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Legado de y homenaje a “Mad Men”

06/04/2015 -
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Multitud de medios se empeñan estos días en escudriñar el significado que ha de tener el final de una de las series más importantes de la “golden age”: “Mad Men”. Nosotros rendimos nuestro breve homenaje.

 

En estos días, la AMC estrenará los últimos episodios de la serie de TV “Mad Men”, y aunque ya estamos acostumbrados a vivir, disfrutar o sufrir finales de series de TV, y la cosa no parece merecer más comentario, lo cierto es que, en esta ocasión, se trata de un final bastante especial. Y lo es no tanto por las características internas de esta serie que ha demostrado el enorme nivel de calidad que pueden llegar a alcanzar las nuevas series de TV de la llamada “época dorada” sino más bien por una razón pseudo-externa a la propia serie. Y es que Mad Men” es uno de los ejemplos más ilustres, si no el más paradigmático, de todas las series de TV creadas en esta última etapa al socaire del éxito colectivo del que han disfrutado. “Mad Men” ha sido capaz de alcanzar un enorme nivel narrativo, grandes interpretaciones, momentos extraordinarios que los fans recordarán para siempre, etc. etc. Puede que nunca sea citada entre las 3 mejores series de televisión de la historia, ni tan siquiera de esta reciente etapa, pero sí hay que reconocerle, y aquí en Código Cine así lo propusimos, haber sabido integrar las mejores trazas de esta época tan fructífera que vive la TV.

En este momento, no son pocos los bloggers y periodistas, escritores de contenidos para canales principalmente online, que están escribiendo sobre este final, percatándose de que se trata de un símbolo en sí mismo. Pareciera que ha cundido un impulso por analizar cuanto antes el significado del final de esta serie llamada a representar un papel crucial en esta “golden age” tan celebrada y tan lúcida. No en vano, siempre que se alude al gran nivel narrativo de las nuevas series, es decir, siempre que se rebusca entre la ingente producción de series que tenemos ahora mismo, encontramos el ejemplo de “Mad Men” como el de una de sus ficciones más solventes. La serie de Mathew Weiner ha sido capaz de someter su narración a una lógica de escritor donde ha brillado la prudencia al mismo tiempo que ha sido capaz de crear grandes momentos para la historia. Su final debe significar algo, ¿no?. Debería permitir traslucir alguna idea, o alguna conclusión sobre la época en la que se inscribe. Pero lo cierto es que parece que trasluce bastante poco, o mejor, que no trasluce mucho más allá de cuanto emerge a partir de su propio devenir. Aunque son muchos los que se van preguntando acerca del futuro de esta golden age y si llegará su caída, lo cierto es que por ahora no se advierten síntomas de que eso vaya a suceder. El final de “Mad Men”, tras 7 temporadas, no está coincidiendo con el agotamiento de un modelo que sigue produciendo una cantidad ingente de ficciones al socaire del nuevo apoyo colectivo.Mad Men” va encontrando su final tras un transcurso estándar bien atribuible a una serie de calidad y encuentra su final tras una cantidad de temporadas similar a las de “Lost”, “Breaking bad”, “A dos metros bajo tierra” o “Los Soprano”, algunos de los grandes referentes de esta “golden age”. Parece que las razones por las que la serie va finalizando están en la propia serie, en su audiencia, en su recorrido narrativo, etc. Y parece que la golden age, aunque haya evolucionado a lo largo de esta última década, sigue por el momento con su empuje inicial.

Ahora bien, lo que sí cabe hacer es preguntarse por el legado de “Mad Men, es decir, qué ha aportado la serie a esta “golden age” y qué sentido tiene tal legado en la proyección de futuro que ésta tiene hoy. Por empezar por algún sitio, hay que recordar que la serie ha contribuido notablemente a la consolidación del modelo del “showrunner, es decir, el del “productor-impulsor” de una serie que, controlando el guión y su producción, modela todo el producto; lo vigila, lo cuida, lo encarrila, lo optimiza, lo negocia y lo brinda al público. Muchas de las grandes series de TV tienen detrás a showrunners de gran carácter y un marcado estilo personal que han sabido hacer de sus series un producto muy personal. Si David Simon ha sido elevado a las altares por series como “Treme” o “The Wire” (la que dicen mejor serie de tv de la historia), nadie duda de que gran parte del éxito de “Mad Men” se debe al talento de Mathew Weiner. “Mad Men” es su serie, no importa la cadena que la produzca o distribuya; será siempre un producto creado por su mente y nacido de su visión.

Tanto es así que cabe ilustrar su compromiso recordando que no tuvo inconveniente en bloquear y retrasar el comienzo del rodaje de una de las temporadas de “Mad Men” por desavenencias con la productora aunque ésto conllevó que la serie tardara más de lo normal en volver con nuevos capítulos. Si alguien pensó que el riesgo de perder audiencia amedrentaría el deseo de Weiner por mantener la autenticidad de su serie, se equivocó. No podía ser que una de las más notables series de tv de la nueva época no tuviera detrás un tipo con carácter que cuidara de ella.

En segundo lugar, “Mad Men” también nos deja una reconstrucción muy personal de la década de los 50 en Estados Unidos y que, aunque había sido recreada y conceptualizada a menudo en los textos audiovisuales previos, nunca se había “dibujado” así. Su efecto se nota en la influencia que la serie ha tenido sobre otras muchas series posteriores que no solo han tenido el deseo de ubicarse en ese momento histórico, sino que además lo han hecho tomando prestado el estilo “Mad Men”, como si el público hubiera ya interiorizado que aquella década americana “se muestra ya así en la TV”. De hecho, el éxito del concepto no solo ha triunfado entre las series de tv, sino que ha saltado también a otras fórmulas culturales. Por ejemplo, el concepto ha dado para que multitud de revistas de moda en todo el mundo impulsaran editoriales fotográficos declinando la estética “Mad Men” para promocionar sus productos de vestir. Da igual que Weiner concibiera ese estilo a partir de las aportaciones de docenas de películas anteriores. Lo que ha hecho es redefinir el estilo colectivo de la década haciéndonos creer que la realidad de los 50 tenía realmente el aspecto que consumimos en “Mad Men”. Todo es mérito de un esmeradísimo diseño de producción tan atractivo que ha labrado el deseo de los espectadores de creer que el pasado tuvo, de hecho, exactamente aquel aspecto.

Además, “Mad Men” ha hecho triunfar en la pantalla la historia de un tipo absolutamente fascinante. El nombre de Don Drapper se ha hecho tan famoso como el de su propia serie y entre sus espectadores se articula como toda una categoría de hombre en sí mismo. Mujeriego, atractivo, ganador, triunfador, mentiroso, fumador y bebedor, seductor, vengativo, despilfarrador, carismático, elegante, … una enumeración perversa en la que su irreductible atractivo se trenza sin remedio con sus peores vicios. Al contrario que personajes como Walter White (“Breaking Bad”) o Tony Soprano (“Los Soprano”), Drapper no tiene una justificación moral de buenas intenciones que justifique sus peores conductas. Y tampoco puede alegar patología ninguna en su defensa (“Dexter”). Por el contrario, se trata de un pragmatismo individual exento de cualquier justificación moral y en la que, sin embargo, la audiencia ha sentido el placer de instalarse, no sabemos si por una cierta identificación… o por una envidia sin paliativos.

Así, Mad Men” abandona el escenario para siempre dejando tras de sí la estela de un auténtico ganador. A falta de conocer el cómo y el qué de su final, uno que, sin duda, será analizado sin piedad a lo largo y ancho de la blogosfera, conviene reconocer cuanto antes que la serie ha sabido hacerse uno de los más ínclitos y merecidos huecos dentro de la llamada “golden age, y también que deja una estela muy difícil de seguir. Ejemplo vital de un tipo de “televisión inteligente”, “Mad Men” ha sido a menudo puesto como referente frente a productos menos intelectuales que han hecho triunfar a las series de televisión pero recurriendo al efectismo de otros recursos más comerciales (“Juego de tronos”, “Lost”, …). La serie ha sabido llevarnos por sus dialécticas históricas, por sus lógicas publicitarias, por la psicología de un personaje central absolutamente fascinante y nos ha hecho recorrer un pedazo de la historia americana desde una óptica absolutamente nueva. Nunca una serie nos había hecho entender el cambio tan profundo que experimentó la sociedad estadounidense en tales años (cuyo espejo más inmediato fue la publicidad, no crean que fue escogida por casualidad) y pocas veces habíamos llegado a entenderlo como algo propio. Cuenta con diálogos importantes, escenas para la historia y grandes, grandes capítulos y finales de temporadas sin los que ya no queremos entender la “golden age”. Mad Men” ha ejercido un papel crucial en esta historia de la TV y desde luego no queremos que deje de hacerlo. Si lo ha hecho hasta ahora en activo, deseamos que lo siga haciendo post-mortem. Y no, esto no es un espoiler.

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