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“Los que matan” y sus enormes deudas (narrativas)

10/07/2014 -
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Bajo semejante título, uno que prometía análisis atrevidos por los pasillos mentales de los peores asesinos, no se esconde más que un collage chapucero formado por fragmentos de otras series de éxito como “Hannibal” o “Milennium”.

 

Aunque la caza de los asesinos en serie cuente ya con un buen repertorio de “lugares comunes” y recursos habituales a los que sus guionistas recurren con demasiada frecuencia, lo cierto es que cada propuesta suele tener una traza personal, un valor intransferible o una marca propia que sirva para diferenciarla de las demás. Sin embargo, en el caso de “Los que matan”, pareciera que está compuesta de retales obtenidos por partes de otras series del mismo género, entre las que destaca especialmente “Hannibal” de Bryan Fuller. Permitidnos que recorramos los retales principales que confeccionan esta serie hilvanada a base de copiar y pegar fragmentos de otras series:

 

1) La empatía como metodología

 Pareciera que la inmensa mayoría de las series de TV que narran la investigación, persecución y captura de los temidos asesinos en serie, que son todo un subgénero narrativo en sí mismo, así como gran parte del cine sobre la misma temática, plantean la caza con fórmulas que se polarizan en torno a dos grandes modalidades estratégicas de investigación: Por un lado, las series cuyos personajes emplean la aplicación exhaustiva de la ciencia (de cuya modernidad se desprenden a menudo sus logros más espectaculares y la “reason why” de su propia existencia) entre las que destaca de forma cuasi-paradigmática la serie “CSI o también, por mencionar una más, “Lie to me”; la primera por lo que de espectacular tiene el cientifismo tecnológico empleado para la recabación de las pruebas, y la segunda por lo complejo de cuanto se puede inferir a partir de los microgestos faciales de la gente. Por otro lado, se encuentran las series de tv cuyos protagonistas realizan insólitos ejercicios empáticos que sitúan sus conciencias en el abismo en que se encuentran los asesinos a los que pretenden capturar, interiorizando sus motivaciones y comprendiendo el sentido de sus perversiones. Puede que la serie de TV “Hannibalsea uno de sus ejemplos más evidentes y mejor adaptados, junto a la pioneraMilennium” de Chris Carter y otros ejemplos menos enjutos como “Mentes criminales”. Estos dos polos, radicalizados por definición para marcar el arco de lo posible, obligan a cada serie de tv a retratarse en una u otra dirección, y en este momento, en este contexto “televisivo” (si es que el término tiene alguna aplicación sensata en pleno movimiento centrífugo hacia otros canales de distribución), “Hannibal” es con toda seguridad la serie que mejor encarna y que más lejos ha sabido llevar con acierto la técnica empática. Los que matan” esconde su deuda utilizando un diseño de producción muy diferente del empleado en “Hannibal” (que además se parece poco a cualquier otro, siendo una de las series más modernas en términos visuales) y unos personajes sin tanta intensidad psicológica, pero lo cierto es que las aspiraciones de la serie orientan sus investigaciones criminales hacia la técnica empática de “Hannibal” y compañía, apoyándose igualmente en un personaje en riesgo de locura que es quién realiza la parte más oscura del viaje interior.

"Los que matan"

Lamentablemente, en el caso de “Los que matan”, el don de Thomas, el sujeto que empatiza con los asesinos, se expresa en el relato de forma muy simple y con recursos de narrativa cinematográfica de lo más inmediatos y evidentes. Thomas aparece desesperado en su despacho, aparentemente llevado por una somera locura y por una enorme ansiedad, y para que la audiencia pueda seguir sus deducciones empáticas, Thomas recita en voz alta las palabras que pronunciaría el asesino en cuya mente parece estar entrando, con unos diálogos demasiado evidentes. Comparativamente, El Will de “Hannibal” cuenta con un determinado “segmento de continuidad” específico para indicar que comienza el período de empatía intensa, un sonido muy particular, e incluso hace uso de más recursos de narrativa cinematográfica como el plano subjetivo que permite al espectador ver exactamente lo que ve el sujeto, entendiendo mejor su comportamiento de forma espontánea y elocuente a partir de un código no verbal. Por decirlo así, “Hannibal” refleja el proceso empático empleando los recursos a disposición de la narrativa audiovisual, mientras que “Los que matan” simplemente recurre a una solución de naturaleza teatral mucho más limitada y con una técnica de lo más vista.

 

2) La imprudencia mental de una empatía exacerbada

 Si en el mundo de las series de TV que confían en el “fetiche de la prueba” las herramientas principales son la deducción y las técnicas de extracción de pruebas, en el caso de las series de carácter psicológico, la herramienta es la empatía. Sin embargo, si en el primer caso la espectacularidad se alcanzaba por lo exacerbado de lo puramente tecnológico, en el caso psicológico se alcanza por medio del carácter imprudente de la empatía practicada, que se convierte en el coste personal que conlleva siempre para el sujeto que empatiza. Es como si el ejercicio empático de captura de un asesino conllevara un viaje mental a un escenario (casi onírico) enormemente turbulento en donde la conducta parece responder a las más insanas y perversas coordenadas motivacionales, un inhóspito lugar de la mente en donde, aparentemente, la única forma de llegar a comprender el comportamiento del asesino es renunciar a toda lógica social o personal de la conducta e inscribir ésta en un marco de locura zarandeada por la perversión y la entrega a una debilidad pudenda e insoportable. Este viaje y sus renuncias exigen del sujeto que viaja una entrega de sociabilidad y capacidad de integración que se convierte en un grave problema para su vida cotidiana. Esta circunstancia es personificada en “Los que matan” por el personaje de Thomas, que a base de bucear en la locura de una mente depravada comienza a enrarecer su conducta hasta llevar a cabo simulacros y experimentos que asustan a sus familiares más directos. Además, la serie nos cuenta que Thomas ya vivió un episodio de “caída psicológica” en el pasado que se produjo por la obsesión de ese buceo empático, lo que nos proporciona la seguridad de que corre un riesgo real.

 Esta circunstancia parece una adaptación tópica de los riesgos que corren personajes como él presentes en otras muchas series, aunque, de nuevo, el ejemplo de “Hannibal” es especialmente elocuente dado que el personaje que empatiza, Will, realiza viajes aún más intensos que comienzan secuestrando su conciencia y que terminan secuestrándole a él mismo para vivir experiencias que después ni siquiera recuerda. Esto tiene un efecto en su sociabilidad, su capacidad para integrarse en la comunidad y su habilidad para comunicarse con el resto de personas. Will vive aislado en una cabaña (“en medio de la nada”, como él mismo dice), rodeado de perros con los que se relaciona mejor que con las personas, y trabaja de forma muy individual. Normalmente es llamado para emitir diagnósticos que no se integran fácilmente con las tesis de sus compañeros de grupo. Además, estos suelen tratarle con desconfianza y a menudo desaprueban sus técnicas. El resultado es que Will es un ermitaño marginado cuyo don asusta a muchos de sus compañeros y al que no se acepta como uno más del grupo. La referencia al bosque está en cierto modo compartida por ambas series, puesto que Will se adentra en una ocasión (2ª temporada) en el bosque frente a su casa guiado por su intuición y en busca de un asesino, mientras que en “Los que matan” es Thomas quién le explica a su compañera Catherine Jensen que si se adentra en el bosque de la mente de un asesino, “puedes perderte y no volver”, que son palabras muy representativas para comprender el argumento de “Hannibal”.

En “Milennium”, Frank también trabaja normalmente solo y muy rara vez se comunica con sus compañeros del grupo “Milennium” para el que trabaja. Su día a día es muy solitario y guarda confianza con muy escasos compañeros de la policía. Como vemos, Los que matan” tan sólo ha realizado una adaptación sencilla de este perfil de personaje que es ya casi una categoría en sí misma a base de ser empleado en numerosos relatos anteriores.

Los que matan

3) La empatía como efecto de una genética asesina

Thomas, el sujeto que realiza los viajes empáticos hacia la mente de los asesinos para comprender sus motivaciones y perturbaciones, no comparece como un aguerrido investigador que sabe prever las conductas por lo concienzudo de su método deductivo o porque las ha visto a menudo antes (como sucede en otras series como “Mentes criminales”, “The Fall” o “The Killing”), sino que alcanza su éxito empleando un cierto don para situarse en la locura de los asesinos y comprender/explicar sus actos. Este don del que hace gala aparece, por tanto, como una cualidad que se erige en punto de partida para sus capacidades de investigación, sugiriendo que dispone de una aptitud idónea para la tarea y que ésta precede a su elección de dedicarse al estudio de las mentes asesinas. Además, se sitúa al personaje en una franja de delincuencia potencial al poner de relieve que el acierto de su don se debe a que él mismo comparte, disfruta y padece una dosis relativa de la perversión de las mentes que investiga, o al menos su potencial, como si él mismo participara de dichas debilidades y pudiera llegar a recorrerlas en su interior con su propio deseo y su propio goce macabro. Para tratar de acreditar la autenticidad del riesgo que Thomas corre, la serie plantea que tiene un hermano (con el que comparte genes) que vivió la misma infancia que él, las mismas experiencias, etc., y que ya tuvo un episodio violento en el que perdió el control de sus actos y terminó arrebatando una vida. Su hermano aparece así como una versión de Thomas en la que el “potencial” violento ya se ha convertido en “acto” y que le sirve de espejo en el que mirarse constantemente, encomendado a la creencia de que él mismo podría seguir ese camino si cayera de nuevo en esa espiral empática hacia la mente de los asesinos. De hecho, la serie cuenta que ya tuvo una experiencia previa en la que estuvo a punto de perder el control y de la que se recuperó no sin dificultad.

El don de Thomas emparenta a “Los que matan” con esta (surtida ya) escuela de series de TV que atribuyen el éxito de su sujeto empático a una aptitud natural justificada porque él mismo alberga la oscuridad. Hay que recordar que Will Graham (“Hannibal”) también cuenta con dicho don, aunque su empatía es mucho más delirante puesto que en sus viajes hacia mentes perturbadas va comprometiendo un poco de su propia naturaleza corriendo el riesgo no de caer en un abismo ajeno (el de los asesinos) sino de construirse el suyo propio y convertirse en el perturbado que él sospecha que vive dentro de sí mismo y que se alimenta de los delirios ajenos con los que entra en contacto durante sus viajes. Desde este punto de vista, Los que matan” demuestra una potencialidad menor tanto en términos narrativos como en términos visuales; una versión ligeramente atemperada que reduce su atractivo y que mantiene el género en el que se inscribe la serie dentro de unas coordenadas convencionales aptas para más tipos de públicos. Para poner de manifiesto la prudencia de los guionistas de “Los que matan” cabe acordarse de que incluso la lejana ya “Milennium” de Carter era más oscura y arriesgada, a pesar de su temprana aparición allá en los 90. Proponía que su protagonista no alcanzaba las profundidades de la mente de los asesinos sólo a través de una empatía imprudente y de la materialización de un potencial delincuente, sino que lo hacía porque él mismo pertenecía a esa oscuridad, siendo un sujeto de luz y de horror al mismo tiempo y albergando dentro de sus propios riesgos el potencial no ya de llegar a ser, sino de dejar salir al asesino que siempre sospechó en sus entrañas: Una visión aún más perturbadora que aumenta la promesa de su don para entender la perversión y el horror. Desde este punto de vista, “Los que matan” ve rebajada enormemente su aspiración y, por tanto, su recorrido último.

 

4) Sus esposas como fuente del equilibrio

Otro de los elementos que “Los que matan” parece haber tomado prestado es el hecho de que las parejas emocionales de estos “sujetos empáticos” no realizan sólo una función de compañía o una función puramente emocional, sino que se postulan como firmes anclajes que mantienen a los sujetos unidos con el mundo de la luz (“Milennium”), con el mundo de la cordura (“Hannibal”), alejados de la franja perturbada de las mentes más enfermas. Son el umbral de una puerta de la que no conviene alejarse porque al realizarlo se pierde el modo de volver a la vida cotidiana y se transita ya sin barandilla por los pasillos de las mentes enfermas de los asesinos. En “Los que matan”, Thomas cuenta con su esposa que es metáfora de vida familiar, de estabilidad emocional, de pareja estable y de futura prole en cuanto que ésta queda pronto embarazada. Además, según se nos narra, su esposa ya fue la clave para hacerle recordar la cordura en un episodio pasado (anterior al comienzo de la serie) que puso de manifiesto el riesgo de la mente del propio Thomas. Su esposa trabaja como vigía de su estabilidad y como chivato acústico de excesos empáticos que informan al propio Thomas de estar en la senda más peligrosa de sus viajes y le recuerdan los comportamientos anteriores que ya le llevaron al desastre con anterioridad.

Desde este punto de vista, la coincidencia con “Milennium” es prácticamente total: De hecho, la esposa de Frank Black trabajaba como asistente social, una ocupación de servicio a los demás que a menudo es el punto de partida para la recuperación de una vida normal, integrada y feliz. Tiene la ocupación perfecta para ser la cuidadora de una mente oscura como la de Frank, y además es madre y metáfora de esa propuesta familiar que antes dibujábamos en “Los que matan”. De hecho, en ambas series, las esposas son pronto identificadas por los asesinos como personas de valor para los “sujetos empáticos” y se convierten en objetivo criminal, en un empeño por parte de los asesinos por desestabilizar a Thomas/Frank. “Hannibal”, mucho más original, no recurre al tópico de la mujer como fuente de estabilidad dado que el personaje principal ni siquiera tiene una pareja que pueda considerarse como tal, aunque sí es cierto que guarda una relación “especial” con la doctora Bloom, que también es psiquiatra, tiene cierta capacidad para entenderle y que, sin duda, se encuentra afectada emocionalmente por él. Cuando las cosas se complican para Will, Alana Bloom se convierte en su gran defensora. Por tanto, en los casos expuestos, el género femenino es integrado en la narración como una metáfora de luz, de belleza y de estabilidad familiar, erigiéndose como tópico fácil (propio del mundo artístico) aunque narrativamente muy eficaz, y sirviendo de contrapeso para tratar de equilibrar la vehemencia destructiva de la mente de los asesinos. De alguna forma, lo que se plantea es que la única forma de compensar la insólita atracción que las mentes empáticas sienten por las profundidades de la enfermedad, por la que sienten una tendencia inefable, es una fuerza antagónica que no recurra en absoluto a la razón sino que se inscriba en los términos más puramente emocionales; una energía irrefrenable próxima al amor que el sujeto no desee reprimir en absoluto.

En definitiva, una serie de tv que anhela desde el primer episodio una buena idea que la haga diferente pero que termina resultando anodina en casi todas sus facetas. Los únicos fragmentos de interés están ya presentes en otras muchas series similares a las que simplemente copia sin piedad, excepto sus títulos de crédito, de lo más espectaculares, aunque si lo pensamos bien, en realidad, tampoco tienen mucho que ver con lo que la serie intenta contarnos. Una propuesta con pretensiones de altos vuelos firmemente apoyada sobre los brillos de otras series que a veces pareciera que no hace más que reinterpretar pero con menor atrevimiento otros relatos anteriores con los que comparte algo más de lo que le gustaría.

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  • Pese a su tibia acogida y también críticas, supongo que la presencia de la señorita Chloë hará que valga la pena visionar algún episodio que otro. Un abrazo y gracias como siempre por las referencias!!

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