“La dama de honor” (Claude Chabrol, 2004): Un análisis cinematográfico desde la perspectiva filosófica, psicológica y artística

Senta es el nombre del objeto de deseo de Philippe, el protagonista masculino del film “La dama de honor” (“La demoiselle d’honneur“), que el fallecido Claude Chabrol dirigió en 2004. O quizás debiéramos decir Stephanie. O, con más propiedad, Flora. Porque Senta (en alusión al nombre de la protagonista del “Holandés errante”) no es el “verdadero” nombre de la mujer que se erige como ese objeto de afecto. Su nombre real es Stephanie, según le anuncia en una conversación la hermana de Philippe a éste antes de que ambos protagonistas (y posteriores amantes) lleguen a conocerse. Stephanie cambia de nombre cada seis meses. Es una actriz (o “actor”, como a ella misma le gusta definirse, en una reivindicación muy en la línea del actual pensamiento feminista). Por su parte, la figura de la diosa Flora aparece en el comienzo del film representada en el busto de piedra que la madre de Philippe tiene en el jardín de su casa, un rostro que prefigura al de la futura Senta en sus características físicas. El poeta Ovidio relata en sus “Fastos” como Céfiro, el dios del viento, enamorado de la ninfa Cloris, la transmutó en Flora tras perseguirla y abrazarla, doble figura ésta (ClorisFlora) que Botticelli supo magistralmente representar en su obra “La primavera” y que en el film de Chabrol podría anticipar la “doble imagen o personalidad” de Senta.

La referencia a Flora, no obstante, no se agota en este único significado. Al comienzo de la película, la madre de Philippe quiere obsequiar con el busto de Flora a un pretendiente que la corteja, el cual había alabado su belleza y hecho notar que le recordaba al propio rostro de la mujer, un comentario éste nada inocente mediante el cual Chabrol desliza la idea sutil del posible complejo de Edipo de Philippe hacia su madre, que se acaba enamorando de una mujer que tiene también un rostro similar al del busto (por tanto, también al de la madre). Chabrol, como buen intelectual francés (si se ha de atender a las opiniones que sostienen que Francia, junto con Argentina, son los países donde mayor penetración ha tenido el psicoanálisis), recepciona así la célebre teoría freudiana, que tan bien funciona como eje argumental en tantas películas.

"La dama de honor" (Claude Chabrol)

Philippe, por su parte, se nos presenta como un hijo responsable y noble que colabora económicamente al sostenimiento de su familia con parte del producto de su trabajo bajo las órdenes de un contratista de obras, en sustitución de la figura del padre ausente. Encarna, en cierto modo, la “virtud” (hace lo que está bien, el modo “recto de proceder”), cualidad que le entronca con la figura del héroe (si bien desprovisto del resto de características que le suelen acompañar (siguiendo a Savater): no comparecen así el “reino de la aventura” en el que se adentra el héroe para independizarse, ni la figura paterna que se ve “amenazada por su hijo” condenándole consecuentemente al destierro y a la muerte, como hizo Layo con Edipo (quien le tuvo a pesar de su precaución de yacer con sus amantes “per angostam viam”, en metafórica expresión usada por Savater), como tampoco asiste aquí la figura de la madre que “amenaza a su hijo”, que no desea que parta en la configuración del mito del “héroe”). El hijo aquí, Philippe, en su identificación con el papel del padre (“pater familias”), convierte a la madre en una suerte de Yocasta a la que aspira el hijo. El parricidio de Edipo aquí es simbólico, dado que el padre desapareció abandonando a Philippe y a sus hermanas cuando eran pequeños, alejándose así también de la madre. Ésta, una peluquera de provincias que trabaja a domicilio, mantiene una incipiente relación con un hombre de buena posición pero de maneras ordinarias, una ser banal que Chabrol revela pronto como un personaje de escasa moralidad mediante el recurso continuado a la mentira y al fingimiento. En un detalle no exento de ironía, el apellido de este personaje es Courtois (cuya traducción del francés es la palabra “cortés”).

El film comienza con dos hechos aparentemente poco trascendentales pero que al final del mismo aparecen recuperados, dotando el guión a la historia de una estructura circular que se cierra a la perfección: por un lado, Chabrol introduce el film con las imágenes en la televisión de la desaparición de una joven del lugar que las hermanas de Philippe están viendo mientras se preparan para la llegada del novio de la madre, cuya presentación oficial a la familia va a tener lugar esa misma noche en una cena (detalle éste último que ignora Courtois). Una de las hermanas de Philippe sostiene en su regazo al perro familiar, y más adelante pregunta si puede llevarse al mismo a la cena, a lo que la madre responde diciendo que a Courtois “no le gustan los perros”, aclaración esta que llevará a una equívoca conclusión al protagonista en un momento posterior del film.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

La presentación entre los personajes principales de la historia, Philippe y Senta, tiene lugar poco después en la boda de una de las hermanas de Philippe, en la cual ella desempeña el rol de dama de honor de la novia. Es ahí cuando Senta, reparando en la presencia del hermano de la novia, clava directamente su mirada desde la distancia en el rostro de éste, mirada obstinada ante la que el propio Philippe parece sucumbir, a modo de Tristán que acaba de beber el filtro de amor (en realidad, fallido filtro de muerte en el libreto wagneriano) ofrecido por Isolda.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Senta finalmente acaba presentándose ante un turbado Philippe, mostrando un inicial interés que luego decide disimular bajo el disfraz de (aparente) indiferencia al rechazar la propuesta de Philippe de acompañarla a su casa al término de la boda. Se trata finalmente de una indiferencia fingida, un actuar maquiavélico y calculado, que queda claramente puesto de manifiesto cuando Senta se presenta inesperadamente al cabo de un rato en casa de la madre de Philippe empapada por la lluvia, como recién salida del mar. No desconoce que Philippe está solo entonces, puesto que el resto de parientes siguen en la boda.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Es el momento aprovechado por Senta para operar su plan de seducción, tras haberse quitado el vestido empapado de lluvia de dama de honor y haberlo sustituido a continuación por el albornoz prestado por Philippe, el cual pertenece a su madre (nueva referencia edípica). En un acto inesperado, Senta descubre su cuerpo bajo la tela del albornoz ante un distraído Philippe (que mira en ese instante hacia otro lado, pudoroso y desorientado a la vez), ofreciendo a la vista la imagen de un cuerpo “carnoso” que emerge en erótica actitud, un desnudo que presenta esa “morbidezza” que acuñó el biógrafo y artista Vasari para referirse, a esa “cualidad de la carne (de las “venustas”) que la hace visiblemente suave y cálida” (una “carnositá” próxima a la de la Venus (púdica) de Urbino del pintor veneciano Tiziano, el gran maestro colorista). Senta, cual diosa del amor, Afrodita Pandemo platónica, se ofrece así a continuación a Philippe diciéndole las palabras: “Tengo frío. Abrázame fuerte”.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Venus de Urbino (Tiziano)

“Venus de Urbino” (Tiziano, 1538)

Si fijamos nuevamente nuestra atención en el cuadro de Botticelli del comienzo, donde situábamos a Flora, en la parte central de éste también aparece representada la figura de la diosa Venus, acompañada de las tres Gracias y de Mercurio en el extremo del cuadro, ahuyentando las nubes.

La primavera (Botticelli, 1481-82)

“La primavera” (Botticelli, 1481-82)

Asistimos a la celebración del comienzo de la Primavera, obra esta que mantiene un diálogo con la del “Nacimiento de Venus”, cuadro posterior de Botticelli donde Céfiro y Aura son representados empujando a Venus, nacida de la espuma del mar según la versión de Hesíodo, hacia las costas de Citera en su camino a Chipre.

El nacimiento de Venus (Botticelli, 1484)

“El nacimiento de Venus” (Botticelli, 1484)

La tradición recogida por Hesíodo en su Teogonía relata como Urano fue emasculado por su hijo Crono tras mantener su padre trato carnal con la tierra (Gea), arrojando el órgano sexual inmortal al mar, alrededor del cual se formó una espuma de la que (“en medio de ella”) surgió Afrodita, y de la cual, una vez en tierra, crecía bajo sus pies la hierba. Ambas deidades, Venus y Flora, aparecen pues íntimamente relacionadas, en cuanto la primera simboliza la belleza y el florecimiento de la naturaleza, así como el placer del acto amoroso, y la segunda se asocia a los jardines y a la primavera (asociación que justifica la situación del busto de Flora en el jardín de la casa de la madre de Philippe).

Philippe y Senta se besan y ella le pide entonces por tres veces seguidas que diga su nombre en alto (“Di mi nombre. Dílo, quiero oírlo de tu boca. Di mi nombre”), una petición en tono imperativo, que encierra una orden, y que será en adelante la tonalidad que utilizará casi siempre Senta a la hora de relacionarse con Philippe.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Mientras están en la cama, Senta le confiesa a Philippe que él es “a quién ha estado esperando. Tú eres mi destino y yo el tuyo… Te busco desde siempre”. Senta pronuncia estas palabras mientras juega entre sus dedos con una pequeña bola azul que cuelga de su cadena al cuello.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Chabrol parece querer recoger aquí así el mito platónico del andrógino, la bola que rueda sobre sí misma, que desafía a los dioses mostrando su orgullo y su fuerza, y al que Zeus como castigo envió a Apolo para que lo seccionase por la mitad, volviendo así a la criatura modesta. Es la génesis del comienzo de la búsqueda desesperada de la mitad perdida (a este respecto, resulta pertinente recordar aquí la opinión del filósofo francés Michel Onfray cuando dice que la “consideración de la esfera como modelo de pareja es la que ha producido la mayoría de las neurosis de Occidente en materia de relación sexuada”).

En la escena posterior, Philippe acompaña a Senta a la casa de esta, una especie de palacete en estado de prácticamente abandono correspondiente con la antigüedad de la construcción, un sitio “que huele a cerrado” en afirmación de un sorprendido Philippe, tras interrogarla acerca de si “de verdad ella vive ahí”. Pregunta esta que se revela como significativa, ya que Senta le confiesa que, aun siendo la única propietaria, “en realidad ella vive en el sótano de la casa”, una elección que puede (y debe, seguramente) interpretarse como un hecho nada casual. El sótano, en una interpretación simbólica, representa lo oculto. El término inglés “cellar” (sótano), proviene del latín “celare”, ocultar o guardar algo. El sótano es la parte inferior de un edificio que permanece oculta, enterrada (aquí el posible edificio mental de Senta, la parte relegada de su psique), y que simbólicamente se relaciona también con el submundo uterino. Una estancia la del sótano que puede conectarse con la imagen de la caverna o antro de los antiguos griegos, cavidad subterránea, “lugar que habitan y de donde surgen los monstruos”, como señala Chevalier, el cual la identifica como “símbolo de lo inconsciente y de sus peligros”, el antro de Trofonio. Senta le invita a bajar al sótano donde habita, diciéndole que “ahí nunca ha bajado ningún hombre”, indicando así la exclusividad de su invitación, para acto seguido darle la “bienvenida a sus dominios”.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Después de este primer encuentro amoroso, Senta deja de atender de manera deliberada a las llamadas insistentes de Philippe, el cual comienza a mostrar síntomas de angustia ante su ausencia. En una escena situada en un momento anterior al primer encuentro con Senta, se ve a Philippe robando el busto de Flora que ha sido abandonado por Courtois en el jardín de su antigua casa (Courtois se acaba de mudar de residencia), quedando desvelados así para Philippe la mezquindad y el rostro oculto de Don Juan del ex-pretendiente de la madre, en perpetua actividad, sin importarle nada ni nadie en su camino. Es el rostro de la madre en el busto de Flora, abandonado en el jardín de la antigua casa de Courtois, y que posee un auténtico valor sentimental en la familia de Philippe (la madre le regala este busto a aquél como signo de su interés verdadero de comenzar una relación, al tiempo que le presenta a sus hijos), y que Courtois decide dejar abandonado en síntoma de desprecio hacia el sentimentalismo de la madre. En un plano del comienzo de la película, cuando tiene lugar la escena de la entrega del busto a Courtois, en presencia de los hijos “no invitados”, podemos ver a éste cerrando intencionadamente las dobles puertas del comedor que dejan entrever una mesa preparada con velas en su intento frustrado de seducción.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Tras conocer a Senta, se nos muestra a Philippe acariciando el rostro de Flora en diferentes ocasiones en la intimidad de su habitación, como trasunto de su devoción hacia ella; en el fondo, enamoramiento hacia su madre. Philippe, ante la ausencia de noticias de Senta, decide acudir a su casa, donde se tropieza con un vagabundo que habita en el jardín del caserón de aquella, introducción aquí de un nuevo personaje que cobrará importancia crucial en un momento posterior del film.

Philippe se queda dormido en su coche esperando a Senta, momento en que ella reaparece ataviada con una peluca del estilo a las usadas en los cabarets alemanes de los años veinte.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Senta se nos muestra así como un personaje enigmático, escurridizo, imprevisible, mutable, cualidades todas ellas que trastornan e hipnotizan por igual a Philippe. “Empezaba a parecerme una eternidad”, le confiesa él absolutamente embriagado de pasión tras besarla. “Llévame a la orilla del mar”, le pide ella con una nueva orden, actitud imperativa de Senta a la que Philippe no puede oponer resistencia alguna. Una vez en la playa, Senta le cuenta detalles de su vida a Philippe, ante los que él parece mostrar una cierta actitud escéptica y condescendiente, pareciendo extraídos directamente de una novela, una “biografía novelesca” cuya dudosa veracidad Philippe prefiere no poner de manifiesto en ese momento ante ella.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

De vuelta al sótano de Senta, Philippe le habla de su madre y de su acabada relación con Courtois. Senta le escucha atentamente, y finalmente le pide (le ordena) que “duerma en sus brazos”.

Senta adopta los rasgos iconográficos así de una Armida moderna, la maga sarracena protagonista de uno de los episodios de la “Jerusalén libertada” de Torcuato Tasso, quien retiene a Rinaldo en su jardín bajo su hechizo, alejándole de la tarea del héroe (Philippe ha comenzado a desatender su trabajo progresivamente al tiempo que se aleja de su familia y de su papel como “cabeza de familia”).

Rinaldo y Armida (Francesco Hayez)

“Rinaldo y Armida” (Francesco Hayez)

Al despertarse, Philippe hace una observación dejando entrever sus dudas acerca de las “historias” contadas por Senta. Ella le acusa de no amarla, de ser una amiga más para él. Philippe trata de calmarla, diciéndola que la quiere. Senta le responde que “decir eso es algo muy serio” y decide comprobar la veracidad de su afirmación a través de una proposición, una prueba de amor verdadero, una “prueba recíproca” en clave siniestra:

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Hay quien dice que, para vivir plenamente, hay que hacer cuatro cosas”. Senta las recita a continuación: plantar un árbol, escribir un poema, acostarse con alguien del mismo sexo y matar a alguien.

Philippe se echa a reír tomando en broma su descabellada propuesta y la escena acaba desembocando en una pelea entre ambos en la que Senta echa finalmente de su casa a Philippe.

Éste, no obstante, no puede olvidar a Senta, y, tras reconciliarse nuevamente con ella, decide seguirle el juego en sus historias imaginadas haciéndose pasar simuladamente por el verdugo de un mendigo que realmente ha aparecido muerto en los muelles de la ciudad, mostrándole la noticia del asesinato en el periódico durante el transcurso de una íntima velada en el sótano de Senta, en una escena que se abre con una bella panorámica que recoge una ambientación escenográfica heredera directa del estilo recargado del cine de Visconti en su “versión decimonónica o finisecular” (Chabrol recordaba en su libro “Cómo se hace una película” la afirmación del propio Visconti relativa a que “los actores eran mejores si llevaban la ropa interior de seda”).

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Este modo de actuar de Philippe deviene en una incógnita para el espectador en el sentido de que no es posible desentrañar si simplemente toma a Senta por una inofensiva fabuladora ante la que decide interpretar el papel solicitado por ella, o si, inducido por el temor a perderla, opta por hacerse pasar por un puntual sicario en el deseo interno de que ella, creyendo satisfecha su fantasía de demostración de pasión, dará por finiquitada dicha cuestión. En este último supuesto, incluso cabría preguntarse más allá aún si Philippe no experimentará cierto grado de goce secreto e inconfesable ante el hecho de presentarse ante Senta como alguien que “en realidad no es”, encarnación momentánea del sujeto amoroso-pasional imaginado por Senta, valeroso hasta el punto de poder llegar a matar en esa demostración siniestra.

Senta, erróneamente, cree que el mendigo que supuestamente ha asesinado Philippe es el mismo que vivía en su jardín, mostrándose exultante ante semejante hazaña llevada a cabo como un acto de puro amor hacia ella, la contribución a la desaparición de la faz de la Tierra de un ser que consideraba despreciable y que representaba para ella “toda la suciedad de este mundo”. Supone este un momento de inflexión en la relación entre ambos personajes, el punto en el que la comedia llevada a cabo por Philippe se troca en una tragedia al más puro estilo griego. Senta sentencia entonces: “Yo haré lo mismo por ti”.

A la mañana siguiente, una Senta radiante despierta a Philippe, y le relata impaciente a continuación lo que ha hecho esa noche mientras él dormía: se había dirigido hasta la zona donde residía Courtois y le había asesinado con una daga de cristal de Murano, aprovechando que éste había salido a correr temprano en compañía de su perro. Philippe, incrédulo, recuerda entonces el comentario de su madre al inicio del film, relativo a la aversión de Courtois por los perros, y sonríe finalmente tranquilo ante Senta tomando su relato como una fábula más de la imaginación de ésta, producto de su probable alma romántica.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

No obstante, ese mismo día Philippe, durante el almuerzo con su jefe, comienza a sentir dudas acerca de la historia de Senta, por lo que decide acudir a la casa de Courtois para confirmarse a sí mismo la falsedad del relato. En ese instante llega Courtois en su coche, aparición que transforma el semblante de Philippe en alegría al comprobar que aquél sigue vivo, desembocando la escena en un plano donde se ve a Philippe corriendo feliz hacia su coche.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Philippe regresa a su casa, donde mantiene una breve conversación con su madre sobre su encuentro con Courtois, y se dirige a continuación al caserón de Senta, donde le regala el busto de Flora con el que su madre al inicio había obsequiado a Courtois, abandonado por éste posteriormente. Philippe le pide a Senta matrimonio, proposición que ésta acepta.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Esta escena da paso a otra en la que Philippe objeta que no pueden vivir en un sótano una vez hayan contraído matrimonio, objeción que Senta trata de salvar sugiriendo la posibilidad de trasladarse al segundo piso del caserón. Senta se acerca a coger las llaves que abren dicha estancia y en ese momento suenan como acompañamiento los acordes violentos de unos violines, que son a su vez el inicio de un tango que escuchan la madrastra de Senta y su pareja de baile mientras practican. Al llegar al segundo piso, Philippe observa en voz alta el mal olor que impregna las habitaciones. “Debe haber una rata muerta”, señala mientras se lleva la mano hacia la nariz.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

En ese instante, Philippe recibe una llamada de su madre donde le anuncia que su hermana ha sido detenida por intento de robo y le pide que se reúna con ella en la comisaría. Philippe acude a la misma y una vez allí es requerido por el capitán para hablar con él en privado. En su camino hasta el despacho del capitán, Philippe y el detective que le acompaña atraviesan una serie de estancias en la comisaría, en una coreografía magistral de puertas que se abren y se cierran hasta llegar a la última.

Para sorpresa de Philippe, el capitán le pregunta por su visita a Courtois ese mismo día. Philippe no entiende la relevancia de ese hecho para él carente de trascendencia y desea conocer el origen de la pregunta, la genealogía de la misma, los antecedentes que preceden e informan a ese interrogatorio. El capitán le revela entonces un terrible suceso que ha tenido lugar esa madrugada: un primo de Courtois que se alojaba en casa de éste había sido encontrado apuñalado con una lámina de cristal incrustada en el vientre, habiendo permanecido la empuñadura en las manos del asesino.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Philippe, asustado, abandona la comisaría seguido por un policía encubierto y se dirige a un jardín próximo desde donde llama a Senta. Le anuncia entonces que deben separarse durante un tiempo, alegando que su hermana y su madre le necesitan ahora junto a ellas. Senta le responde que “ella también le necesita”. Philippe trata de cortar la llamada mientas Senta le dice que “le espera” repetidamente. En ese mismo momento hace reaparición nuevamente el mendigo supuestamente asesinado por Philippe, en una escena en la que ambos se reconocen y que Chabrol cierra con un leve toque cómico en relación al policía que sigue a Philippe, siendo como era un director que gustaba de introducir en sus películas detalles de corte costumbrista que sirvieran de contrapunto a la tensión dramática de la narración (así, por ejemplo, el jefe de Philippe, personaje que representa la realidad más cotidiana).

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Philippe se dirige hacia el caserón de Senta y desciende hasta el sótano en su busca. No la encuentra allí y comienza a ascender la escalera hacia el piso segundo, un ascenso que puede ser símbolo de la transición hacia una nueva etapa o hacia la verdad, piso superior donde la descubre sentada en una mecedora (en signo de impaciencia y tensión) mientras aguarda el regreso de Philippe.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Sabía que vendrías”, le dice ella al verle aparecer tras la puerta. Philippe y Senta se funden en un abrazo y ella le hace una nueva confesión: “Tengo que decirte algo. He amado a otro antes que a ti”. Senta le dice que ahora que él está ahí ya no tendrá que volver a matar. Se dirige a un armario y deja ver el cadáver de una mujer en descomposición a la que ha vestido con el traje de dama de honor, a modo de túnica de Neso que se adhiere al cuerpo emponzoñada por los celos de Senta. Es el cadáver de la chica desaparecida al comienzo de la película, y con cuya madre, como en una visión de corte epifánico, el propio Philippe llega a cruzarse a mitad del film mientras compra vino en un colmado para la cena con Senta. Ésta le explica que había matado a la joven porque el hombre que ella deseaba para sí “solo tenía ojos” para esta otra.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Philippe, horrorizado, le pide que huya diciéndole que la ha denunciado a la policía. Mientras, Senta, dando muestras de no ser consciente de la gravedad de la situación a la que se enfrenta, se detiene en un momento dado con aire soñador en un tramo de la escalera que ambos descienden apresuradamente y le dice que “él es toda su vida”, en síntoma de su abstracción total, huida perpetua de la realidad incómoda que la circunda.

Philippe y Senta descienden nuevamente hasta el sótano, donde ambos se recuestan en la cama, juntos sus cuerpos, mientras ella le suplica que “no la abandone”.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Philippe le responde que “no la abandonará jamás”, al mismo tiempo que la policía toca el timbre de la puerta de la siniestra morada de Senta. Philippe mira fijamente el rostro de Senta, semblante sereno semejante al del busto de piedra de Flora, imagen finalmente del rostro de su madre, en una vuelta al mundo matricial.

"La dama de honor" (Claude Chabrol, 2004)

Asistimos así pues con esta escena al final de la película. Podría concluirse que si la Senta de la obra de Wagner era un personaje que decide morir por amor (amor redentor, tema recurrente en la obra wagneriana), en la Senta de Chabrol ese principio de muerte que la guía adquiere un significado opuesto, el de un amor vengativo, a través del cual la protagonista de su historia canaliza toda su psicopatía oculta. O quizás Chabrol (y antes, Ruth Rendell, la autora del libro en la que se basa el film) simplemente nos muestran la bestia interior que se halla en el interior del Hombre desde el principio de los Tiempos y que solo el avance de la civilización y la represión por efecto del temor a la sanción legal han conseguido refrenar. Platón en boca de Glaucón ya advertía que el miedo es el que guarda la viña de la bondad.

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