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¿Por qué “The Crown” no es “The Queen”?

Analizamos “The Crown”, nueva y costosa serie de Netflix, que recrea la vida de la Reina Isabel II de Inglaterra. Y una vez terminada la primera temporada (habrá más, desde luego) la pregunta arriba formulada se nos viene a la cabeza, y en un doble sentido: comparando esta serie con la película “The Queen”, magnífico film de Stephen Frears, y como pregunta que trasciende lo meramente semiótico para pasar a cuestionarse asuntos monárquicos desde un punto de vista plebeyo. Al fin y al cabo, plantearse un guión sobre la monarquía es presentarnos en cierta medida una esquirla de ciencia ficción.

Es inevitable comparar esta serie con la película “The Queen”, aunque como en la mayoría de las veces, las comparaciones son odiosas. De hecho lo único que tienen en común es que recrean la vida de la misma persona; y ya está, ahí terminan los puntos en común. En la película “The Queen”, aparte de contar con la magnánima interpretación de Helen Mirren, el guión se centra en un momento muy concreto de su vida, y que, a pesar de ser muy reciente, recordado por todos e incluso televisado, no deja de tener un cierto morbo, una “pornografía vital” que citábamos en el “Contraplano” acerca de los biopics.

Ese momento que recrea (los días posteriores a la muerte de Lady Di, sus primeras desavenencias con Tony Blair), no deja de ser un momento muy atractivo para el espectador. ¿Por qué? Porque para nosotros, la Reina era la “mala” de esa película. Todos nos pusimos del lado de la plebeya Diana de Gales, y culpamos a la prensa y a la monarquía británica por su muerte. El punto de partida del guión estaba ya hecho; a esto le unimos la actuación de Helen Mirren, una impertérrita Reina que es incapaz de emocionarse con la muerte de su exnuera, pero que llega a llorar por la muerte de un ciervo, y la mano de Stephen Frears en cada plano, hacen de “The Queen” una película simplemente deliciosa y necesaria.

En la serie “The Crown” nos presentan al mismo personaje desde su juventud, empezando por su boda, la muerte de su padre y su posterior coronación. La serie la podríamos denominar como correcta, sin más. Hay guiños al espectador en algunos planos, pero bien podría tratarse de un reportaje sobre la monarquía de algún programa un domingo por la tarde. La mano del realizador (y ojo, porque está detrás Stephen Daldry, director de “Las horas”, “Billy Elliot”, y “El lector”) no se deja ver en la factura final, no hay ni un plano, ni una línea de guión que no sea condescendiente con el personaje y con la institución a la que representa. Y eso es algo, que hoy en día se echa de menos, y más aún teniendo en cuenta que la Reina está viva, que sigue llevando la corona en actos públicos, y que en el siglo XXI el espectador, en la mayoría de las veces, busca algo más en una producción. El tiempo no ha pasado sobre la persona, no se ha convertido en personaje.

No es el caso de Winston Churchill, cuya magnífica interpretación de John Lithgow hace que nos olvidemos de la política que llevó a cabo, para convertirlo en un personaje “robaplanos”; uno de esos por los que verías una serie en la que él fuera el protagonista y te gustaría que no se acabara nunca. Seguramente el interés hacia Churchill haya aumentado después de la primera temporada, y sobre todo, los que no hemos nacido con ese pasado histórico, hayamos ido a buscar información sobre la persona.

The Crown

Eso también ocurre con la hermana de la Reina, la Princesa Margarita, cuya historia de amor empatiza tanto con el espectador, nos sentimos tan partícipes de su desgracia, que resulta imposible no ponernos de su parte y terminar odiando a la monarquía. A la Corona. Y aquí es donde afrontamos la otra parte de la pregunta arriba planteada.

¿Por qué “The Crown” no es de “The Queen”? Muy sencillo; la serie ni siquiera va sobre la Reina de Inglaterra, va sobre la institución a la que representa, la Corona. Por eso se echa en falta algún conato de crítica en la serie sobre esa institución. Si nos ponemos a pensar en otra serie inglesa reciente con que se nos venga a la memoria, pensamos en “Downton Abbey”. No era una serie sobre la monarquía propiamente dicha, pero a lo largo de las 6 temporadas que duró, el devenir de aquel modo de vida, de aquella opulencia era más que evidente; los personajes eran conscientes de ello y veías una evolución en ellos, lo que, uniéndolo a su exquisita ambientación y vestuario, hicieron de esta serie una delicia. Incluso le perdonabas cierto inocencia a la hora de tratar ciertas tramas.

Pero en “The Crown” el peso de la Corona, de la institución, arrasa con todo a su paso, y determina la línea vital de todos cuantos la llevan sobre sus cabezas y los que están alrededor. Si la Reina hubiera sido otra persona, no sólo la serie se llamaría igual, sino que todo su argumento sería muy similar. Lo que se nos presenta es una especie de telenovela de alto presupuesto, eso sí. La banda sonora de Zimmer unida a su vestuario y ambientación hace que la serie sea más llevadera.

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Para los seguidores de Jane Austen (austenianos nos hacemos llamar) encontramos un entrañable guiño hacia algunas producciones que se han hecho sobre sus novelas gracias a algunos de sus actores, pero el guiño se desinfla cuando no encontramos en esta serie ninguno de los aspectos que caracterizan las novelas de Austen, como son la ironía y una denuncia hacia el sistema social en el que vivían sus protagonistas. No, aquí los personajes aceptan su destino y su deber de una manera que hoy en día nos puede resultar muy demodé, pero sin olvidar que la Reina Isabel sigue reinando. Que al fin y al cabo nos presentan la vida de alguien que sigue viva. ¿Tiene sentido una producción así? ¿Puede que sea usada de modo propagandístico? A pesar de toda la trama presentada, el panorama que tenemos hoy en día en la monarquía inglesa es bastante distinto al que ambienta la serie. La Reina es una nonagenaria cuyo divorciado heredero está casado con una divorciada plebeya, asunto este del divorcio que encierra buena parte del guión. Echando mano de memoria, podemos recordar que la Reina heredó el trono al morir su padre, que a su vez lo heredó de su hermano al abdicar este para poder casarse con Wallis Simpson, divorciada americana. Puede que al fallecer la Reina todo este asunto sea recordado con más viveza y de ahí la necesidad de congraciar a los súbditos con una institución añeja.

Veremos hacia dónde nos lleva la serie, aunque sea para ver su detallista ambientación y un par de buenas interpretaciones…pero no, “The Crown” no es “The Queen”. Y mucho menos “The Tudor”.

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