. Megalómanos de corte despreciable en los que nadie quiere instalarse y en los que nadie puede entender nada que merezca la pena. Comparecen los “villanos” casi confundidos con “lo Real” (Lacan) y por tanto como una forma más de sus posibles amenazas, desprovistas de sentido, como puede ser también un terremoto natural o un diluvio. La lástima de una serie que supo encontrar matices en todos los frentes y que dotó de palabras con sentido a todos sus interlocutores. Esa “Homeland” se perdió y ahora se dedica a hacer desaparecer objetivos humanos disparando sus drones, que ni siquiera aparecen en pantalla y que por supuesto no miran a la cara. Incluso el personaje de Saul Berenson, que otrora manejara las más altas confidencias y cuyos secretos enrarecieran a Mira Berenson o a Carrie, aparece en la cuarta temporada como un personaje con un único propósito: Ayudar a Carrie, como su fiel aliado. La imprevisibilidad genial que antes se derivaba de la altura terrible de su cargo de espía jefe, cuya conducta siempre quedaba relativizada por el efecto de los secretos que se le intuían y que parecía estar en ocasiones por encima de sus seres queridos, ha quedado ahora sustituida por la simples “ganas de ayudar”. Un nueva certeza en donde el espectador no encontrará matices y cuya culminación se produce cuando Saul confía en Carrie hasta descubrir que ya no puede confiar en su palabra. Se argüirá que durante esta temporada Saul pierde su puesto de jefe, pero es que el Saul de hace dos temporadas, incluso en su condición más fiel por Carrie, jamás habría actuado de forma tan pacata y transparente. La era de las certezas ha llegado a “Homeland” haciendo que su discurso se dirija a un público medio más grande pero con menos ganas de encontrar matices en todas direcciones.

En definitiva, una serie “reenfocada, remozada desde sus más profundos cimientos para encontrar nuevas tensiones que guíen su relato ahora que sus interrogantes fundantes han sido superados. Puede que la fachada de la casa siga en pie y prometa un algo emparentado con lo que entregó en dosis mínimas bien medidas durante tres temporadas, pero en el corazón de la serie ya no habitan las tensiones ni, por supuesto, el interrogante de antaño. En ausencia de nuevos interrogantes, el nuevo devenir de la serie se ha vuelto pacato, y quizás en su desesperación por encontrar la tensión, como Carrie deseando volver a Paquistán porque se ahoga en su territorio nacional estadounidense tanto como en su territorio familiar en calidad de madre, necesita violentamente recuperar sus misterios y sus angustias pretéritas. Quizás sea así como se pueda entender que la serie sufra un metafórico brote psicótico cuando se busca un truco para volver a mostrar la imagen de Brody en la pantalla, para pretender la confusión de hallarle de nuevo vivo, y se encomienda a él con la desesperación de un niño que ha visto demasiado cerca aquello que le asusta. En su delirio, ya no Carrie, sino la serie misma alucina el reencuentro con Brody, como si fuera un “sueño de deseo” de aquellos que describiera Freud, y que supondría la reanimación chapucera de su antiguo interrogante más crucial. Quizás es que esta serie, tras el trauma de sus pérdidas y amputaciones, está psicótica. En cualquier caso, y al contrario que otras series (como “Boardwalk Empire” que lleva ya varias temporadas deambulando sin rumbo desde que perdió a uno de sus personajes cruciales al final de la segunda temporada) continúa siendo una de las propuestas más interesantes del repertorio actual con un guión serio y un nuevo e interesante camino narrativo que promete crecer en próximas temporadas alrededor del concepto de los drones, artilugios fascinantes de la época que nos toca vivir y que seguramente serán cubiertos próximamente con alguna serie ad hoc. Quizás, la nueva “Homeland” se dirija ahora a un público diferente. “Homeland” está en tratamiento, está tratando ya no de reencontrarse a sí misma, que no es posible puesto que la raíz de su tensión habitaba en Brody, sino de afrontar el futuro con dignidad. Y como si fuéramos Carrie, nosotros mismos estamos también en tratamiento con ella, buscando la forma de encontrar en su sentido, el nuestro como espectadores de “Homeland”. O Carrie lo encuentra por nosotros, o la dejaremos caer en el abismo.

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