Por qué “Homeland” es “Homeland”

¿Sabemos qué tiene “Homeland” que la haga diferente de otras series? ¿Cuál es su característica definitoria y su tensión primordial? Indagamos en su estructura para aislar el misterio que anida en su núcleo central. La razón por la que ves “Homeland”.

Claire Danes confesó que antes de obtener el papel de Carrie Mathison estuvo a punto de tirar la toalla y abandonar su carrera como actriz, pero lo cierto es que el destino le tenía reservado un hueco brillante en la parrilla televisiva a bordo de una de las más interesantes series de televisión de los últimos años. Homeland” ha conseguido una buena cantidad de galardones, un buen repertorio de críticas positivas y, lo más importante, hacerse un hueco entre las grandes series del momento, que tratándose del que es, no es poco. Los aficionados han esperado la llegada de sus capítulos uno tras otro y con impaciencia desde el comienzo de las primeras emisiones y ya antes de que comenzara la emisión de la cuarta temporada la serie había recompensado a sus aficionados con una cantidad significativa de grandes momentos. “Homeland” ha jugado a guardar secretos y a sorprender a sus aficionados desde el primer capítulo, y lo ha hecho con un esmero y una eficacia al alcance de pocas series. Desgranamos aquí sus elementos fundantes más primordiales, la angustia central que sostiene su relato así como el punto de inflexión en el que sus renuncias han transformado la serie hasta convertirla… en otra cosa.

 

La esencia de “Homeland”: El interrogante Brody

Como siempre decimos, por supuesto que a partir de aquí hay espoilers, puesto que esto no es una crítica, sino un análisis. Toda película o serie de televisión tiene, de fondo, una gran cuestión o una tensión que le es inherente, un misterio o una energía que define en realidad y en último término la esencia misma de su narración. Hablamos de la historia por la que el discurso existe en realidad, es decir, el relato que justifica la narración de todo lo demás y que discurre a veces de forma explícita y a veces de forma oculta, pero siempre presente y marcando el camino hacia la resolución final. Puede que la película o la serie tenga múltiples subhistorias y por supuesto que pueden enlazarse con maestría, pero suele existir una historia verdaderamente relevante cuyo planteamiento marca el inicio del texto y su resolución el final necesario del mismo. La clásica sensación que como espectadores experimentamos cuando nos encontramos abruptamente con el final de una película sin entender por qué, suele deberse a que no hemos sido capaces de localizar la verdadera historia que justificaba el texto y por tanto no hemos sabido ver que su relato ya se ha contado. Si aplicásemos este ejercicio a “Homeland”, cualquiera que sea la respuesta deberá involucrar a los personajes de Carrie y Brody, pues la suya y no otra es la historia por la que se nos cuenta todo lo demás. ¿Cuál es el tema principal de fondo? Brody es un militar recuperado del campo de batalla tras 10 años como prisionero en Oriente Medio y Carrie es una agente de la CIA con motivos para sospechar que Brody vuelve, en realidad, con intenciones de atentar en territorio americano. Homeland” es, desde su primer capítulo, la búsqueda de una respuesta a la pregunta sobre las verdaderas intenciones de Brody en EE.UU., es decir, si tiene intenciones terroristas o realmente es el héroe nacional que todos creen que es. De hecho, tanto más crípticos e inquietantes resulten los indicios que apuntan a su posible traición, tanto mayor es el deseo de esclarecimiento que suscita en los espectadores y, por tanto, tanto más polariza su mirada. “Homeland” existe para y por este interrogante sobre cuáles son sus verdaderas creencias, y es por esta razón que los guionistas condenan al personaje de Brody a trazar constantemente un movimiento pendular que le acerca y le aleja de la posición de terrorista, presentando la misma cantidad y calidad de razones para que la audiencia piense que sí y que no lo es. Su guión hace malabares para gestionar durante sus primeras temporadas y durante todo el tiempo posible este enorme interrogante que impide al espectador superar a Brody e instalarse en él para seguir el resto de la trama y que, sin embargo, localiza en su personaje el verdadero misterio. Toda la serie y el devenir de sus subhistorias quedará subrogado a esta pregunta con la que el espectador tendrá que convivir mientras descubre que éste es el auténtico mcguffin de la serie. Más interesante aún, la ambivalencia permanente de Brody en el eje del terrorismo se convierte en un ingrediente inesperado que va a enrarecer cualquier otra subhistoria, como por ejemplo la de su tensión emocional con el personaje de Carrie Mathison (y por supuesto con el resto de personajes familiares, políticos, etc.). Homeland” explora la viabilidad de una emoción amorosa cuando la sospecha está anidada no ya en el corazón de un personaje sino también en su propia definición narrativa. ¿Puede Carrie amar a Brody cuando éste es ilocalizable e inasible en materia terrorista? ¿Qué nivel de desconfianza marca el límite para que sobreviva el amor? Son las cuestiones que se plantean en un segundo nivel y para cuya supervivencia se requiere la permanencia del enorme y más importante misterio de la serie, la esencia de Brody y de sus verdaderas intenciones políticas y terroristas. Toda subhistoria en “Homeland” está condicionada por esta pieza cuya falta es la etiqueta que en verdad diferencia  a “Homeland” de otras series de televisión y que han hecho de ella un producto tan interesante. Se explica así, claro, que: 1) la serie demore el esclarecimiento de este hecho tanto como le es prudentemente posible sin poner en peligro la verosimilitud del texto. Y 2) que cuando llega la respuesta, lo es… y no lo es, tratando de garantizar que el pilar que ha sostenido el deseo del espectador no se derrumbe del todo y pueda sostener de nuevo una cierta continuación de la historia. Para ello, claro, hay que conservar parte del misterio, o reconstruirlo, cosa harto difícil pero que en “Homeland” se cuida tanto como es posible porque de ello depende la continuación de la serie o su abrupto final. Como dice el profesor González Requena, “sin interrogante no hay goce” y, por tanto, era preciso rescatar una dosis suficiente de misterio en Brody para que “Homeland” no terminara de golpe.

 

Así, el misterio de Brody y el vector hacia éste que en realidad es Carrie (y que se presenta en forma de amor) marcan el eje fundante de la serie “Homeland” y sin el cuál ésta … sería otra serie, pero no “Homeland. El tándem CarrieBrody y el misterio entre ambos apuntalan la definición existencial de la serie como relato sostenible y es, sin duda, su mayor tesoro, la verdadera razón por la que ésta ha obtenido su éxito.

Homeland

Otros elementos para que “Homeland” sea “Homeland

No obstante, el éxito de la serie no se debe exclusivamente a este misterio magnífico que polariza el deseo de los espectadores, por mucho que éste sea un ingrediente eximio y muy exclusivo que diferencia la propuesta de muchas otras series de tv. Hay que añadir otros elementos cruciales, como por ejemplo:

  1. Un guión escrito con esmero y, sobre todo, con prudencia. Se nota en su pluma el deseo de gestionar con responsabilidad el despliegue de los distintos elementos más llamativos (o “plot points”) de tal forma que se mantenga estable el atractivo de la serie. Se nota en el modo cómo está escrita, que Homeland” es consciente de cuál es su tesoro principal y lo cuida hasta el último minuto (algunos dirían que incluso más allá de éste). La historia se desenvuelve empleando un ritmo adaptado al misterio de Brody y no tanto al de la propia historia de espías que es en su superficie. Más allá del conocimiento político o profesional sobre el mundo de la CIA que “Homeland” exhibe, brilla especialmente este cuidado de sus guionistas por conducir la historia siempre de tal modo que se aporte valor a la narración y que el secreto de Brody, o la ausencia de él, quede perfectamente reservado. En definitiva, el guión, todo un ejercicio de autocontrol, navega cuidadosamente cabeceando lo justo para insinuar su potencial pero no entregarlo fácilmente.
  2. Un estupendo plantel de actores: Aunque algunos creen que sobreactuada, la Carrie Mathison de Claire Danes hace gala de un histrionismo espectacular bien requerido por su personaje, una mujer mentalmente atormentada por su enfermedad psíquica, alcanzando una actuación notable y seguramente necesaria. Damian Lewis parece más exitoso gracias a lo que su personaje le aporta a él, que por lo que él le aporta al personaje, aunque a juzgar por el efecto sería un error negar el carisma que Brody llega a tener en la historia. No en vano, él y su interrogante son quiénes sostienen la serie y su relato. Sucede algo similar con Mandy Patinkin, con quién ya disfrutamos en “Mentes Criminales” (Gideon), y que en “Homeland” da vida a Saul Berenson. Su personaje no sólo es uno de los más necesarios de la historia, por momentos incluso arrebatando parte del protagonismo, sino que además es uno de los más disfrutables de todos.
  3. Una producción impecable con suficientes recursos económicos para narrar con dignidad cualquier escena imaginable en el devenir de la historia.

 Hasta su tercera temporada, “Homeland” fue capaz de mantener el misterio principal fundante de su propio relato, extendiendo el devenir de sus personajes con seriedad de escritor y con enorme dignidad audiovisual. En el modo cómo está escrito el relato se advierten las huellas del trabajo cuidadoso que sus guionistas realizaron por mantenerse en una zona verosímil, con comportamientos ajustados a las definiciones primordiales de sus personajes clave y procurando forzar sus definiciones nada más que lo justo para mantenerse en hipótesis de partida.Tal como confiesa el actor Damian Lewis en una entrevista para The Hollywood Reporter, su personaje había sido formulado para un recorrido de dos temporadas que, debido al éxito de Brody en la pantalla, fue prorrogado a tres. Es decir, el equipo de guionistas fue siempre consciente de que el personaje de Brody estaba necesariamente limitado para poder sostener el interrogante que le fundaba como tal, es decir, para poder hacer eficaz su presencia en la historia y su sentido dentro de ella. El éxito de Brody puso a prueba la elasticidad de su premisa definitoria, que aceptó una temporada más, pero los guionistas no cayeron en la tentación de estirar aún más el misterio para no correr el riesgo de que Brody terminara siendo víctima de sí mismo y en su eterno “negar” terminara personificando toda una impostura instalada en el pilar más básico de la serie. Una decisión valiente que una enorme multitud ha considerado suicida y que, al contrario de cómo los guionistas habían previsto al inicio del show, no sólo ha terminado afectado notablemente a la historia sino que se ha llevado por delante su “reason why”. Sin Brody, la cuarta temporada de “Homeland” es… de nuevo, su primer día de escuela, y parece que sus nuevos menesteres han dejado a la serie algo más que desorientada.

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