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Subhistoria de “The young pope”: La cicatriz

23/12/2016 -
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Sorrentino despliega sus artes manieristas de “cineasta delineante” al servicio de una herida fundamental que intoxica cada acto de Lenny y que conduce el relato. La entronización de dicha herida resulta fundamental para la caracterización del papado de Lenny en cuyo escozor éste encontrará la energía para retorcer aún más su propio dolor y el de todos los que dependen de él (incluido el total de los fieles). Ésta es la génesis de este papado medieval que “The young pope” nos cuenta durante ocho de sus diez capítulos. Sin embargo, hay un momento en que Lenny vivirá una experiencia reveladora que reflejará el afortunado y significativo cambio que se está produciendo dentro de él y que, en último término, provocará el cambio de rumbo del relato.

Hablamos de la escena en que se produce la muerte del cardenal Spencer, es decir, no solo el mentor de Lenny, sino también la figura que jugó para él la función más próxima a la de un auténtico padre. Ya en su lecho de muerte, Spencer es visitado por Lenny, sor María, Voiello y otras personalidades que acuden para despedirse de él. En cierto momento, Spencer solicita que todos abandonen la sala, excepto Lenny, con quien queda a solas en los últimos momentos de su vida. Antes de fallecer, Spencer le pide a Lenny, cuya reputación de verdadero santo es famosa en el Vaticano, que le confirme que no ha creído en Dios durante toda su vida en vano. Si Lenny es verdaderamente santo, él podrá dar testimonio de ello. Lenny acepta, impactado por la relevancia del momento que está viviendo, pero, en realidad, dicha confirmación supone una gran aceptación/claudicación para él, pues una de las subhistorias que “The young pope” ha ido desplegando desde su comienzo ha sido, precisamente, la crisis de fe del propio Papa. ¡Y no era una faceta baladí del relato tratándose nada menos que del Papa! ¿Puede, precisamente él, no creer en Dios?

Sorrentino aprovecha el momento para revelar al espectador, mediante un flash-back, cómo fue aquel acto milagroso con el que Lenny, siendo aún niño, curó a la madre moribunda de uno de sus amigos:

"The young pope" de Paolo Sorrentino

Nótese, en primer lugar, que la maternidad, aunque no sea una que le concierna personalmente, vuelve a tener una posición de lo más relevante en el milagro, pues la beneficiaria no solo es la madre de su amigo, sino que, con toda probabilidad, conmueve a Lenny precisamente por su condición de madre de su amigo, es decir, el objeto más valioso que él puede imaginar.

Sorrentino retuerce el encuadre para mostrar a Lenny siendo mirado por la madre de su amigo, ya sana, pero también, al fondo, el crucifijo. Y si añadimos la inclinación de la cámara dando lugar a un marcadísimo plano contrapicado, sentiremos la mano firme del cineasta buscando los elementos que necesita y ese sentido de trascendencia inevitable que desprende el acontecimiento que acaba de producirse. No obstante, hay dos elementos adicionales que nos resultan de interés en estos planos. En primer lugar, en el plano más general, ¿localizan el objeto más brillante? Se encuentra bajo la ventana, mirándoles a ambos, silenciosa pero radiante de luz: La pequeña imagen de la Virgen María. Y es que, huelga expresar que ella ha estado presente de forma fundamental en el acto del milagro, como también estuvo en el momento en que Esther concibió, ¿lo recuerdan? Visto así, ¿no encuentran una misma lógica de construcción al disponer estatuas de la Virgen en estas dos escenas?

"The young pope" de Paolo Sorrentino

O en esta otra imagen con la que Sorrentino “escribe” la absoluta pleitesía que Lenny profesa a la Virgen:

"The young pope" de Paolo Sorrentino

La ven a la izquierda de la cabeza de Lenny, ¿verdad?

Por otro lado, no perdamos de vista que, aunque con menor intensidad, la madre de su amigo comparece como un objeto relevante por su capacidad para recordar a Lenny la madre que él perdió, y por tanto no debe extrañarnos que algunos elementos de cuantos Sorrentino selecciona para dibujarnos a esa madre nos recuerden a la que Lenny realmente perdió. Por ejemplo, que esa madre es rubia como la suya, y por cierto, con un pelo deslumbrantemente iluminado:

"The young pope" de Paolo Sorrentino

Pero también resuena algo de Esther en esa madre, ¿no les parece?

"The young pope" de Paolo Sorrentino

No solo por el color del pelo, sino también por la prenda elegida para ambas en dos situaciones tan distintas entre sí. Y no me negarán que, aunque, en efecto, son diferentes, no puede decirse que estas dos prendas no tengan rasgos en común, ni por lo que se localiza de inmediato en su tela, ni por cuanto evocan en otro plano que, a estas alturas, no se nos debería escapar:

Elisa de Santis y Esther en "The young pope"

Bueno, se pone de manifiesto que Sorrentino ha dispuesto una paleta de signos de vestuario, cromáticos, lumínicos, etc., que funciona como una verdadera constelación simbólica con la que configura los personajes que tienen relación con su objeto perdido. Con ella aborda en “The young pope” cada ocasión en la que poner en juego esa gestalt brillante que, de una forma u otra, no cesa de convocar su ausencia, su falta.

Pero volvamos a nuestra crucial escena con el cardenal Spencer:

Lenny: La madre de Billy aún vive.

Decíamos que, con su solicitud de prueba de fe, Spencer le pedía demasiado a Lenny, pues él mismo había venido enunciando su crisis de fe. Sin embargo, confrontado con lo dramático del momento de la pérdida del que, en muchas facetas, fue siempre su padre, no pudo faltar a su verdad al postular la larga vida de la madre de Billy como un signo digno de creencia, es decir, digno de su compromiso y de su creencia en Dios. La frase de Lenny, ofrecida a su moribundo mentor en su lecho de muerte, es decir, allí donde no cabe esperar distracción ni futesa alguna, revela que su crisis de fe no ha sido si no una impostura. O mejor, un síntoma, quizás tomando la forma de la ira y del despecho, contra Aquél al que acusa de la gran pérdida de su objeto de goce primordial, es decir, a ese Dios al que culpa en último término de su pérdida. Revela que, en realidad, es un hombre de fe… cuyo sufrimiento le consume al punto de no poder superarlo. Bueno, algo de esa impostura es la que se puso en juego mucho antes, en el capítulo 2º, allí donde Lenny no nos ofrecía su rostro, ¿no les parece? Y aquí encontramos, de nuevo, su explicación. Recordemos aquella imagen que, llegados a este punto, nos parece muy antigua (capítulo 1×02):

"The young pope" de Paolo Sorrentino

No como ahora, que sí ofrece su rostro, y con gesto de dolor.

Jude Law en "The young pope" de Paolo Sorrentino

Bueno, no solo de dolor. O mejor dicho, éste será un dolor distinto que va a tener efectos cruciales. Va a ser un dolor que atisba una cicatriz. Algo de una pérdida superable se va a gestar en esta escena a la que, por otro lado, Lenny está convocado por Spencer, casi se podría llegar a intuir, como aquel que podría obrar el milagro de su recuperación. Sin embargo, Lenny, en esta ocasión, no rogará al Cielo por la sanación de Spencer, sino que le acompañará en su fallecimiento y ACEPTARÁ LA PÉRDIDA. Lo escribimos en mayúsculas para denotar la gravedad de lo que está sucediendo, pues la terrible oscuridad de su papado provenía del hecho de que no había aceptado jamás la pérdida de sus padres, y muy concretamente la de su madre. Aceptar la pérdida de una madre no había sido nunca su fuerte, ni cuando se trató de la suya, ni la de ningún otro (como la de Billy). Pero, en el lecho de muerte de Spencer, Lenny aceptará su muerte. Por cierto, la muerte de quién, unos capítulos antes, le había ofrecido un camino para superar su dolor:

Lenny: ¿Qué debo hacer?
Spencer: Ir a Venecia y enterrar dos ataúdes vacíos.

Los de sus padres, por supuesto. ¿A qué se refería Spencer? ¿En qué consistía su consejo? Se refería a la celebración de un ritual de despedida, una ceremonia textual, que pudiera proporcionar la simbólica necesaria para articular la despedida final de sus padres y para que, por tanto, pudiera emerger la cicatriz por la aceptación de la pérdida, su interiorización final, y que así Lenny pudiera abandonar la fase en la que ha vivido durante décadas y que se ha caracterizado por la NEGACIÓN de su pérdida. Sí, una negación que, en otros momentos, y dirigida al Cielo, había sido origen de dicha y felicidad para otros, como Billy, pero que, en su caso, solo le habría anclado a un marco de dolor del que no habría sido capaz de escapar.

Éste será el momento y el punto de inflexión para Lenny. Esa ceremonia de despedida que Spencer le había recomendado será, de hecho, la última escena de esta primera temporada de “The young pope”, el viaje que Lenny necesitará realizar para continuar con la cicatrización de su pérdida.

Jude Law en "The young pope" de Paolo Sorrentino

De día, ofreciendo su rostro, delante de todos.

No es casualidad que la posibilidad de esa cicatriz aparezca en compañía del hombre que, para Lenny, actuó como su padre. Bueno, es la lógica más tradicional del complejo de Edipo, que atribuye al padre esa función, y que mediante su intervención, y su palabra, obra la posibilidad de una castración. No como un arrebato brutal, es decir, y siguiendo en esto a Lacan (Seminario 17, 1969-70), no como una “privación” que se le impone, es decir, como una mutilación desde lo real sin elaboración posible; ni como una “frustración” en lo imaginario, que es en donde, en realidad, se viene encontrando Lenny absorto desde que perdió a sus padres; sino como una castración que se articula desde lo simbólico y que permite una vivencia significante por la que el sujeto PUEDE transitar. Y por cierto, algo de una “ocupación” de la posición del padre parece también jugarse en este fallecimiento, ¿no les parece?

Dicha posibilidad, novedosa para Lenny, vivida como una nueva puerta posible, es la que va a dar acceso a una apertura que le reconciliará con la adultez. Le proporcionará los elementos necesarios para ser el adulto que la Iglesia y los fieles necesitan que sea para todos ellos. Solo así puede comenzar a entender las palabras de su mentor, que pronunció en su debate sobre el aborto:

Spencer: Duro con los principios, suave en la práctica.

Se abre para Lenny, por primera vez y desde hace mucho, la puerta de la empatía; la puerta de una “práctica suave”. La figura oscura se ha convertido, por fin, en otra que, con todos sus signos expresa su modo de mirar al futuro esperando algo nuevo:

Jude Law en "The young pope" de Paolo Sorrentino

Una imagen suave, ¿verdad?

¿Y si ensayamos sobre esta imagen unas palabras traídas por sorpresa a partir de otro texto? Leámoslas:

 “El nuevo día trae nueva esperanza. Las vidas que hemos llevado.Las vidas que vamos a llevar. Nuevo día, nuevas ideas. Un nuevo tú”.

 

No me negarán que encajan a la perfección, ¿no es cierto? Pero, ¿de dónde han salido? Antes de desvelarlo, quizás convendría señalar el modo cómo estas dos imágenes parecen querer expresar algo del mismo orden:

"The young pope" de Sorrentino y "Mad Men" de Weiner

¿Aún no lo reconocen? ¿Qué tal así?

"The young pope" de Sorrentino y "Mad Men" de Weiner

Y es que así es cómo termina el último episodio de “Mad Men”, la serie de Matthew Weiner, con el que su autor nos cuenta algo de un “nuevo tú”, un nuevo Drapper que mira al futuro igual que Lenny, ambos mirando al horizonte del mar en una puesta de sol. Algo de ese “nuevo tú” que el monitor de yoga recitaba sobre ese Drapper se ha obrado también en Lenny y de sus efectos es de lo que Sorrentino nos quiere hablar a partir de este momento. Por fin aparecen los signos de una sutura en marcha, de una definitiva cicatriz para Lenny.

Y, de hecho, su presencia en la playa en esa imagen, mirando al horizonte, también se articula como un pequeño paso más en ese proceso de cicatrización. Sí, porque Lenny se acerca a la playa de Ostia para dejar a Esther una foto suya de recuerdo, pero no como gesto narcisista, sino a modo de despedida, como signo de su aceptación del hecho de que Esther y su hijo Pío necesitan alejarse de él para tener su propia vida. Se trata de una elaboración alternativa, adulta, muy diferente de ésa otra que le llevó a sentirse herido cuando le dijeron que se habían marchado sin tan siquiera despedirse. Por fin, Lenny comienza a entender “el lugar del otro” y esa puerta se abre como estrategia para suturar la ausencia de los que faltan. Lenny acepta la pérdida de Esther, la que otrora brilló por su capacidad para evocar a otra Madre más importante, y puede dejarla atrás con un gesto ceremonial de despedida.

"The young pope" de Sorrentino

Lenny comienza a hacerse consciente de su propia evolución, y así se lo expresa a (su ya amigo) Monseñor Gutiérrez:

Lenny: Sor María ha completado su misión y ahora, justificadamente, quiere seguir adelante.
Gutiérrez: ¿Ha completado su misión?
Lenny: Sí. El niño Papa se ha convertido en un hombre. Una vez necesitó una presencia maternal, y ahora necesita un colega.

Lenny comienza a interiorizar la idea de que, por brutal e injustificada que fuera su pérdida, la de su madre, necesita integrarla dentro de sí y continuar su viaje, y de hecho está comenzando a hacerlo. Sor María, que había hecho las veces de madre, empieza a ser menos necesaria por su condición maternal, que por su capacidad para organizar y gestionar, de modo que Lenny la enviará a África a encargarse de los niños más pobres. O, visto de otra forma, Lenny, que ya no precisa de una figura materna alternativa para taponar su propia falta, envía a María a África para ser la madre de otros. Por fin, Lenny, comienza a ser el padre que los fieles necesitan, ofreciendo una suerte de madre a quienes la precisan hoy más que él. Así, no se puede escapar esta apertura desde la lógica de la acaparación hacia la de la entrega, que sirve de signo del cambio que se está produciendo en el interior de Lenny.

Es más, él mismo va comprendiendo que el camino correcto es reconciliarse con lo que tiene, descentrando lo que no. ¿Cómo vemos esta idea en Lenny?

"The young pope" de Sorrentino

Niño visitante mirando “La mujer barbuda”: No quiero tener una madre con barba.
Lenny: Tienes que aprender a conformarte con lo que tienes.
Niño: Yo no quiero conformarme.

Lenny mira al niño que dice “Yo no quiero conformarme”: Se ve a sí mismo. Más concretamente, se ve en la versión infantil de una sombra; de hecho, la suya hace no mucho tiempo, tal como se mostró al comienzo de la serie:

"The young pope" de Sorrentino

Él también fue el que no se conformó, el que ardió en su furia por su propia falta. Hoy es él el que habla a otros de aceptar lo que se tiene y descubrir su valor. De nuevo nos encontramos la idea del niño que se ha hecho adulto.

Niño: Yo no quiero conformarme.
Lenny: Tienes razón. Yo tampoco quiero seguir conformándome.

Lenny, que está en pleno proceso de conversión interior, invierte el sentido de las palabras de modo que, aquí, ese acto de conformarse significa “anclarse” a la pérdida en la que hasta ahora vivía; aquí, aspirar a más significa integrar la pérdida, darle un sentido y continuar hacia delante. La madurez obra una inversión en los términos y en el propio Lenny en el que se atisba, cada vez más, la modificación de su subjetividad.

Dicha inversión alcanza incluso a los nombres con los que se dirige a otros y que nos aportan un nuevo punto de vista sobre su relación con el objeto que perdió. Cuando Lenny informa a sor María de que va a ser enviada a África para ocuparse de los niños del campamento, se produce un diálogo muy revelador:

Jude Law y Diane Keaton en "The young pope"

Sor María: ¿Adónde iré?
Lenny: Donde siempre has querido estar. Con niños. Eres una huérfana. Los huérfanos siempre quieren estar con niños.
Sor María: ¿Cómo sabes que soy una huérfana?
Lenny: Siempre lo he sabido.
Sor María: ¿Cómo lo sabes?
Lenny: Es difícil, para un santo, contestar a todas las preguntas de la humanidad.
Sor María: ¿Puedo empezar a llamarte Lenny de nuevo?
Lenny: Solo si yo puedo llamarte “Ma”
Sor María: Sí, puedes llamarme “Ma”.

En primer lugar, recordemos que sor María estaba convencida de que Lenny no sabía de su orfandad; ¿no les parece que Lenny podría haber sabido algo de esa falta en sor María precisamente por cuanto de ella podría hacer resonar en la suya propia? Dicho de otra manera, como si hubiera detectado la orfandad de sor María a través de la suya, localizando como común una causa de dolor que pudiera explicar algo de una conducta y unos silencios con el sabor de su propia causa de dolor, aunque elaborada por ella de un modo radicalmente distinto a la de Lenny, no hay duda, pues él tan solo la experimentó en clave de privación. La escena sugiere la emergencia, o el encuentro, con una sensación al fondo de sí mismo, en la percepción de Lenny, a partir de su trato con sor María a lo largo de su vida, en donde a través del tiempo ha ido cristalizando el fósil de una pérdida que a él le resulta lamentablemente muy familiar. Bueno, como si la idea hubiera emergido de un diálogo entre inconscientes que se ha deslizado durante los años a través de lo no dicho, lo omitido, lo reprimido, lo sugerido, y una constelación de pequeñísimas operaciones semánticas que transcurrían paralelas al discurso, o a la conducta. ¿No les parece que lo que aquí se nos sugiere es una aplicación de lo que otros autores llaman “el inconsciente familiar y que no sería sino la constitución de un nivel intermedio entre el inconsciente individual freudiano y el inconsciente colectivo de Jung? Es decir, un espacio aproximadamente circunscrito a la entidad familiar, con todo lo que de impreciso tiene, en donde se constituyen creencias, mitos, traumas, recuerdos reprimidos, etc. que afectan a las personas que conforman dicho grupo. Habría, así, un diálogo secreto, entre los miembros del grupo que les permitiría intercambiar impresiones, pero en un plano distinto al que pueden gobernar deliberadamente con sus palabras y con sus actos.

En segundo lugar, atendemos ahora a la función del “Ma”. Recordemos que esta interacción remite a otra, muy anterior en la vida de Lenny, cuando éste recibió por parte de una sor María mucho más joven, la prohibición de llamarla “Ma”, pues, en realidad, obviamente, no era su madre. Así fue, recordémoslo:

Lenny (niño): ¿Ma?
Sor María: Nunca me llames mamá. Llámame sor María.

Sor María, de la que ahora sabemos que ella misma fue una huérfana, estaba empezando a guiar a Lenny por el camino de la aceptación de una pérdida fundamental, como primer paso para aprehender lo que de injusto hay en el mundo, e ir construyendo así la subjetividad necesaria con la que sujetarse a lo largo de su vida. Sor María le niega el “Ma”, quizás como signo permanente de pérdida, pero no por ello dejó de colocarse respecto de él como una figura materna. Hizo las veces de madre de Lenny, lo que llevó a Sorrentino a llamarla “María”, un nombre de madre. No obstante, sabemos que, a pesar de todo, Lenny se aferraría a la pérdida y sería incapaz de soltarla, por lo que esa negación del “Ma” se le terminaría imponiendo como una violenta privación sin posibilidad de cicatriz hasta muchos años después.

Momento, en el que estamos.

Sor María: ¿Puedo empezar a llamarte Lenny de nuevo?
Lenny: Solo si yo puedo llamarte “Ma”
Sor María: Sí, puedes llamarme “Ma”.

Si sor María negó el “Ma” a Lenny, éste negó el “Lenny” a sor María al comienzo de su papado. Algo de una secreta venganza parece estar jugándose, y por cierto una que conecta del todo con el dolor que Lenny está sintiendo y con su imposibilidad para dejar atrás una enorme e insuperable pérdida. Solo cuando Lenny resuelve algo de esta pérdida, es decir, solo en tanto que él comienza a reconciliarse con su realidad integrando la pérdida como una parte de sí mismo y de su identidad, Lenny podrá devolver el “Lenny” a sor María, es decir, recuperar la senda de la entrega frente a la de la acaparación. Por su parte, sor María entiende que una parte de aquel aprendizaje arcaico que a Lenny, y a nadie más, le tocaba realizar, se viene ya produciendo en él, es decir, advierte, como los demás, la apertura que en él se está jugando, y solo sabedora de que el aprendizaje se va completando consigue ofrecer a Lenny el “Ma” que él tanto deseó cuando era solo un niño. De algún modo, el aprendizaje que sor María previó se dilató más de lo necesario, pero Lenny lo alcanzó finalmente.

Así, dicho “Ma”, ¿no sería una forma de insignia que le acredita como el que consiguió integrar la pérdida? El que consiguió vivir con ella.

En tercer lugar, ¿no creen que esa luz sobre la cabeza de sor María tiene mucho de oportuno precisamente por el lugar donde Sorrentino la mantiene durante gran parte de la escena?

Lenny: Al final, todos tenemos que volver a donde empezamos.

Lenny pronuncia la frase para explicar por qué envía a sor María a África, a trabajar con los niños, pero la frase tiene resonancias mucho mayores desde nuestro punto de vista. Y es que, según habíamos explicado ya, esa búsqueda del objeto perdido es la de un objeto que fuimos, la de unos orígenes arcaicos, indescifrables, indeterminables en el tiempo, en donde presentimos una completitud añorada y perdida para siempre. Nuestras elecciones de objeto están marcadas por esa búsqueda, ese retorno, y nos llevarán a elegir aquellos objetos que mejor se ajusten, aunque nunca a la perfección, con el hueco que nos quedó. ¿Dónde, si no con los niños, entonces, debería ir sor María, si ella misma acusa el hueco de su propia orfandad?

Y por cierto, ¿no les suena ligeramente al diálogo que el personaje de “La Santa” mantiene con Jep en una de las últimas escenas de “La gran belleza”?

La Santa: ¿Y sabe por qué solo como raíces?
Jep: No. No, ¿por qué?
La Santa: Porque las raíces son importantes.

Un poco más, ¿recuerdan el nombre de pila del personaje de “La Santa”? Se llamaba María, misionera africana. La constelación Sorrentino localiza sus nudos, los puntos de intersección de sus obras, marcando los lugares donde las cosas importantes suceden.

Disfrutemos un poco más de esta conexión entre “La gran belleza” y “The young pope” con un encuentro inesperado. Bueno, ¿inesperado?:

Dadina: ¿Cómo está la sopa, Jeppino?
Jep: La sopa está buena. ¿Por qué me has llamado Jeppino? Hacía siglos que nadie me llamaba así.
Dadina: Porque un amigo, de vez en cuando, tiene el deber de hacer sentir al otro como cuando era un niño.

Dadina, personaje que, por cierto, no sería demasiado difícil de localizar en una cierta función maternal sobre la vida de Jep, modula el modo cómo se refiere a éste usando el nombre de “Jeppino”, para hacerle sentir un niño, es decir, como en “sus raíces”, las que más tarde dirá “La Santa”. Aquí, Dadina ocupa deliberadamente, aunque de forma provisional, ese lugar de madre que Jep acusará, sintiéndose colocado de un empellón, en la posición de niño. Y esa es la posición que Lenny solicitará a sor María mediante el derecho a llamarla, por primera vez, “Ma, es decir, madre. De nuevo, en ambos textos, una forma de reencuentro con algo perdido, la condición de niño en “La gran belleza”, con una “madre” frente a él; y la condición de “hijo”, en “The young pope”, con otra madre frente a él. ¡Lugares comunes que nos permiten encontrar… al propio Sorrentino!

"La gran belleza" y "The young pope" de Paolo Sorrentino

Y, por cierto, en ambos casos, ese “empellón” que sitúa al otro en un nuevo lugar, uno que remite a otro muy anterior, el de la niñez, se juega por la PALABRA. Más concretamente, por el nombre: “Jeppino”, en un lugar, y “Ma” en el otro.

Un poco más adelante, en el último capítulo, Lenny confirmará este deseo enorme que le conecta muy profundamente con el de Jep Gambardella, cuando dice:

Padre Tomasso: ¿Qué quería ser cuando era niño?
Lenny: Quería ser un niño.

¿Qué tal si buscamos un nuevo ejemplo de esa inversión del “acaparar” por el “entregar” en la nueva lógica de Lenny? No hay que irse muy lejos, en la misma escena:

Jude Law y Diane Keaton en "The young pope" de Sorrentino

Sor María: ¿A dónde iré?
Lenny: A África, a ocupar el puesto de la hermana Antonia. Y allí estarás a cargo de las otras 250 Aldeas de Bondad.
Sor María: Me gustaría abrir algunas nuevas, solo para los niños. ¿Qué te parece?
Lenny: Creo que es una buena idea.

Lenny considera una buena idea ofrecer una madre a aquellos niños que no la tienen. El proceso de sutura marcha a toda máquina y ello se expresa, cada vez más, en sus frecuentes sonrisas y en su capacidad para abrazar y entender el dolor de otros. Y por supuesto apoyando el deseo de sor María de abrir nuevos lugares donde ser la madre de otros niños. Un nuevo Lenny. Un nuevo papado.

Esta productiva escena nos dará aún una importante clave:

Lenny: Al final, todos tenemos que volver a donde empezamos.
Sor María: ¿Y tú? ¿Cuándo volverás a donde empezaste?
Lenny: ¿Dónde empecé?
Sor María: Empezaste con dos padres hippies.

Y hacia allí vamos. Hacia la escena final de la serie que permitirá a Lenny “enterrar dos ataúdes vacíos” en Venecia, como le había sugerido su mentor, el cardenal Spencer. No obstante, hagamos aún algún hallazgo:

"The young pope" de Sorrentino

Voiello: Lo que digo es que quien tiene el valor de abandonar un hijo, podría también encontrar la fuerza para repudiarle.

Voiello explica a Lenny que sus padres perdidos, en tanto que hippies, mantenían opiniones absolutamente contrarias a las que él defiende como el Papa de la Iglesia, y que, seguramente, las mantienen aún hoy en día. Por tanto, podría ser que ellos, donde quiera que se encuentren, no quieran saber nada de él e incluso le repudien. Duras palabras las que Voiello ofrece a Lenny, sin duda, y que éste no habría podido recibir por su parte al comienzo de la serie sin haberlas considerado una grandísima ofensa. Sin embargo, el nuevo Lenny, uno que dice ya no estar buscando a sus padres, las incorpora a su proceso de elaboración subjetiva sobre la pérdida. Su proceso de costura simbólica está ya muy avanzado, incorporando a la tela los fragmentos y los retales que unos y otros le van ofreciendo.

¿No les parece que esta nueva y venenosa característica que Voiello advierte que podría encontrarse en el “objeto perdido de Lenny” pone de manifiesto lo que Freud ya apuntaba como la “no adecuación entre sujeto y objeto? Sí, porque la teoría nos advertía de que, por más que el objeto reencontrado se pareciera al original, no tendría capacidad de obrar la completitud que buscábamos en él. Ningún objeto la tiene. Existe una ley de no adecuación perfecta entre sujeto y objeto que hará que el hueco siempre acuse su forma, independientemente de si en él se sitúa un objeto muy similar. Voiello descubre a Lenny que ni el objeto original podría ya satisfacer por completo la forma del hueco que dejó. Esta “condena” supone para Lenny el cierre de la última de las puertas que conducían al “reencuentro con el objeto original”, entendiendo que también él está “condenado” a seguir adelante sin ese objeto. No ya porque sea conveniente para él o para los fieles, sino porque no existe ningún otro camino posible, salvo su autoaniquilación.

El de Voiello es un argumento… importante, uno que quizás apunta a una nueva y urgente razón para cerrar la herida lo antes posible. De hecho, nada le resultaría tan doloroso a Lenny como arriesgarse a encontrar a sus padres solo para comprobar que son capaces de abandonarle nuevamente con un gesto de repudia. Conviene finalizar el alicatado de esa sutura cuanto antes, y así lo entiende Lenny que, cabe pensar, comienza a pensar en lo que está pendiente y le espera en Venecia.

"The young pope" de Sorrentino

En el palco, Voiello, Gutiérrez y otros cardenales miran a la multitud, y sonríen porque saben que, ésta vez sí, tienen un Papa adulto que ofrecerles, el Papa que quisieron mostrar pero que se ocultó al comienzo de su papado. Hoy tienen una estampa con matices y con rostro, no una figura expresionista con bordes afilados. En esas sonrisas parece transparentarse la alegría por poder estar, por fin, a la altura de la mirada de los fieles.

Sin embargo, resulta mucho más conmovedora y reveladora la sonrisa de Lenny cuando sube y se coloca frente al micrófono y frente a ellos:

Jude Law en "The young pope" de Sorrentino

Es una nueva sonrisa. De hecho, absolutamente distinta a cualquier otra de cuantas hemos visto, de cuantas él mismo ha sentido. No es una sonrisa. Es un arrebato de felicidad que desborda inconteniblemente su gesto de alegría, como reflejan sus ojos al borde de las lágrimas. Es consciente del camino que ha realizado y de que hoy sí puede ser el Papa que todos necesitan que sea. Hoy sí podría hacer realidad el deseo reprimido que reflejó el sueño que tuvo en el primer capítulo de la serie, es decir, ése en el que decía:

Lenny: ¿Qué hemos olvidado? Nos hemos olvidado de vosotros.

Sin embargo, no lo dirá. No lo hará, porque la madurez le ha llevado más allá de ese punto y hoy puede situarse frente a los fieles no para darles lo que desean, sino para ser el que verdaderamente necesitan. Lenny está colocándose en la posición del padre de todos. Un padre que es castración, pero también promesa. Está más cerca que nunca de aquel principio que su mentor, el cardenal Spencer, le había recomendado: “Duro en los principios, suave en la práctica”.

Allí donde, al comienzo de la serie, Lenny no podía sonreír, y allí donde fue el que se negó a mirar a los fieles a los ojos, comparece un Lenny que sonríe, que solicita la sonrisa de todos y que les mira directamente:

Jude Law en "The young pope" de Sorrentino

Sí, por supuesto que también mira en busca de sus padres, a los que presume entre la multitud, pero el gesto es muy revelador de cuanto está sucediendo en su interior, ¿no creen?

Lenny: Un día moriré. Y entonces podré abrazaros a todos. Uno a uno. Sí. Podré. Tengo fé en que podré.

Lenny comienza a escrutar a la multitud con el pequeño telescopio que Monseñor Gutiérrez le había regalado. Recorre las caras de los fieles, encontrando en ellos, por fin, las miradas que antes necesitaba rehuir. En ellas encuentra, también, el deseo de encontrarse con ellas, de mantener sus miradas y mostrarles su gesto de empatía. Lenny siente cómo el proceso de sutura está completo, y que la vida, de este lado, es mucho más gozosa. Sonríe mientras les mira y les promete un abrazo “uno a uno” cuando le sea posible.

¿Y sus padres? ¿Aparecen? Diríase que, en efecto, aparecen. El plano subjetivo de Lenny a través del telescopio recorre las caras de los asistentes y éste recoge la imagen de dos viejos hippies que le miran desde lejos. Primero los pasa por alto, pero el telescopio vuelve atrás y les encuentra de nuevo. Eso sí, mostrados, esta vez, conforme al recuerdo que Lenny tiene de ellos, es decir, con sus rostros jóvenes.

"The young pope" de Sorrentino

Los elementos del vestuario escriben explícitamente la relación entre ellos: Él viste una cinta en la cabeza, igual que en el recuerdo de Lenny, y además utilizando prendas de colores muy similares. También lleva el pelo largo, barba y bigote, igual que entonces. En el caso de ella, la única prenda que le vemos en ambos casos es del mismo color. Los “cuatro” tienen un mismo gesto, y no es precisamente de alegría.

Sin embargo, en el instante mismo en que su madre se siente observada, descubierta por el telescopio de Lenny, no puede soportar la situación, se da la vuelta y abandona la plaza. Su madre no soporta saberse descubierta. No soporta lo que hizo, es decir, el acto de abandono, y no puede soportar la mirada de su hijo. Si sus padres le hubieran repudiado, como apuntaba Voiello, probablemente no le habrían ido a ver a la plaza. El hecho de ir a escucharle y a verle descartaría la repudia. Y, de hecho, ambos escuchan todo su discurso precisamente hasta que ellos son los que entran en juego, allí donde su madre se siente descubierta. ¿No sienten que Sorrentino nos dice que su madre se siente insoportablemente avergonzada?

"The young pope" de Sorrentino

Lenny sufre una grave indisposición y termina tendido bajo la barandilla del palco. Parece que la segunda temporada de “The young pope” ya tiene un contenido expreso que tendrá que desarrollar, veremos según qué claves. De momento, Lenny obtiene una cierta recompensa por el trabajo realizado en su interior.

"The young pope" de Sorrentino

Parece que una gran búsqueda, una que ha atravesado por completo el relato hasta este punto, está alcanzando una fase de absoluto reencuentro. La Virgen María se ofrece a su mirada.

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