“Secretary”: Una iniciática e intimista recreación de la dominación-sumisión sexual

Una recreación fílmica de los engranajes básicos de la dominación-sumisión sexual que con mesura y control configura un film de máximo goce erótico y una paradigmática y magnética fantasía.

Aunque “Secretary” nunca alcanzará una aclamación histórica mayor de la que obtuvo durante su estreno en 2002, no se puede negar que desde entonces ha sabido ganarse un secreto galardón tan meritorio como el valor que esconde la voluntad de cuantos la hicieron realidad. No cuenta ni con el estilo de películas de corte erótico clásico, ni tampoco con su arrojo visual, y mucho menos con una etiqueta de género que le permita llegar lejos en la presentación de sus escenas más comprometidas, pero acierta a moverse en una franja de experiencias relacionadas con la sumisión sexual con una cierta sutilidad, estudiando sus mimbres más pretéritos, su germen y su nacimiento, y todo ello con una eficacia erótica innegable que aún gana más por llegar de forma tan inesperada. Ya está situada en el ranking de “Las películas más eróticas que recuerdo” que está creando Filmaffinity  y lo ha hecho sin levantar la polvareda mediática o el escándalo revistero propio de otras películas del pasado como “Una proposición indecente”, “Nueve semanas y media” o “Fuego en el cuerpo”. Se coló en nuestras vidas de forma sigilosa, y cuando descubrimos la propuesta y su inquietante contenido de aspecto doméstico pero de imparable efecto tuvimos que rendirnos y confesar que la película ya había empezado a resultar de lo más especial para un colectivo creciente de cinéfilos y no tan cinéfilos.

La película cuenta la historia de Lee (Maggie Gyllenhaal), una joven que tras ser internada en una clínica psiquiátrica por provocarse cortes y heridas a lo largo de su cuerpo, sale por fin y vuelve a casa justo el día en que su hermana mayor, la hermana rubia, atractiva y exitosa, se casa con un apuesto joven según los cánones del más tópico “sueño americano”. Lee se siente invisible, apartada, problemática y en perfecta disonancia con un mundo en el que no siente ni que existe. A punto de caer de nuevo en la tentación de lacerarse con los útiles de su estuche de costura, Lee decide postularse como secretaria a las órdenes de un abogado, el Sr. Grey (James Spader), y empezar a trabajar en su bufete. Su jefe pronto se sentirá exasperado por los errores cometidos por Lee pero también comenzará una complicada relación con ella donde su deseo de reprimenda llegará tan lejos como para activar sus deseos sexuales de dominación hacia Lee. Eventualmente, Grey pierde el control de sus fantasías y comienza a emerger un irresistible juego de dominación-sumisión con Lee. Y ella, inesperadamente, quedará prendada del placer tóxico que sentirá en su faceta de sumisa.

Aunque la película cuenta con una narración, un diseño, una puesta en escena, etc., totalmente convencionales y dirigidos al gran público, tampoco esconde, en realidad, su vocación de alcanzar a quienes se sienten interpelados por la lógica de la dominación-sumisión sexual en un grado doméstico bajo la premisa final de que en realidad éste no es un segmento ni tan específico del público, ni tan reducido. La película se articula durante su metraje (y de forma explícita en su último plano) apostando por la presencia del germen de estas fantasías de forma horizontal a la práctica totalidad de su audiencia, a la que no subestima en ningún momento y con la que pronto dialoga sobre los límites de la sumisión y el sentido del respeto interpersonal en dicho contexto. Da igual que la audiencia no se haya planteado la propuesta en su esfera más íntima de lo sexual, puesto que la película nos configura como audiencia virtual con potencial de llegar a compre(he)nder el fenómeno, sus engranajes y su eficacia sexual. Por decirlo en términos estructurales, la narración configura un narratario al que guía sibilinamente y desde cero en un in crescendo hacia el juego de la dominación, dando por supuesto que el hecho de configurarlo de ese modo multiplicará el fenómeno de la identificación entre el público y los personajes principales. No cae en ningún momento en el moralismo, sino que más bien exhibe una receptividad y una vehemencia comprensiva desde el punto de vista sexual y psicológico lo suficientemente eficiente como para dar cobertura a la lógica de la dominación-sumisión y su desarrollo diegético a lo largo de la historia. Dicho en otras palabras, Secretary” nos trata como si tuviéramos una “Lee” y un “Sr. Grey” dentro de nosotros mismos, cada uno a elegir, y aunque no sea así, la fantasía funciona durante al menos la hora y tres cuartos que se extiende su metraje. Quizás por éste motivo es por lo que ha terminado convirtiéndose en una película secretamente especial para muchos, muchos espectadores. Su tono doméstico permite que espectadores incapaces de confesarse interesados en “Historia de O” se vean inesperadamente excitados por una propuesta de formas suaves y bien medidas pero que apunta a cada minuto a los mecanismos que aceleran la lógica de la dominación con una introducción didáctica y alcanzable por todos los públicos.

De hecho, ese aterrizaje “didáctico” se produce durante los primeros minutos de la película. Entre las primeras escenas, “Secretary” dispone imágenes suficientes para educar al espectador en dos pilares fundamentales cuya lógica debe ser comprendida antes de entrar en materia:

  • La dicotomía entre dolor-placer: Una insólita dualidad en la que los espectadores avanzados en esta materia no verán novedad alguna pero que exigirá un esfuerzo de comprensión a quiénes se muevan en materia sexual por los parajes más convencionales. Ya se conciba esta dualidad como la cara doble de una misma sensación compleja, o como dos estadios adyacentes que se suceden, requiere del espectador una cierta competencia en esta correspondencia aparentemente antagónica que, sin embargo, es de lo más habitual.Para ilustrar esta adyacencia que el espectador debe comprender y retener en su cognición durante la descodificación de la película, ésta le muestra una incómoda escena en la que Lee desnuda el interior de uno de sus muslos y pega a su piel la tetera metálica hirviendo, como una forma de hacer físico y superficial el dolor interno que le produce asistir a la violencia que su padre aplica sobre su madre como resultado de su adicción alcohólica. Un primer plano del rostro de Lee muestra su gesto de dolor cuando la tetera entra en contacto con su piel, pero el mismo plano fijo muestra el alivio placentero que le sucede a continuación: Una evolución en dos estadios que será clave para comprender el resto de lo que está por venir.
  • La lógica del fetiche: Si bien “Secretary” no es una película sobre fetiches, es evidente que la dirección, el montaje y en ocasiones hasta la iluminación sí responden a un tratamiento fetiche de algunos elementos. No debe resultar extraño considerando la temática de la película así como que parte del placer que Lee obtiene al poner en funcionamiento la lógica sumisa surge sólo gracias a que el Sr. Grey se deja llevar por los túneles de sus debilidades que están escritas en términos de fetiche. Como ejemplos del tratamiento fetiche que algunas imágenes realizan de ciertos elementos, cabe mencionar desde los lazos de las blusas alrededor del cuello de Lee, los múltiples planos de sus labios, la utilización fetiche de la ropa interior, la forma e iluminación del pasillo que conduce al despacho de Grey (que está planteado como un largo pasadizo oscuro con luces que recuerdan a antorchas prometiendo experiencias de carácter medieval en su interior), la sacralización de elementos cotidianos como un conjunto de 4 guisantes o el hecho de que Grey decida que sus cartas se escriban con máquina de escribir en lugar de a ordenador. También se advierte un toque fetiche en detalles como el extremo cuidado con el que Grey cuida a sus delicadas plantas, un destino del mimo que se convierte en objeto de deseo para Lee (de hecho llega a imaginarse viviendo dentro de una de esas flores y recibiendo el mimo de las manos de Grey). Aunque la película no adopte cambios cromáticos o una sintaxis específica que denote el tratamiento fetiche (como sucedía en “Life lessons” de Martin Scorsese), no son pocos los planos en los que se advierte esta forma de aproximación a los objetos.

 

"Secretary" y los fetiches

 

La evolución de Lee, la “secretaria”

Secretary” cuenta en realidad la historia de cómo Lee abandona una tóxica adolescencia en la que se autoinflige dolor, cortes, etc. y atraviesa una profunda transformación hacia una estabilidad madura en la que las fuerzas perversas que le acuciaban se convierten en un juego razonablemente inofensivo en el contexto del amor. Y es que, según se nos plantea al comienzo del film, Lee se ve abocada a vivir a la sombra de una hermana atractiva y exitosa a la que parece que la vida le sonríe de formas muy convencionales, y sufriendo una cierta incomprensión por parte del resto de la gente, incluyendo a su propia familia. Alejada de toda integración social, Lee comienza a recluirse dentro de sí misma, en su cuarto, y comienza a infligirse dolor para hacer emerger su sufrimiento más profundo y sentirse de algún modo reflejada en el mundo. Cuando Grey conoce a Lee descubre este detalle en la primera entrevista: “Eres… cerrada, hermética. Un… muro”. Y Lee le contesta: “Lo sé”.

Una de las consecuencias de la reclusión a la que Lee se somete voluntariamente o no es que su crecimiento personal se ve en cierto modo interrumpido conservando costumbres, hábitos y estilos propios de una adolescencia que pide a gritos ser superada cuanto antes. Así, su forma de vestir es pueril y recatada y no renuncia al uso de prendas como los leotardos de colores; sus gestos faciales incluyen juegos con la lengua y las comisuras de los labios mientras escribe a máquina, además de mantener a menudo un gesto de ingenuidad; camina de forma pueril con pasos amplios y desenfadados sin ninguna feminidad; permite a su madre llevarla y recogerla del trabajo por la mañana y por la tarde, etc. Es un muestrario de costumbres que denotan el limitado recorrido personal de una joven que ha vivido desconectada de la realidad primero por su reclusión física en una clínica y segundo por su reclusión mental de carácter protector que la mantenía a salvo de la perversa comparación con su hermana, del alcoholismo de su padre y de sus continuas discusiones con su madre. Nos incorporamos a la vida de Lee cuando esta doble reclusión ha causado ya un daño irreparable en su comportamiento y, desde luego, una pérdida de vida que se refleja en una conducta adolescente.

"Secretary" La evolución de Lee

Sin embargo, el abogado E. Edward Grey va a suponer un gran cambio en la vida de Lee. Cuando Grey descubre que Lee esconde abundantes tiritas en la piel de sus piernas y un estuche de costura lleno de útiles punzantes con los que se autopractica cortes y heridas, decide intervenir. En una escena intensa y emocionante, Grey centra toda su atención sobre Lee y, aunque inicialmente la trata como a una niña a la que hay que decir lo que no debe hacer, al momento se produce una evolución de tono y pareciera dirigirse a una mujer adulta a la que le muestra el camino hacia la madurez. Grey reglamenta con sus palabras la conducta que se espera de una mujer adulta y la practica sobre el tono mediante el cuál se relaciona con Lee, dando vida a una nueva mujer que, gracias a la intensidad y a la eficacia de la escena, comparece con total verosimilitud ante la audiencia. Resulta increíblemente sorprendente cómo el espectador siente que el discurso de Grey resulta (inesperadamente) eficaz y se convence de que Lee no volverá a herirse nunca más. Lo que parece suceder en realidad es que Lee siente la atención de Grey sobre ella con una fuerza tal que queda como persona impresa en la realidad, formando parte de ella de forma espontánea y natural, sin pretensiones ni disfraces. Lee siente que el discurso recibido adolece de contenidos bien sabidos por ella, pero advierte en él y por primera vez las guías inequívocas que denotan un discurso adulto, siente el respeto recibido por parte de Grey y descubre los albores de su faceta de mujer adulta que comienza a vislumbrar. La dignidad de las palabras de Grey funciona así como un ingrediente crucial, seguramente inexistente en los intentos clínicos y familiares anteriores, y activa por fin una cierta “catarsis”, un engranaje de evolución que comenzará a dejar atrás para siempre la Lee adolescente que había sido hasta ese momento. Grey comienza la escena ofreciéndole un chocolate caliente, un motivador pueril, pero termina diciéndole que vuelva a casa sola dando un paseo, una costumbre adulta. Y para hacerle sentir que ella es digna de la escena, de su atención y de la solución, Grey la fotografía con una cámara Polaroid poniéndola en el centro de la foto, en el centro de su atención, y progresivamente de su vida. Lee reacciona sonrojada al no estar acostumbrada a recibir verdadera e interesada atención, pero la sensación se convierte en el umbral de una puerta de adultez que en ese preciso instante y gracias a la locución directa de Grey, Lee comenzará a atravesar (“Ya lo has superado”, le dice Grey). Sin duda, la intensidad de esta escena se apoya enormemente sobre la eficacia interpretativa de Maggie Gyllenhaal adoptando y recreando los gestos de una mujer joven que en el fondo sigue siendo una adolescente, y también en la firmeza maravillosa de la mirada de James Spader (un activo que sin duda resultaría de gran utilidad para crear posteriormente al memorable Alan Shore de “Boston Legal” junto a su amigo William Shatner).

El empleo de Lee y, en concreto, conocer a Grey, va a articular su evolución personal. La película lo refleja a través de sus escenas juntos pero también lo predice a través de algunas imágenes interesantes y de lo más simbólicas. Por ejemplo, valga el plano casi cenital en el que Lee aparece tomando un baño dentro de la bañera y en el que sólo se le ve el rostro y las manos, como si estuviera emergiendo por fin de una profunda inmersión psicológica que la hubiera mantenido demasiado lejos de la realidad. Por cierto, en la misma escena, Lee se recrea pronunciando un “nosotros” con el que se refiere a Grey y a ella misma, a modo de pequeño y encriptado vaticinio de lo que sucedería más tarde. Además, en la misma escena, Lee lanza al cubo de la basura uno de los pueriles juguetes que rodean la bañera, lo que puede interpretarse como un indicador de superación de la infancia y de las dependencias con los objetos que la protagonizaron. De algún modo, describe la predisposición que Lee está viviendo hacia los cambios que su vida va a experimentar y que en realidad es ella misma quién los ha puesto en marcha.

A medida que la relación laboral y personal entre Lee y Grey va progresando, Lee evoluciona afianzando su progreso personal y reflejándolo poco a poco a través de pequeños cambios bien perceptibles: Los leotardos de colores se convierten en medias de mujer; las faldas largas se convierten en faldas de oficina, los zapatos comienzan a tener tacón, la forma de caminar se vuelve femenina y sofisticada; aparecen perlas alrededor de su cuello, trajes con chaqueta, pendientes, cigarrillos, etc. La sanción final de esta proceso de evolución textil se produce de facto en la última parte de la película en la que Lee aparece durante gran parte del metraje vistiendo un traje de novia a modo de pináculo evolutivo, como una meta volante alcanzada por fin y que confirma la transformación del personaje.

Dominación / Sumisión

¿Es Lee una secretaria sumisa? ¿las debilidades sexuales de Grey son la llave de la sexualidad de Lee? Sin duda, la verdadera fuerza energética de la historia y probablemente su principal “reason why”, la esencia explicativa de la existencia de “Secretary” como producto, resida en la dualidad dominación-sumisión desde un punto de vista de carácter sexual que se despliega en la historia de forma sutil pero que termina impregnando toda la narración. De hecho, y para que nadie se pierda ni se desconecte por impaciencia, la película programa en su primera escena una coreografía sumisa que ejecuta Lee para placer de un virtual Grey al que aún, en ese punto, no conocemos. Se trata de una suerte de flash-forward en el que Lee, con un arnés metálico fijo a su cuello e inmovilizando sus muñecas, representa para placer de la audiencia la cotidianeidad de su (futura) relación de juego sumiso con E. Edward Grey, construyendo así de pronto un irresistible escenario en donde la música y el rostro complacido y autosuficiente de Lee transmiten a la audiencia su conformidad y hasta su consuetudinariedad. La historia, poco después, retrocede para explicar el origen de este fetiche y este juego imposible de ignorar, pero la escena inicial marca un vector de dirección para una narración que se tomará su tiempo, y que gana tiempo ante la audiencia más deseosa.

"Secretary" - Dominación - sumisión sexual

Tras la escena que hemos titulado “Ya lo has superado” (en la que Grey configura con sus palabras a una nueva Lee en la senda de la madurez y le confiere el estadio para superar su adicción a infligirse dolor y provocarse cortes), ella realiza un acto de sustitución o de traslación colocando en el centro de su atención a la única persona que le había tratado con dignidad y respeto adulto y que le había indicado el camino de la madurez. Grey se convierte en el hombre total, la fuente de su nueva condición estable y el origen de su nueva fase como mujer. La película recurre a la canción “I’m your man” de Leonard Cohen para acompañar a Lee obedeciendo las peticiones recibidas de Grey, oficialmente a modo de órdenes laborales, pero en el fondo discurriendo bien asidas al juego de la dominación y la sumisión, lo que provoca a Lee esa autocomplaciente sensación que mostraba en la primera escena y que anda rayana en el placer sexual. Grey es el lugar y el momento en que todo re-nace para Lee y se convierte pronto en el destino de su juego y de su existencia. Así es cómo Lee completa el proceso de sustitución de su adicción de dolor auto-infligido por el dolor que se deriva de una sumisión voluntaria. El cambio se vuelve absolutamente irresistible para Lee, que descubre que ya dispone de las herramientas necesarias para jugar como la mejor en esa dualidad dolor-placer en la que su adolescencia la hizo experta. Descubre que sus principios básicos de funcionamiento y actuación no se diferencian tanto de aquellas ocasiones en las que hervía una tetera y pegaba a su piel su lado metálico ardiendo, sólo para comprobar y absorber la adyacencia del placer que seguía al momento. Lee se conecta a una lógica que vive en lo más profundo de sí misma, cuyas leyes ha interiorizado a lo largo de su vida, cuyos límites ha traspasado a menudo en sus tiempos de adolescencia, y que es el abecedario básico de un juego que aparece de forma espontánea con un ser simétrico a ella.

Grey. Sus debilidades se muestran pronto y terminarán haciéndolo sin complejos, aunque comienzan de forma suave y bien introducida, cuando aparece sintiendo un enorme deseo por Lee mientras la contempla ejecutar una orden humillante como es ir a rescatar de la basura unos documentos supuestamente tirados por error. Mirándola a escondidas por la ventana, lo cuál apunta a otro fetiche que aquí no se desarrolla pero cuya presencia no resulta displicente en este argumentario (hablamos del vouyerismo), Grey siente la punzada de su fetiche, el de la dominación, provocándole un goce escópico no relacionado con lo que se descubre en el cuerpo de Lee, sino por lo que él siente dentro de sí mismo al contemplarla en el ejercicio de esa cierta humillación. Aunque Lee (Maggie Gyllenhaal), es presentada como la protagonista de la historia y sobre ella recae la responsabilidad principal de la producción y de la interpretación, bajo cierto punto de vista puede argumentarse que Grey y la búsqueda de su felicidad en el tenso contexto de sus fetiches podría ser el verdadero personaje central de una historia en donde Lee puede concebirse como la construcción compleja de un meandro que terminará encajando con Grey como la más irregular y preciada pieza de su rompecabezas sexual. Así, el desarrollo diegético de Lee y su accidentada biografía de laceraciones, podría entenderse como una larga construcción de una difícil simetría para Grey, un ser peculiar que precisaría para su felicidad de un partener emocional de trayectoria singular. De hecho, la historia no se ahorra compartir con el espectador el fracaso de su anterior relación emocional, uno que relacionamos pronto con los puntos cardinales básicos de esa peculiaridad sexual de Grey que, sin embargo, terminarán siendo la llave del sentido para la satisfacción y el juego de Lee.

La debilidad de Grey es el goce secreto que experimenta al ejercer esa dominación que termina mostrando un carácter puramente sexual. Cuando esta pulsión se encuentra en fase de control, el fenómeno no pasa de hacerle parecer algo autoritario y egocéntrico, traduciéndose en cotidianeidades (eso sí, de lo más reveladoras) como pedir a la postulante al puesto de secretaria que le lleve un café y hacerlo con desdén y autosuficiencia.

En cambio, el día a día y el desarrollo de su relación con Lee le propondrán escenas donde aparecerá la tentación irresistible de activar su lógica de dominación discurriendo en su interior por unos cauces puramente sexuales, como en el ejemplo anteriormente descrito enviando a Lee a buscar unos documentos al contenedor de la basura. Él es plenamente consciente de la presencia de su “alter” interior que tiene tendencias vouyeristas y de dominación, y por ello lidia por mantener el control de sus actos y el carácter laboral de su relación con Lee, pero cuando se produce el mayor de los detonantes, Grey pierde el control y deja salir esa otra faceta de sí mismo, desde todo punto de vista irreconciliable con lo laboral, pero cuya peculiaridad activará otro secreto deseo; el de Lee. Como hombre consciente de su tentación, Grey tratará de mantener la firmeza frente a su propia bestia, pero la confluencia simultánea de dos errores de su secretaria (una errata más en una carta, y unos ruidos que Lee hace con la nariz) harán que considere “justificada” la reprimenda, y esa se convierte en una puerta demasiado decorada que su pulsión secreta siente la irrefrenable tentación de cruzar para el goce de Grey, el de Lee y el del espectador.

"Secretary"  Dominación - Sumisión

Grey se escandaliza de sí mismo al activar esa lógica de dominación, pero mucho más al comprobar que Lee es capaz de imaginar sus deseos y comienza a terminar sus frases confeccionando órdenes. Ella comienza a conspirar contra su propia independencia para poner la conducta de su ser al servicio del goce caprichoso de Grey. Lo gratuito del capricho dominante de Grey funciona en Lee como un carburante explosivo y la observación y el cumplimiento riguroso de sus incomprensibles caprichos, como una fuente de goce secreto y clandestino que es de carácter sexual pero que trasciende lo sexual. Es una forma de supersexualidad ya en el plano de la abstracción, algo totalmente indescifrable para su familia, pero que construye un vínculo indestructible con su jefe. El tópico jefe-secretaria se pone a trabajar en estas escenas encontrando un ritmo de funcionamiento de lo más eficaz y ahondando en un esquema de fantasía de lo más convencional que aparece en muchas otras películas y series de TV (baste recordar la primera temporada de “Californication”, en la que Charlie Runkle termina azotando a su joven secretaria gótica). La historia se esfuerza en describir el fenómeno Lee-Grey como algo enormemente personal e intransferible, incomprensible para observadores externos, y que va desplegándose y siendo comprendido por ellos mismos progresivamente. De hecho, ese descubrimiento activa todos los mecanismos de control por parte de Grey, que llega a despedir a Lee explicándoselo en estos términos: “Siento mucho lo que ha pasado entre nosotros. Me doy cuenta de la TERRIBLE equivocación que he cometido contigo”; y más tarde: “No podemos hacer esto las 24 horas, 7 días a la semana”.

Sin embargo, para Lee no hay juego más verídico que el que vive con Grey: La película tiene una curiosa manera de mostrarlo en la escena de la errata “sincerlee”, que en inglés se escribe “Sincerely”, pero que Lee escribe mal accidentalmente de tal forma que el final de la palabra incluye su propio nombre. La combinación de ambos fragmentos “sincere” – “lee”, sugiere que esa Lee desobediente que vive el goce del placer adyacente al dolor es una versión “sincera” de sí misma, su faceta más transparente, su forma más verídica de actuar; y Lee deja la errata sin corrección. Había completado la sustitución de su estuche de costura (por cierto, tirándolo al río y dejándolo “ir” para siempre, liberándolo, no destruyéndolo como si reaccionara con violencia frente a algo que necesitara) por una intensa y verdadera presencia en el mundo que aunque había requerido de una peculiaridad innegable, le había proporcionado la ansiada estabilidad y una buena ración de madurez en curso.

Un falso final

Secretary” puede concebirse como la filmación de un proceso de conexión inesperada entre dos seres peculiares y por tanto un fenómeno progresivo que va a requerir de una buena sucesión de ajustes hasta encontrar un encaje estable. De hecho, al comienzo de lo que podríamos denominar aquí “juegos de dominación-sumisión”, el rostro de Lee no transmite ni tan siquiera el goce o la diversión por el transcurso de estos juegos, sino que será un gesto de profunda sorpresa y gran confusión. La película, mediante una dirección detallista que recogerá con calma los detalles interpretativos en el rostro de Maggie Gyllenhaal, se asegura de que los espectadores comprueben que Lee se adentra en estas escenas de carácter sexual sin tener una idea clara de su evolución, ni de sus límites, ni de sus sentidos, y que su presencia en ellos es un auténtico acto de fe en el que, sin embargo, vibra una energía sexual absolutamente arrebatadora. En palabras de Jesús González Requena, “no hay deseo sin interrogación”, es decir, donde no existe el hueco para una respuesta pendiente no existe el placer de su consumo, y es precisamente en el misterio y en la pregunta sobre los límites y sobre la naturaleza de su juego con el Sr. Grey donde reside la verdadera fuente del goce de Lee. La lógica se aplica igualmente al espectador, pues las escenas con mayor carga erótica de “Secretary” no son aquellas en las que Lee y el Sr. Grey dan rienda suelta a sus fantasías más llamativas, sino aquellas en las que ambos dudan sobre el juego que protagonizan, sobre sus reglas, e incluso sobre la existencia misma del juego. Esas son las escenas más largas, y son también las que incorporan una mayor riqueza textual con información abundante repartida en todos los códigos posibles, como el puramente gestual en el rostro de Lee, pero también en el código de la proxémica al jugar los personajes son las posiciones que adoptan uno con el otro (imposible ignorar la carga erótica del Sr. Grey de pie detrás de Lee con los codos en la mesa), el uso del silencio, el cuidado con las palabras, la postura física de los personajes, la deliberada selección textil en el atuendo de Lee, etc.

"Secretary"

Desde el punto de vista del Sr. Grey, el juego tampoco es evidente y la pregunta es perfectamente legítima. De hecho, conviene recordar que la dinámica del juego dominación-sumisión no parte de un pacto sobre los términos de dicho juego entre ambos personajes, sino que se pone en marcha de la forma más arriesgada posible: Es Grey quién, llevado por la combinación de varios fenómenos molestos de Lee y en sintonía con su propio deseo y con su más profunda debilidad, siente que está autorizado para someter a Lee a una reprimenda que sus pulsiones más íntimas transforman en una escena de azotamiento de máxima confusión para ambos (aunque también de máximo goce). Dicho de otro modo, el Sr. Grey es quién, llevado por unos acontecimientos que no es capaz de controlar, termina atravesando la raya de lo aceptable y aplicando a Lee unos fuertes azotes que aunque en el transcurso de la narración se irán sublimando en forma de juego, comienzan con una acción muy auténtica en donde es posible leer la voluntad veraz de una pulsión descontrolada e imprudente que pudo haber terminado con su carrera profesional.

Mientras esta confusión, o como dice González Requena, esta “interrogación”, se mantiene vigente funcionando a modo de carburante de un deseo sexual que no hace más que crecer, el juego de la dominación-sumisión mantiene intensamente la atención del espectador ante la necesidad de esclarecer el destino de esta historia imprudente. Sin embargo, todo cambia cuando la interrogación es satisfecha y ambos personajes se hacen conscientes tanto de lo que sucede en su interior desde el punto de vista sexual, como de lo que sucede en el interior del otro, así como de la lógica en movimiento entre los dos. Dicho de otro modo, cuando Lee sabe de antemano que sentirá placer al someterse al dolor de Grey; cuando Grey predice con éxito que Lee sentirá placer en el dolor o la humillación que él le practica; cuando ambos son conscientes de que es un “juego” y que todo está pactado; cuando ambos saben que los riesgos se han disipado; cuando la cara de Lee refleja más placer que sorpresa o confusión; cuando Lee comienza a ser quién provoca deliberadamente su propia reprimenda fingiendo un mal comportamiento, etc., etc., ; cuando todo esto comienza a suceder se produce la muerte del juego y por tanto la pérdida del goce. De hecho, cuando Lee es quién busca la reprimenda del Sr. Grey es cuando éste comienza a evitarla y a prestarle menos atención. La interrogación desaparece, y con ella, el goce.

"Secretary" Un falso final

En ese momento es cuando el gran “in crescendo” de “Secretary”, ese proceso de descubrimiento clandestino e inconveniente, desde todo punto de vista no recomendable entre los dos protagonistas, se agota abruptamente y la historia queda desprovista del carburante erótico que antes mencionamos. La historia queda perdida, anhelando un camino que pueda proporcionar el alivio de un final, pero sin posibilidad de escribirlo con arreglo a la lógica del juego dominación-sumisión que ha quedado agotado. Es entonces cuando la historia hace emerger un elemento que hasta ese instante no había sido saludado: El amor. Cabe pensar que el reconocimiento de la singularidad compartida entre Lee y el Sr. Grey pueda llevar a aquella a sentir un profundo amor, pero lo cierto es que la película apenas plantea este sentimiento hasta que la lógica erótica queda agotada. Por tanto, la salida sentimental que lleva a Lee a hacer una demostración de amor hacia el Sr. Grey sólo es parcialmente compatible con lo sucedido anteriormente y se justifica más pensando en cómo alcanzar un final fílmico al uso que por su coherencia diacrónica con lo narrado hasta ese momento. De hecho, la formalización de la pareja amorosa que resulta de ambos debería de suponer la sanción definitiva de la muerte del juego erótico en tanto en cuanto la interrogación sobre la esencia del juego y sus límites queda sustituida por el corpus normativo que corresponde a todo matrimonio y que es símbolo de certeza, no de interrogante. Dicho de otro modo, la solución conyugal final de la historia es un golpe destructivo contra la lógica que les había unido en la complicidad del juego. Las escenas de prácticas de dominación-sumisión tras el enlace conyugal quedan desprovistas de toda energía o provocación. La línea de lo prohibido ya queda tan desdibujada que cualquier provocación de Lee para poner en marcha una reprimenda no será más que la interpretación de un papel barato donde se conoce de antemano el objetivo, la respuesta, el efecto, etc., y sólo cabe esperar que dicho juego muera de forma natural por ausencia de interrogante.

El tono sexual

No obstante, de lo que no cabe dudar ni por un segundo es que “Secretary” es una película recordada de forma especial por todos aquellos que armonizan con su historia, con sus fantasías y, muy especialmente, con su tono. Definitivamente, la película no figurará jamás en un listado de películas de cierta calidad cinéfila y seguramente terminaría sonrojando a cualquiera que la propusiera para semejante menester. Tampoco aparecerá entre los listados de películas eróticas al uso, pues tal categoría le quedaría grande considerando el carácter limitado de sus imágenes más explícitas. Y quizás ahí se halle nada menos que el secreto de la energía erótica que, sin embargo, subyace con firmeza entre las pulsiones de esta memorable película. Si se confeccionara un álbum de fotogramas con la intención de reproducir la esencia visual de la película, seguramente llamarían más la atención los colores de su cuidado diseño de producción o los registros faciales de sus protagonistas que las escenas más eróticas que, además de ser más escasas, no cuentan con pertrechos visuales de suficiente fuerza como para que el espectador sienta que navega por el centro de la categoría erótica en absoluto. Más bien, “Secretary” se esfuerza por moverse en los márgenes de la lógica de la dominación-sumisión, es decir, allí donde la historia propia de los personajes aún sobrevive aunque se encuentra familiarmente emparentada con esa lógica de la sumisión sin la que la película resulta ininteligible.

"Secretary" El tono sexual

Por otro lado, podría afirmarse que la película ve evolucionar a sus personajes permitiendo que se desencadene el juego de la dominación-sumisión pero tratando de mantenerlo siempre bajo control para no perder la mesura visual de su propuesta de carácter pseudo-erótica así como la verosimilitud de sus personajes libres de toda ridiculización. De hecho, si este fenómeno aparece en la película, curiosamente nunca es a través de los dos personajes principales, sino a través de algunos de los periféricos, como Peter, el novio oficioso de Lee, cuyo comportamiento (post crisis-nerviosa) tanto en escenas sociales como en escenas sexuales de carácter íntimo responde a una lógica de personaje de apoyo que cumple muy escasas funciones en el guión y que se encuentra siempre al servicio de la historia entre Lee y el Sr. Grey. Ambos personajes terminan siendo conscientes del juego que ponen en funcionamiento entre ellos, pero esto sólo sucede tras un largo y confuso período de aproximación en el que los primeros compases apenas parecen música y en el que los personajes se preguntan sobre la naturaleza de lo que está sucediendo, si es un juego u otra cosa, si es real o fingido, si es aceptable o no, etc., y en estos meandros narrativos (para los que el código facial y la proxémica resultarán cruciales) es donde realmente se halla la película y su mejor patrimonio. No es el juego de la sumisión en plena vigencia y oficialidad lo que atrapará al espectador, sino el interrogante sobre si lo que está sucediendo responde realmente o no al juego de la sumisión. Es la pregunta sobre el comportamiento que cabe esperar de Lee al asistir a las primeras debilidades del Sr. Grey lo que configurará ese interrogante que promete el goce de la película. No importa la respuesta de Lee cuando su estadio conyugal legitima todo juego arrebatándole su clandestinidad, o mejor, cuando es ella quién provoca el encendido de la lógica de la dominación o la humillación, sino su imprevisible conducta cuando es sorprendida por la pulsión irremisible del Sr. Grey que ella apenas puede concebir.

La película sí alcanza el final del recorrido, pero no es en esas últimas fases donde exhibe su mejor parte, sino en ese proceso de construcción de un juego que es en la realidad imposible de plantear voluntariamente y que incluso en el caso de que lo fuera ya nacería desprovisto de juego. Secretary” construye su atractivo sobre el “salto de fé” que realizan sus protagonistas sin saber a qué juegan o qué puede suceder entre ellos. Y es por esta razón que la película procura estirar enormemente dentro de su metraje posible todo el período en el que se produce el acercamiento a la primera tentación de Grey, la primera experiencia que Lee y él viven juntos, la primera vez que Grey pasa la raya de forma contundente, etc. La película no se interesa tanto por el contenido puramente erótico de las pulsiones, unas que retrata con claridad pero sin un “in crescendo” claro, como por la experiencia emocional y sexual naciente que estalla en el interior de los personajes. Aunque no lo pretende, “Secretary” termina forjando un manual de lo más didáctico no de la experiencia de la dominación-sumisión, puesto que sus alturas no satisfarían a los usuarios expertos, sino de los engranajes que pueden poner en movimiento a sus protagonistas, incluso al llevarles por escenarios en los que no han estado antes. El metraje tiene un enorme respeto por no ahondar en el repertorio imaginativo de las prácticas sexuales propias de la dominación-sumisión, un área que consideraría burdo y excesivo, sino que se empeña en quedarse la mayor parte del tiempo a las puertas, haciendo visible el deseo y la provocación, así como el extrañamiento genial que sus protagonistas experimentan de forma inesperada. Visto de este modo, “Secretary” es mucho más y mucho menos que una película erótica. Más, sin duda, porque la argumentación de su evolución diegética se asienta sobre unos mecanismos psicológicos verosímiles y perfectamente desarrollables según la biografía de los personajes; pero también menos, porque la historia deja fuera los excesos visuales más burdos, el álbum de prácticas al uso y el tono desmedido del que podría hacer uso seguramente convirtiéndose en otra película muy distinta.

"Secretary"

Precisamente en esa faceta en la que “resta” es donde más gana. Puede que la audiencia acostumbrada a las películas de categoría puramente erótica (concretamente de dominación-sumisión) queden muy decepcionados, pero aquella parte de los espectadores que no sean habituales ni en su realización ni en su imaginario, encontrarán a cada minuto la gasolina necesaria para mantener cada vez más sano un interrogante gigante que termina acompañándoles a lo largo de gran parte del metraje. Quizás en esa sensación se encuentre el verdadero ingrediente fidelizador que haga que la película termine siendo recordada por sus espectadores con un cierto cariño, y ya nunca cometan el error de subestimarla sólo por el hecho de no poder competir en imágenes con producciones de otro cariz. Secretary” está más cerca de una película al uso, dijéramos convencional, que de una película erótica, aunque cuenta con un tono tan provocador como el de las películas del género. No es extraño que uno de sus actores principales sea James Spader, un actor habituado a esta clase de relatos y que jamás se ha entumecido antes películas no sólo de cierto contenido erótico, sino más bien, de un contenido erótico llamativo por lo personal e intransferible de su propuesta. Baste recordar sus apariciones en películas como “Crash” de David Cronenberg, “En estado crítico” de Sidney Lumet, “Sexo, mentiras y cintas de video” de Steven Soderbergh y algunos dirían que hasta en la serie de TV “Boston Legal”, donde podría pensarse que parte de esa herencia filmográfica sicalíptica recibida se pone en valor para construir a un personaje como Alan Shore.

Bonus: ¿Es “Secretary” la fuente de inspiración de “50 sombras de Grey”?

Puede que los espectadores de “Secretary”, especialmente las mujeres que hayan leído con avidez la novela “50 sombras de Grey”, encontraran que la coincidencia es… simplemente demasiado difícil de creer. Grey es el nombre que tienen dos de los personajes de ambos textos y que comparten entre sí ese repertorio de pulsiones y provocaciones tan irresistibles para otra mujer. La estructura tiene en común algunos puntos importantes de gran calado y el nombre de E. Edward Grey, en “Secretary” no sólo sale a menudo sino que además cobra una importancia singular: Aparece escrito en las hojas de las cartas corporativas que envía su bufete, lo pronuncia Lee cuando contesta al teléfono y hasta aparece escrito en una placa situada en la entrada para que todo el mundo lo vea. La película toma a menudo primeros planos de cosas en donde el nombre aparece escrito. En definitiva, el nombre de Grey es un elemento crucial que se carga dentro del relato con la relevancia necesaria para contribuir a reforzar la identidad dominante del personaje de James Spader, haciendo aún más verosímil el tono de su personaje durante las escenas más eróticas. Si tan importante era el nombre de Grey en “Secretary”, ¿puede ser una casualidad que E. L. James lo escogiera para una historia tan parecida?

Conclusiones

Menos de una década después de su estreno en 2002, “Secretary” se había convertido ya en una película de culto. Es posible que no cuente con una legión sonora y ruidosa de fans escribiendo con libertad sobre el contenido de la película, e incluso puede que muchos hayan preferido hacerlo sobre historias que van llegado después, pero lo cierto es que su conjunto de seguidores, la mayoría en la sombra, tienen un cariño y un recuerdo tan especial por “Secretary” que la consideran una de las películas más excitantes que han visto jamás. Su coqueteo con una fórmula sexual, la de la dominación-sumisión, la del BDSM, atendiendo a sus más secretos e íntimos engranajes, su apuesta por activarlos en el fondo íntimo de cualquier espectador aunque no se considere un ejerciente y el tino extraordinario de una dirección volcada con el registro facial y proxémico de sus personajes, hacen que la película merezca estar entre los títulos más excitantes de la historia del cine. Se trata de un ejemplo comedido y elegante en donde la energía sexual palpita con una arrebatadora voluntad y con la prometedora habilidad de convertir a sus espectadores en curiosos sumisos y curiosos dominantes, todo ello en un plano de privacidad extrema inalcanzable que rara vez emerge pero que en la intimidad de una pantalla ya son multitudes los que lo han encontrado sencillamente inestimable.

Colaboración especial:
Imágenes de este artículo por Belén Michy.

 

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