“The Newsroom”: ¿Hay para tanta polémica?

La primera temporada de “The Newsroom”, la serie de TV de la HBO, levantó una tóxica polvareda sobre su creador, Aaron Sorkin, al que se acusó de haber hecho de la serie una cursi defensa de buenos valores, un escaparate de hombres éticamente inalcanzables y un discurso diseñado con el único objetivo de restregar a la audiencia y sobre todo a la clase política una selección de criterios entonces presentados como el mejor y más elevado camino a seguir. En realidad y aunque esta serie de acusaciones, junto a otras, estallaron con más fuerza durante la primera temporada, lo cierto es que no han cesado durante la emisión de la segunda. Puede que fueran tales acusaciones las que llevaran a Sorkin a escribir una continuación de la serie con una subhistoria horizontal (“Génova”) con la intención de relativizar la divinidad de sus personajes, aunque es verdad que incluso en tal subhistoria sobreviven en última instancia las prístinas intenciones del Sorkin de siempre.

Esto es lo que ha vuelto a molestar a muchos críticos de TV que han sentido de nuevo que Sorkin continúa exhibiendo sus acendrados valores morales. Alison Herman, en Flavorwire.com, acusaba a Sorkin de no haber sido capaz de construir un antihéroe en el personaje de Will McAvoy, ahora que la tendencia en TV es, precisamente, la de contar historias con personajes principales de moralidad ambigua. Esta afirmación se basa en el éxito innegable de historias como “Mad Men” con un protagonista que es un experto en comunicación publicitaria pero que disfruta de una vida privada cuestionable (por elegir dos de sus cualidades), o como la de “Breaking Bad”, cuyo personaje principal (Walter White) se convierte en el mayor narcotraficante de Albuquerque por la distribución de su ya célebre “meta azul”, pero que también trata de convertirse en un buen padre y satisfacer a su familia hasta su último aliento. Hay quién espera de Sorkin que construya personajes de moralidad ambigua cuyas historias muestran costuras de una y otra factura y con “accesos de realidad” con los que conectar insólitamente con una audiencia receptiva. La verdad, y aceptémoslo ya, es que Sorkin no crea esta clase de personajes. No lo ha hecho nunca en ninguna de sus series, salvo en personajes secundarios cuyos actos nunca han sido propuestos como ejemplo de buenos valores. Si ya en “Sports Night” mostraban diatribas en donde demostrar su altura moral al frente de un programa de noticias deportivas (que requiere, quizás, de una moralidad de menor vuelo), tanto más en “El Ala Oeste de la Casa Blanca”, donde Sorkin volcó su diccionario moral como ejemplo para una clase política insuficientemente ponderada en los Estados Unidos (y cada vez en más lugares). Puede que el interés de Sorkin por ahondar en dichas diatribas en busca de las mejores actuaciones fuera la razón por la que decidiera escribir una serie sobre el equipo de gobierno del presidente de los Estados Unidos, precisamente en busca del escenario más relevante posible en donde los valores no fueran una herramienta periférica sino en donde debieran ser a cada momento la batuta a observar. Y recordemos que con “El Ala Oeste”, Sorkin consiguió su mayor logro televisivo hasta la fecha. Pedirle a Sorkin que construya un antihéroe es pedirle que sienta algo que no corre por sus venas. Y el día en que lo haga, aunque en el capítulo piloto comparezca como un antihéroe, al final de la serie tendremos un nuevo Will McAvoy o un Presidente Bartlett. El imperdonable fondo oscuro que acompaña a Walter White hasta el último capítulo de la serie, simplemente, no está en la voluntad de ningún Sorkin.

Vista la segunda temporada de “The Newsroom”, que ha reavivado la polémica tras la primera, lo cierto es que no se advierten escenas de exhibición tan claras como las de la primera temporada. Y tampoco que el ariete moral de Sorkin haya trabajado tan intensamente. Durante el transcurso de la subhistoria “Génova” aparecen multitud de momentos en los que el equipo de periodistas toma una y otra vez la decisión de ser cautos y comprobar las informaciones. Hay quién querrá ver en estas escenas nuevas exhibiciones éticas de Sorkin toda vez que en los procesos reales en las redacciones de las televisiones de hoy no se tomen tantas garantías, pero no por ello debemos pensar que no debiera hacerse. Y lo que Sorkin propone tampoco requiere de los protagonistas una condición de héroes que les despegue de la realidad ni de sus capacidades más allá de lo que cualquier audiencia televisiva espera de sus programas de noticias. Atacar a Sorkin por el nivel ético de los informadores de “Noticias Noche” es como reivindicar flexibilidad en una profesión de la que todos esperamos objetividad y a la que machacamos por costumbre dando por supuesto que están eternamente lastrados por sus ideologías e intereses. ¡En qué quedamos?.

Por otra parte, Sorkin hace una defensa de un tipo de profesión que está en plena caída debido a los cambios propiciados por la irrupción de internet en el sistema de las noticias y la información internacional.

Sorkin, de nuevo, eleva a sus periodistas sobre el nivel de quiénes actúan tras cuentas de Twitter y de los nuevos medios digitales. Habrá quién considere esto un miope ataque contra estos nuevos medios, pero lo cierto es que 1) Sorkin, como otros muchos, ha demostrado en “The Newsroom” ser bien consciente del impacto que los nuevos medios están teniendo en el mundo de la información (algo que otras series como “Black Mirror” también han mostrado ya, y que “The Newsroom” aborda en muchos capítulos de forma explícita ofreciendo ventajas que sirven a los protagonistas a hacer mejor su trabajo) y 2) Aunque no guste decirlo, los nuevos medios no pueden comparar su nivel ético al de los viejos medios periodísticos a pesar de todos sus errores. Que cualquiera pueda comunicar lo que desee en cualquier momento puede servir para cambiar el mundo pero también para que cientos de miles de personas reciban al instante una buena cantidad de gilipolleces que están lejos de hacerles mejores personas. Cualquiera no es capaz de actuar con responsabilidad y ejemplaridad al frente de un gran poder. La llamada blogosfera es un éxito de consumo, pero no es un éxito periodístico, y resulta terriblemente preocupante que el 30% de los americanos se informen de lo que pasa en el mundo a través de las redes sociales. Estamos sustituyendo a los periódicos tradicionales por fuentes informativas de dudosa procedencia, de muy baja calidad que parecen decir verdades por su fachada activista, pero que están lejos de garantizar la libertad y la objetividad que todos hemos exigido SIEMPRE a los medios de comunicación. Sorkin reivindica el oficio del periodismo y lo pone en vector hacia lo que querríamos que fuera, y aunque en la primera temporada hay escenas donde esto resulta algo cansino (para muchos incluso repelente), en la segunda están bastante atemperadas, y todo ello sin perder los grandes atractivos de todo producto Sorkin, empezando por sus magníficos diálogos.

Adicionalmente, y para quiénes hayan tenido ocasión de llegar al final de la segunda temporada de “The Newsroom”, recordemos que la pretensión de asunción ilimitada de responsabilidades por parte de los protagonistas principales, que habría sido interpretado por los críticos de la serie como una nueva exhibición moral, termina en la serie de un modo muy distinto cuando los personajes pasan a reivindicar una asunción limitada de la responsabilidad, y miran a otro culpable. Claro que, el hecho de que los protagonistas muestren humanidad y algo de interés por sí mismos, que es en el fondo lo que viene a pedir Alison Herman, ni les convierte en antihéroes, ni satisfará jamás a los críticos, que ya seguirán para siempre denunciando la intención civilizadora que guía a menudo las obras de Sorkin. ¡Qué cosa tan terrible!.

Al parecer, “The Newsroom” ha creado involuntariamente un frente unido de críticos de TV que parecen haber condenado a la serie desde su secuencia inaugural en el capítulo piloto. La segunda temporada de la serie muestra claramente cómo Sorkin ha aplicado algunas correcciones para no caer en lo que tales críticos consideraron graves errores en un intento por acercarse a sus posiciones. Así, por ejemplo, al término de la primera temporada, muchos críticos atacaron a la serie por mostrar a sus personajes dando lecciones morales mientras trabajaban en historias que ya habían sucedido y que resultaban fáciles de interpretar a posteriori. Dicho de otra manera, la crítica aducía que los protagonistas siempre interpretarían los acontecimientos noticiosos correctamente porque Sorkin conocía de antemano cómo terminaban. La respuesta de Sorkin en la segunda temporada ha sido centrar la atención de los protagonistas en una historia de pura ficción (“Génova“) donde no existiera dicha ventaja. Sin embargo, como sabemos, ni ésta ni otras correcciones han satisfecho a este frente ya radical de críticos de TV que parece haber esculpido su opinión en piedra.

Suponemos que esta agria polémica sobre “The Newsroom” ha sido la responsable de que Sorkin ande tomándose tanto tiempo para decidir si habrá o no una tercera temporada (a pesar de que la productora está muy interesada en rodarla), y quién sabe si también preguntándose hacia dónde debería llevar una historia que sabemos de antemano que no gustará a los críticos. Sin embargo, cualquier audiencia ajena a esta polémica y que se aproxime a “The Newsroom” advertirá pronto que se trata de un muy digno final para la trilogía de los medios de comunicación que Sorkin ha articulado durante los últimos 15 años. Puede que la segunda temporada de “The Newsroom” tenga grandes defectos que hacen que no sea su mejor obra, tales como una historia horizontal no demasiado bien resuelta o una ausencia de subhistorias románticas a la altura, pero sigue siendo un producto cuya calidad está por encima de la media y tiene el verdadero sabor Aaron Sorkin. Tamaño error el de buscar a partir de ahora Walter White’s y Don Drapper’s en todas las series de TV.

 

Siguiente artículo Artículo anterior

Tu dirección de correo no será publicada

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

CERRAR