“The Crown”: Ingredientes para hacer que una escena nos llegue

Desde Código Cine siempre hemos defendido la magia del cine, esa experiencia única que traspasa la pantalla y cala hondo, incluso, haciéndonos mejores personas. Puede que el cine haya sido uno de los grandes inventos del siglo que hemos dejado atrás, pero que ha ido evolucionando gracias (o por culpa de) otros medios; por eso está haciendo cada vez más habitual escuchar comentarios acerca del “fin del cine”o “de la muerte del cine”. Pero aún podemos encontrar pequeños reductos , pequeñas historias o momentos que hace que nos quedemos pegados a la butaca del cine, o llorando ante la televisión.

El cine (y aquí incluyo series también) puede que sea junto a la ópera, el gran espectáculo plástico, que junto a la unión con la banda sonora, se convierte en una experiencia deliciosa para los sentidos. Puede que la calidad de la película no sea especialmente notable, pero podemos encontrar algún momento que nos emocione de alguna manera; al fin y al cabo, es lo que nos hace felices al ver una película.

Viendo el capítulo 9 de la segunda temporada de The Crown, serie cuya primera temporada ya comentamos, nos encontramos con un momento de esos. La serie sigue condescendiente, al igual que la primera temporada, y no destacable, pero hay un momento especialmente bello y dramático a la vez, con una fuerte carga emocional que lo inunda todo, subrayado con el tema elegido como banda sonora. Corresponde a un momento en un largo flashback hacia la juventud del príncipe Felipe de Edimburgo, el consorte de la Reina de Inglaterra. Su hermana Cécile acaba de fallecer trágicamente en un accidente de avión junto a su marido y a sus hijos, y él cierra el cortejo fúnebre propio de alguien de su importancia, ya que el matrimonio se afilió al partido nazi y el marido era amigo íntimo de Hitler. No dudan en aprovechar la ocasión para teatralizar el momento, ofreciéndonos a los espectadores unas escenas desgarradoras y bellas a la vez, de esas de las que te ponen la piel de gallina.

El cortejo fúnebre tirado por caballos, una calle de una ciudad alemana con una bellísima arquitectura, adornada convenientemente por la nieve, la bandera con la esvástica por doquier, todos los oficiales con sus imponentes uniformes nazis, y todo sublimado por el Réquiem de Mozart. Todos estos elementos elegidos cuidadosamente para emocionarnos. Puede que el momento rodado sea remotamente igual al momento real, pero al fin y al cabo, estamos hablando de cine… y aquí la estética está primando por encima del hecho real. Pero también nos estremecemos al pensar que un momento así sí se pudo dar, y un calambre nos cruza la espina dorsal; sí, hubo un momento en la historia en la que el símbolo nazi lo inundaba todo y que la gente levantaba el brazo al paso de unos oficiales. Por eso esta escena provoca también miedo; esto pasó hace no tanto tiempo, y siempre tenemos que tener este escenario en la mente, sobre todo en los tiempos revueltos que nos ha tocado vivir. Y todo esto con la mirada de un chico al que sus padres van a culpar de la muerte de su hermana.

The Crown

 

Fabricando una escena. Ingredientes

Ahora adentrémonos en la parte más estrictamente cinematográfica, o mejor dicho, escenográfica. Vamos a desgranar esta escena para aislar los elementos usados para emocionarnos.

La nieve

Pocos elementos puede haber visualmente tan bellos como la nieve. Tan sólo verla ya se nos transmite esa sensación de frío, de solemnidad, de desolación. El blanco puro del elemento se usa para hacer un contraste con otro color, especialmente con el rojo de la sangre, o de una bandera, como en este caso. Recordemos la escena final del duelo de Las amistades peligrosas, y el dramatismo de la escena redondeado por la nieve.

Las amistades peligrosas

También podemos recordar tanto la película Fargo como la primera temporada de la serie con el mismo nombre, que se desarrollan en la nieve. La nieve como elemento que transmite angustia, inmensidad de la Madre Naturaleza frente al pequeño ser humano. La solemnidad de un manto de nieve frente a la maldad del ser humano.
El ser humano se vuelve pequeño.

Fargo

Los nazis

Sería una ardua tarea hacer un inventario sobre las películas que tratan el nazismo o que lo usan como telón de fondo, pero lo que es indudable es la impresión que nos sigue causando ver un uniforme nazi en la pantalla. Esta serie no es ajena, ya que la familia del futuro marido de la Reina de Inglaterra era afín al nazismo. Cualquier escena como la que estamos analizando nos sobrecoge, tanto por todo lo que simboliza como por su espectacular puesta en escena. Pero como aquí no nos vamos a ocupar ahora sobre este tema, tan sólo veamos una muestra de cómo el cine ha recurrido al imaginario nazi para simbolizar ese poder.

Es imposible no pensar en estas imágenes de las que tanto se ha hecho en la saga de Star Wars basándose en las imágenes grabadas por Leni Riefenstahl y en los mítines de Hitler.

Star Wars

El poder de los imperiales equiparado no sólo en los uniformes, sino también en las escenas colectivas, las de un ejército a las órdenes de una sola persona con el fin de seguir unos planes trazados. Por muy doloroso y estremecedor que sea ese pasado no tan lejano en el tiempo, no está de más recordar que algunas imágenes son reales, no fotogramas de alguna película.

Jesse Owens

Requiem de Mozart

Nunca sabremos qué pensaría Mozart si levantara la cabeza y oyera esta pieza acompañando todo tipo de escenas, pero lo que está claro es que parece perfectamente compuesta para dramatizar cualquier escena a la que acompañe. Las cuerdas que suenan al principio, que más bien parecen gritar, y el coro que viene después nos evoca la tristeza y solemnidad propias del momento que suele acompañar un réquiem, un funeral.

En este caso además, gracias a la magia del cine, podemos disfrutar de la recreación cinematográfica del propio tema en Amadeus, de Milos Forman. Vemos al propio Mozart componer en su lecho de muerte el Réquiem que posteriormente va a sonar en las escenas del entierro del propio Mozart (en esta ocasión sin nieve, con lluvia). Macabro todo, pensemos en alguien que componga el réquiem para su propio funeral. Pero claro, en la pantalla queda estupendo.

Otro ejemplo menos sobrio y formal lo tenemos en  El Gran Lebowsky, El Nota va a conocer a su homónimo mientras el Réquiem nos predispone con su melodía a cómo va a resultar ese encuentro… y es que el cine hace uso y disfrute de todo los elementos que tiene a mano para un fin: el de llegarnos.

En definitiva, tenemos una escena puramente clásica, incluso manida, pero que con unos cuantos elementos, funciona con tal perfección abrumadora, que casi se podría equiparar al perro de Pavlov: cuando vemos estos elementos combinados, el vello se nos eriza, nos emocionamos, nos sobrecogemos. Beldades del cine.

Puede que el fin del cine sea algo inexorable, pero siempre nos quedarán nuestro criterio cinéfilo, nuestra mirada infantil… o revisar una y otra otra vez nuestras películas (o series) favoritas. O simplemente, dejarnos llevar y emocionarnos con lo que tenemos delante.

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  • Me ha encantado el artículo y la escena. Da miedo pensar que todo aquello ocurrió de verdad y la mirada de ese chico por un lado es una mirada infantil, de alguien que aún na ha perdido la inocencia y no entiende esa simbología, esa forma de pensamiento colectivo, casi como en una colmena.
    También me ha parecido interesante la pose de los dos paisanos asomados a la ventana antes de que la escena se adentrase en la calle donde todos saludaban. Uno de ellos tenía las manes cruzadas, casi como maniatado, y el otro las manos separadas. Parece que quieren dar a pensar que hubo tantas personas que siguieron el nazismo por convicción como por “obligación”.

  • Ops, no terminé el comentario de la mirada del chico. Por un lado es la de un niño y por otro es nuestra mirada actual, como espectadores inocentes donde ese tipo de pensamientos nos resulta inconcebible e inquietante.
    🙂

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