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Escenas para la historia: “Los Soprano” (3×13), “Core ‘ngrato”

14/07/2013 -
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La tercera temporada de “Los Soprano” contiene una escena mágica e inesperada en la que Junior canta una antigua canción de origen napolitano haciendo cundir el anhelo de un falso origen italiano.

Como final de temporada de una serie de TV, ya no nos vale cualquier cosa. Ahora esperamos de ellos acontecimientos insólitos, giros inesperados, grandes sorpresas y a veces, incluso, ¡hasta nuevos comienzos!. A menudo incluso llegamos a permitir que una serie deje de ser un poco ella misma para ser otra cosa, si con ello se da lugar a una escena fascinante de las que nos llena de satisfacción y de ganas de empezar a ver la siguiente temporada. “Los Soprano”, una de las series de TV mejor escritas de la historia, no es prolífica en artificios para captar la atención al más puro estilo de “Lost” (que demostró ser una de las series más eficaces creando expectación) pero de vez en cuando, coincidiendo con alguno de los finales de sus temporadas, se marca alguna “salida de tono” de lo más irresistible. Una de ellas, en el capítulo 3×13, el último de la tercera temporada, que ni siquiera vimos llegar: El final fascinante sucede en forma de canción.

Los Soprano - Core 'ngrato

Nos situamos en el restaurante de Artie, donde la familia Soprano, pero también su familia rival con Johnny Sack presente, se reúnen para velar la muerte de Jackie Aprile, el joven del que estuvo enamorada la mismísima Meadow Soprano, la hija de Tony. Las dos familias firman una suerte de tregua para compartir el dolor por la pérdida, intentando guardar las formas y mantener el decoro. En una esquina, Corrado Junior, el tío de Tony Soprano, comienza a cantar para sí mismo una canción en italiano llena de nostalgia. Cuando el resto de personajes le escuchan, le piden que cante para todos, y aunque al principio se niega, finalmente acepta la propuesta y se pone de pie para interpretar “Core ‘ngrato”. Hasta ese momento, nunca habíamos escuchado cantar a Junior, ni conocíamos de su relación con las canciones italianas. De hecho, como espectadores, al comenzar a cantar… ni siquiera sabemos qué esperar (salvo aquellos espectadores familiarizados con la trayectoria musical de Dominic Chianese). Cuando llegan las primeras notas de la guitarra y los primeros versos de Junior, nos damos cuenta de que ES LA ESCENA FINAL, y que ese canto en italiano tiene que ver con esa magia por la que terminamos viendo toda la serie, aunque en ese momento no la esperásemos en esa forma, en forma de canción.

Tony Soprano - Los Soprano

Y el tema elegido no es, en absoluto, casual. Core ‘ngrato fue compuesta en 1911 por Salvatore Cardillo, con letra de Riccardo Cordiferro, y está considerada la primera canción napolitana escrita en América, lo cuál es todo un símbolo tratándose de “Los Soprano”, una serie que narra la historia de una familia nacida en América aunque de origen italiano. En realidad, durante toda la serie, la familia Soprano, así como el resto de socios, amigos, enemigos, etc., de Tony Soprano tratan de reflejar sus orígenes italianos a través de sus costumbres, sus valores, sus formas de juzgar a las personas, su forma de hacer negocios, sus platos típicos, etc. Sienten una enorme fascinación por la cultura italiana a la que ellos están seguros de pertenecer, y de la que, sin embargo, tan solo son descendientes. En capítulos anteriores, vimos a Paulie Gualtieri robar una cafetera italiana para reivindicar el origen italiano del café, una deuda que, según él, América tiene con los italianos. Carmela Soprano cocina sin parar platos de pasta con toda clase de salsas. Y toda la familia come habitualmente en el Nuovo Vesubio, el restaurante de Artie, que siempre sirve platos italianos. Todos sienten la estela italiana de su existencia, aunque realmente no pertenezcan a ella. De hecho, en alguno de los episodios anteriores en los que Tony y sus socios viajan a Italia dejan demasiado al descubierto sus carencias italianas: Apenas entienden el idioma y terminan comportándose como meros turistas. Ya no saben si es que la Italia que imaginaron se perdió para siempre, o es que ellos terminaron adelantándola y exagerándola con el ejemplo injusto de las películas de “El Padrino.

Pero de una forma u otra, algo de la auténtica Italia sí parece, por fin, llegar a “Los Soprano” en esta mítica e histórica escena con la que termina la tercera temporada. Corrado Junior se levanta, espera la entrada de la guitarra y comienza a cantar la mencionada “Core ‘ngrato”, con las frases de un hombre enamorado que primero reprocha a su amada haber sido rechazado, a la que acusa de ser un “corazón ingrato” por no valorar su amor, y segundo, que recibe la recomendación de “dejarla marchar”.

Junior canta con nostalgia, como si usara la voz con la que un día cantara junto a su hermano Johnny, como si fuera la única manera restante en la familia de recuperar el espíritu y las costumbres verdaderas de sus ascendientes. Es como si Junior fuera el único acreditado para explicarles a todos algo de sus propios orígenes. Unos que ya están tan perdidos que alguno tiene problemas incluso para traducir “core ‘ngrato”, que ni siquiera sabe qué significa.

Cuando Junior comienza a cantar, todos le miran con un enorme respeto y con ternura: Es un superviviente, tanto en términos clínicos, pues acaba de superar un cáncer, como en términos culturales y familiares, pues es el único albacea restante en donde encontrar apenas un vestigio de aquella cultura italiana de la que todos creen formar parte. Y de alguna forma, la música italiana termina llevándoles a muchos de ellos al reencuentro no ya con sus orígenes, sino con sus anhelos íntimos más queridos, esa sensación de pertenencia cultural, que quizás les ayuda a definirse a sí mismos en un país de inmigrantes en donde sus costumbres no siempre son bienvenidas y en donde su forma de vida es perseguida por los federales. Escuchando cantar a Junior, todos creen demostrar ser lo que creen ser el resto del tiempo, aunque la mayoría de las veces no alcancen más que las recetas de Carmela o la carta del “Nuovo Vesubio. Y conmueven los rostros de las dos familias enemigas reunidas en torno a los versos de una canción compuesta entre dos mundos, que siendo una cosa quiere ser otra, como todos los presentes.

Impagable el rostro de Tony (James Gandolfini) mirando a Junior mientras canta la canción: Uno y otro se las gastan como no cabía esperar dado que son tío y sobrino, unidos por el padre de Tony ya fallecido. La audiencia sabe que esa relación entre ambos es tóxica, está viciada, y que han llegado a pensar en asesinarse. Sin embargo, es inevitable que veamos en el rostro de Tony un gesto de satisfacción silenciosa, de nostalgia, de reencuentro con su propio padre, con el mundo que él y su tío Junior crearon y “gobernaron” cuando aquél aún vivía. Tony se queda al margen de todo, sin intervenir en la canción, sin quitarle protagonismo a Junior. Es como si la canción le llevara muy dentro de sí mismo, hasta sus recuerdos de su padre en versión italiana, el que no fue pero al que sí “recuerda” con un poco de imaginación. El rostro de Artie también refleja esa nostalgia, quizás porque él es uno de los que más frecuentemente busca esos orígenes italianos a través de sus platos. De hecho, se los ofrece a los presentes, sus clientes más habituales, como una forma de consumir Italia, como los platos verdaderos de una tierra que la mayoría no ha pisado jamás. En otro episodio posterior descubriremos que Artie guarda un libro de recetas originales de platos italianos que… rara vez consulta, salvo en alguna ocasión muy especial. Puede que Junior y su canción le estuviera haciendo sentir ese recetario y todo lo que encerró; algo así como el viaje astral que el crítico gastronómico experimenta al final de “Ratatouille” (de Pixar) cuando prueba el plato de nuestra rata protagonista.

Tu nun’nce pienze a stu dulore mio,
tu nun’nce pienze, tu nun te ne cure.

[Tú nunca piensas en mi dolor,
nunca piensas en él, no te importa

Los Soprano - Johnny Sack

Lo canta Junior, también, mientras Tony toma a su hijo, que acaba de ser expulsado del colegio por mal comportamiento, y lo acerca a sí mismo como dedicándole tales palabras. Dichoso el montaje que busca en la historia de cada personaje la aplicación certera de las palabras de la canción. El más sentido de todos los rostros es el de Johnny Sack, uno de los jefes de la familia enemiga, cuyas lágrimas de emoción cobran en el contexto un valor de respeto al pasado mucho más enorme que el de cualquier otro presente. No son las lágrimas de respeto por los Soprano, sino por un pasado perdido lleno de almas queridas, y como si reconociera en Junior a un igual, un grande de otro tiempo, un representante de un código y un valor inefable que tan sólo se alcanza por las palabras de una nostálgica canción de origen napolitano que a todos remite a sus recuerdos. Johnny mira con una tristeza libre y sentida al más veterano de sus enemigos, quizás advirtiendo en él mucho de cuánto él quisiera para sí mismo, y de cuánto puede que fueran sus ancestros. Es difícil no conmoverse al sentir que su gesto enjuto y malhumorado habitual se quiebra ante su enemigo mostrando quizás su alma, quizás el de su familia.

En definitiva, un final de temporada insólito en donde una canción, elegida con el mayor tino posible, impone en apenas unos segundos un impresionante cambio de ritmo en donde apreciamos al mismo tiempo el respeto por el pasado de la familia, el anhelo por adueñarse de una identidad italiana a la que quizás nunca habían pertenecido y el respeto de la familia y de sus adversarios por un código ético al que todos saben que deben una pleitesía no siempre concedida. Y cuanto mayor es la responsabilidad de los miembros de la sala, mayor es el impacto que tiene para ellos. Junior consigue que todos comprendamos aunque sólo sea en una escena y por una vez la grandeza virtual de sus ancestros, y con la nostalgia de sus notas termina obsequiando a la locura del crimen con un esbozo de profundo sentido.

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