Secuencia final de la serie “The Killing”: Guía psicológica y diccionario de símbolos

Desvelamos con detalle los engranajes psicológicos latentes y el significado de gestos y símbolos que integran la secuencia final de la serie de TV “The Killing”, el tandem interno de Linden-Holder, al descubierto.

 

La serie que se negaba a terminar. Así podría llamarse a “The Killing”, que consiguió volver a la vida tras dos cancelaciones. Si la primera temporada fue un éxito tanto en términos de calidad, como en términos de audiencia, cometió el error de cerrar en falso el misterio sobre el asesinato de Rosie Larsen, un nombre que durante la serie se articulaba en la mente de los espectadores más veteranos del mismo modo que antaño hiciera el de Laura Palmer en “Twin Peaks. El engaño disgustó a una audiencia que le negó su mirada durante la segunda temporada y aunque ésta sí que entregó un fascinante final, ya fue demasiado tarde. La serie fue cancelada… por primera vez. Un inesperado acuerdo post-mortem entre las productoras responsables de las dos primeras temporadas reactivó la serie y dio lugar a 12 episodios adicionales que se convirtieron en una tercera temporada ya desvinculada de la historia principal anterior. De nuevo llegó su cancelación. Allí apareció una arribista incondicional, Netflix, que financió el rodaje de 6 nuevos episodios, es decir, una cuarta y última temporada llamada, ahora sí, a escribir el final definitivo para una serie con todos los pertrechos necesarios para ser un tremendo éxito pero que quizás vio truncado su destino demasiado pronto por culpa de unas cuantas decisiones incorrectas. En esta ocasión nos fijamos en su secuencia final, y sobre todo en su trabajo simbólico y sus interiores psicológicos, para llegar desde ella… hasta la esencia misma de sus personajes principales, Linden y Holder. Buscamos a continuación las lógicas primarias que condicionan la conducta de ambos personajes durante 4 erráticas temporadas pero que al final encuentran una confortable catarsis que sabe a auténtico final.

Por supuesto que lo que sigue contiene ESPOILERS, pues es un análisis de contenido.

La Sarah Linden de “The Killing”

Por mucho que en términos diegéticos pueda confirmarse un equilibrio narrativo entre los personajes principales, la pareja de policías Sarah Linden y Stephen Holder, y que sus historias aparentemente se desarrollen de forma equitativa, es posible intuir un cierto vector narrativo hacia ella que, en última instancia, se revelará como la verdadera protagonista de la serie. No en vano, es su rostro lo último que veremos al final del último episodio de la serie y será su quiebra interior el verdadero reto que ésta enfrentará en los últimos minutos. Se trata de un personaje con una angustia profunda producto de una difícil infancia que quedó marcada por el hecho de haber sido abandonada por su madre cuando era una niña. De hecho, no fue abandonada como bebé, sino como una niña plenamente consciente que tuvo que dar el paso de atravesar la tragedia y el trauma de ser abandonada por su propia madre. Esto, que en realidad solo lo descubriremos en el devenir de los capítulos, se convertirá en una de las claves principales para comprender su personaje y su, a veces, aparentemente errática conducta.

Como resultado de su abandono, Linden se ve obligada a pasar gran parte de su adolescencia entre casas de acogida e instituciones públicas que le profesan una cantidad limitada de cariño y desde luego escasa confianza. Linden colige que si ha sido abandonada por aquélla de la que nunca hay razones para dudar, es decir, si fue abandonada por su garante más legítima posible, su madre, ya no podrá jamás confiar en ninguna otra persona. Así, toma la decisión de fortalecerse a sí misma tanto en términos físicos (se une a un cuerpo de autoridad en plenitud de membresía entre sus compañeros varones) como en términos psicológicos. Linden se construye una personalidad hermética en donde nadie puede entrar jamás y comparece ante el mundo como una mujer autónoma y firme que se enfrenta por sí misma contra cualquier adversidad de la vida. Ella finge ante el mundo y ante sí misma que no tiene dependencia alguna y que, incluso, puede gestionar la experiencia de la maternidad asumiendo en soledad todas sus funciones y obligaciones. No es que Linden se convierta en un personaje extraordinariamente capaz, sino que tan solo presenta una máscara con la que cubre sus vulnerabilidades, debilidades y carencias para ser garante de su hijo y para evitar a toda costa atravesar de nuevo la experiencia de ser traicionada, abandonada.

Así, Linden lleva su propio Seattle dentro de sí misma, proyectando los nublados externos al interior de su mente y de su corazón. Su permanente desconfianza por todos los que la rodean ha terminado cerrrando todas las puertas que daban acceso a su interior. Si atendemos al entorno laboral, Linden está rodeada por un ambiente eminentemente masculino y testosterónico en donde cuesta encontrar ocasión de mostrar sus debilidades. Es, más bien, el entorno donde mostrar en exclusiva las fortalezas que puedan crear complicidades masculinas para integrarse con los demás, cosa que Linden ni siquiera llega a hacer con éxito. Frente a su hijo, ella que asumió la posición de madre autónoma y completa, no se puede permitir mostrar sus inseguridades y solo reconoce los errores cuando sus destrozos y fracasos llegan a ser flagrantes. Y con su pareja, Linden tampoco puede descansar: El hombre con el que mantiene una relación la presiona para ejecutar cuanto antes la decisión ya tomada de abandonar Seattle para mudarse a la soleada costa oeste donde emprender una nueva vida. Linden, que no está segura del paso, se escabulle de la decisión tomada para no darlo, lo que le obliga, de nuevo, a conservar un espacio de sí misma para ocultar sus verdaderos deseos. Presionada en todas direcciones y fingiendo contra ellas su firmeza y su fortaleza, Linden se refugia en el rompecabezas del caso de Rosie Larsen para no enfrentar sus desajustes interiores.

En realidad, no se trata de que Linden no esté segura de sus sentimientos por su pareja, sino más bien que el paso conlleva para ella asumir plenamente la mitad edípica que su relación sentimental requiere, cosa que ella tiene grandes dificultades para hacer. Ella, que fue una niña abandonada y que decidió no confiar en nadie, se ve en el umbral de un esquema de vida que requerirá su confianza, la voluntad funambulista de todo amante verdadero, y ella no está preparada para abrirse de ese modo. No es capaz de postularse y colocarse plenamente en la posición de la mujer amada puesto que la huella que dejó su madre fue la de la niña abandonada. Por mucho que ella haya ensayado teatralmente el camino para convertirse en esa mitad sentimental, en el momento crucial, o mejor, en el momento simbólico en el que el viaje va a marcar el punto de comienzo para esa nueva situación de confianza, Linden no puede dar el paso. Su estrategia de obsesionarse con el caso policial de la desaparición de Rosie Larsen es una excusa magnífica para apartar de su mente el salto de fe que el viaje le requiere. Por supuesto, Linden no encontrará el modo de hacerlo y finalmente su pareja se marcha sin ella, algo que supondrá, a la larga, el final de su relación sentimental.

Con el paso de las temporadas, la única relación sentimental posterior que le conoceremos a Linden es la que emprende con su jefe Skinner. Se trata de un hombre casado y con hijos con el que Linden no puede tener una relación plena. Sin embargo, lejos de ser un problema, cabe pensar que en realidad es el tipo de hombre con el que Linden busca relacionarse, puesto que la condición de hombre casado de Skinner aleja la probabilidad de que él, como la figura masculina, requiera de ella el salto de fe que supondría una relación plena. Es como si Linden hubiera optado por una situación “marital” de la que no pudiera surgir una relación sentimental completa, sino algo puramente parcial. Es más, una relación tal que la coloca a ella lejos de la situación central, precisamente la que no es capaz de asumir, y que la aparta hacia la periferia sentimental reduciendo sus competencias a la de una simple amante. Una forma de estar… sin estar. Linden busca, de nuevo, reproducir allí la posición de “niña apartada, abandonada”, en la que sabe comportarse y a cuya altura sí es capaz de estar. Que Skinner terminara siendo, finalmente, el monstruo que Linden y Holder buscaban durante la tercera temporada, no agrega sino una inquietante pregunta sobre lo tenebroso de la intuición de Linden por la autodestrucción, aunque en realidad no hay nada en el texto que lo apoye explicitamente.

En los últimos capítulos de la serie, producto de este hermetismo que Linden ha acarreado durante cuatro temporadas, vemos que ha ido perdiendo los grandes valores que otrora vertebraban su vida. Sus errores conllevaron la pérdida de la tutela de su hijo, que vive con su padre; el devenir policial de los distintos casos y sus errores terminan apartándola de su trabajo policial. Incluso termina sospechando que su compañero Holder, el hombre que siempre la defendió, la había traicionado, en un alarde paranoico que muestra la presión que atraviesa Linden dentro de su mente. Tan sola llega a estar, que su propio hijo toma la decisión de ayudarla abandonando su confortable vida con su padre y mudándose a casa de su madre para hacerla compañía y tratar de encauzar su vida social. Se trata de un giro narrativo que ya habíamos visto en “Californication” en el personaje de Beca, por poner un ejemplo reciente. Jack, el hijo de Linden, incluso organiza el encuentro entre su madre y su abuela para tratar de reparar el vínculo roto más doloroso de la vida de Linden y aportarle de ese modo la compañía insustituible de su madre. Linden, por supuesto, rechaza esa ayuda y continúa fingiendo que no precisa de nada, que no necesita nada, insistiendo en personificar ese hermetismo que en última instancia terminará estrangulándola. A base de esforzarse en demostrar que no necesita de nadie, que no necesita nada, terminará quedándose sin nada. Incapaz de ponerse en la posición de “ser”, termina no siendo nada.

Edípicamente, Linden vive fingiendo que carece de hendidura alguna. Finge que goza de una enorme autonomía personal y que no quedó en ella sello ni huella edípica en absoluto. No solo no muestra sus arañazos sino que además organiza todo su estilo de vida para que sus carencias no sean ni visibles ni localizables en modo alguno, y por supuesto, no integra su hueco en su modo de relación con los demás, lo que contribuye a construir una fachada de hielo y trazas masculinas de fuerza en donde ninguna propuesta de vulnerabilidad parece sobrevivir en absoluto.

Así es cómo, por fin, se trasluce la lógica fundante del personaje de Linden: La que nunca se queda, la que siempre se está yendo, la que vive en fuga permanente. Incapaz de quedarse para asumir el papel de pareja plena, abierta y alcanzable, gestionando la existencia de su propia carencia (la de todos), Linden se ve empujada a evitar en última instancia toda oportunidad de que tal cosa suceda. Incluso cuando en el último episodio, tras cuatro temporadas, termina quedándose sin nada, su forma de reaccionar es emprender un viaje existencial de seis años de duración. Es decir, su estrategia, de nuevo, es… marcharse. Evita enfrentarse a la posición plena de pareja vulnerable como cualquier otra y vehicular su debilidad a través de su confianza, una de la que ella no es capaz. En lugar de resolver el problema enfrentándose al escalón emocional que le supone, Linden apuesta por una “huida hacia adelante” que termina llevándole de nuevo al punto de partida. A Holder.

El viaje de Sarah Linden

Como espectadores, ni siquiera llegamos a verlo, aunque sus efectos llegamos a sentirlos plenamente. Y no solo nosotros, sino también Holder y sobre todo ella misma, que termina tomando rumbo de vuelta hacia Holder. Pero fijémonos en el comienzo del viaje: Cuando Linden atraviesa el umbral de su puerta para emprender el viaje, advertimos varios elementos simbólicos interesantes. En primer lugar, deja una casa vacía. En un plano de lo más elocuente, la serie nos muestra cuán vacía queda la casa de Linden, o sea, una metáfora de su propia vida. La maleta que arroja al interior del coche es el elemento que sanciona lo sola que se va, y consolida la esencia de Linden como un vector en movimiento: La que siempre se va. El personaje en fuga interior constante que, en esta ocasión, se reflejará también en el exterior de su vida. En segundo lugar, Seattle saluda el comienzo de su viaje con un insólito día soleado lleno de luz que hace brillar los colores del jardín de la casa, de la fachada, de la carretera, etc. Es como si el código cromático transmitiera que el viaje de Linden tendrá un efecto catártico en su interior y que, por mucho que lo emprenda en soledad y hacia la soledad, es también una metáfora de ese alejamiento que Linden requiere de la “ciudad de muertos” que es para ella la ciudad de Seattle. El sol, el verde del jardín, etc., es la alegoría cromática que funciona a modo de avance del efecto terapéutico que el periplo terminará teniendo.

La casa vacía que deja Linden - "The Killing"

Comienza siendo una mujer con una maleta que se sube a un coche, es decir, siendo más Linden que nunca; siendo con vehemencia la Linden que incluso fue antes de que nosotros la conociéramos al comienzo de la serie. Toma una decisión propia de su repertorio psicológico propio. No obstante, en su búsqueda, a medida que su mente se abre a nuevos lugares y se reconcilia con la realidad, logrará la perspectiva vital que en Seattle no alcanzó. En los lugares en los que vivirá durante esos años será capaz, por fin, de aislar las ocasiones y los vínculos que dejó pasar en Seattle y que podrían haber sido oportunidades de quiebra para su hermetismo. Como en geología, el paso del tiempo y la presión que le proporciona su soledad, terminará separando la “ciudad de muertos” de aquello que terminó amando, como a Holder. Y ésta es la razón por la que VUELVE desesperada por encontrarle.

Linden dirá durante su posterior encuentro con Holder que ella nunca ha tenido algo que pueda llamar hogar y que lleva toda la vida buscándolo con la sospecha de que existe, de que solo tiene que encontrarlo. En la soledad del viaje, Linden se da cuenta de que el emplazamiento digno de ser llamado “hogar” es aquel en donde cabe su hendidura, donde cabe su hueco y su carencia, y en donde ésta es puesta en valor en forma de acceso personal a ella, puerta abierta a su condición más humana. Mirando atrás, Linden descubre que lo más próximo a esa sensación de comprensión mutua la tuvo en Seattle cuando estaba en el coche con Holderfumando pitillos y dando vueltas por ahí”. Entiende, por fin, que en ese coche fue siempre donde más accesible estuvo por su profunda amistad con Holder, por el modo cómo él siempre protegió su carencia y la entendió con amabilidad. Linden comprende que a pesar de todo lo sucedido, él siempre respetó sus vulnerabilidades e incluso se instaló en ellas para construir una confianza tan enorme como para hacerse su cómplice y mancharse las manos ocultando el crimen pasional que ella perpetró por despecho contra Skinner. Linden entiende que solo con Holder llegó a enseñar inconscientemente su propia hendidura y que éste se instaló en ella con la suya de tal forma que llegó a unir su destino al de ella sin esperar nada a cambio. Linden comprende que Holder es, como le dirá luego, “el único que siempre se queda.

Holder, el único que siempre se queda

Aunque al comienzo de la serie aparece como un drogadicto de vida desestructurada incapaz de cuidar de nadie, ni tan siquiera de sí mismo, Holder terminará revelando su más firme fe en los demás, lo que le hará brillar como el personaje más honesto, íntegro y correcto de todos los que aparecen. En sus entrañas, en la lógica fundante de su personaje, habita el deseo de convertirse en la sujeción más firme de aquellos a los que quiere. Puede que en los inicios no pudiera hacerlo debido a sus adicciones, pero terminará siendo, poco a poco, la clave para que otros no se desmoronen. De hecho, Holder será el personaje que construya vínculos más duraderos y empáticos con las víctimas de los asesinatos, personajes a los que no podrá salvar, con todo el coste personal que eso le conllevará. La lógica de Holder es ser “el que siempre se queda”, el que toma la decisión de quedarse para los demás, de atravesar la angustia y la profunda desazón de lidiar con los inconvenientes emocionales, con las peores facetas de aquellos a los que quiere. Él se enfrentará al hastío y la ingratitud de quiénes sufren a su alrededor pero que tanto le necesitan. Y siempre lo hará por ellos, puesto que es la esencia de su personaje y le será fiel hasta la última escena de la última temporada. Holder es quién mejor acompañará a Linden en sus bajadas emocionales y en sus máscaras de autonomía y autosuficiencia; él será quién se involucrará en su crimen, quién la defenderá ante terceros y quién la apoyará en sus empresas. A menudo, su eterna bonhomía le hará comparecer como un incauto mequetrefe lleno de ingenuidad pero corresponderá solo al margen que deliberadamente otorga a los demás casi como un acto de fe.

Él, como drogadicto consciente de todos los errores cometidos a lo largo de su vida, al contrario que Linden, no solo es consciente de su hendidura vital y de sus debilidades, sino que las tiene bien aisladas y localizadas. La gestión de sus adicciones le ha hecho experto en sentirlas latentes y dialogar con ellas dentro de sí. De ellas, precisamente, parte su capacidad para comprender y localizar las de los demás, encontrando el modo de instalarse en ellas en busca de comprensión y empatía. Acude a sus reuniones de ex-alcohólicos y se abre ante los demás porque desea urgentemente rodearse de la humildad que rezuma allí donde muchos muestran abiertamente sus errores y debilidades. Él que se ve a sí mismo de esa manera, se hace experto en entender las carencias de todos los demás y se vuelve totalmente vulnerable ante las de aquellos a los que ama. Holder terminará poniendo en valor la figura “del que se queda”, del “garante” (y no del garantizado), del que “lidia” y el que “atraviesa”, distinguiéndose para siempre de los que “dejan atrás” y de los que “pasan página”. La fortaleza de su fe terminará siendo el ingrediente mágico necesario para la curación de Linden.

El encuentro final entre Linden y Holder

La cuarta temporada aumenta la presión sobre Linden y de paso la de Holder, provocando una intensificación de sus angustias y problemáticas internas. El eterno hermetismo de Linden alcanza su cenit condenándola a una soledad infructífera que ya no será capaz de gestionar con su repertorio habitual y la serie pone rumbo hacia un final que transforme por completo esta lógica arrastrada desde el primer episodio de la primera temporada. Si el caldo de cultivo psicológico de esta transformación es el ya explicado viaje existencial de Linden, el verdadero proceso catártico se produce con el reencuentro entre ella y Holder, la última estación del viaje, ésa en la que Linden no ha tenido más remedio que poner todas sus expectativas vitales y a la que se encomienda con una silenciosa desesperación.

El encuentro se produce entre dos caras sonrientes. La de Holder, sin duda, porque ha dejado la policía y ha encontrado un nuevo trabajo en el que puede llevar a cabo su empeño vital, la lógica ayudante de su personaje: Se ha convertido en un educador-orientador que ayuda a los adolescentes a encauzar su camino en la vida y a abandonar el alcoholismo. Su lógica está a pleno rendimiento y el significado de su actividad profesional está plenamente alineado con su fe interna, con la lógica de su personaje. En términos sartrianos, esencia y existencia parecen haberse sincronizados en su persona dotando a sus movimientos y a sus palabras de todo el sentido de su vida. Está ayudando a terceros y con ello está llenando su rostro con una simbólica sonrisa. También ejerce como padre de su hija de seis años, es decir, de nuevo alineado con la función de “sostener” y “sujetar” a los demás. A pesar de que se nos insinúa que ya no conserva su relación sentimental con la madre de su hija, él “se queda” de nuevo para ella, como su garante. Así es cómo nace ese hombre feliz que ha conseguido ser y del que nace la sonrisa con la que se presenta ante Linden.

Ella, por su parte, exhibe también un repertorio de sonrisas y de gestos amables como nunca había hecho a lo largo de cuatro temporadas. En su rostro figuran escasas preocupaciones: Se ha reconciliado con la vida de su hijo que ya va a la universidad, ha diluido el “mal que hay en el mundo” y lo ha sublimado en una nueva expresión,  “solo hay vida”, en una alusión pragmática a lo encontrado durante su viaje como una forma de existencia a veces oscura pero también luminosa; etc. Ambos se ponen frente a frente y rebosan claramente la nostalgia de aquellos momentos en que compartían su día y también sus noches en investigaciones policiales. Ella viste una bufanda azul llena de luz y se la presenta a Holder en forma de broma, algo absolutamente insólito en la franja diacrónica recorrida por su personaje desde los comienzos (de hecho, la sonrisa de Linden chirría al espectador como un elemento impropio, una declinación errónea de sus propios gestos).

En el encuentro, Linden comienza articulando una nueva Linden de aspecto mucho más radiante, e incluso finta con sus muecas que prometen palabras sinceras y humildes, palabras nacidas del corazón mismo de la hendidura propia. Sin embargo, sin experiencia ninguna en tales situaciones, su discurso se atasca. Sus ojos miran a Holder con un enorme cariño, con una luz nueva, y deja que su mirada deje entrever la necesidad de él que ha construido durante sus años de viaje. Le mira no tanto con ojos de mujer enamorada, como de mujer hendida que, en lidia intensa con la alocución de sus emociones, se olvida por una vez de tapar su autosuficiencia. Sus ojos portan de forma manifiesta su deseo de ser destapada y de mostrar el lugar de su corazón donde necesita a otro. La hendidura edípica cobra forma y se presenta ante Holder, que desde luego comprende lo que está sucediendo. No obstante, Linden se asusta del momento y no encuentra las palabras graves que necesita, de modo que finge normalidad y se aleja de él con frases que suenan a despedida. Holder, consciente de su torpeza, cambia de tercio la conversación y enfrenta a Linden con el momento de “enseñarse”:¿Por qué estás aquí?”. Holder, que intuye una sustancia insólita en la presencia de Linden, que detecta su angustia, le allana el camino para que ella encuentre la ocasión de explicarse. Y lo hace. “La verdad”, dice Holder, exigiendo un discurso desnudo. Él la mira fijamente y ella… suspira, y comienza a articular lo más parecido a una declaración de amor de la que es personalmente capaz: Le dice que nunca ha tenido un hogar, pero que lo más cercano que ha vivido fueron sus momentos con él, “en el coche, fumando pitillos y dando vueltas por ahí”. La herida de su autosuficiencia comienza a sangrar a borbotones como ella misma nunca jamás soñó que haría.

Al escucharse ella misma, incapaz de reconocerse y sintiéndose tan expuesta, su rostro necesita auto-proporcionarse una salida, una coartada, y se ríe de sí misma por un momento, como asombrada por lo que acaba de decir. Linden está ya en territorio desconocido para sí misma, caminando sobre un cable en las alturas, exponiéndose en su hendidura.

The Killing - secuencia finalLinden añade: “Lo siento. Debería haber sabido que eras la única persona que siempre se queda”, sancionando y formulando con palabras explícitas y exactas el corazón mismo del personaje de Holder. En el final de la serie, ya sin necesidad de enriquecer ese sentido con una historia diegética que evolucione, la expresión se pronuncia etiquetando oficialmente la característica que mejor define a Holder y que tanto hemos repetido aquí. Linden pronuncia las palabras porque en realidad nadie como ella llegó a sentir la permanencia de Holder. Tras todos los esfuerzos realizados por ella, Holder merecía que Linden lo expresa en alto.

Si solo unas frases atrás Holder le había preguntado “¿Cuándo has vuelto?” y ella había contestado “No he vuelto, solo estoy de paso”, es decir, Linden haciendo de Linden nuevamente y huyendo de todo, ahora Holder le hace una propuesta directa: “¿Por qué no te quedas?”. Linden se ve de nuevo encarada con una realidad firme y explícita a la que no está acostumbrada. “Quédate”, añade Holder, para que no haya ninguna duda sobre su deseo. Con esa palabra, “Quédate”, pone por sorpresa a Linden en el sitio donde ella nunca quiere estar, es decir, en el umbral de “ser”, de “exponerse”, de encarar la gestión de su carencia en compañía de la carencia del otro; un ejercicio de vulnerabilidad que requiere lo que ella siempre ha evitado ofrecer, es decir, la máxima confianza. Holder la enfrenta de nuevo al instante mismo en que tiene que decidir si tomar el camino de siempre cuya estación de llegada conoce ya con amargura, es decir, su soledad, o dar el salto de fe para abrir su persona y dejar que otro se instale en su carencia con el peso de la suya. Enfrentada al momento cumbre, Linden hace… de Linden:Creo que esta ciudad es una ciudad de muertos para mí”. Dicho de otro modo, finge malinterpretar la propuesta de Holder, cuya naturaleza era sentimental, tomándola por una puramente geográfica.

Holder, que siente el temor de Linden por el salto de fe que le está proponiendo, le sugiere un juego: “Cierra los ojos”. Sin embargo, no se da cuenta de que, aunque parece una pequeña e insignificante entrega por parte de Linden, cerrar sus ojos, en realidad es símbolo de confianza, es decir, el ingrediente más complicado de ofrecer para Linden. Tanto es así que ella no llega a cerrar los ojos en ningún momento; deja muerta la propuesta de Holder y desajustado al tono de la conversación. Ella quiere ofrecer un extra, algo nuevo que se ha dado cuenta de que debe poner en juego para esperar un resultado distinto en su vida, pero el paso que Holder le pide simplemente la supera. De hecho, ella contesta: “¿Qué? Noo… qué raro eres”. La frase cobra un sentido defensivo pero también es verdad que refuerza en Holder una característica bien definitoria: “Es el único que siempre que se queda”, uno diferente, uno entre muchos. Alguien distinto.

Quizás veas lo que realmente está” – dice Holder,lo que tienes delante de ti”. Articula de este modo una propuesta explícita como pocas, que se pone en juego como segunda oportunidad para Linden. Sin embargo, ésta… en el momento cumbre, fracasa de nuevo: “Me van a multar”, dice apartando la mirada y espantando la ocasión de dar el salto esperado. Holder, consciente de que es incapaz de darlo, la obliga a enfrentarse violentamente al efecto de su evasiva: “Adiós”, le dice. La deja en soledad antes incluso de despedirse. Le da a probar la amargura que le espera tras la despedida… por adelantado, desde una atalaya fuerte y firme que se apoya sobre el compromiso de su propuesta emocional por Linden. Él mira sus labios, pero ella está fría y desconcertada. Ella dice “adiós”… como si estuviera confusa por el modo cómo ha perdido súbitamente la oportunidad de ofrecerse y de encauzar algo con Holder. No sabe ni cómo ha perdido el juego.

Se abrazan para decirse adiós. Él comienza la maniobra y ella, aunque no era exactamente la que buscaba, se entrega al abrazo físico con él llena de energía. La cámara capta su rostro pegada a la cara de Holder; es un gesto que roza la sensación de pérdida infinita. De algún modo, se da cuenta de que en ese adiós está el verdadero final de su viaje trascendental de seis años, uno que prometía reconciliarla con sus carencias, prometía servirle para poner en juego una nueva forma de relacionarse con la gente y sobre todo con Holder. En ese “adiós” inesperado ella ve suceder la tragedia de un final vacío y reconoce su traza personal de actuación. Se da cuenta de que ha hecho de sí misma y que ahora tomará el camino que conoce hacia la soledad. En el abrazo, ya sin nada que perder, deja que su máscara de Arheim, la que sostiene su presencia educada y social, se rompa sin más y muestre la intuición de dolor que sabe que seguirá a la despedida. Se abraza a él fuertemente como si no quisiera dejarle marchar y como si llevara un buen rato deseando tocarle. A continuación, el rostro de Holder muestra cómo cierra los ojos porque reconoce dentro de sí mismo la grieta con la que él la mira a ella.

"The Killing" - El reencuentro de Linden y Holder

Y a continuación el plano más emocionante de todos, un detalle interpretativo de Mireille Enos, la actriz que da vida a Linden: El instante en que el abrazo se disuelve y ellos se despegan. La cámara capta el rostro de ella mientras pone su mano en el cuello desnudo de él. En el instante mismo en que ella se descuelga, lo hace con su cara mirando al interior del cuello de Holder, con los ojos cerrados, con el rostro roto y desesperado por entregar su dolor, acariciando con su mano el interior del cuello de él, como una verdadera amante ya rota y hendida como nunca se había mostrado ante la audiencia. Al despegarse, mirando al interior de su cuello, pareciera que “le respira”, que “le inhala” como llevándose su olor. El gesto recuerda a uno de los planos de la célebre escena inicial de “The Searchers” (“Centauros del desierto”) de John Ford, cuando Martha parece respirar a Ethan (John Wayne), su amor prohibido (tal como explica siempre el profesor Jesús González Requena en sus clases de psicoanálisis y análisis textual). Linden se avergüenza de su deseo y del modo cómo se está exponiendo, y se retira del abrazo sin enseñar a Holder su rostro, sino precipitando el camino de vuelta hacia su coche para abandonar la escena. Ya sabe a dónde le va a llevar ese alejamiento, y no es lo que desea. Ya conoce qué vendrá después de fingir que es perfecta. Se reconoce a sí misma que no es autosuficiente; que esa batalla la ha perdido ya muchas veces “ganándola”.

The Killing

Maravillosa Mireille Enos en su gesto de camino al coche, con la cara pálida, violentamente desencajada, con los músculos de la cara afanados en ocultar la desesperación y la inminencia de las lágrimas, los andares de niña, de niña asustada, que perdió (de nuevo) la oportunidad de ser la mujer alcanzable y vulnerable que necesita ser, y que camina hacia el coche sin valor para mirar atrás. Se siente abocada a recorrer un camino hacia la soledad, quizás la más profunda y lacerante que jamás haya sentido, una que sólo puede herirla así como el último paso de un viaje de seis años que podía haber terminado uniéndola a la gente pero que la termina llevando a ese plano en el que ella, como una niña, mira sola a la gran ciudad dando la espalda a la camara. Justo antes, por supuesto, Holder sale a acompañarla hasta el centro de la calle, y se queda allí mientras ella se marcha: Es el que siempre se queda. Se queda incluso cuando los demás se van. Linden conduce sola bajo la lluvia mientras la música dice “There’s no need to complicate simple things”. Alcanza ese simbólico plano en el que mira a la ciudad, frente a ella, de espaldas. Es el plano de los títulos de crédito, el plano que hemos visto como espectadores desde el comienzo de la serie, y que ahora revela su condición profética. Es el plano hacia el que Linden caminaba ejerciendo su hermetismo, la última etapa de su propia autodestrucción. Y allí se coloca, el lugar en el que mejor sabe estar, como la mujer periférica que mira desde fuera pero que no ocupa el lugar central, que no puede colocarse en el lugar donde alcanzar la plenitud.

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Lo que ahora vemos, que hasta ahora no habíamos visto, es el plano contrario: El plano frontal que capta el rostro de Linden. Si se fue sola de viaje, volvió al menos con la esperanza de Holder, pero tras fracasar con él también, se queda absoluta y desesperadamente sola. Asistimos en ese instante al momento catártico, el momento en que Linden serena su mirada porque parece que en su interior ha encontrado el valor para abrirse por fin. Su rostro se relaja y su mirada parece transmitir esperanza. Su bufanda azul connota una libertad para elegir, elegir la apertura y la transparencia, el reconocimiento de su carencia que es la llave de acceso a la posición central que la espera con Holder. El plano se cierra mientras ella está provocando en su interior el “clic” mental que lo cambiará todo. Cuatro temporadas y muchos viajes distintos para llegar a ese punto de VALOR. Linden está haciendo el ejercicio interior necesario para convertirse en una nueva persona sin miedo. Por fin interioriza que la propuesta de Holder es íntegra: Es el que siempre queda, la única persona capaz de hacerla confiar y abrir la puerta.

"The Killing"

Y de hecho, la serie “escribe” literalmente la apertura de esas puertas en la siguiente secuencia: Holder abre la puerta de su trabajo para marcharse a casa, encuentra a Linden en el coche y ésta abre la puerta del coche para mirarle Y SONREÍR. Dos puertas cuyas aperturas simbolizan hendiduras y carencias, umbrales que se cruzan mutuamente para ofrecerse en sus oquedades y faltas. Una oferta recíproca y emocionante de grietas que sólo se entiende por el salto de fe de Linden. De hecho, ella baja del coche afectada por saber que su vuelta, el ponerse frente a Holder por segunda vez sin motivo ninguno que lo justifique, es ya una oferta unívoca de humildad impropia en ella. Es el efecto de la catarsis que ha experimentado. Entonces, Linden mira a Holder con una sonrisa verdadera y con una mirada serena, la mirada de una mujer curada.

Simbología

Rescatamos a continuación unos cuantos elementos capaces de connotar por sí mismos significados y sentidos que aportan a la historia. Algunos son muy evidentes; otros nos dan pie para seguir interpretando en la lógica de los personajes hasta cierta profundidad:

 

  1. La bufanda azul de Linden al volver de su viaje existencial: Su color es una afrenta directa al código cromático empleado por la serie hasta ese momento. Se trata de un verso suelto, una pincelada de color que vibra y capta toda la atención de la mirada, sobre todo de los espectadores habituales de “The Killing” que saben ponderar mejor cuán inesperado es ese trazo tan llamativo. No hay ninguna duda que ha sido elegido por su color vivo y también por el sentido connotado de su azul. Es el color de la libertad, del cielo, del mar. Connota, básicamente, dos campos de sentidos: Por un lado, la libertad que ha alcanzado Linden abriéndose al mundo, dejando atrás “la ciudad de muertos”, superando la oscura claustrofobia en que vivía mientras trabajaba en Seattle como detective policial. Por otro lado, connota un cierto sentido de limpieza, la que parece haber sido aplicada en el fondo psicológico de Linden que ha conseguido alejarse de todo aquello que la consumió hasta dejarla sola en el pasado. Esa bufanda es una grieta de su mundo anterior por el que está entrando la luz, una grieta en el mundo gris y lluvioso de Seattle, que es ella misma, por donde entra la vida. Linden llevará esa bufanda en todos los planos hasta el último en el que se presenta ante Holder para ofrecerse al completo. El azul de la bufanda añade, por tanto, un elemento de desnudez humana.El cielo azul con el que comienza su viaje: Un trazo profético en el cielo que sirve de avance del resultado que tendrá el viaje trascendental de Linden durante seis años de desconexión. Es como si la ciudad saludara a su protagonista y la proyectara llena de luz hacia su futuro. La simplificación de la vida de Linden, algo que comienza con ese viaje, comienza por la simplificación de los colores de la serie, que se vuelven mucho más primarios, y que se concreta con intensidad en ese plano con el cielo azul y el jardín verde.
  2. El propio nombre de “Holder”, que en inglés significa “sujetar”, “sostener”, “asir”, es decir, la esencia misma de su personaje, su lógica fundante. Él es el personaje llamado a sostener a otros, a ser su último recurso, su pilar de apoyo. De ahí que la felicidad última de su personaje se consume cuando termina tutelando a su mejor garantizada, su propia hija; y por supuesto cuando su actividad profesional no es otra que la de asistir al proyecto de salvación personal de otros chicos con problemas. Si el vector lógico de Linden es fugarse de sí misma, siempre escapando, el de Holder es ofrecerse como sostén de otros, proponerse él como destino del vector de los demás.
  3. La hija de Holder es una chica. En realidad, la lógica de Holder y su compromiso para ser el que siempre se queda, habría permitido que él alcanzara la felicidad tanto si su hijo hubiera sido un chico como una chica, pero lo lógico era que se tratara de una niña, pues niñas habían sido las víctimas que Holder no había conseguido salvar. Kallie, Bullet, Rosie Larsen, etc. Él llegó a involucrarse personalmente con algunas de ellas y por ellas llegó a sufrir hasta su muerte. Tanto es así que en el último episodio le vemos ante las tumbas de las dos primeras, saludándolas.
  4. Holder llama a su hija Kallia: Holder se siente culpable de todos aquellos a quiénes quiso proteger, de los que quiso ser garante, pero no lo consiguió (Bullet, Kallie…). En el proyecto de su hija habita también el deseo de redimirse por la culpa que él asume por no haber sido capaz de salvar a todas esas chicas. Él, que se erigió en su garante, no pudo salvarlas. Encauzar la vida de su hija Kallia es, para él, una forma virtual de encauzar la vida de su otra hija, Kallie, a la que perdió. Un homenaje. Y es que, al menos en lo simbólico, Holder tuvo muchas hijas. Amar a su hija Kallia es, para él, una forma de reparar el daño que no pudo evitar al resto de “hijas”. Su hija es una forma de hacer vivir a aquellos muertos con los que él se carga. Por cierto, él se tatúa el nombre de su hija como reflejo visible del compromiso férreo pero invisible que él asume en su interior con ella, y de cuya fortaleza ya no dudará ningún espectador. La eternidad en la esencia de un tatuaje es la fórmula específica necesaria para transmitir su compromiso con Kallia.
  5. La conexión divina del nombre “Kallia”: La diosa de la vida y de la muerte”, según explica el propio Holder, es decir, un ente que está más allá de la vida y de la muerte. Y es que, tras las pérdidas sufridas a lo largo de su trabajo de policía y concretado en las chicas que conocemos, Holder necesitará superar a la muerte, estar por encima de la muerte, de la muerte de Bullet o Kallie, para superar su tragedia y su propia decepción. Necesita un sistema para estar sobre aquello que las redujo. Su hija, llamándose Kallia, la verdadera garantizada, es una forma de redención pero también de estrategia para estar sobre aquello que le arrebató a sus otras hijas. Kallia es una metáfora de la vida luminosa que Kallie debería haber llevado gracias al virtual apoyo de Holder. Así es cómo Holder vence a la muerte. Y para eso, necesita… una diosa. No le vale el nombre de una persona normal, sino el de una diosa que pueda traer de vuelta a Bullet y a Kallie.
  6. El título del último capítulo (“Eden”): Edén y paraíso, es decir, el que alcanza Linden en el último plano del último capítulo ya como una mujer curada y alcanzable. De algún modo, la serie propone que Linden ha vivido sufriendo una cierta asfixia autoinfligida por el hermetismo resultante de sus traumas de niñez. En el azul de su bufanda se lee la apertura a una nueva vida, apertura al cielo abierto, es decir, una forma de descanso que Linden vivirá como una forma de felicidad.
  7. Seattle lluvioso. Algo sucede en Seattle. Eso es lo que cabe pensar considerando que no son pocas las historias de horror que han sido situadas allí a lo largo de la historia del cine. Baste recordar que fue en Seattle donde se situaba la historia de “Seven” de David Ficher, una de las historias más visualmente macabras que hemos conocido, o donde se situaba la serie de Milennium” de Chris Carter, cuyo protagonista capturaba toda clase de asesinos perturbados. No es verdad que se trate de la ciudad más lluviosa de Estados Unidos, pero sí es cierto que su tasa de precipitaciones es elevada y que, desde luego, su imagen está ya irremisiblemente asociada a la lluvia. Y la ausencia constante de sol ha sido también relacionada con tendencias depresivas, lo que ha animado a muchos escritores a ubicar allí sus historias de psicópatas y asesinos. Así, no parece extraño que Seattle fuera el lugar elegido para una serie de TV cuyo claim de presentación rezara: “¿Quién mató a Rosie Larsen?. Sin embargo, como hemos visto, los días nublados y lluviosos de Seattle también pueden ser una metáfora del interior de alguno de los personajes, una suerte de proyección meteorológica a partir del hermetismo psicológico de Sarah Linden.
  8. La posición elevada de Holder sobre Linden en la última escena. No es casualidad que Holder aparezca en una posición elevada sobre Linden en esa última escena en la que Linden acude nuevamente a él para tratar de repetir la escena fallida vivida horas antes. Él entendió mejor que ella su presencia frente a él; entendió lo que ella quería decir, aunque también entendió y sintió los límites y los frenos que Linden no pudo superar para poder abrirse a él. Holder llegó, primero, a proporcionarle la pregunta para que pudiera explicar su presencia allí (“¿Por qué has vuelto? La verdad“), y segundo, a proponerle un juego de ojos cerrados para ayudar a Linden a abrirse. Ambos fracasaron. Cuando Linden vuelve horas más tarde para volver a intentarlo, para que su presencia significara ya de forma explícita su mensaje de ofrecimiento, es normal que sea ella quién ocupe una posición rebajada y aspire a Holder, que siempre fue fiel a su postura y que comparece como el tipo que ella necesita a toda costa. Las distintas alturas a las que aparecen son un reflejo de las distintas alturas a las que se encuentran ambos mutuamente también en términos emocionales.
  9. The Killing“, el propio nombre de la serie. Lo cierto es que el mismo nombre de la serie admite varias lecturas. Una de ellas, externa, es de asociación inmediata con la sinopsis simple de la serie, es decir, la historia sobre el asesinato de Rosie Larsen que se nos cuenta al comienzo de la serie, así como el del resto de asesinatos cometidos en las temporadas posteriores. De alguna forma, el nombre sugiere un cierto desarrollo o reflexión sobre el acto de matar, una promesa de indagación en el horror del asesinato. Sin embargo, también es posible pensar que ese “killing” se aplica, en primer lugar, o en último, al proceso de aislamiento progresivo que Linden se autoinflige poco a poco hasta quedarse absolutamente sola. Se trata de un proceso mediante el cuál Linden se autodestruye lentamente hasta el extremo que se nos muestra en el plano de ella frente a la ciudad. Ese “The killing” puede ser, por tanto, el proceso que llevará a Linden desde una posición personal mediocre hasta una etapa límite de su vida al borde de la aniquilación personal.
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  • He leido con gran atencion tu analisis.Me parecio excelente como lo abordaste.El personaje de Sarah Linden es uno de los mas complejos que he visto en una serie.The Killing se ha transformado en una serie de culto, y este es uno de los mejores articulos que he leido sobre este programa.Un saludo

  • Brillante y completo análisis de unos personajes complejos y profundos. Muchas gracias.

  • Hola, acabo de terminar de ver la serie, que me tuvo en vilo dos semanas en las que me devorè literalmente todas las temporadas sin poder parar, y me encantò tu anàlisis profundo de los personajes. Què buena labor de los guionistas y fundamentalmente de los actores que muchas veces con una simple mirada y un gesto nos transmiten la esencia de sus personajes.
    Dos escenas que tambièn me parecieron muy significativas, fueron la de Sarah Linden cuando en el casamiento de Regi (Episodio 1 de la temporada 3) dijo : “Tu eras todo lo que ella querìa.Lo supo apenas te conoció. Ustedes encontraron lo mejor de cada una, una en la otra. Y no puedo alegrarme màs por ustedes. Por que es tan extraño, que una persona vea quièn eres en el fondo, que vea para què eres buena, què te encanta hacer màs que nada, quièn eres en realidad”.
    Creo que ese es un diàlogo clave en la historia, muestra el anhelo de Sarah y què eso es justamente lo que encontrò en Stephen: alguien que la ve y la quiere tal cuàl es, que realmente la conoce.
    Y otro diàlogo creo que en la ùltima temporada, donde Holder habìa vuelto a drogarse, y tenìa problemas con todo su entorno, donde se sube al auto con Linden y le dice algo asì como: “Mientras todos piensan que soy un desastre, vos parecès ser la ùnica que aùn cree en mì”.
    Me parece que ese es el eje de la historia: se aceptan como son, sin necesidad de mentirse, como con sus otras relaciones, y justamente se quieren por lo que son.
    La clave de toda relaciòn humana? Puede ser!
    Muy buena tu pàgina.

    • Exacto!! El matrimonio de Regie es el primer “click” de Linden, hablando de las recien casadas descubre q es de ella y Holder de quien habla en realidad!! Maravillosos personajes, tan rotos por dentro y con tanto para dar, sin saber como conectarse. Excelente serie, adictiva de principio a fin!!

  • Excelente análisis y redacción. Nos encantó la serie, su trama, sus actuaciones y su final.

  • Gracias gracias gracias por este análisis, después de leerlo miré el último capítulo nuevamente ya que me has aclarado tantas cosas!!!!!!!
    Seguramente vuelva a mirar todas las temporadas en un futuro con otros ojos.
    Abrazo!!!!!!

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