Subhistoria de “The young pope”: La chica de California

Siguiendo la propia teoría del “objeto perdido”, la búsqueda de tal objeto está irremisiblemente condenada al fracaso, pero cada objeto, en función de su relación con el sujeto, activa una diferente vivencia del reencuentro con el objeto originario y evoca una cierta sensación de completitud. Lógicamente, unos objetos tienen más éxito que otros a la hora de activar ese reencuentro. El de la chica de California bien pudiera ser un objeto provisional que, aunque solo durante el breve plazo de una semana, obró una ilusión de reencuentro que marcó a Lenny para siempre.

Jude Law y Javier Cámara en "The young pope" de Paolo Sorrentino

Lenny: Era la primera vez que estaba solo en el mundo por mi cuenta. Fui a California. Y allí fui a la playa. Y en aquella playa, conquisté a una chica del lugar que en ese momento me parecía la chica más hermosa del mundo.

Y un poco más adelante:

Lenny: Estuvimos juntos una semana. Después, entré en el seminario. Esta es la primera vez que le cuento esto a alguien.

Así es cómo Lenny explica la elección de objeto que llevó a cabo con aquella mujer de la playa y que durante el plazo de una semana le reconcilió con algo de sí mismo, quizás por la ilusión de completitud producida por el reencuentro con aquella mujer. Dicho reencuentro ha sido atesorado y mimado por Lenny en su recuerdo como otro objeto que perdió. Y no cabe duda de que la potencia de aquella ilusión fue lo suficientemente intensa como para que Lenny exhiba sus gestos más cariñosos y expresivos con un rostro invadido por la ternura con la que ahora sabemos que vivió aquella semana. Tal fue la potencia de aquella compañía que, al evocarla, desaparece toda huella de la herida que la pérdida de sus padres le produjo y de la que no ha sido capaz de recomponerse. El gesto feliz de Lenny constituye el instante inmediatamente posterior a la pérdida de la completitud, pero también el instante más próximo a ella que la chica de California hizo posible.

La chica de California en "The young pope" de Paolo Sorrentino

“La chica de California”, ilustra algo de un proceso de cicatrización del que nos ocuparemos más adelante con más detenimiento, pero avancemos algo de ello aquí: Sorrentino nos descubre a esta importante mujer que durante una semana puso en marcha uno de los más impactantes “reencuentros” que jamás viviría Lenny. Éste reflexiona sobre su relación con ella en sus “Cartas de amor del Papabajo la pregunta: “¿Amor perdido o encontrado?”. Bueno, no me negarán que, precisamente, la cuestión sobre el “objeto perdido” no hace sino lanzarnos constantemente la pregunta acerca de si, en su “reencuentro”, el que sujeto y objeto celebrarían, el sujeto experimenta su ganancia, por el goce que el objeto concita, o su pérdida, por su irremisible inadecuación entre ambos, tal como lo enuncia la propia teoría freudiana. Esa dualidad encuentro/reencuentro está en la teoría misma y parece trasladarse a “The young pope” en el modo cómo Lenny se pregunta por el sentido del “reencuentro”.

Chica de California: Puedes tocar mis piernas.

Pero sabemos que Lenny no lo hizo. Y ahí es dónde Lenny localiza el comienzo de su “amor perdido”, pero en un contexto de verdadero amor, el de una semana inolvidable, que responde a una lógica de “amor encontrado”. Ese amor perdido que subyace, que limita y condena a ese amor encontrado, barra al sujeto, le arrebata algo, y escribe los términos de la elección de objeto en los de una imposibilidad final que mantiene para siempre nuestro deseo y nuestra falta de completitud.

¿Dónde aparece, entonces, “la cicatriz”? Bueno, precisamente en el hecho de que Lenny pueda lanzar los términos de la diatriba “amor encontrado / amor perdido”, en lugar de la predominancia radical y exclusiva del “amor perdido”, que es la lógica con la que, dado el abandono de sus padres, parece abordar toda pérdida. Las “Cartas de amor del Papa”, escritas tras dejar atrás a su “chica de California”, hablan de la capacidad de reconciliarse con esa pérdida. De hecho, la voluntad de encontrar en el “amor perdido” algo de un “amor encontrado”, quizás para él, o quizás, aún mejor, para ella, nos acredita el proceso de simbolización con el que Lenny abordó dicha pérdida, es decir, no como una mera frustración en el plano de lo imaginario, sino como un proceso de pleno sentido que, con cargo a esa ambigüedad de los hechos en donde una cosa puede ser algo de lo contrario, y allí donde parece obrarse tan solo una pérdida, puede hacer comparecer una forma de encuentro.

Lenny: Me dijiste, en esa playa desierta de California, “puedes tocar mis piernas”, pero yo no lo hice. Allí, mi amor, está el amor perdido. Es por eso que nunca he dejado de preguntarme, desde ese día, dónde has estado y dónde estás ahora. Y tú, brillante resplandor de mi juventud malgastada, ¿lo perdiste o lo encontraste? No lo sé. Y nunca lo sabré.

Bueno, algo de esa posibilidad del “amor encontrado” dentro del “amor perdido”, una vivencia que aún experimenta en lo más profundo de sí mismo y que no le había contado a nadie hasta que se la reveló a Monseñor Gutiérrez, parece ser la clave que permitió a Lenny afrontar aquella mutilación en el contexto de una simbolización más abordable. Nada que ver con la radical experiencia que supuso para él ser abandonado por sus padres, en la que jamás localizó posibilidad de simbolizar o elaborar nada y que tan sólo se le impuso como una simple y ominosa privación, exenta de toda ambigüedad posible. Ésa “puerta abierta” con la que Lenny vivió aquella “pérdida” en California permitió dos cosas. En primer lugar, hacer emanar de esa puerta un precioso y retorcido (por artístico) discurso que a través de las palabras pudo aportar una elaboración subjetiva para sobrellevar y comprender lo sucedido. Quizás, una parte de aquellas abolladas y retorcidas figuras retóricas de sus cartas de amor podrían apuntar, señalar y “hacer sentir” lo que “no se puede decir”, pero que moró al fondo de aquella experiencia de pérdida. Ese deslizamiento discursivo, sus cartas de amor, habrían hecho posible una elaboración admisible para Lenny, cuya energía partió del empeño de decir algo de cuanto “no se puede decir”, y que terminará cautivando a todos sus lectores (incluida la “chica de California”). Y segundo, casi lo hemos dicho ya, las cartas también permiten a los fieles encontrar un discurso de amor y de apertura donde solo veían la figura oscura y medieval que Lenny les había ofrecido. El amor abierto con el que Lenny amó a aquella chica dará la pista de un nuevo “Papa” en el que los fieles podrán advertir algo del discurso de amor que esperaron desde el principio.

Así es cómo, por delante de aquella sombra oscura y terrible con la que inauguró su papado…

Jude Law en "The young pope" de Paolo Sorrentino

…irá colocándose un Lenny con rostro dispuesto a desembarazarse de ella. Y, de hecho, no me negarán que la sombra va perdiendo fuerza a favor de otra figura que va ganándole la posición:

Jude Law en "The young pope" de Paolo Sorrentino

Y antes de olvidarnos de la chica de California, ¿hace falta que les diga algo sobre su blusa? Intúyanla bajo la chaqueta… por si le encontraran alguna semejanza “casual”:

La chica de California ("The young pope")



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