Escena de “La gran belleza”: Un punto efímero de contacto

Jep y una bella mujer llamada Orietta caminan por la noche de Roma, atravesando la Plaza Navona. Ella, fascinada por Jep y su talento como escritor, recita para él unos versos de “El aparato humano”, el libro con el que Jep alcanzó la fama y algún galardón en su pasado. Jep confiesa sentirse ensalzado. Ambos se miran al caminar, iluminados por una luz cálida que parece provenir de la iluminación pública. Retengamos, por ahora, el detalle de la luz cálida. Entonces, Orietta sorprende a Jep:

Jep Gambardella y Orietta - La Gran Belleza

Orietta: Cuando lo escribiste debiste ser un hombre muy enamorado.

Con esta frase, Orietta desmonta la estrategia seductora de Jep. Su fachada brillante de seductor de palabras se rompe al sentirse atravesado por una referencia directa a una mujer de su pasado de la que ella no conoce nada, pero a la que envidia precisamente por saberla localizada en el centro del amor de Jep. Orietta transparenta que ella jamás ha sido puesta en ese centro de la mirada (y luego nos explicarán el porqué), y por eso es que ese lugar central donde ella ha deseado estar es especialmente doloroso. De alguna forma, ¿no será ésa la razón por la que a ella le conmocionaron esos versos? Orietta está insinuando su falta, pero con su frase se cobra una víctima más: a Jep, que tocado en ESE lugar de su corazón, el lugar de Elisa de Santis, queda sin palabras. Sorrentino juega ese “alcance” en forma de 3 o 4 segundos de silencio por parte de Jep, que se ve obligado a mirarse dentro y hace lo que puede para reprimir ese acceso interior y recomponer su fachada.

Aún así, sus ojos caen, como mirando dentro, mirando en su yo anterior, o mirando su cicatriz en el yo. No existen palabras para describir a la mujer amada, y de ahí el silencio, ni para explicar la huella que dejó al perderse.  Detalle interpretativo de Servillo que nos lo hace sentir, primero en forma de “touche!”, y luego en forma de honda resignación:

Toni Servillo (Jep) en La Gran Belleza

Elisa de Santis ha sido aludida. Ha sido puesta en juego, aunque Orietta no conozca su nombre. Ella solo sabe de su propia cicatriz, con la que aprendió hace tiempo a identificar el lugar en el que ella… simplemente, no ha sido puesta. Orietta quizás no sea consciente, pero ella ha señalado a una mujer crucial, y lo ha hecho por el despecho, o por celos. Jep paga por las ausencias de otros, que Orietta lleva en su pasado. No obstante, no dice nada, primero por mantener su fachada seductora; segundo, porque se sabe culpable, culpable respecto de Elisa, pero no respecto de Orietta.
Ésa es la desdicha de Orietta, de la que ella misma es bien consciente.

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