Posturas del amor. De “Paterson” a “A Single Man”

Fue dispuesto a desahogarse con palabras, a que alguien le zafara los nudos que le oprimían el pecho, pero sólo consiguió soltarse en un llanto fluido y cálido y reparador, en el regazo de Pilar Ternera. Ella lo dejó terminar, rascándole la cabeza con la yema de los dedos, y sin que él le hubiera revelado que estaba llorando de amor, ella reconoció de inmediato el llanto más antiguo de la historia del hombre“.

Cien años de soledad“. Gabriel García Márquez

Es indudable que el amor es el sentimiento universal; el más buscado, temido, llorado y reído. Un género cinematográfico en sí mismo. Es por eso que vamos a analizar dos películas que, sin ser propiamente románticas, el amor está muy presente. Analizaremos cómo las historias, los personajes, tratan el amor de distinta manera, ya que cada una lo enfoca de manera muy polarizada.

 

Paterson. El hombre tranquilo

Jarmusch nos ofrece el retrato de un hombre pausado, conductor de autobuses y poeta de la cotidianeidad de la vida; aprecia los pequeños detalles. Pero esta actitud puede resultar algo irritante. Y a lo mejor este sea el gran problema de la película, el de no saber posicionarse respecto a Paterson y a su mujer, a la relación entre ambos. Aquí tenemos tres puntos de vista distintos: el de Paterson, el de Laura y el de Jarmusch.

El gran mérito de Paterson es que, a pesar del carácter irritante de Laura, está enamorado de su mujer. Ella, al igual que la Laura de Petrarca, es su musa, cosa que ella también parece que se cree a pies juntillas; la persona en la que piensa al escribir los poemas. Pero es curioso que a lo largo de la película, a pesar del poema de amor que le escribe, no se dedican palabras cariñosas. Él no le dice “te quiero” al estar con ella. Cuando le cuenta a Laura que le está escribiendo un poema de amor, ella se lo agradece de una manera bastante fría, algo muy sorprendente dado el carácter explosivo y pasional que exhibe… sobre todo para todo lo que le concierne a ella. Da la impresión que él está más enamorado de ella que ella de él.

Laura: ¿Un poema de amor, para mí?

Paterson: Supongo que si es para ti, es de amor.

Ese “supongo” es muy significativo. La expresión de ella absolutamente inexpresiva.

Cada mañana, durante los sucesivos días de la semana que nos retrata la película, Paterson repite lo mismo: se despierta sin necesidad de despertador a la misma hora, abraza y besa a su mujer, se viste con la ropa que tiene escrupulosamente doblada en una silla y desayuna los mismos cereales en el mismo vaso. Aunque ella hace cupcackes para un concurso, para Paterson no hay cupcakes.

Paterson

En esta sucesión de días, durante una semana, sólo vemos a Laura desnuda debajo de las sábanas una mañana, dando a entender que la noche anterior han hecho el amor; es la única mañana que despiertan dándose la espalda.

Paterson

Es más, la única mañana en la que vemos a Laura levantarse temprano es para preparar sus cupcackes. Cada día lo mismo. Va a trabajar, toma el almuerzo que le ha preparado su mujer (con foto suya incluida) mientras contempla el mismo paisaje. Por la noche, después de la cena, saca al perro y lo ata en la puerta del bar donde cada noche se toma una cerveza; su único momento del día que tiene para él, para “desmelenarse”. Ese bar donde se exponen fotos de personajes famosos e importante de la ciudad, también llamada Paterson, y en la que él mismo sueña con estar. Aunque su carácter pasivo le borra esa idea de la cabeza. A Paterson le gusta tomarse una cerveza mientras habla con el camarero, un tipo extraño que juega al ajedrez solo, hecho muy significativo: al camarero le hace falta un compañero de juego.

Paterson

Para jugar al ajedrez hace falta una pareja, dos personas. El 2. Ese número que es una constante a lo largo de la película. Pero la soledad del camarero se rompe cuando empieza a hablar y a coquetear con una mujer… y entonces Paterson observa cómo dos personas se han apoderado del ajedrez y juegan juntas. En ese momento, Paterson escenifica una situación de un poema suyo, bebe cerveza, pero al contrario de lo que escribe, no exhibe felicidad en su rostro; es más bien hastío, cansancio vital, reflexión acerca de su vida. El sino de todo hombre, parece decirnos Jarmusch, es el de ser dos. Observa cómo una persona elige un disco en la máquina para escucharla… mientras le da la espalda a su pareja. Esta sucesión de parejas que están juntas pero no tienen elementos cariñosos entre ellos se sucede.

Por supuesto, luego vuelve la mujer del camarero, para sacar a la luz que puede que su matrimonio no sea del todo feliz, de lo contrario, no hubiera coqueteado con otra mujer. Paterson no coquetea con otras mujeres, tiene la poesía y su rutina. Volvamos otra vez al bar. Paterson presencia la discusión de una pareja. Discusión que se sucede a lo largo de días y que termina de manera cuasi dramática, con un arma de por medio. La chica quiere dejar al chico, pero el chico no se da por vencido, no escucha las señales, no las quiere escuchar más bien, al igual que Paterson. El chico se acerca a tomar una copa junto a Paterson y le lanza la siguiente reflexión: “Quieres a alguien más que nada en este puñetero mundo; la veneras, no puedes vivir sin ella y te dice que no te quiere, que eres… mugre”.

La vida marital de Paterson y Laura se nos muestra tranquila, sin sobresaltos, basada en la rutina. Mientras él trabaja, ella decora la casa y todo lo ve en blanco y negro. Ella se ha apoderado de toda la casa, mientras que Paterson se ha quedado con un pequeño cuchitril en el sótano, su refugio para poder escribir.

Paterson

Se nos muestra a una mujer enérgica y apasionada, pero aislada del mundo exterior… y puede que de su marido. Llena su vida con pasatiempos que deja al poco tiempo, como esa guitarra que quiere, que necesita según ella, para cumplir su sueño, y que Paterson tiene que pagar religiosamente todos los meses: “he pedido MI regalo de TU parte”.

Paterson

Paterson ni siquiera recordaba a qué se refería, porque parece ya acostumbrado a los caprichos de su mujer: los cupcakes, ser cantante de country, el perro, puede que el mismo Paterson haya sido un capricho más de Laura. Y ahí tenemos al tercero en discordia, Marvin. Un perro que se pasa el día encerrado (porque Laura no lo saca de paseo) esperando el momento en el que Paterson le saque de paseo. Es curioso la relación que tienen ambos con el perro: Laura le habla como si de un niño, su hijo, se tratara: “¿alguien necesita que papá le saque de paseo?”. En la pared vemos retratos que ella ha ido dibujando de Marvin, otro pasatiempo fugaz de Laura, sin duda.

Paterson

Paterson tiene una complicidad con Marvin que no tiene con su mujer, y el perro no duda en posicionarse ladrando cuando ella abrazada a Paterson. Una noche, al dirigirse al bar con Marvin, le para un coche conducido por unos chicos que le aconsejan que tenga cuidado con el perro, ya que esa raza es muy codiciada y los secuestran. Paterson bromea (¿o no?) sobre que es algo que desea y el espectador se posiciona del lado de Paterson, casi rezando para que eso ocurra cuando lo ata a la puerta del bar. Pero Jarmusch, llevándonos al engaño, planea lo contrario. Justo para que al final de la película terminemos odiando del todo a Marvin, haciendo algo puede que llevado por los celos de ver que sus “papás” salen una noche solos después de mucho tiempo sin hacerlo (dicho por ellos) y se lo dejen en casa. Es lo que pasa cuando tratas a un animal como si fuera un niño, que las rabietas son de la proporción de un infante. Ya nos lo anticipaba también sentándose en la silla de Paterson… ocupando su lugar.

Paterson

La complicidad de Paterson y Marvin también la vemos cuando Laura hace la cena: quinoa, quiche de coles de Bruselas que según Laura es la verdura favorita de Paterson sin saber que no es así.

Y el bueno (o conformista) de él que no le rechista. Pero siempre recordando que el primero que prueba el pastel de coles de Bruselas es… Marvin. Ella ni siquiera sabe decir sin equivocarse el nombre del poeta que más le gusta a él, el poeta al que idolatra. Cosa muy significativa, ya que ni ella sabe los gustos de él, ni él sabe los sueños de ella, se asombra cada vez que ella los comenta. Pero más que nada, porque él parece ya acostumbrado a sus cambios de rumbo sin previo aviso.

En el cine, van a ver una película antigua, “La isla de las almas perdidas”, como el alma de Paterson y como el alma de la mayoría de los personajes, en la que presentan a la protagonista como “la única mujer que hay en la isla”.

Paterson

Parece que Paterson ve a Laura como la única mujer que había en la isla, aunque realmente, tendríamos que ver a la persona amada como a la única persona en nuestra isla. En el cine ve a al camarero con su mujer, en la misma actitud que él con Laura, sin un gesto de cariño. En su cabeza, Paterson se ve de mayor como ellos dos, aunque para ser una pareja joven, su actitud es la de un matrimonio que lleva muchísimos años juntos y que ha caído en el cansancio de la rutina. Los que allí tienen un gesto cariñoso el uno con el otro son dos gays.

Paterson

Jarmusch incide mucho en el número dos y en las conversaciones en las que dos personas hablan de amor, hablan de ideales. Vemos el número dos constantemente en las parejas de gemelos que aparecen a lo largo de la película, como los gemelos con los que sueña tener Laura;uno para cada uno” le comenta Paterson al preguntarle ella si le gustaría tener gemelos. Gemelos, dos almas gemelas que en la película van juntas siempre.

Paterson

Como gemela es la chica que Paterson conoce mientras ella espera a su madre y a su hermana. A ella le gusta la poesía, leerla y escribirla; aprecia la sensibilidad de Paterson. Puede que él, por un segundo, pueda reconocer en ella a la chica que le hubiera gustado conocer en el pasado. Su alma gemela. Una persona que le hubiera entendido. Como el japonés al que conoce, amante de la poesía, que leva dos dedos juntos, vendados (otra vez el número dos), y que parece que le entiende mejor que nadie. Le hace el mejor regalo que nadie le ha hecho, en el momento adecuado. Ese par de dedos que van juntos a la fuerza, con una venda, para que esa pareja no se deshaga.

Paterson

Paterson se sonríe ante la conversación que escucha en el autobús entre dos chicos, en la que los dos fantasean sobre las mujeres, con mucha seguridad en sí mismos: “ya sabía yo lo que buscaba”, comenta un chico. La cámara enfoca sus manos sucias y su ropa vieja, dando a entender que un chico así no puede tener a ninguna chica, y que por lo tanto, fantasea más que habla. Parece que este chico está condenado a condenarse a una relación más por desesperación que por sentimiento.

Parece que, en definitiva, Jarmusch nos hace un tratado sobre lo que debería ser el amor, o al menos para él. “No intentes cambiar las cosas”, le dice el camarero a Paterson tras aparecer su mujer y echarle la bronca, y durante toda la película vemos a personajes que no cambian las cosas y que no son plenamente felices, son conformistas. Todos y cada uno de ellos en su pequeño mundo. No es casualidad que el viernes, el único día de la semana que Laura se despierta antes que Paterson para hacer sus cupcackes, en la mañana en la que, según Paterson, se despierta tarde porque “no le apetecía levantarse” y vemos en su rostro un halo de tristeza… vemos el cartel de un anuncio de divorcios, cuando el autobús, su querido autobús, se estropea y les deja tirados.

Paterson

A lo mejor Paterson debería haber girado la cabeza hacia ese cartel y percibir la señal que necesita en su vida.

 

A single man. El amor como necesidad vital

En otro extremo nos pone Tom Ford con su película, y su gran virtud es la de convertir el amor en el sentimiento más sublime que existe, y su ausencia, en lo más desgarrador.

El hombre con un trabajo perfecto, una casa perfecta, pero que la ausencia del amor lo convierte todo en una jaula de oro de la que se cansa de buscar la salida; lo tiene todo, menos lo más importante para él, el amor. El AMOR. Porque él sabe lo que es tenerlo y que la vida te lo arrebate.

Al principio de la película, con esa ensoñación del accidente que le cuesta la vida a Jim, sentimos la misma pena que George, pero la belleza sobrecogedora de la escena, no hace más que hacernos sentir la misma ternura y magnificiencia del sentimiento que ha habido entra los dos. Sentimos la misma pena que nubla el corazón de George. Y despierta, y empieza la pesadilla para él; la pesadilla de vivir sin su pareja. Y el monólogo interno que tiene mientras se viste nos va introduciendo en la persona de George, en la losa que lleva cada día que lleva sin Jim: “en los últimos ocho meses despertar duele. La conciencia de estar aquí otra vez lentamente se materializa (…) Es un simple recordatorio de que es un día más que ayer. Un año más que el año pasado”.

A single man

Cada día lo vive como un tormento, y como una especie de obra de teatro que tiene que representar: “convertirme en George”, comenta mientras se viste con ropa carísima, “ajustar los que se espera de George”. Su vida, su nivel, su entorno, le exigen la representación de un papel, porque ni las normas sociales ni el momento histórico propiciaban una relación homosexual como la que él ha tenido; ni siquiera puede ir al funeral de Jim. Y otra de las grandezas de esta película es que nos da igual que el amor sea heterosexual ni homosexual, simplemente es amor. “No sé el papel que debo desempeñar”, reflexiona, como el hombre desprovisto de sí mismo que es ahora.

A single man

Y termina su reflexión con palabras lapidarias: “tratemos de llegar al final de este maldito día. Mi corazón está roto (…) Por primera vez en mi vida no puedo ver mi futuro. Cada día que pasa es como una niebla”. A modo de flashback vemos escenas de su vida con Jim, de la dulzura y ternura que había en su convivencia, y podemos vislumbrar sólo un poco de la desesperación de George, de su desasosiego; y no hacemos más que compadecernos.

Las imágenes de vida ¿perfecta? de sus vecinos no hacen sino resaltar (aún) más su terrible soledad; escenas de la cotidianeidad con Jim son aún más dolorosas y perfectas para él. Las escenas del pasado con Jim se nos presentan con unos tonos cálidos, al contrario de las escenas actuales, donde predominan los tonos fríos. No hace falta descifrar el significado, es más que evidente.

A single man

George empieza a verlo todo con una especie de asco, todo a su alrededor se ha vuelto una nimiedad, con un punto de ordinariez; Jim volvía todo más bello, la vida tenía un significado. Cuando habla con un colega de trabajo, le comenta: “mira alrededor, Grant. Muchos de estos estudiantes no aspiran más que a un trabajo fijo. Desean criar niños bebedores de Coca-Cola, que en cuanto aprendan a hablar, canten los jingles de los anuncios y destrocen cosas a martillazos”. Para George, el escenario que tiene a su alrededor, con la crisis de los misiles de Cuba no tiene importancia. Todo es burdo. Todos son burdos. Dice que los chicos, los estudiantes le miran “con un sopor bovino”. Para finalmente reconocerle a su colega que “si no va a haber un mundo con sentimientos, no creo que quiera vivir en él”.

A single man

Cada palabra que pronuncia George hace que se nos desnude un poco más; le resulta imposible no poner una parte de sí en cada una de ellas, lo que hace que para el espectador cobren aún más valor, ya que nosotros sí sabemos lo que pasa por la cabeza de George.

A sus alumnos les habla del miedo, para acabar hablando de “el miedo a hacerse viejo y a estar solo”, miedos universales en el ser humano. ¿Podríamos decir que Paterson se encuentra sólo a pesar de estar casado, de tener una compañera? George no quiere eso en su vida, quiere un amor que le llene por completo, no dejarse llevar por la inercia de la monotonía diaria.

En el banco se encuentra con su vecina, cuya hija le pregunta: “¿Por qué estás tan triste?”. Ve cómo se despide de él, puede con la sensación de que esa pomposa niña sea la única persona que haya visto lo que hay en su interior, y la ve marcharse con su madre intentando recordar ese vestido azul y esa cara amable despedirse de él.

A single man

Un hombre que parece sacado de otro tiempo, o a lo mejor, atemporal, que busca lo que ya nadie le puede dar, no se conforma con un sucedáneo, que es capaz de oler a un perro y percibir en él “olor a tostadas con mantequilla”. Él busca, como el disco de Coltrane coetáneo a la trama “A love supreme”. Peor, lo ha tenido y lo ha perdido.

A single man

Los ojos de Janet Leigh en “Psicosis” que le miran: ella en la película también ha tenido un amor clandestino. “A veces las cosas horrorosas tienen su punto de encanto”, le dice Carlos, el chico al que conoce, una especie de chapero al que piropea y le paga solamente por la compañía, por un cigarro juntos; no cede ante la tentación que se le pone por delante.

-George: “Hoy es un día bastante grave para mí”

-Carlos: “¿Qué puede haber tan grave para un hombre como tú?”

– George: “Estoy intentando olvidar un antiguo amor”

Mi madre dice que los amantes son como los autobuses, sólo hay que esperar un poco hasta que llega otro (…) Todo lo que necesitas es alguien que te quiera de verdad – sentencia Carlos. Un hombre como George, con ese envoltorio tan perfecto, no puede tener problemas. Parece que sólo la niña de vestido azul ha sido capaz de leer su tristeza.

-”¿Qué puede haber mejor que estar aquí contigo?”- le dice Jim a George en una preciosa escena que rememora este. Nos vamos dando cuenta de la gran pérdida de George. -”Si muriera ahora mismo, no me importaría”- le dice Jim; inquietantes y proféticas palabras. “Pues a mí sí que me importaría”- le replica George.

A single man

16 años juntos; 16 años de absoluta y plena felicidad. Cuando su amiga le insinúa que ellos podrían haber tenido una relación de verdad, George se enfada. Él tenía a Jim, él tenía una relación de verdad, aunque ella insista en que él tenía con Jim un sustituto. Después de tantos años de amistad, su amiga tampoco entiende su relación ni sus sentimientos.

A single man

Jim no era un sustituto de nada ni de nadie, y si no hubiera muerto aún seguiríamos juntos”.

Preciosa frase para terminar esta reflexión acerca de cómo trata el amor esta película. Pero la trama sigue, y animo a verla por completo, y hacer un ejercicio de comparación como el se ha hecho aquí, y hacernos reflexionar un poco, mirar hacia nosotros acerca de cómo estamos viviendo el amor, a qué película se parece más, y sobre todo, cómo queremos vivirlo. Si somos un “Paterson” o un “George”. Porque el amor, el AMOR, sigue siendo uno de los motores que hace que el ser humano siga cada día adelante.

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