Zoom-in

jurassicworld

“Jurassic World”: Sujeto y claustrofobia en el fracaso del control de lo real

31/10/2015 -
0 Comments

Buscamos la trama metafórica y conceptual que sostiene el desarrollo de los personajes de “Jurassic World” y su evolución en el transcurso del metraje.

Hace tiempo ya que el célebre discurso sobre el hastío de las segundas, terceras y enésimas partes comenzó a perder todo su sentido. Es posible que resultara complicado alcanzar un acuerdo para señalar el instante histórico en que dicho discurso comenzó a arrugarse hasta lo insostenible, pero lo cierto es que, a estas alturas, es evidente que, si la propuesta cinematográfica polariza nuestra mirada y se vuelve irresistible, no será extraño que las audiencias presten su atención aunque se trate de la enésima entrega, y tanto más si el tema que suscita la propuesta es uno tan magnético como la eterna pretensión humana de controlar lo ingobernable. “Jurassic World” es la etiqueta empleada para designar a este nuevo capítulo de la gran historia del control sobre lo que no se puede controlar, y es que todas las evoluciones interiores de los personajes girarán inexorablemente sobre el tema del “control”. El “control”, pues, se sitúa en el centro del relato y articulará la mayoría de las subhistorias del guión, con independencia del hecho de que el objeto que amenaza sea un dinosaurio, detalle éste que a efectos de nuestro análisis cobra solo un sentido circunstancial y que podría ser intercambiado, al menos en términos funcionales (que no visuales) por cualquiera otra amenaza de lo Real.

Lo ordenado versus lo espontáneo

Sin embargo, lógicamente y como cabe esperarse, este deseo de control no se atribuye en “Jurassic World” a los seres humanos en tanto que colectivo coral y aparentemente indivisible, sino que se personaliza en un grupo de personajes concretos cuyas caras seguirá el espectador a través del visionado y se convertirán en los elementos de ayuda para la reflexión sobre el control de lo que no se puede controlar que, en el fondo, será el tema siempre latente. Los personajes candentes para la presentación de esta tensión son Claire Dearing (Bryce Dallas Howard) y Owen Grady (Chris Patt), una pareja arquetípica en términos puramente cinematográficos cuya evolución romántica encontró un escollo en algún momento anterior al relato de la película y del que se nos informan algunos elementos básicos para que el espectador identifique la naturaleza del problema que terminó haciendo de aquella una cita fallida. Así, Claire acusa a Owen de vestir de forma excesivamente casual (en pantalones cortos) y de no someterse al plan impreso que ella había preparado para el desarrollo de la cita. Owen, por su parte, acusa a Claire de llevar el plan de la cita impreso de antemano y de no querer tomarse un tequila, cosa que Claire justificó, según se nos cuenta, porque lo prohibía su dieta. En otros términos, Claire pretendió someter todo el desarrollo de la cita a un plan prefijado para evitar que pudiera salir mal, pretendió configurarle a él como el hombre que ella querría que fuera, y desde luego rechazó aquellos elementos, como el tequila, que aumentaban el riesgo de que dicho plan no llegara a cumplirse al pie de la letra. Así, el espectador comprende el camino seguido por Claire para convertirse en una ejecutiva de éxito incuestionable, cuya carrera habría estado permanentemente gobernada por planes, objetivos y estrategias, que la han situado en lo más alto de una gran empresa como “Jurassic World”. Por cierto, la elección de Claire, en algún momento del pasado, como máxima responsable del parque resulta algo totalmente coherente puesto que en ediciones anteriores éste ya había estado al borde de su desaparición por efecto del caos reinante, cosa que Claire es capaz de atajar con una buena dosis de orden.

Claire, así, odia cualquier forma de improvisación y por tanto trata de evitar situaciones en las que el desarrollo de los acontecimientos no esté prefijado. Por ejemplo, cuando su hermana le envía a sus hijos para que pasen unos días juntos, ella evita ser quién pasa tiempo con ellos y encarga su tutela a una empleada del parque, una suerte de asistente. La justificación es laboral, “no tiene tiempo”, pero en realidad Claire está evitando que su día a día se descontrole, que algo tan azaroso como el dinamismo constante de los niños pueda descabalar su día (de hecho, los chicos burlarán a la asistente y se escaparán solos) e incluso que pueda requerir hacer uso de su empatía, sus emociones, su parte más porosa y humana y por tanto imprevisible, para comunicarse con ellos. La escena es, a todas luces, indeseable para una persona obsesionada con el control que viste un traje de chaqueta y zapatos absolutamente conjuntados en un color pastel y cuyo peinado es recto y simétrico. Incluso cuando se refiere al dinosaurio cuyo recinto van a examinar se refiere a él como “activo”, es decir, algo exento de emociones que sin embargo constituye un valor para el parque, y no como los seres vivos con los que trabaja Owen y con los que éste trata de establecer una relación (“es más fácil pretender que esos animales solo son números de un inventario, pero no lo son. Están vivos.”, le dice a Claire). Owen incluso se burla de ella diciéndole que los dinosaurios desean comer, cazar, aparearse… “puedes comprender al menos una de esas cosas, ¿no?”, apuntando que en su aparente “completud”, Claire parece exenta de aspiración alguna. Y algo de eso parece ser cierto puesto que, en otra escena anterior, la hermana de Claire le dice “ya verás cuando tengas hijos” y ella le contesta: “Eso… si los tengo”, deslizando además la idea de que esa situación no le “devendrá”, sino que se producirá “con su control”. En definitiva, el personaje de Claire comparece en el comienzo como una mujer dispuesta a parapetarse en todo orden concebible para proteger al parque y proteger sus emociones de todo posible arañazo.

Por el contrario, Owen es un tipo acostumbrado a desafiar a lo Real, que en este caso es el mundo salvaje de los dinosaurios, una amenaza constante. Más aún, no solo lo desafía para repelerlo, sino que incluso trata de domesticarlo, situado en el umbral mismo frente a lo Real, donde el sentido se descompone pero aún parece conservar alguna mínima entidad. Descubrimos a Owen preparando un número con velociraptores en el que estos parecen obedecer sus órdenes como leones en un circo: una experiencia que se nos ofrece como fascinante y que hace comparecer a Owen como un tipo capaz de ordenar “lo Real”, de poner líneas imaginarias donde nada hacía pensar que estas fueran posibles. Owen se ha asomado al precipicio del sin-sentido y aunque va alcanzando algunos éxitos, como su número con los raptores, está acostumbrado a aceptar que la amenaza muy raramente atienda a sentido alguno. Ya ha aceptado que no es posible gobernar la amenaza, someterla por completo a un control y mucho menos imponerle un orden definitivo. Como mucho, ha llegado a descubrir que solo mirando de igual a igual a su amenaza, es decir, solo reconociendo la energía destructiva e imprevisible de los raptores, es posible llegar a hacer alguna conquista discreta que, a ojos de otros, parece un gran éxito conformador de sentido. Más interesante, ¿de dónde podría haber sacado Owen este conocimiento con el que abordar su relación más extrema? Owen toma este criterio del espacio más íntimo de sus relaciones con los demás donde ha aprendido que, en el ámbito de una relación romántica no es posible gobernar al otro a voluntad y no se puede someter la conducta a un control férreo (como intenta Claire), sino que es preciso construir una relación basada en el respeto mutuo. Que el otro sea ingobernable, hace comparecer la incertidumbre, pero como “sin interrogante no hay goce”, se da cuenta de que es preciso reconocer al otro, al otro en tanto que ser independiente, y respetar necesariamente su posición para poder establecer una relación. En ambos ámbitos, Owen comparecerá como aquel que buscará el respeto del otro como punto de partida para construir sentido, es decir, sentido romántico en el caso de una relación. Este respeto requiere del reconocimiento del otro como algo ingobernable, punto en el que aparece convenientemente la empatía y la porosidad emocional, es decir, lo imprevisible, como contexto para una relación romántica. En definitiva, Owen ha aprendido que para tener una relación romántica es necesario lidiar con lo imprevisible, exponerse al otro, ofrecerse en términos de vulnerabilidad y estar preparado para que lo espontáneo tome el control. Al renunciar al control, aparece la posibilidad de la empatía, de la comprensión mutua, del viaje “al otro”, un viaje del que podemos volver con rasguños producto de nuestra vulnerabilidad, pero en cuyo acaecer cristalizará una experiencia singular y de neto valor humano.

En estos términos, resulta fácil entender que la cita romántica no saliera bien. Sin embargo, la naturaleza ingobernable de lo Real va a terminar imponiéndose sobre todo ansia de control por parte de Claire, lo que va a obligarle a abrir una nueva forma de relacionarse con los demás. La idea de lo Real desbordando el control es una de las ideas más clásicas de la saga de “Jurassic Park”, cuya imagen más elocuente era el fotograma de los huevos de dinosaurio rotos en medio del bosque en la primera entrega allá en 1993. “La vida se abre camino”, fueron las palabras empleadas para hacer al espectador saber que las limitaciones genéticas impuestas por los científicos para evitar la reproducción de los dinosaurios habían sido superadas por “la vida”. En “Jurassic World”, la pretensión de control de un nuevo dinosaurio de enormes dimensiones, creado en el laboratorio como un cruce genético entre otras especies de dinosaurio, fracasa desencadenando de nuevo el caos en el parque. Las obsesivas fórmulas de control de Claire quedan desactivadas y solo puede observar el paso firme y mastodóntico de la amenaza caminando en libertad y, además, amenazando a todos y todo como una fuerza imparable de la naturaleza, una fuerza que no atiende a ninguna razón (“no se los come. Mata por placer”, dice Owen).

Inicialmente, el personaje de Claire, ése del que siempre ha fluido el más comprometido caudal de decisiones para conservar el control, reacciona casi “nombrando” su propia estrategia, es decir, acudiendo al “centro de CONTROL” para articular desde allí la que supone es la mejor idea: Confiar ciegamente en sus mecanismos de control. Al llegar al centro, Claire ve que los controladores se encuentran desorientados porque no encuentran forma de controlar la situación, y cuando estos la ven a ella, callan y la miran fijamente en espera de la voluntad y las instrucciones para recuperar el control.

Claire se declina a sí misma en un edificio bautizado con su propio criterio de actuación y comienza a dar los pasos necesarios para volver a gobernar la situación.

Sin embargo, a Claire se le suma una preocupación adicional que va a dar la última estocada a su pretensión de control: Descubrir que sus sobrinos están en peligro. Entonces, se produce el mayor “plot point” de la película, aunque explote en un plano interior del personaje y no se corresponda con un cambio de dirección importante en términos de sinopsis. Claire se siente invadida por el miedo a que sus sobrinos puedan morir a manos de lo Real y se da cuenta de que ninguno de sus mecanismos de control puede ayudarles en absoluto. Entonces, se ve obligada a reconocer que NO es infalible y que por más que ella trate siempre de prever la amenaza para proteger el control, la amenaza de lo Real puede desbordar toda protección. Toda su estrategia de defensa frente a lo real, su forma de proteger el espacio interior humano, queda comprometida, y su fe en la infalibilidad quedará definitivamente cuestionada. En el empeño de atajar toda situación con cargo a estrategias de control y protección absoluta en ese momento ya totalmente agotadas, Claire sentirá la impotencia de su modelo, uno que le seguirá aprisionando y en cuyo interior sentirá una enorme claustrofobia que le hará recurrir a quién nunca pensó permitirse pedir ayuda, al tipo que nunca valoraba las formas de control.

Con su esquema de actuación resquebrajado y, lógicamente, sumida en una confusión claustrofóbica que no conocía hasta ahora, Claire, por fin, es receptiva a propuestas que, en otro momento, no solo no habría concebido, sino que además habría rechazado por principios: Básicamente, solicitar la ayuda de un hombre no organizado como Owen, pero con la capacidad para enfrentarse a la amenaza o por lo menos tratar de salvar a sus sobrinos. Aunque la escena se articula con una excesiva agilidad que hubiera requerido un mayor trabajo actoral y una mayor atención desde la dirección, Claire presenta su solicitud de ayuda a Owen quedando ya su fe absoluta en el control no solo rota, pues en realidad en ese instante ya lo estaba, sino además, por primera vez, descalificada como suficiente para proteger todo lo humano. Claire tiene que ver su antigua estrategia voluntariamente desactivada y colocarse frente a Owen para reconocer la falibilidad de su mecanismo habitual de control y hacerlo con un gesto humano de desesperación absolutamente diferente al que hasta ese momento había empleado con él. Esta rotura interior de Claire, una que sería irremisiblemente entendida por ella como un cierto fracaso, constituirá, sin embargo, una esperanza para ella a la hora de relacionarse con los demás y consigo misma. Solo mediante la destrucción de sus estructuras, una forma de castración que se reflejará en la imposibilidad del control absoluto, Claire irá atisbando el camino para aceptarse a sí misma y a la incertidumbre inherente al mundo.

Por el lado de Owen, se puede decir que, al saber éste que Claire ha atravesado una experiencia de pérdida RADICAL del control y que ha sido necesariamente consciente del riesgo que ello ha conllevado para su vida y para las de sus seres queridos, entiende que Claire queda como personaje “herido” y “alcanzado”, es decir, “accesible” e “incompleto. Este hecho es el que motiva que él cambie de opinión sobre ella y que, al contrario que antes, acceda a tener una relación amorosa. Ello se pone en escena en el instante mismo del beso que él le propina a ella después de que ella le salvara la vida. Owen ve, por fin, a Claire, como una mujer dispuesta a surcar el caos, a reaccionar en medio del desastre, a tomar decisiones imprevistas y a lidiar con lo que el destino pueda traer. El ejercicio de dichas decisiones imprevistas, que además le salvan la vida, convencen a Owen de que Claire está en proceso de transformación, de que está realizando un viaje necesario y conveniente para ella. Por eso es que Owen ve desactivado su freno romántico anterior y su deseo, por fin, se libera.

La constatación absoluta del cambio se refleja en pantalla, a modo de colofón, en la escena en que, ya a salvo, Claire (ahora ya incompleta) busca a Owen (siempre incompleto) y le pregunta: “¿Y ahora qué hacemos?”. Es decir, formula el interrogante, uno que antes no se habría permitido, y además se encomienda a Owen para darle respuesta en lugar de decidir ella por sí misma para conservar el control absoluto. Solo la pregunta ya es la confirmación de la curación de Claire.

 

Monstruo interior – monstruo exterior

El caos llega a “Jurassic World” cuando la nueva atracción, es decir, un nuevo dinosaurio creado genéticamente a partir de otras especies de dinosaurio, se escapa de su recinto de seguridad y campa a sus anchas por el resto del parque. Hasta aquí hemos ensayado la trama psicológica tomando al dinosaurio, nombrado “indominus rex”, como una metáfora de lo Real. No obstante, también podríamos ensayar la posibilidad de considerar al “indominus rex” como una metáfora visual de un monstruo de carácter más interior, de hecho, psicológico. Sí, porque podría operar bien como el monstruo interior que Claire ha creado en el ejercicio obsesivo de control y protección del parque tanto en términos de contención de las especies, como en términos de rentabilidad. A fin de cuentas, según explica la película, en el momento en el que se encuentran, más de veinte años después de la inauguración de “Jurassic Park”, los niños están acostumbrados a los dinosaurios, los visitan como si fueran al zoológico y requieren cada pocos años una nueva atracción que descubrir. Esta nueva atracción debe ser, necesariamente, dinosaurios cada vez más poderosos y “con más dientes”. Claire es la mayor valedora de los intereses de los accionistas del parque y sabe que la protección del futuro de “Jurassic World”, es decir, su conservación, pasa por el éxito económico de la empresa y éste requiere de la constante renovación de sus dinosaurios con especímenes cada vez más monstruosos con los que asustar a los niños. El empeño corporativo requiere de una inversión constante para “fabricar” (es el término que se usa) nuevos dinosaurios que protejan la sostenibilidad de la empresa. En otros términos, el eficaz ejercicio corporativo de Claire, su obsesión por el control y la protección de todo, ha contribuido a la “fabricación” de un monstruo que amenaza con aniquilar toda la corporación. Cuando alguien le propone a Claire evacuar la isla por la seguridad de los visitantes, ella dice “no volveríamos a abrir”, consciente de que la empresa que pretendía proteger sería destruida por su máxima creación. Existe un cierto paralelismo entre las obsesiones psicológicas, las represiones, y los monstruos que estos conllevan, de tal modo que el “indominus rex” pudiera ser la figuración sobre el escenario de un trauma que resultaría coherente con la obsesión controladora de Claire. O también se formularía en términos cancerígenos siendo el nuevo dinosaurio el creciente tumor creado por la propia obsesión de Claire, que puede terminar aniquilando al cuerpo al completo. No en vano, esa criatura descomunal y poderosa que “Jurassic World” “fabrica” recibe el nombre de “Indominus Rex”, lo cuál resuena poderosamente al rey del dominio que Claire ha contribuido a crear y que terminará resultando cancerígeno para el propio organismo que es “Jurassic World.

 

Efemérides finales

Por lo demás, pequeñas historias paralelas, algunas flagrantemente inacabadas. Por ejemplo, las subhistorias de Gray y Zach Mitchell, los sobrinos de Claire. Al comienzo de la historia, vemos a Zach abismado en su amor adolescente por su novia de la que no quiere separarse, de la que casi no se atreve a separarse. Así nos lo cuenta la historia nada menos que en una de las primeras escenas, con términos de amor explícito. Sin embargo comparece, en tanto que aún adolescente, carente de la potencia para desafiar el reto de una mujer. Tanto es así, que cuando su mirada es polarizada hacia un grupo de chicas jóvenes queda petrificado sin saber qué hacer salvo mirarlas en la distancia. Su hermano pequeño, Gray, le ridiculiza diciéndole: “¿Qué crees que vas a conseguir por mirarlas fijamente?”, frase que ellas alcanzan a escuchar provocando una humillante risa burlona contra Zach. Literalmente, la potencia de Zach no está a la altura de ninguna de esas chicas que terminan riéndose de él. Lo que la historia apunta es que Zach deberá recorrer un periplo (muy cinematográfico, por otro lado, que resuena al de Sam en “El señor de los anillos”, al de Marty en “Centauros del desierto”, y muchos títulos más) a cuyo regreso volverá investido con la potencia masculina suficiente para ponerse a la altura de la mirada de esas chicas. Sin embargo, la historia solo llega a amenazar con este camino que queda decepcionantemente truncado. En su lugar, la historia propone que Zach haga otro crecimiento personal que terminará aproximándole a su hermano pequeño, en un gorgorito más familiar pero menos verosímil que parece provenir del imaginario propio del cine familiar de Spielberg. En el comienzo, Zach no está interesado en su hermano pequeño a quién no presta atención ni atribuye más que un escaso valor. Sin embargo, hay un momento en que Zach se sorprende al comprobar que en el momento límite, a punto de perder la vida, Gray es capaz de saltar una catarata junto a él. La experiencia modifica por completo su visión de Gray, con quién a partir de ese momento mantendrá un vínculo fuerte que le permitirá colocarse en una posición de “hermano mayor protector”. Este descubrimiento le pondrá en contacto con una parte de él que nunca había sentido y que podría haber constituido el camino para la construcción de esa mirada masculina pero que la película limita a la comprensión de un cierto mapa de valores familiares algo más decepcionante.

Publicación posterior Publicación anterior

Tu dirección de email no será publicada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR