Series de televisión

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Por un nuevo modelo en la distribución audiovisual de cine y series de TV

03/11/2012 -
1 comentario
La llegada de Internet y los nuevos canales de distribución audiovisual han revolucionado la industria de la música, del cine y de las series de TV, entre otras. Hoy es necesaria una reformulación empresarial y un nuevo modelo de distribución y comercialización de contenidos online que ponga en valor a los canales digitales y que esté acorde con los nuevos tiempos y las nuevas tecnologías.

Y es que aunque muchos no lo quieran ver, hoy son ya muy escasos los clientes que acuden a una tienda a adquirir físicamente la música que desean escuchar, o las películas o series de TV que quieren ver. Cada vez son más las personas que consiguen sus contenidos a través de Internet. No es una apuesta por el pirateo, ni por la ilegalidad, ni una forma de rebeldía natural, sino una consecuencia lógica dados los cambios en las costumbres de los usuarios. Hoy, estos disponen en sus casas de conexiones de datos con suficiente ancho de banda para poder descargar contenidos audiovisuales de una magnífica calidad y están esperando a que la industria les proponga servicios a un precio razonable para poder ver en streaming o similar sus películas y series de TV favoritas.

A falta de propuestas de valor por parte de empresas serias, y dado que la infraestructura digital ya está disponible y en pleno funcionamiento, los usuarios recurren a canales alternativos de consecución de contenidos audiovisuales como pueden ser las redes de pares (Emule, Bittorrent, etc.) o los servidores de descarga directa. Si esta adquisición constituye un acto de pirateo o no, es un tema que trasciende el alcance de este artículo; sin embargo, sí mantendré que el éxito de estas redes está íntimamente relacionado con la escasa calidad de la oferta de contenidos de pago por parte de las productoras o distribuidoras. Como ha defendido multitud de veces Enrique Dans, aunque estas redes siempre existirán, no pocos usuarios preferirían servicios de pago para acceder a los contenidos de calidad, con total seguridad, perfectamente organizados y mediante servicios garantizados que proporcionen una experiencia de valor añadido. No pocos usuarios aceptarían pagar suscripciones de acceso a contenidos premium siempre que el funcionamiento técnico sea correcto y el precio razonable.

Y por precio razonable entendemos no un pequeño descuento sobre los importes que, hasta ahora, tenían los contenidos en una tienda. Se acabaron los tiempos en los que los clientes abonaban 20 euros por un DVD. Hoy, las redes digitales ya permiten distribuir contenidos audiovisuales de buena calidad por una centésima parte de ese importe. Y si bien todos entendemos que la obra en sí tiene un valor superior a su coste de transmisión, debemos calibrar el importe que cobramos aceptando que el universo actual de la comercialización de contenidos audiovisuales exige nuevos precios, nuevos importes y nuevas condiciones de acceso. Es posible que la nueva situación no sea inmediatamente favorable para las productoras ni distribuidoras que tendrán que adaptarse al nuevo escenario, pero lo cierto es que este ha llegado para quedarse,  no tiene vuelta atrás, y pensando a futuro las posibilidades de negocio son muy positivas.

Más vale que las empresas de producción y distribución acepten cuanto antes que este nuevo orden está prácticamente impuesto y que cuanto más tiempo se tomen en evolucionar y acomodarse a él, peor será para sus propias  cuentas. Es necesario que las productoras reformulen sus modelos de negocio considerando que la distribución de sus contenidos no se hará fundamentalmente a través de las salas de cine, las cadenas de televisión y mucho menos por la venta de cajas físicas con DVD’s dentro ordenadas en los lineales de los centros comerciales, supermercados, grandes almacenes o tiendas especializadas. La comercialización tendrá que poner en valor

a los canales digitales y adaptar la transmisión de los contenidos a las redes y los soportes que los usuarios desean emplear para acceder a ellos online.

El empeño de las productoras y distribuidoras por presionar con sus lobbies a los gobiernos para incentivar la penalización de la descarga de películas o series de TV sólo pone de manifiesto que 1) no han entendido que el nuevo orden no tiene vuelta atrás. 2) que la batalla contra la tecnología suele estar perdida de antemano, como ya sucedió generaciones atrás 3) que no han entendido que si bien los precios de sus productos no van a ser los mismos en el nuevo orden, también es verdad que el ahorro de los costes de logística y fabricación de soportes físicos así como la facilidad de distribución de contenidos digitales, abren nuevas y espléndidas oportunidades de distribución hasta ahora inéditas. 4) que renuncian de partida a la innovación en la distribución de contenidos, quedando por tanto vulnerables ante la llegada de nuevos modelos por parte de otras empresas competidoras (como iTunes de Apple tomó por sorpresa al sector de la música online en donde se echan en falta los nombres de las grandes empresas de distribución de música de toda la vida que no han entendido el nuevo modelo). Esta batalla que han planteado contra los canales online les sitúa progresivamente en una posición cada vez más arcaica y de la que va a ser más difícil salir. Las empresas de distribución de contenidos necesitan hacerse cargo de las nuevas costumbres de visionado de los usuarios y diseñar plataformas y modelos adaptados a éstas. Y necesitan entender que la distribución no regulada de contenidos, lo que otrora se consideraba “pirateo”, va a existir SIEMPRE y va a acompañar a los contenidos, sin que esto sea un problema serio. En lugar de tratar de acorralar al que descarga de forma alegal, que es apostar por un mercado pequeño, deberían reflexionar sobre la parte central de su negocio y diseñar formas de distribuir sus contenidos a grandes audiencias a través de Internet, que están a la espera de modelos de calidad, totalmente legales y a un precio razonable.

No debemos permitir que las empresas de distribución y producción de contenidos sigan alegando que sus pérdidas son el producto de los PVP de sus productos por la cantidad de descargas de Internet. Que un contenido sea descargado no significa que el usuario que lo descarga lo hubiera adquirido en una tienda si no hubiera estado disponible para su descarga. OJO con esas cuentas fantasmagóricas y artificiales que presentan las empresas de distribución cuando nos dicen que sus negocios han sufrido pérdidas por valor de cientos de millones de euros. Estas cuentas podrán impresionar a alguna comisión política de algún Ministerio de Cultura, pero no engañan a quiénes sabemos que ese resultado parte de premisas eminentemente FALSAS. La razón fundamental por la que han sufrido pérdidas es porque los clientes han cambiado… y ellos no lo han hecho con ellos.

Los cinéfilos y consumidores de contenidos queremos que se nos propongan ofertas, buenos precios, buenas plataformas de contenidos, etc. para acceder de forma cómoda, rápida y “on-demand”. Queremos ver nuestros contenidos favoritos donde queramos y cuando queramos, abonando cuotas muy razonables que se basen en nuestras ya existentes redes digitales de acceso a Internet, que por cierto son financiadas por nosotros mismos y no se las imputamos a las empresas de distribución de contenidos. La mayoría de nosotros usamos nuestras conexiones para enviar e-mails, para navegar, para ver videos de Youtube… infrautilizando nuestros anchos de banda, que podrían ser empleados para la descarga de contenidos audiovisuales de calidad en un formato plenamente legal.
Este es el camino.

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  • ¡YUJUUU!! ¡Este es el camino!! :) Yo desde luego pagaría una cuota razonable por tener a mi disposición mis queridas series y películas a las que ya sabéis que estoy enganchada.
    Me ha encantado lo de que no somos quienes les ocasionan pérdidas, sino ellos que no se adaptan a los nuevos cambios. Pero esta claro que no les queda otra…

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