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“Los amantes” de Louis Malle, la noche de amor para la que se creó el cine

02/07/2013 -
2 comentarios
En 1958, Louis Malle rodó “Los Amantes”, y con su escapada nocturna, Jeanne Mourreau y Jean-Marc Bory vivieron la noche de amor a la que todas quieren parecerse, la noche para la que se creó el cine.

"Los amantes" de Louis Malle

Te has inventado un país. Para que me pierda

Se lo dice Jeanne Moureau a su amante en medio de la noche, y en el transcurso de apenas unos minutos y por el efecto contundente de una mirada, su corazón se llena de nuevo de todo el amor del mundo. Una mirada vigorosa, partida del corazón y con el deseo en los ojos, que lleva a una mujer a perderse en la noche del amor que desearán juntos para  despertar “en otra mañana”. La noche derriba el realismo exhausto y aburrido con el que Louis Malle nos cuenta la vida de Jeanne durante las dos primeras terceras partes de la película, y nos seduce después con un país inventado por su amante, en un claro de luna, para tomarla y llevarla lejos: de su marido, de su matrimonio, de su amante formal, de su casita en el campo y del glamour de París, de todo y de todos, incluso de su hija Catherine. Malle nos cuenta la desesperada, romántica y aún así autodestructiva urgencia de Jeanne por abandonar su vida entera para perseguir durante el día el amor de una noche. Malle nos dice: “Y se fueron en un largo viaje en el que conocieron la incertidumbre”.

Años después, Truffaut y su mirada adulta capaz de radiografiar los sentimientos de la mujer dibujó uno de los mapas más realistas que se pueden trazar sobre la infidelidad: “La piel suave” (1964). Sin embargo, la mirada era desde una óptica masculina y allí la urgencia desesperada por la felicidad es compensada a la larga con un desenlace inesperado. Malle, sin embargo, irrealiza una mujer hasta hacer de ella el símbolo de las segundas oportunidades a fondo perdido, y lanza por su mente el arrojo de un destino incierto que sabe a felicidad pura y que nos hace a todos volver a creer en el amor, a pesar de todo.

Suena el violín trágico y romántico a la vez de Brahms, mientras los amantes vagan en su claro nocturno embriagados y sumidos en la intensidad de una noche que lo cambiará todo. Se dicen las cosas sin decírselas y traman su huída sin mediar palabra, sólo con unos intensos: “Sí, lo sé”. En la cama de Jeanne, el gesto triste y cansado de Moureau exhibe radiante las mejores sonrisas de la francesa, jamas demasiado prolija en ellas, y las manos de él rodean su espalda desnuda como no la habíamos imaginado: Nada nos hacía pensar que llegáramos a ver la mano de Jeanne exigiendo con prisa ser cogida sobre las sábanas, ni su pecho desnudo llenarse de éxtasis perdida en la sensación y la intuición de un largo viaje sin retorno. Vemos su cuello y sus brazos abrirse en señal de entrega mientras nuestro cuerpo de espectadores desaparecidos se agarrota temiendo que la broma del sueño espante la nueva realidad y que esta necesaria fantasía no pueda ser de verdad.

Los Amantes de Louis Malle

 

Pero no, Malle nos lo provee tal cual y deja que suceda hasta el final. Jeanne lo deja todo atrás, baja la escalera junto a su nuevo amante, deja boquiabierta a su superficial y egoísta amiga, solivianta para nada a su amante oficial y aún mejor: renuncia a la compañía tétrica del que ya sólo por costumbre era su marido. A su amiga le dice: “No intentes entenderlo”.

Hay quién dice que  “este es un homenaje a la infidelidad”. Yo creo que es un homenaje al amor, y a la vida; a la auténtica felicidad y a la energía por buscarla. Jeanne Mourreau y Jean-Marc Bory demuestran lo que el cine llegó a ser, viviendo la NOCHE para la que se creó el cine.

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  • Ri… sin palabras y ya sabes que para mi eso es difícil…
    No he visto la película y me has dejado la piel de gallina. Ya tengo una nueva película que ver. Gracias :)

  • Qué decir de uno de mis directores favoritos! que aún no me quito de la cabeza esa relación materno-filial de “Le souffle au coeur”? que casi sufro un ataque epiléptico intentando seguirle el ritmo a “Zazie dans le métro”? O que aún me angustia ese final acongojante de “Au-revoir les enfants?”

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