“The affair” y su curiosa fórmula narrativa: Un episodio, dos puntos de vista

Una muy solvente historia de infidelidad contada mediante una original fórmula de narración que muestra por separado el punto de vista de sus dos protagonistas.

 

Que andemos atravesando la parte más luminosa de la llamada “golden age de las series de tv” está teniendo múltiples consecuencias. En primer lugar, entre la oferta actual de series encontramos una miríada de propuestas para todos los gustos y también unos cuantos productos de extraordinaria y reconocida calidad (“House of cards”, “The good wife”, “Breaking Bad”, “Transparent”, “Treme”, “Hannibal”, etc.). Sin embargo, otra de sus consecuencias es la inexorable elevación del nivel de expectativa que se ha puesto tanto del lado de la producción, es decir, entre los profesionales que “crean” las series de televisión, como en el lado de los espectadores, que hoy esperan que las series de TV nos sorprendan aún más y destaquen de forma singular entre una oferta sencillamente inabarcable. The Affair”, una de las más gratas sorpresas de la temporada, parece ser una consecuencia sistémica de esta expectativa como demuestra el hecho de que si bien su sinopsis principal no contiene elementos de gran originalidad, sí resulta de lo más llamativa desde el punto de vista de su técnica narrativa.

Dos episodios en cada episodio

Cada capítulo está dividido en dos partes y cada una de ellas contiene un fragmento narrativo correspondiente a uno de los dos personajes principales: “Noah” (Dominic West, al que recordamos con nostalgia tras disfrutar con “The Wire”) y Alison (Ruth Wilson). En otras palabras, cada una de las dos partes está narrada desde el punto de vista de cada uno de los dos personajes, y no empleando la clásica fórmula del “narrador omnisciente” que nos da cuenta de todo lo que sucede y que parece trascender los límites perceptivos de cada personaje. Por tanto, cada parte recurre a una suerte de “primera persona”… pero cada parte del episodio corresponde a una persona diferente. Esto nos permite asistir a una realidad por definición única pero que a través de los ojos, primero, de uno, y luego, de la otra, parece desdoblarse hasta comparecer como dos realidades distintas. La premisa original de una narración como ésta es que las diferencias existentes entre ambos fragmentos no deberían ir más allá de las escenas que cada uno de ellos vive por separado (y que por tanto el otro no conoce) y la posición de la cámara en aquellas escenas en las que coinciden. El cambio de la posición de cámara permitiría aproximar el punto de vista narrativo hacia uno u otro personajes, quizás realzando el carácter individual de cada una de las percepciones con instrumentos cinematográficos como el plano subjetivo o semisubjetivo. Sin embargo, el experimento de “The Affair” es mucho más rico y mucho más ambiguo.

Y lo es porque la concepción de la fórmula empleada por “The Affair” añade a la mezcla criterios puramente psicológicos, tales como la “mentira” o la “ocultación”, así como los efectos de algunas interesantísimas teorías psicológicas que se hicieron populares durante los años 40 y 50 y que se han denominado con la etiqueta de “Teorías de los efectos limitados” (también llamada “Segunda ola de las teorías de la Comunicación” que sucedió a la “Teoría de la Bala Mágica/Aguja Hipodérmica” o “Primera ola”). Tales teorías fueron inspiradas parcialmente por los estudios freudianos que defendían que la mente mediaba extraordinariamente la experiencia que los sujetos tienen de la realidad, hasta convertirla en un algo verdaderamente subjetivo. Si estas teorías tienen base y, por tanto, los sujetos prestan más atención a aquellos elementos de su realidad que más les interesan, o recuerdan mejor aquellas cosas que les apasionan o les involucran más directamente, o incluso reinterpretan la realidad en función de su personalidad y voluntad psicológica, cabe esperar que los relatos que dos individuos distintos harían de una misma realidad que tuvieran ocasión de vivir juntos, podrían contener diferencias muy notables. Y esta es la base psicológica que da cuerpo a la propuesta innovadora de “The Affair” y que realmente se ha convertido en su escaparate más llamativo. Es su característica peculiar más importante, una que aporta más por el modo de narración que por el contenido de lo narrado, y sin duda se ha convertido en la “reason-why” más inmediata para recomendar su visionado.

Si ahondamos ligeramente en el aterrizaje particular que de este fenómeno realiza “The Affair”, veremos que las diferencias entre el relato de Noah y el de Alison sobre una misma realidad afectan tanto a asuntos cruciales para el devenir de los hechos (acontecimientos importantes que uno menciona pero el otro no, frases que uno de ellos dice pero el otro no menciona, actos cuyo sentido se ve radicalmente alterado en función de quién lo cuenta) como a elementos aparentemente vulgares como las ropas que cada uno de ellos vestía en el momento del acontecimiento narrado, pero que en realidad esconden sentidos inteligibles y valiosos para la experiencia del espectador. Valga un ejemplo: El atuendo que Noah recuerda que Alison vestía la noche en que se enamoró de ella era mucho más provocativo que el que Alison recuerda que llevaba, lo que nos da pistas sobre la experiencia psicológica que cada uno de ambos vivió, la relevancia que tuvo para cada uno de ellos e incluso permite especular con una cierta insinuación sobre la autoría de la seducción. En general, todos los elementos narrativos que marcan diferencias entre la versión de uno y del otro son susceptibles de ser interpretados de tal modo que contengan un sentido claro. Las diferencias son elocuentes y aportan información sobre la vivencia que cada personaje realiza de su propia realidad. Y, por supuesto, el sentido de cada divergencia emerge más fácilmente si atendemos a la condición masculina/femenina del personaje en cuestión, como se puede apreciar claramente en el ejemplo aportado.

"The Affair" - Serie de tv

Una de las posibilidades que esta dualidad de puntos de vista permite a los guionistas de “The Affair” es uno que no debería resultarnos extraño, aunque esta fórmula narrativa lo haga comparecer de forma, si se nos permite, más natural. Todas las buenas películas, y a este respecto las buenas series de tv operan como tales, cuentan con relatos que portan sentidos, o mejor, que desarrollan temas de fondo a los que los detalles de la narración suelen terminar rindiendo cuentas. O al revés, ese sentido último o elevado parece imponerse sobre los rincones de lo que se cuenta de tal modo que aporta un sentido a cada cosa que sucede. Se lea de arriba a abajo o al revés, la sinergia de estos niveles caracteriza a las buenas obras de arte. No es extraño que un cierto texto permita abordar simultáneamente no un tema sino más de uno simultáneamente. Así, los acontecimientos que suceden a un personaje o sus decisiones pueden estar abordando un cierto asunto de fondo que no tiene que ver con el que está siendo desarrollando para otro personaje con sus circunstancias personales. En “The Affair”, este efecto se produce de forma más clara de lo corriente puesto que el punto de vista de un personaje y “su fragmento” (primera parte del episodio) puede abordar un sentido de fondo que nada tenga que ver con el sentido último del relato del otro personaje (en la segunda parte del episodio). Pongamos como ejemplo el episodio 1×08: En la primera parte de Noah, el relato está abordando el tema de la recuperación de la confianza de Noah en su matrimonio. En la segunda parte, el relato aborda el asunto de la relación entre Alison y la muerte mediante el estudio de sus recuerdos de su hijo y la vivencia de los últimos momentos de vida de su abuela. Ambas narraciones, incluso, llegan a converger en un cierto subfragmento correspondiente a una realidad compartida por ambos pero que no será óbice para que cada fragmento responda a su propia lógica, su propio sentido último. Esta convergencia provisional de los fragmentos sin interferencia entre sus lógicas pone de manifiesto una habilidad extraordinaria en unos guionistas que, en general, darán muestras de excelencia a lo largo de toda la temporada.

Una realidad incognoscible

Desde el punto de vista de la concepción de “The Affair” como serie de TV, había dos alternativas: que las divergencias entre las versiones de los personajes fueran explicables o irreconciliables. La primera opción, que no fue elegida por sus creadores, habría dado lugar a una serie tipo “puzzle” que habría apasionado a los fans de películas/series cuya narración se presenta “fragmentada” y que requieren la habilidad del espectador para reorganizar las piezas (véase “Memento” de Christopher Nolan o algunas de las películas de Tarantino como “Reservoir Dogs” o la mismísima “Pulp Fiction”). Al contrario, los creadores de “The Affair” optaron por un modelo de divergencias irreconciliables entre los fragmentos que se convierte en una enorme oportunidad para la vertiente emocional del relato. Sí, porque, a no ser que cambiemos de género de “The Affair” y lo convirtamos en uno de ciencia-ficción o de fantasía, la realidad es única, y por tanto las divergencias irreconciliables en las que incurren los fragmentos no pueden ser atribuidas a una dualidad de la realidad sino más bien al menos fiable de los aparatos que registran la realidad: los seres humanos y sus errores o motivaciones insondables e ilimitadas para querer modificar el sentido de lo presenciado. Ahí es donde se abre la grieta de lo emocional, el gran filtro de la percepción, que hará que un mismo escenario pueda ser entendido – recordado – aprehendido – interpretado – memorizado de formas aparentemente ilimitadas. Las divergencias se convierten en el hábitat de la emoción, el espacio interior de cada personaje, de donde nace la energía para que un relato se doble y deforme hasta parecerse poco al del otro personaje con quien compartió una realidad, aunque ficticia, única y “real”.

Esto es lo que hará que “The Affair” sea una serie romántica, y no una serie para los aficionados a los puzzles. Es decir, “The Affair” no es “Lost” y aquellos espectadores que la disfruten plenamente serán aquellos que no estén interesados en “el montaje de las piezas narrativas” sino aquellos que realmente se vean atrapados por el contenido de la historia. El género de “The Affair”  es el romántico y aunque resultará de interés para quiénes deseen experimentar la especificidad y lo peculiar de su modelo narrativo, éste no parece que vaya a resultar suficiente a los espectadores que no deseen recorrer la historia de Noah y Alison.

Indagando un poco más en el efecto de este singular modo de narración de la historia que presenta primero la versión de uno y luego la del otro, cabe destacar un curioso efecto que el espectador vivirá pronto. Y es que éste dará por hecho desde el capítulo piloto que tales divergencias irreconciliables a las que asistirá irremediablemente y que, como decíamos, llegarán a afectar a los acontecimientos más cruciales, se verán necesariamente resueltas en algún momento ulterior del relato. Es decir, que el devenir de los acontecimientos terminará haciendo relucir la verdad presente en cada uno de los dos puntos de vista y que ya sea porque los guionistas creen en esa verdad y en su emergimiento natural, o ya sea porque el necesario acomodamiento de los hechos inapelables pondrá de manifiesto verdades y mentiras, el espectador terminará dilucidando la verdad del relato. En otras palabras, que ya sea de forma explícita o implícita, la verdad se abrirá camino por entre la narración de tal modo que cuando el espectador mire atrás verá la trocha recorrida y por tanto el necesario y verdadero sentido de los hechos acaecidos lo que le permitirá ajustar cuentas con las inexactitudes (psicológicas) en las que han incurrido cada uno de los dos narradores, Noah y Alison.

Sin embargo, esto no es así, y es la base sobre la que se apoya la apuesta más arriesgada e interesante de “The Affair”. Los guionistas darán a cada uno de los puntos de vista sentido suficiente para mantenerse ante los ojos del espectador de forma autónoma. Es decir, cada uno de los dos puntos de vista será suficiente para justificar los hechos acaecidos y las decisiones tomadas por cada uno de los personajes, y todo ello a pesar de que contendrán inexorablemente las ya mencionadas divergencias irreconciliables. El efecto de este entuerto narrativo es que el espectador sale ganando… y sale perdiendo, en cotas similares e inesperadas. Sí, sale ganando porque recibirá no una interpretación cerrada de la realidad sino una múltiple que dibujará las mil y una posibilidades diegéticas de la historia; y sale perdiendo en tanto que comprobará su imposibilidad de llegar a conocer la “verdad” del relato. Si ambos puntos de vista son autónomos y se apoyan en sucesos irreconciliables, es decir, si es imposible despejar las incorrecciones de los relatos para hacer relucir la verdad, el espectador no tendrá manera de alcanzar y conocer el escenario real y los hechos de facto que motivaron los relatos subjetivos.

O sea, el espectador terminará de ver la serie sin poder esclarecer todos los puntos de lo sucedido. Se abre, necesariamente, un cierto gap entre la construcción de los hechos que realiza el espectador, que será múltiple, y la realidad del relato, una que ni siquiera ha tenido porqué existir unívocamente en la mente del guionista más que en forma de caleidoscopio o repositorio de pequeños fragmentos. El espectador queda alejado de una realidad unívoca, y ésta se vuelve incognoscible, incomprobable. En realidad, el efecto no difiere tanto del que sentimos cuando dos amigos nos cuentan por separado su versión de una riña, y debemos reconocernos que nunca llegaremos a conocer qué pasó en realidad, aunque en el caso de una serie de TV parece que puede dejarnos, paradójicamente, una sensación de mayor frustración.

De si esa ambivalencia de la realidad nos hace conocer mejor la realidad o nos aleja necesariamente de ella, dependerá que el espectador decida si finalmente termina ganando o… perdiendo.

"The Affair" Noah y Alison

Noah y Alison: Los porqués

Por supuesto, van espoilers. Esto es un análisis, no una crítica o una reseña periodística.

Nos internamos ya en el estudio de la relación entre los personajes principales que nos va a dar las claves para comprender sus conductas, y de paso pondremos de manifiesto el gran trabajo que los guionistas de “The Affair” han realizado a lo largo de toda la temporada. Los dos verdaderos protagonistas de la serie son Noah y Alison: Él es un aspirante a escritor de éxito que a los 45 años apenas ha publicado una novela de escasa trascendencia y que está casado con la hija de un famoso escritor cuyas novelas han sido llevadas al cine en múltiples ocasiones y que ha alcanzado una enorme riqueza personal. Como sus ingresos son prácticamente inexistentes, los gastos de su familia son principalmente soportados por una pequeña tienda que regenta su mujer y sobre todo gracias a las aportaciones económicas de sus suegros que no harán más que criticarle por no alcanzar el éxito y ocuparse de su familia. Tal y como él mismo explica, Noah se casó muy joven y sin experimentar demasiado de la vida, aprovechando la oportunidad de estar con una mujer que le amaba y que además le proporcionaba una vida desahogada económicamente gracias a la riqueza de su suegro guionista. Por entonces, además, Noah atravesaba una crisis de confianza como escritor aunque su esposa siempre creyó en él y en su éxito, lo que le animó a contraer matrimonio con ella. No obstante, después de tanto tiempo, ese éxito no había llegado. Desprovisto del éxito literario que le habría condecorado con una buena dosis de dignidad y que le habría convertido en un legítimo cabeza de familia, Noah se ve desautorizado incluso en categorías como la de padre, teniendo que permitir que su esposa y especialmente sus suegros interfieran en la educación de sus hijos e impongan todas las decisiones. En presencia de sus suegros, Noah ve se ve cuestionado y parece incapaz de hacer valer el sentido del símbolo que acompaña al hecho de ser el padre de sus hijos, habida cuenta de que hasta la educación de estos está siendo financiada por sus abuelos. Siempre a la sombra de una familia imperante y crítica, Noah siente que una parte de él, una cuyo potencial brilló otrora pero del que ya no parece quedar ni rastro, se perdió en su interior y ya no encuentra modo alguno de hacerlo salir. Sólo, quizás, un éxito literario podría hacerle atisbar de nuevo ese camino… pero a los 45 años le cuesta enfrentarse a la “página en blanco” y su vida familiar carente de espontaneidad tampoco le proporciona las experiencias necesarias para hacer que sus escritos rebosen de emociones.

Alison también se casó joven. Tras alguna relación errática de la que se arrepintió, se casó con Cole y tuvieron un hijo. A los 4 años el niño murió ahogado bañándose en el mar por una cadena de infortunios pero también de errores por los que ambos padres se culparán a sí mismos tras su muerte y que se convertirán en una terrible experiencia que pondrá en jaque todo su matrimonio. Alison sentirá que su error, el que le costó la vida a su hijo, es razón suficiente para no poder vivir feliz el resto de su vida y se siente incapaz de superar la tragedia. Toda ella se puso, junto con la vida de su hijo, en manos de Cole, y con la muerte del niño, Alison se sentirá desprovista de la guía y la protección que siempre buscó. Su confianza en Cole se va a ver comprometida y queda a la espera de una fuerza que pueda ser garante de una estructura familiar como la que ella ansiaba. La primera vez que ella ve a Noah él está acompañado de su esposa y de sus cuatro hijos, y aparece como el cabeza de familia de una estructura que Alison no pudo construir. Noah comparece en forma de familia rebosante poniendo en juego el símbolo fálico por excelencia y también el símbolo familiar que Alison no pudo retener. Por tanto, desde la primera vez que se ven, Noah se convierte en un símbolo de lo que Alison pudo vivir pero perdió en parte por sus propios errores y los de su marido. Noah es un camino alternativo ajeno a Cole y su familia que tanto le recuerda una y otra vez a su hijo fallecido. Alison no podrá romper la asociación eterna entre su marido Cole y el error que condujo a la muerte de su hijo, y ello se simboliza férreamente en el tatuaje que Cole lleva en su espalda con la imagen del ángel Gabriel, el nombre del niño. El tatuaje es una metáfora de ese vínculo eterno, y por tanto es la cicatriz simbólica de una pérdida permanente y trágica de la que Cole siempre será su más dramático heraldo. Alison lo siente así y, por eso, para superar la tragedia de Gabriel necesitará superar primero a Cole.

"The affair"

Al revés, el acople es aún más exacto. Ante Alison, Noah puede ser el hombre que estaba llamado a ser… incluso sin el éxito literario. Ella se enamoró de él y enseguida deseó ponerse en sus manos en busca de luz, de protección y de la estructura familiar que ella no pudo conservar. Estaba necesitada de soltar ese liderazgo, la responsabilidad de una familia para con la que fracasó, y cuya responsabilidad ya no desea. La quiso poner en manos de quién había demostrado con su familia estar a la altura de la promesa, Noah. Él, en cambio, necesitaba reencontrar su dignidad haciendo valer su rol de padre. En el primer encuentro íntimo, Noah le dice a Alison: “Quiero mandar”, reclamando ante ella poder poner en juego esa condición interna de sí mismo cuya existencia en ese instante había comenzado a reencontrar. A Alison, por su parte, dicha exigencia no sólo no le resultaría problemática en absoluto, sino incluso… un enorme alivio, tan necesitada de soltar el timón y de entregarse. De descansar. Lo que más atraía a Noah de Alison era, por tanto, la oportunidad de vivir conforme al hombre que nunca pudo llegar a ser con su verdadera familia y al que tantas veces había necesitado desesperadamente. Con ella podía vivir una relación sin estar a la sombra de nadie, sino manejando las riendas de su condición masculina y asistiendo al hecho de que dicha condición hacía feliz a Alison. Por fin podía estar seguro de estar siendo lo que la mujer a la que amaba necesitaba por completo, una sensación absolutamente imposible de alcanzar con su esposa a la sombra de sus suegros y del Noah que profesionalmente no había llegado a ser. Por fin podía sentir que su vida era suya, y no la que otros habían dispuesto ante sus ojos. Tras ser incapaz de crear novelas vivas que pudiera considerar obras suyas de pleno derecho, por fin puede crear algo propio y verlo crecer sintiéndose su verdadero creador.

Hay un episodio en el que ésta comparecencia de Noah ante Alison cobra forma especialmente: Cuando la abuela de Alison sufre un ataque cardíaco y queda terriblemente enferma, su madre le presiona para que firme un documento que autoriza a los médicos a dejarla morir. Alison, que se había ocupado de su abuela durante años, no quería verla morir, pero los argumentos de su madre también le resultaban muy comprensibles. No sabe qué hacer. Buscará, entonces, una figura que le ayude a decidir y que le permita aliviar la carga de la responsabilidad (una en la que ya fracasó con el accidente de su hijo). Primero le pregunta a su marido, Cole, que fracasa estrepitosamente tanto en la función de ayudar a Alison a comprender las opciones como en la función de recomendarle un camino. Sin embargo, Alison recibe después la ayuda de Noah que con un enorme respeto pero con voz firme y claridad de mente le asistirá en la decisión. Dicho de otro modo, asumirá ante ella una cierta cuota de la responsabilidad marcando un camino a seguir que permitirá a Alison descansar de su peso. Así es cómo Noah ejerce su rol y desempolva esa parte de sí mismo que jamás había llegado a brillar; y así es cómo Alison comienza a sentirse más sólida junto a Noah.

Por último, nos fijamos también en la esposa de Noah, Helen, criada siempre en el seno de una familia adinerada (y conservadora) que esperaba que se casara con un hombre de éxito como su padre. Sin embargo, en aras de llevar la contraria a sus padres, Helen decidió casarse por amor con un hombre que reunía las condiciones para acompañarle llevando una vida familiar pero que ella sabía que iba a ser considerado absolutamente insuficiente por parte de sus padres. Esto no ayudará a Noah, que sufrirá el permanente reproche de sus suegros y que verá en su propio fracaso el fracaso de Helen y de la confianza que puso en él y en su éxito como escritor. Se siente culpable por no haberse convertido en el cisne que habría servido a Helen para demostrar ante sus padres que eligió correctamente. Por el contrario, Noah sabe que Alison se enamoró de él, de lo que él era ya, sin el peso de tener que convertirse en algo difícil que parece alejarse y alejarse cada vez más. En un momento de intimidad, Noah le pregunta a Alison si se escaparía con él… para vivir una vida, refiriéndose a una vida REAL, una que pudiera considerar propia, una línea temporal alternativa correspondiente a una existencia que realmente fuera el resultado de sí mismo. Su affair también es una manera auténtica y propia de contestación frente a ese maremagnum familiar en donde ya no pinta nada y que parece imponerle todas las decisiones. En su autodestrucción, Noah atisba al menos el sabor intenso de una autenticidad propia, de una existencia real que tanto necesita.

Tras una primera temporada verdaderamente interesante, y por cierto, mucho más por la calidad intrínseca de su devenir, es decir, el trabajo de guión, que por la división de los capítulos en puntos de vista distintos, “The Affair” se ha convertido en una de las series más prometedoras y mejor escritas del momento. Se adivina que el potencial del recurso de la multiplicidad de los puntos de vista aún no ha dado de sí todo lo que podría y seguramente será puesto a prueba en próximas temporadas. No obstante, la seguiremos sobre todo por la calidad de su historia y la cantidad de verdad que contiene en su argumento. Ojo… también se adivina que sufre grave riesgo de caer en la llamada “hipertrofia cancerígena del relato” si en sucesivas temporadas los acontecimientos comienzan a acelerarse para compensar con “contenido” la falta de una estrategia redonda que guíe la narración. Veremos si termina sucediéndole como a “Scandal” o si mantiene la calma y mejora con el tiempo. Muy recomendable.

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  • Comparto el análisis, excepto en el de Helen, en ella se analiza desde la perspectiva Noah. Ella no quería que triunfara de escritor, lo eligió por lo que era, callado introvertido, en aquella época. Si elucubramos, la eterna protegida quería a alguien que proteger, a cambio, un proveedor de amor y equilibrio, la ambición y éxito de su padre rompió su familia y es ahora esa ambición de Noah, por demostrar cosas a él mismo, no a ella, la que rompe su matrimonio. La historia se repite. Bueno, es sólo un punto de vista

  • Me gusta… creo que tiene bastante sentido, Félix. Y… creo que tu elucubración es bastante compatible con lo que yo digo. ¡Bien visto!. Confieso que mi visión se ha escorado más hacia el punto de vista de Noah con respecto a Helen, que al de Helen con respecto a Noah, quedando éste por explorar.

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