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Mapa de series de TV por su lógica criminalística: Empatía, ciencia, deducción

12/07/2014 -
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Te presentamos un mapa de las series de tv criminalísticas según las tres lógicas principales de investigación: La empatía, la ciencia o la deducción. Busca entre “C.S.I.”, “Hannibal” y “Sherlock” y encuentra tu serie perfecta.

Quizás sea materia a indagar mejor desde la antropología, pero lo cierto es que el tema de la muerte siempre ha cautivado a los hombres, quizás sabedores de que es el asunto más importante del que jamás tendrán noticia, el que más les involucrará jamás y al que normalmente, sin embargo, menos tiempo dedican al cabo de sus vidas. Al menos en tiempos de salud. De un modo u otro, una buena parte del cine y de las series de TV lidian con este turbio asunto de la muerte, aunque normalmente la de otros, conectando con una angustia fundamental del ser humano que hace de ella un tema de lo más fidelizador. Las series de TV han encontrado una forma elegante y práctica de integrar la muerte en sus temáticas sin que la audiencia sienta inconveniente alguno, que es someterla al juicio de la moral convirtiendo sus argumentos en la búsqueda y captura de los asesinos. Si son en serie, mejor, que así es más grave y además nos acerca más a la peor versión de la muerte, la tortura, todo en aras de capturar al asesino y devolvernos a un equilibrio social y superficial.

Dentro de las series de tv que plantean personajes que persiguen a los asesinos se pueden advertir varios grupos atendiendo a distintos criterios: si son fuerzas del orden o libertadores justicieros; si consiguen sus objetivos porque son muy inteligentes o porque son unos grandes manipuladores; si lo consiguen engañando o por la fuerza de las armas; y así sucesivamente. Existe un criterio de categorización que es el de la naturaleza de la técnica empleada para capturar al asesino, advirtiéndose en él tres grandes focos o estrategias generales que, en Código Cine, ya hemos descrito anteriormente en casos aplicados (“Los que matan”, “Hannibal”, etc.). Se diría que, desde este punto de vista, los asesinos pueden ser capturados con técnicas…


  • Empáticas
  • Científicas
  • Deductivas

Tres formas de aproximarse al asesino, bien por las profundidades de su mente, bien por su rastro microscópico o bien por la coherencia de sus conductas y excusas. A lo largo de la historia, las series de asesinos han planteado que los captores empleaban alguna de estas técnicas o varias a la vez, algunas calibrando con precisión de alquimista la dosis de cada lógica para dar con el tono exacto que pusiera en marcha una serie irresistible y que cautivara esa ansiedad pudenda del ser humano por su propio final y el de los demás. Así, aguando la mezcla de un lado o cargándola de otro es cómo los guionistas han propuesto distintas fórmulas con tantas diferencias entre sí como las que existen entre los investigadores de “C.S.I.” y los de “Hannibal”, unos abriendo mucho los ojos para encontrar hasta el más pequeño resto al que someter a la prueba de ADN, y los otros cerrándolos o dejándolos en blanco para viajar a la mente del asesino y entender su propia perversión. Entre los ojos abiertos y los ojos cerrados, se dibuja un arco posible de mil estadios que han dado lugar a docenas de series de tv y las que aún vendrán.

Por presentarlas brevemente, diremos que las series que apuestan por las técnicas científicas son aquellas que cuentan con los aparatos más punteros a la hora de recoger pruebas científicas, es decir, aquellas que localizan cabellos diminutos en las sábanas de la víctima o restos de saliva en el pegamento de un sobre. Son las series del fetiche de los objetos, una obsesión que eleva su trascendencia más allá de donde su tamaño hacía pensar, y que convierte un resto biológico imperceptible en una “prueba irrefutable”. Hace 100 años era cosa de lupas de aumento, pero hoy hay que imaginar más bien luces de neón repasando las prendas de los testigos y ojos con bata mirando el fondo de pequeñas probetas. Las series que apuestan por la empatía como procedimiento para capturar a los asesinos tratan, por el contrario, de alejarse de los detalles físicos para adentrarse en el bosque perturbado de la mente de los asesinos. No les interesa tanto el resto imperceptible como la debilidad o el fetiche más gráfico y secreto de sus sujetos asesinos. No tratarán de encontrar pruebas de sus presencias o sus acciones, sino la impresentable razón por la que realizan sus terribles actos, completando un proceso de interiorización de la locura que permitirá prever sus próximos pasos. Son series de gran profundidad psicológica en donde lo mental es la arena del discernimiento y las distintas formas de sexualidad, cuanto más viciada mejor, son la pulsión cuya satisfacción lleva al delito. Usan atmósferas pesadas, ambientes nocturnos y buena parte de la estética expresionista que contribuye a percibir de forma aún más grave todos los sucesos. Sus historias pueden volverse claustrofóbicas, aunque también triunfan como ninguna multiplicando las profundidades de la mente humana y llevándonos de la mano por sus recorridos más imprudentes. Tratan a la audiencia con una adultez extraordinaria, le proponen abstracciones y mecanismos psicológicos de cierta dificultad narrativa, poniendo a prueba la flexibilidad de lo que algunos llaman el “lenguaje del cine”, si es que eso realmente existe (González Requena). Sus asesinos cobran trascendencia en los capítulos y ya sea por lo encarnizado de sus actos o bien por la gravedad de sus perversiones, lo cierto es que no se olvidan fácilmente y perduran horizontalmente durante los distintos capítulos de la serie. Emplean ritmos lentos para permitir la bajada a los infiernos y la comprensión de la complejidad de la historia: Tienen planos en los que aparentemente suceden pocos acontecimientos, aunque las historias se retuercen en el interior de la mente de los personajes. Por el contrario, las series de TV de personajes deductivos aplican la más exhaustiva lógica para atrapar a los asesinos. Su punto fuerte es la hilvanación de inferencias basadas en la razón para partir de unas premisas aparentemente poco importantes pero colegir afirmaciones de lo más trascendentes para la historia. El color de la ropa de un personaje, su inesperada sonrisa, un hecho inhabitual en el comportamiento de alguien… suficiente para que Sherlock infiera lo que otros intentan ocultar. Por mucho que puedan resultar personajes cansinos (antes de Sherlock, Colombo ya sacaba de sus casillas a los asesinos), exhiben una acendrada posición moral donde sus posibles ambigüedades no suelen alcanzar asuntos importantes. Representan el bien, lo correcto y los valores de una sociedad que espera de ellos que capture a los más terribles asesinos.

Entendiendo que estas tres lógicas no son excluyentes sino que se pueden mezclar con cierto tiento, hemos diseñado el triángulo “Empatía – Ciencia – Deducción”, es decir, un “Mapa de series de TV por su lógica criminalística”, que os proponemos en la imagen superior. Y si estimamos las coordenadas que tendrían cada una de las series de TV más recientes sobre captura de asesinos, valoración que desde luego se realiza no sin una dosis de lo más subjetiva, nos sale un mapa de series como el que os mostramos. Las series más próximas a sus extremos son las que mejor representan a cada uno de esos focos. Llama la atención que el espacio más próximo a los focos de la Empatía y la Deducción es el más poblado de propuestas de series de tv, deduciéndose así que puede ser la mezcla que más gusta a la mayoría de las audiencias. Ciertamente, plantea el clásico consumo de historias sobre deducciones sorprendentes pero con un buen acceso a la mente de los asesinos cuyas motivaciones han empezado durante la posmodernidad a resultar más interesantes para la audiencia que en décadas anteriores. Y es que el nuevo cine posmoderno no tiene problemas en plantear dilemas morales con personajes ambiguos (véase “Leaving Las Vegas”, “Pulp Fiction”…) que, en ocasiones, incluso se convierten en los protagonistas de las series con los que las audiencias tienden a identificarse (valgan los ejemplos de “Breaking Bad”, “Los Soprano” o, sin llegar a lo criminal, “Mad Men”). El foco empático ha permitido a las nuevas audiencias, unas que esperan de las series de hoy mucho más que de las del pasado, que les traten como adultos y que les cuenten historias importantes; que les permitan internarse por la sociopatía o la perversión como turistas audiovisuales llevados por su curiosidad morbosa, o simplemente por su condición humana. Así, frente a los investigadores propios de las obras del pasado que representaban al bien y las fuerzas del orden, los nuevos personajes para las nuevas audiencias permiten llegar a “comprender” el comportamiento de los asesinos más terribles. Sin duda, una característica inherente a la nueva “edad de oro de las series de tv” que existe gracias a que éstas han empezado a respetar a la audiencia y a tomarla en serio, y también señal de que la citada “edad de oro” es hija necesaria de la posmodernidad y que de ningún modo se entendería sin ella.

Sin embargo, el ingrediente tecnológico tiene menos suerte. Salvando el paradigmático y sorprendente ejemplo de “C.S.I.”, cuyo éxito ha justificado su multiplicación en versiones adicionales como “C.S.I. Miami”, “C.S.I. Nueva York”, … , no sólo resulta complicado encontrar propuestas similares, sino que además, las que se encuentran, han tenido problemas para salir adelante. “Lie to me”, a pesar de contar con una buena idea y un actor de nivel (Tim Roth), fue cancelada después de 3 temporadas. Examinando el gráfico y fijándonos en el triángulo azul, vemos que esa mezcla de lógicas no parece resultar de éxito entre la audiencia. Su oferta de series es escasa y las que hay encuentran dificultades.

Si nos fijamos en el centro virtual del triángulo, vemos que la serie que mezcla de forma más homogénea los tres tipos de lógicas es “Mentes criminales”, lo cuál puede representar bien una hipotética mezcla perfecta de los tres focos: 1) Sus personajes cuentan con una dotación tecnológica digna 2) Existe un personaje principal muy experto en conducta y en “elaboración de perfiles”. Y 3) El desarrollo de la investigación no renuncia a la recogida de pruebas más convencional en los escenarios del crimen y en el trabajo en grupo de los investigadores coligiendo conductas a partir de lo recabado. No se pretende proponer a “Mentes criminales” como la serie perfecta, puesto que de hecho no está en ningún ranking de calidad, pero sí puede que sea la serie más equilibrada al contar con una dosis similar de cada lógica de investigación y debería tener algo que aportar a cualquier audiencia interesada en la criminología. Quizás el hecho de que la serie ruede ya su décima temporada sea la prueba de que si bien no es una apuesta segura para encantar a ninguna clase de público, debería ser capaz de lograr una pequeña cantidad de éxito con cualquier audiencia. Pocos la elegirán como su serie favorita, pero muchos la verán mientras esperan la próxima temporada de “C.S.I.” o de “Hannibal”. Un detalle que avala este argumento es que, aunque “Mentes criminales” cuenta historias de asesinos en serie de lo más perversos que realizan acciones criminales y torturas ominosas, su tratamiento visual es muy cuidadoso con todas las audiencias. A pesar de contar historias sobre pedófilos y torturadores, no contiene imágenes ofensivas o difíciles para casi ninguna audiencia. Dicho de otro modo, aunque “Mentes criminales” cuenta acontecimientos tan espantosos como los de la película “Seven”, la audiencia no necesitará apartar la mirada como en la película de David Fincher, algo coherente con su intención de alcanzar a una audiencia no muy especializada en esta clase de series pero sí inmensa en proporciones.

Nuestras tres estrategias de investigación y captura de los asesinos, ésas que aquí hemos radicalizado y materializado en Empatía, Ciencia y Deducción, también proponen una interpretación desde el punto de vista de la proxémica atendiendo a la distancia virtual existente entre el captor y el asesino a capturar. Desde la proxémica, diríase que la estrategia empática es la que más acerca a ambos sujetos entre sí, perseguidor y perseguido, aunque lo hace situándolos en un plano virtual. Eso sí, la proximidad es tan intensa que puede llegar a producirse una confusión de identidades (hasta cierto punto lógica en todo proceso de carácter empático) tal como sucede en “Hannibal”. La empatía comparece aquí como una suerte de “viaje astral” que permite a la identidad de uno diluirse hasta desaparecer para personificar la identidad del perseguido en un proceso de aparente robo de conciencia que resulta revelador para la investigación. La proxémica situaría en el lado contrario a la técnica científica para la que los engranajes motivacionales, psicológicos o cognitivos del sujeto perseguido caen del lado de lo irrelevante. Para dicha lógica, las energías mentales que guían la conducta del sujeto asesino no tienen interés alguno, focalizando el interés exclusivamente en aquella huella registrable y procesalmente significativa que permita la acusación judicial del sujeto perseguido. Se trata, por tanto, de un conjunto de técnicas frías que no alcanzan a comprender la conducta asesina y que tan sólo pretenden con enorme eficacia acorralar su rastro y transportarlo hasta el foro de valoración adecuado. La técnica científica se sitúa en el polo más lejano del eje que la conecta con el asesino. Entre medias, la técnica deductiva busca un punto equidistante entre las otras dos. Su lógica racional y su empleo exhaustivo de la inferencia parecen emparentar la técnica con lo puramente científico, y por tanto alejado del asesino, aunque lo cierto es que la diligencia que guía el ejercicio de la lógica se conduce siguiendo una conciencia de investigación no ajena a la personalidad del asesino, lo que deja un espacio para la comprensión de su conducta y, por tanto, reduce la distancia con su mente de asesino. Decir que se trata de una operación empática sería exagerado en comparación con otras más claras, pero quizás, bien a través de la intuición del investigador, o quizás a través de una empatía moderada, sí se produzca un acercamiento psicológico de donde se obtienen algunas claves significativas para encauzar correctamente las inferencias lógicas y puramente racionales. Tres distancias interpersonales que reflejan gráficamente la lógica de cada procedimiento de investigación.

Ahora toca que el lector señale con el dedo un punto virtual entre los tres focos que represente su “mezcla perfecta” y aparte el dedo para ver cuál debería ser su próxima serie de tv.

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