Cine

lafidelidad-zulawski

“La fidelidad” de Zulawski: las fieles hienas

17/11/2013 -
0 Comments
Trepan alto
por la escalera del instinto,
las fieles hienas
muerden con ahínco
cada parte del deseo.

*

Clélia y Nemo, Nemo y Clélia. Una fidelidad peculiar, una moneda más allá de una cara y una cruz. Una moneda no para lanzarla al aire y jugar al azar, sino para romper esquemas. Cuantos más sólidos, mejor. Cuantos más resistentes, mucho mejor. En el año 2000 el cineasta Andrzej Zulawski nos presentó La fidélité (la fidelidad). Un experimento extraño, ¿confuso?, es posible, ¿necesario y arriesgado?, desde luego. Película basada en la novela La princesse de Clèves (la princesa de Cleves) publicada en 1678. Aunque parece ser que la autoría en un principio fue un misterio, todo parece apuntar a Madame de la Fayette como la autora de la historia. Para muchos, una novela volcada en la descripción psicológica y emocional de sus protagonistas; lo que cuenta son los sentimientos de éstos y los actos como su resultado en el transcurso de los hechos. Algo que la fidelidad se empeña por mostrarnos.

Sin embargo la película tiene lugar en un contexto actual. Nos narra la relación entre dos fotoperiodistas del mundo del cotilleo y sensacionalismo pero con orígenes diferentes y talentos desbordantes. Clélia más refinada, educada y comedida con aires de ser la nueva estrella de la fotografía contemporánea en Francia. Una mujer creadora de tendencias, con algunos subidos ataques en momentos donde parece haber alcanzado cierta serenidad, pero que le duran muy poco. Clélia, la joven atractiva, triunfadora, diferente al resto cuyas fotos parecen mostrarnos una energía interior que por momentos le cuesta sacar – expresar fuera del encuadre de una cámara – y que le plantea algunas dudas. Su vida le lanza interrogantes cuyas respuestas solo toca, ligeramente, con la toma fotográfica. Parece que siempre anda en busca de algo. En cambio en la otra orilla hallamos a Nemo. Posiblemente la hiena más despiadada y decidida en perseguir su objetivo ya que conserva el instinto cruel de la vida. Es el opuesto a Clélia. El mayor follador de una profesión donde los colegas son putas al servicio del espectáculo de la decadencia. Donde se ganan fortunas con lo sucio y donde la basura de cada uno, rico o no – según el interés mediático – pasa a convertirse en un bote de oro para enriquecerse. Empezando por un público fiel y testigo a este tipo de informaciones sobre la intimidad ajena. Y acabando por sus propios protagonistas, unas hienas que no dudan en atacarse entre ellas y aprovechar la mínima ocasión para meter un bocado a la vida íntima del compañero. Nemo es un cazador, puro, intuitivo, capaz de sacar a través de sus fotografías la belleza de un mundo que le rodea y que odia con toda su voluntad pero como él sabe, es su mundo y es el mundo por el que merece la pena darlo todo. Un jugador de la vida dispuesto a jugarse todo en cada partida. Tiene la mirada de un lince y el instinto depredador de quien no le importa lo que hay delante de él. La supervivencia, la suya, es lo que cuenta.

Estas hienas, de vida atractiva pero desamparada – típico para muchos cuando se trata de la vida de un fotógrafo –, son dos solitarias criaturas opuestas  que se comportan como imanes inseparables. Dos obsesivos de la cámara como compañera cuya implicación va más allá de lo profesional. Su amor va creciendo al mismo tiempo que su odio al mundo que les ha tocado vivir.

La fidelidad, más allá de ser un título conciso y obvio, plantea diferentes perspectivas en lo que entendemos como tal, si aceptamos que por momentos la película cojea sin saber si será capaz de seguir en pie. Tal vez Zulawski haya querido dar un giro a través de su película a ese concepto entendido por todos y practicado mayoritariamente, aunque en ocasiones caemos en la tentación pues siempre hay – es mi suponer – una fidelidad más honda y unida a nuestra persona, con un mayor arraigo a salvaguardarla, por encima de cualquier fidelidad a un tercero. Una fidelidad proyectada hacia el otro pero que acaba chocando con la nuestra propia a modo de recordatorio; todo empieza, si hablamos de fidelidad, en nosotros mismos. Me da la sensación que es el caso de Clélia. Una mujer de la que sabemos desde el comienzo que fue concebida por una infidelidad lo que – previo consejo de su adúltera madre – le supone buscar un suelo confortable y ser arropada por la fidelidad incondicional de otra persona. A pesar de ello, y de cada paso que va dando hasta el punto de prepararse para el compromiso – después de haber sido cómplice en la ruptura de otro –, el espíritu de esta fotógrafa no parece haber encontrado la estancia idónea. Su actual marido, y ella misma, son fruto de las persecuciones de aquellos que la pagan y de aquellos que la desean. Y es que el amor entre hienas resulta altamente nocivo.

Como sabemos todo compromiso parte de buenos sentimientos y las intenciones siempre son nobles. La creencia es en la durabilidad pero los hechos en ocasiones se desmarcan de esa creencia. Clélia antes o después sabrá que la realidad a la que pertenece posee una mayor fuerza y que no tendrá más remedio que luchar. Todo parece indicar que la felicidad no es buen negocio y que cualquier jugada con tal de desequilibrar el compromiso es lo prioritario.  

Ella también da pie a ello y como fotógrafa recolectora de su entorno en busca de respuestas, contribuye con su suplemento de diario íntimo a ser parte y presa de un juego donde los de su alrededor es poco probable que salgan ganando. Su prematuro matrimonio se acabará yendo a la mierda y su madre se irá para siempre por la incursión de un Nemo que como buen sabedor de la miseria, no tiene escrúpulos a la hora de mostrar una realidad friccionada a la madre de ella. Nemo entiende de miseria porque la ha respirado y la respira, porque la sigue y la consigue; y porque sabe que solo en ella es donde es capaz de florecer los auténticos rostros de la gente. Es por eso que las palabras de Clélia acerca de las fotografías, siendo para ella cosas sin importancia, inmóviles y sin vida, acaben por demostrarle lo contrario y que una imagen de una realidad inventada, manipulada o perseguida, por muy poca importancia que le de, puede ser el comienzo de un cambio donde la inmovilidad fotográfica que ella manifiesta acabe por empujar a su protagonista a una movilidad de emociones donde sortear obstáculos. Es seguir estando en el camino.

En las fotografías reveladoras es poco probable que el resultado sea esto o aquello sino más bien el indicador de un cambio. Posiblemente la misión de la fotografía sea la de acercarnos más a un estadio nuevo, a un espacio y emoción relevantes y excitantes, al mismo tiempo que marca una distancia con el lugar que ocupábamos antes. La revelación que se nos aparece, como un susto o un suspiro, siendo indiferente su procedencia, poco a poco nos alimenta como en el caso de Clélia. La fotografía no solo como testimonio de una realidad sino como espejo de la nuestra; una lección visual para saber donde nos encontramos.

La aparición de Nemo es la aparición de un seductor abierto a los avatares de la existencia donde la rebeldía posa en él con un aroma único. Su desnudez queda patente en cada acto. El encuentro entre ambos protagonistas, entre ambas hienas, supone una atracción que empieza por la contemplación de Clélia sobre los reportajes audaces y directos de un guerrero de la calle. Las fotografías de burdeles a todo color con los cuerpos desnudos y los rostros desamparados, chocan con las fotos desenfocadas y ambiguas de una Clélia que contempla fascinada la determinación de su compañero de emociones. Un compañero, siendo su opuesto, fascinado a su vez por el caos interno de ella y por un rostro que denota tristeza. Una mutua atracción por la que él intentará acercarse ella, y ella, creyente en el honor como valor para con su marido, intentará resistirse. Aun así, la duda a raíz del encuentro está servida. Nada mejor que un encuentro con aquél capaz de tirar por la borda nuestros principios para preguntarnos, como en el caso de Clélia, si nuestras decisiones son más fruto de un arrastre familiar o porque creemos firmemente en ellas. Nemo se irá convirtiendo en algo más que un compañero; será el agitador de los valores de Clélia, asombrada por el trabajo de éste hasta el punto de reconocer en la redacción que sus fotografías sí merecen un suplemento y no las suyas.

Normalmente la duda no suele ser la mejor aliada – según nos advierten – aunque no es menos cierto que es partir de ella cuando emprendemos un camino tomado por nosotros. Más bien, en el caso de la joven Clélia, la duda pasa sus propias fronteras y eso le hace estar en un estado de incertidumbre idóneo en cuanto a ser receptiva y en cuanto a ver las cosas – siendo una fotógrafa – desde otro punto de vista. La recolectora de soledades en las ciudades y de estética fashion creando admiradores, pasa a cambiar de formato cuando las cosas en su vida parece que se le complican. Una llamada al estudio interior de sí misma sin llegar a salir de casa para comenzar a realizar algunos bodegones y sus primeros retratos de gente sentada y con una iluminación preparada. Las hienas revoloteaban constantemente alrededor de su trágico matrimonio acechando para aprovechar a la mínima oportunidad. Y ella, en el dolor, decidió plantar cara y coger la cámara para encomendarse en un fuego cruzado fotográfico.

Es gracias al seguimiento de Nemo, como Clélia da un paso al frente. La vida de lucha – como la de un perro callejero – le atrae cada vez más, dispuesta a dejarse llevar y a por fin dar rienda suelta a sus impulsos. Entre ambos, el atractivo se traduce a una transferencia de energías, mirada y seducción. Ella busca en el trabajo de él inspiración a la vez que un empuje para seguir adelante. Por mucho que quiera evitarlo, sabe que su lugar está donde se sienta plena.

Al inicio de la historia, Zulawski nos seduce con la joven fotógrafa y su obra transgresora momentos antes de adentrarse en el mundo hostil de la persecución mediática para dos horas y media después acabar con un Nemo resucitado y presentado ya no solo como un paparazzi sino como alguien capaz de mostrar sensibilidad y un fuerte lazo con su amiga. Tanto él o como ella, después de la larga travesía por los derroteros de la información amarilla, y por el pozo personal de cada uno, se dedican sus trabajos como señal de amor que si bien no fue consumado carnalmente, sí fue enérgico y transferible a sus miradas para acabar siendo, más allá de sus diferencias, una mirada compartida en la que en él se puede ver a Clélia, y en ella se puede ver a Nemo. Una mirada de largo recorrido – y algunas concesiones – en la que cada uno contribuyó a su construcción.

——-

www.marcosisabel.com

Publicación posterior Publicación anterior

Tu dirección de email no será publicada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR