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Escena de “La gran belleza”: Objetos de una pérdida recíproca

23/12/2016 -
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Alfredo, viudo de Elisa, le pide a Jep que “no le deje solo” a la hora de atravesar el trance de perder a su esposa. Cuando Jep se sienta en casa de Alfredo, por cierto una casa humilde, hay un objeto que magnetiza por completo su mirada:

Elisa de Santis en "La Gran Belleza" de Sorrentino

¿Una foto de Elisa? Sin duda, sería también una elocuente forma de convocar al “objeto perdido”. Sin embargo, es algo más que una fotografía de Elisa. Es una foto de Elisa tomada justo en el instante en que ella miraba a Jep en la costa, absoluta y profundamente enamorada de él. Por ahora no lo sabemos, pero un poco después, la película nos mostrará en flash-back el recuerdo de aquel día en que Elisa le miraba deshecha en su propio amor:

"La Gran Belleza" de Paolo Sorrentino

Como ven, la fotografía que Jep ve fue tomada ese mismo día en que ella le amó profundamente, mirándole desde la costa.

¿Ven al fondo el faro? Si se fijan, notarán el esfuerzo de Sorrentino por forzar la composición del plano para mantenerlo en la esquina superior derecha, respondiendo al empeño semiótico de mantener el signo del faro dentro de la imagen. ¿Por qué podría querer Sorrentino mantener el símbolo del faro asociado a la imagen de Elisa de Santis? Retengan la imagen, luego volveremos.

Volvamos a la fotografía que Jep está mirando, la de la fotografía de Elisa en la costa:

No solo es la imagen de su “objeto perdido”, sino que también tiene valor en tanto que fue la imagen que eligió Elisa para conservar sobre su cómoda, y por cierto, lo suficientemente importante como para ponerla justo al lado y por delante de la foto de su propia boda. ¿Qué podía tener esa imagen de sí misma que fuera tan importante para ella? Pero ahora ya lo sabemos, pues fue la imagen que le tomaron en ese día, y por tanto, por más que fuera ella la modelo central que en todo captaba las miradas, incluida la de la cámara, todo en esa figura evocaba y hacía presente en el recuerdo de ella, y nada más que en el de de ella, la figura de su “objeto perdido”, que no fue otro que Jep Gambardella. Y, de hecho, Alfredo así se lo confesará:

Alfredo: Elisa siempre amó a un solo hombre. A ti.
Jep: ¿Pero cómo puedes decir eso? Yo no volví a ver a Elisa. Vosotros tuvisteis una vida juntos. ¿Cómo puedes decirlo?
Alfredo: Encontré un diario suyo con un candado. Rompí el candado.

Alfredo le confiesa que leyó el diario de Elisa en el que ella, entendemos, había escrito que siempre amó a Jep. La foto de sí misma junto a la de su boda, o mejor, la foto de ella enamorada de Jep junto a la de su boda, articula el deseo escondido de un lazo con el hombre al que verdaderamente amaba, y un lazo que ella necesitaba evocar cada día de su vida… pero en clave, para no ofender a su marido, un “buen compañero”. Para ella, Jep fue su “objeto perdido”. Y, por tanto, la foto evoca dos “objetos perdidos” que se miraron en silencio durante décadas.

Jep vuelve a casa y revive aquel día de costa en que ella, Elisa, le miró y le sonrió al salvarse del paso de la lancha motora. Y díganme, ¿no podría ser ésta muy bien la mirada interior de alguien que rebusca tratando de encontrar algo de sí mismo que se perdió para siempre? Nos ajustamos, exactamente, a la noción freudiana. Recordemos que ese objeto perdido no se tuvo, sino que lo fuimos.

Toni Servillo en "La Gran Belleza" de Sorrentino

Un rostro quemado en BLANCO, huella inequívoca de UNA SOLA MUJER.

Una por la que Jep reinicia la búsqueda que, en el fondo, es cada escritura, y decide escribir de nuevo. Así se lo cuenta a su amigo, iluminado parcialmente por un oportuno rayo blanco de luz del día, aunque negando que haya pasado nada. En realidad, ha pasado… Elisa de Santis:

Toni Servillo en "La gran belleza"

Jep: Tal vez vuelva a escribir.
Romano: ¡Pero ésa es una gran noticia, Jep! ¿Ha pasado algo?
Jep: No. No. ¿Por qué?
Romano: Porque si después de tantos años sientes la necesidad de escribir… es que algo ha pasado.
Jep: En Roma siempre pasa algo, no ha pasado nada.

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