Películas y prejuicios

Cada año llegan a la pantalla del cine y de la televisión un buen puñado de producciones basadas en las llamadas “novelas románticas victorianas o de época”. ¿Por qué resultan tan atractivas este tipo de historias? ¿Qué buscamos en ellas? Vamos a intentar analizar este fenómeno y, por qué no, intentar quitar ese velo de “ñoñería” que las cubre, todo resultado del desconocimiento que existe al respecto.

 

Época y estilos

En primer lugar, vamos a intentar delimitar temporalmente estas obras, algo no tan fácil de conseguir, ya que este tipo de novelas se entremezclan entre distintas épocas.

Si bien la época victoriana abarca un período bastante amplio, ya que el reinado de la reina Victoria de Inglaterra abarca desde el año 1837 al 1901, no nos podemos limitar a este período para enmarcar este tipo de novela, ya que, por ejemplo, Jane Austen, cuyas novelas puede que hayan sido las más llevadas al cine y a la televisión, murió en 1817. Aunque tampoco se puede encajar en la época gótica, ya que no comparte ninguna de las características de este período; es inequiparable a Mary Shelley, por ejemplo.

Y aquí radica la universalidad de Jane Austen. Su punto de vista es tan moderno, su estilo de escritura tan moderno, que el lector muy fácilmente se adentra en sus historias. Por lo tanto, vamos a acotar los autores y estilos de los que vamos a hablar, debido precisamente a esa inabarcabilidad y a la heterogeneidad. Limitándonos a las adaptaciones que se ha hecho para cine y televisión, podemos ajustarnos a autores como Jane Austen, las hermanas Brönte, Elizabeth Gaskell y Thomas Hardy.

¿Qué es lo que tienen en común estos autores, y que es lo que les hace tan “versionables”, si se me permite el término? Aparte de la temática, de la que hablaremos enseguida, estos autores rompen con la “cuarta pared”, haciendo al lector participe de la historia, como manteniendo un diálogo con nosotros. Los autores apelan continuamente con frases del tipo “¿no le parece, querido lector?”, que a la hora de llevar a la pantalla se sustituye por la cámara, por la mano maestra del director. Otro punto importante a destacar es que estos autores no se pierden en una excesiva palabrería ni adornos artificiosos, no se explayan en descripciones, sino que los personajes se retratan ellos mismos a través de sus palabras, de los diálogos, que muchas veces alcanzan el nivel de un partido de ping pong. Su plasmación en la pantalla vuelve a ser trabajo una vez más de producción, punto muy a favor, ya que gracias a este detalle, todas películas y series cuentan con un diseño de producción, vestuario, maquillaje, peinado, banda sonora y localizaciones exquisitas.

Orgullo y prejuicio

 

Costumbrismo vs romanticismo

Uno de los grandes errores a la hora de enfrentarse a este tipo de adaptaciones es el de considerar estas obras como meramente románticas, ñoñas, cursis, cuquis. Y aquí radica el gran problema. Estas obras se pueden considerar como obras costumbristas en tanto reflejan los grandes problemas de su época. No se dedican a la fantasía romántica. Sus personajes son consecuencia de la realidad que les rodea y se ven afectados por ella.

Lejos del mundanal ruido

En “Lejos del mundanal ruido”, por ejemplo, tenemos como fondo el tema agrario, la especulación sobre el precio del trigo, las relaciones entre jornaleros y patrones.

Lejos del mundanal ruido

En “Norte y Sur” tenemos como trasfondo las fabricas de algodón, en una clara crítica a las carencias que tenían sus trabajadores, a las malas condiciones en las que trabajaban y las penurias que sufrían debido a la falta de escrúpulos de los empresarios al no incorporar en las fábricas mecanismos para mejorar la salubridad en las mismas y especular con el dinero, con el fin de enriquecerse aún más.

Norte y Sur

En “Jane Eyre” y en “Mansfield Park” hay claras alusiones al colonialismo y a la esclavitud, dejando leer entre líneas que alguno de sus personajes ha comerciado y\o se ha lucrado con el comercio con esclavos. Desde luego, es imposible separar la realidad de Gran Bretaña de esa época con la expansión del Imperialismo. Por lo tanto, se puede afirmar que estas historias trasgreden el plano del romanticismo más poético para adentrarse en terrenos pantanosos. Puede que estas historias, al adaptarse al cine y a la televisión, hayan perdido parte de su carácter costumbrista y de crítica social, aunque también hay que estar un poco ciego para adentrarse en ellas tan solo por el romance.

Jane Eyre

Sus protagonistas, todas mujeres jóvenes, son causa y, por qué no, víctimas de su tiempo. Las mujeres acusan profundamente el sistema patriarcal vigente. Solo tienen derecho a heredar los varones primogénitos, por lo que las mujeres, para salir de la pobreza solo tienen como salida casarse por conveniencia, buscar un matrimonio ventajoso. Las señoritas pasaban el tiempo bordando el ajuar y educándose en diversas artes para poder aspirar a un buen marido.

En palabras de Jane Austenlas mujeres solteras tienen una tendencia espantosa a ser pobres, un argumento con mucho peso a favor del matrimonio”. Las protagonistas de estas historias rechazan frontalmente este tipo de vida. Se casan únicamente por amor, las mujeres que lo hacen por interés son caricaturizadas y no revelan una vida feliz. Las protagonistas de estas historias tienen las riendas de su vida, son independientes. Al final de “La abadía de Northanger” se nos dice “dejo a quién pueda corresponder o interesar que determine si esta obra tiende más a recomendar la tiranía paterna o a recompensar la desobediencia filial“. O Jane Eyre, al decirle al señor Rochester: “soy un ser humano libre, con libre albedrío. ¿No son palabras absolutamente transgresoras?“.

Aprovechando el aniversario del fallecimiento de Jane Austen, se han publicado muchísimos artículos y estudios en los que se presta atención a esta parte menos conocida de sus novelas. Por ejemplo, The Economist escribió que “su lugar y significado en la cultura también han cambiado a medida que la sociedad ha cambiado”. Darwyn Deyo en International Journal of Pluralism and Economics Education, resalta que “el pensamiento económico de Austen se puede entender al analizar tres temas principales en sus novelas: la pobreza, la acumulación de capital humano y el mercado matrimonial”. Algunos economistas van más allá y relacionan estas tramas con la teoría de los juegos o las teorías de Adam Smith.

¿Acaso ve el espectador estos temas al abordar alguna de estas películas o series? Se podría decir que no, aunque también hay que cambiar nuestro punto de pista, mirar con otros ojos para ahondar en estas historias, no quedarnos con la superficie de las cosas. Claramente estas producciones no van a estar, ni lo pretenden, a la altura de Tarkovski, pero tampoco hay que tomárselas a la ligera.

El otro punto, el romanticismo, también nos habla de la condición humana. En estas historias, las protagonistas trasgreden permanentemente la norma, palabra bastante enraizada también a la época, y cuanto más se trasgredían, mayor era el goce, y mayor nuestro goce al verlo. Todo (ropa, costumbres) está perfectamente planificado para ocultar lo que no se debe ver, lo que debe estar oculto: el deseo. Se nos habla del DESEO, de aquello que estaba tan constreñido y que había que enjaular. Estas chicas traspasaban todo eso y se dejaban llevar por ese deseo irrefrenable. Recordemos, por ejemplo, que Jane Eyre es una institutriz que se casa con su patrón; no sólo se enamora, sino que se casa con él. Son curiosas, por ejemplo, las palabras de Lacan al afirmar que “sin la reina Victoria el psicoanálisis no hubiera existido”. Estas historias nos hablan del despertar de lo que está latente.

¿Se podría hablar de historias feministas?

Desde luego, hablamos de mujeres con un carácter muy marcado, que son incapaces de mantener conversaciones vacuas y que se mantienen dignas ante la adversidad. Son ellas las que rechazan a los hombres, se permiten el lujo de rechazar matrimonios que les favorecerían de manera muy beneficiosa en detrimento de una honestidad consigo mismas que no estaba demasiado valorada en la época. Las apariencias y la mojigatería eran las palabras clave en un mundo de hombres en los que las mujeres eran meros floreros. La Margaret Hale de “Norte y Sur” se enfrenta a los trabajadores enfurecidos contra su patrón resultando herida, pero sus ideales y su moral están por encima de los convencionalismos de la época.

Por ignorancia, estas historias han caído en el saco de novelas románticas para mujeres al uso, sin contemplar las historias universales y contemporáneas que en ellas se nos describen. Acaso, ¿no hay mayor machismo que el de poner una etiqueta errónea a unas historias, seguramente por estar protagonizadas por mujeres? La Anne de “Persuasión” afirma “no creeré que la naturaleza del hombre sea más inconstante que la de la mujer para olvidar a quienes ama o ha amado, al contrario, creo en una analogía entre nuestros cuerpos y nuestras almas”. ¿No hay mayor descripción más bella para la igualdad entre hombres y mujeres?

 

¿Qué busca el espectador?

Es innegable que lo que el espectador busca en estas historias es belleza, una belleza construida a base de un buen trabajo de producción y que traspasa las novelas para convertirse per se en historias riquísimas, pero que a su vez, resultan una delicia a ojos del espectador.

Un par de ejemplos los tenemos en el vestuario y en los exteriores. Las casas son muy importantes en estas historias, ya que ejemplifican “ese oscuro objeto de deseo”. A través del matrimonio, las mujeres podían optar a estas magníficas casas, símbolos de estatus y riqueza.

Mansiones

Tampoco le vamos a quitar el mérito a estas producciones de sublimar el amor, uno de los puntos que seguramente más atraiga al espectador. Los hombres, todos muy galantes y gallardos, no dudan en exponer sus sentimientos a las mujeres, de declararse. Encontramos unas declaraciones de amor absolutamente fascinantes, como la del señor Darcy: “si sus sentimientos siguen siendo los mismos, dígamelo. Mi afecto y mis deseos no han cambiado, pero una sola palabra suya me hará silenciar para siempre. Sin embargo, si sus sentimientos han cambiado, debo decirle que ha embrujado usted mi cuerpo y mi alma, y que la amo, la amo y la amo y ya nada podrá separarme de usted”.

Orgullo y prejuicio

Estas producciones, además,se toman la licencia de ir un poco más allá y no es raro encontrarnos escenas llenas de sensualidad, e incluso, como en el caso de “Mansfield Park”, mostrar una escena de sexo, cosa inconcebible en los libros, e incluso, una escena con tintes lésbicos.

Mansfield Park

Mansfield Park

 

Influencia en los guiones actuales

La huella de estas historias ha calado bien hondo y ha influenciado en un buen puñado de películas y series actuales. Al fin y al cabo, estamos hablando prácticamente del clásico cuento de la Cenicienta pero con tintes sociales y con una protagonista más adulta. Y por eso puede que se le haya pegado el cartel de películas para mujeres, porque al versionar estas novelas, puede que hayan perdido algo de su crítica social. Es fácil ver en películas tipo “El diario de Bridget Jones” o series como “Sexo en Nueva York”. Aunque… ¿no podríamos ver algo de estas historias en algunos trabajos de Ken Loach, por ejemplo? Se le considera el heredero de lo que se denomina realismo social británico. ¿Podría ser heredero de autores como Austen o Gaskell? Su realismo, su incorformismo social, su crítica a la sociedad y todo con un toque de humor, ¿no son características propias de las novelas de Jane Austen, por ejemplo?

También tenemos que mencionar la cantidad de guiones basados en estas novelas, que se basan “ligeramente” para hacer otros guiones nuevos, como “Clueless” o la hindú “Bodas y prejuicios”.

Bodas y prejuicios

Desde luego, la sombra de estos autores es alargada. Autores modernos como J.K Rowling no esconden su admiración hacia estos autores, al punto de encontrar, por ejemplo en “Harry Potter” a una Mrs Morris, al igual que un personaje de “Mansfield Park”.

“La edad de la inocencia”, novela de Edith Wharton y obra en la que se basó Martin Scorsese para la película del mismo nombre, se publicó en 1920, aunque se ambienta en la década de 1870. A pesar de estar situada en Nueva York, podemos encontrar algunas características de estas novelas en ella, detalles que se han llevado muy bien a la pantalla.

La edad de la incencia

Jane Austen ha conseguido que directores como Ang Lee lleven a la pantalla una de estas novelas quitándose de encima cierto manierismo a la hora de dirigir.

Seguramente, este artículo no hará que haya más gente dispuesta a acercarse a estas obras, pero claro, también hace falta un cierto grado de valentía para quitarse todos los prejuicios de encima. Al fin y al cabo, estas obras no hablan de nosotros, de la condición humana y esto puede resultar incómodo. Ahora bien, ¿algún valiente?


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