“Ponyo en el acantilado”: Miyazaki vuelve al dibujo más tradicional

Recuerdo que la primera vez que vi, porque seguramente la haya visto ya dos o tres veces, “El viaje de Chihiro” en los cines Odeón de Elche pude volver a mi infancia, fui capaz de sentirla como si la hubiera vivido hace un par de día, a esas tardes de entre semana e incluso mañanas de los sábados en que los dibujos animados me mantenían enganchado al televisor. No hace mucho descubrí que Hayao Miyazaki, el director de “El viaje de Chihiro”, había dibujado también las series animadas de mi infancia como “Lupin”, “Sherlock Holmes” y “Conan, el niño del futuro”, cuyos trazos pude reconocer también en “Ponyo en el acantilado”, la última aventura de Miyazaki, que se resiste a dejar de lado el dibujo tradicional.

Dirigida a un público infantil o al menos a aquellos predispuestos a olvidar la rutina adulta durante dos horas

Y así me volví a sentir, como un crío, viendo “Ponyo en el acantilado”, una película premeditadamente infantil y orgullosa de serlo, desde esos títulos de crédito de colores chillones y poco tratados hasta la ligera y mínima trama que nos cuenta la historia, suave y la mayoría de ocasiones totalmente entendible, con esas licencias fantásticas, cambios de ritmo y personajes extravagantes sin justificación alguna.

Aquellos que vieron en “El viaje de Chihiro” un sinsentido del imaginario cultural japonés, seguramente no disfrutarán de la historia de Ponyo, porque además está dirigida a un público infantil o al menos a aquellos predispuestos a olvidar la rutina adulta durante dos horas. Se perderán algunos de los momentos más impresionantes de la animación de los últimos años (spoiler) como el primer viaje de Ponyo a la superficie y la carrera sobre las olas, de una epicidad arrolladora, con una fueraz inusual, alternando de estado de pez a estado humano, en busca de Sosuke, su nuevo amigo de carne y hueso (acaba spoiler).

Se ha dicho, sobre todo después de deslumbrar en Venecia el año pasado, que el director se ha tomado esta película como una revisión muy libre del cuento de la sirenita.

Son muchos los puntos en común que tiene con el cuento de Perrault, pero esta historia de amor entre un niño y una especie de anfibio entronca también directamente con la lista de esas nuevas películas de animación en pro de la conservación del medio ambiente y su armonía con el devastador efecto de las urbes tales como por ejemplo “Wall-E” y “Metrópolis (considerada, por muchos, como la cumbre del cine anima por encima incluso de “Akira”).

LO MEJOR

  • Los estallidos de color en los pasajes con más nervio de la historia, de un subidón impresionante. Si la hubiera visto siendo niño aún estaría soñando con correr por encima de las olas, abrazar a mi gran madre por debajo del agua y tener una amiga como Ponyo.
  • Los momentos de calma están tan bien cuidados como el resto.
  • El primer viaje de Ponyo a la casa del acantilado.
  • La relación que Sosuke mantiene con su madre, una relación de libertad dentro del respeto.

LO PEOR

  • Su conservadurismo no le va a la zaga y puede darle muchos más detractores que seguidores.
  • Algunas reacciones fuera de tono de los personajes (spoiler) como la madre superwoman capaz de volar con un mini coche destrozando el acelerador (acaba spoiler).
  • El final, demasiado rápido y sin demasiadas explicaciones, es quizás la única parte que no se entienda. Será que ya no somos niños y estamos acostumbrados a rompernos la cabeza, sí, será por eso.

NOTA: 8 / 10

Entrada publicada originalmente en “The Eternal Blog” de la web Fila Crítica el 29 de mayo de 2009.
Trasladada a Código Cine el 1 de marzo de 2015.

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