“Una historia de violencia”: Familia, sexo, genes y escopetas

“Si queremos comprender la naturaleza de nuestros impulsos agresivos, tendremos que estudiarlos bajo el prisma de nuestro origen animal. Los más equilibrados se tornan, con frecuencia, terriblemente agresivos al propugnar la urgente necesidad de suprimir la agresión.”
DESMOND MORRISZOÓLOGO Y ETÓLOGO

 

Una historia de violencia” nos propone un juego caleidoscópico, donde cada uno de los personajes vive “su” historia de violencia; sentimos, a la vez que ellos lo hacen, cómo su rutinaria e idílica vida se va transformando a la par que la violencia, en forma de retorno del pasado, se va colando poco a poco.  ¿Es una película de gángsters? ¿Es un western sin western? ¿Es cine negro? Cronenberg se apoya en ese cierto aire de cine barato de sobremesa que caracteriza sus trabajos, una fotografía austera que copia plano a plano el cómic en el que se basa, una banda sonora que roza lo cutre… pero eso es lo atrayente de esta película; toda su estética esconde en sus vísceras una película pausada, de una intensidad enorme; otra película de este autor que no deja indiferente a nadie, mayor cualidad suya. Cronenberg no entiende de templanza.

Tom/Joey, su mujer y su historia de violencia

La presentación que hace Cronenberg de la familia Stall es tan idílica que resulta hasta sospechosa, chirriante, cursi. Familia ideal en su sueño americano. Toda la familia se desvela para consolar a la hija pequeña por haber tenido una pesadilla, muy perfecto todo. Tom regenta una cafetería en un pueblo tranquilo de Indiana; típico lugar donde los lugareños se sientan en la barra, y mientras les sirven un café, piden un trozo de tarta.

"Una historia de violencia"

Vemos a un hombre tranquilo, rozando lo pusilánime. Al comentarle su hijo su preocupación por hacer el ridículo en un partido de baseball, su consejo paterno es “recuerda lo más importante: que no te lancen la pelota a la cabeza”. Su consejo es defensivo, ni siquiera le anima diciéndole que no va a hacer el ridículo; se limita a decirle que no le den en la cabeza. Cero violencia, cero ataque. Al verle con su mujer, vemos que adopta un papel también menos agresivo, más pasivo; dando a entender que ella es la que “lleva los pantalones en casa”.

Ella recrea para él una escena de juventud, saliendo del baño vestida de animadora, en una clara sátira a una de las escenas cumbre de “Vértigo”, en las que Kim Novak/Madeleine aparece vestida de Judy para regocijo fetichista de James Stewart. En esta ocasión, es a Edie a la que se le ocurre recuperar el pasado (en “Vértigo” se recuperaba a Madeleine del pasado y de la muerte), ante el asombro y nerviosismo adolescente de Tom. En las dos ocasiones, los personajes recuperan el pasado a través del vestuario para prepararse para una escena erótica; se convierten en otra persona, real o muerta.

"Una historia de violencia" Cronenberg

"Vertigo"

Edie es la que vuelve a tomar las riendas de la situación, tomando un papel activo; – ¿tengo que ayudar a quitártelo, guaperas?– le pregunta Edie a Tom, mientras le quita el cinturón a lo “cowboy”. –Aquí no hay mujeres casadas – dice Edie, palabras que terminan por “soltarle” aún más la melena. El papel activo de Edie ante Tom es sólo un rol adoptado, habiendo cogido ella las riendas de la familia; papel otorgado seguramente por Tom, ya que al estar solos, después de su “batalla amorosa”, los dos quedan en estado de igualdad.

¿En qué piensas? – le pregunta Edie a Tom.
Estoy recordando el momento en que supe que me querías. Lo decían tus ojos. Y aún lo dicen – le contesta Tom.
Tienes razón, porque todavía te quiero
Soy el cabrón con más suerte del mundo

"Una historia de violencia" Cronenberg

Pero la violencia contenida de Tom sale a la luz cuando necesita defender su negocio y a las personas que hay dentro de un atraco con armas. Su lado amable y educado se torna en instinto animal asesino, implacable. Defiende a los suyos con un par de movimientos, dejando un espectáculo dantesco tras de sí. Los que observan la escena, conocedores de su carácter bonachón, contemplan a Tom con más cara de espanto que susto llevan en el cuerpo. Hasta Tom se asombra de sus actos mientras contempla la pistola que le ha llevado a recuperar a un “yo” que él hacía ya por olvidado, pero que yacía latente a la espera de ser despertado. Se contempla a sí mismo en la pistola.

Una historia de violencia

Estando Tom en el hospital recuperándose de las heridas, vemos que el héroe se contempla en la televisión; no sabemos si su cara es de vergüenza o de preocupación. Edie entra; está orgullosa de la proeza de su marido, que ha tenido para ella un momento de demostración de masculinidad, de acto heroico.

¿Estás tan harta como yo de oír hablar de mi? – le pregunta Tom a Edie.
Hasta cierto punto; me gusta. Mira, sale tu foto en el periódico – le contesta Edie.

Y es precisamente Edie la que toma el puesto de portavoz de la familia, contestando a la prensa por Tom.

Una historia de Violencia - David Cronenberg

Cronenberg se hace un homenaje a sí mismo (como le corresponde a los grandes), al mostrarnos una parte de esa prensa amarillista, retroalimentada a su vez por un público ávido de morbo; porque no hay nada que interese más a la gente que el sexo y la violencia. Nos referimos, por supuesto a “Videodrome“, subyugante película de Cronenberg, donde lleva hasta límites insospechados los peligros de este gusto por el morbo televisivo. Película de rabiosa actualidad y apocalíptico mensaje.

En el momento en el que Fogarty entra en la cafetería y llama a Tom con el nombre de Joey, empezamos a notar su nerviosismo. Pero ahí está Edie,que ante las preguntas incómodas del sheriff, ella sigue tomando el papel de portavoz de la familia, y del apocado Tom, incluso contestando por este. Físicamente, incluso se coloca “por encima” de él, abrazándole maternalmente.

Una historia de violencia

El momento que mejor ejemplifica la actitud activa de Edie, su carácter de “macho dominante” de la familia, ocurre cuando, ante una falsa alarma, tiene que defender a sus hijos de Fogarty y no duda en usar la escopeta. La escopeta, ese arma de forma fálica, usada tradicionalmente por hombres, que  Edie se coloca en la entrepierna para cargarla; momento freudiano donde los haya.

La escopeta se convertirá posteriormente en un instrumento al servicio del un cuasi rito iniciático de Jack, el hijo de Tom y Edie. La escopeta sí simboliza en la familia el poder, la masculinidad entendida en términos de protección.

Una historia de violencia - David Cronenberg

Fogarty empieza a sembrar la duda en Edie, al decirle que “quiere algo de su marido que puede cambiarle la vida”. “Mi marido asegura que no le conoce“, le contesta Edie, “no puede conocer a alguien como usted“. Fogarty le asegura incluso que ella sabe cómo es su marido, Joey Cusak. “Veo su interior y todo lo que le motiva“, le explica Fogarty, “sigue siendo el loco de Joey (…) Pregúntele por su hermano mayor, Richie; pregúntele cómo intentó arrancarme un ojo con alambre de espino. Y por último, pregúntele cómo ha matado a tanta gente“. La duda ya está totalmente sembrada en Edie.

Una historia de violencia

El momento de transformación de Tom en Joey, o mejor dicho, de recuperación de Joey por parte de Tom, ocurre al venir Fogarty a buscar a Tom para llevarlo a Philadelphia; “veo que te crees tus propias mentiras“, le dice Fogarty a Tom, “te esfuerzas tanto para convertirte en quien no eres, que da pena verlo”. El semblante de Tom va tornándose más duro a la vez que va dejando que Joey (y su violencia) se vayan apoderando de él; otra vez vuelve a mostrar una aptitudes para el ataque que rozan la perfección. Vemos (y oímos) moscas, señal en el cine de Cronenberg de cambio físico y espiritual (recordemos “La mosca“, otra gran obra maestra), señal de renovación de la carne, de muerte; como las plagas del Antiguo Testamento. Y en el suelo, Tom termina su conversión en Joey con una sola frase a Fogarty: “Debí haberte matado en Philadelphia”.

Una historia de violencia

Y en la misma habitación de hospital donde el héroe Tom se recuperaba de sus heridas, y Edie, orgullosa mujer, le enseñaba la portada del periódico con su foto, Edie se viene abajo al tener a Joey ante sus ojos, al saber que mataba por dinero y por placer; al no entender esa doble cara de su marido, “como un interruptor, que se enciende y apaga” según le dice Edie. También se viene abajo al entender que la verdadera identidad de Tom lleva pareja otro apellido para sus hijos, para su familia. Sus cimientos, empezando por lo más nimio, se viene abajo ante sus ojos.

Al venir el sheriff a comentarle a Tom sus dudas acerca de la veracidad de su historia, vemos que mientras Sam tiene en sus manos una fotografía de la familia, a Tom todas las fotografías familiares le “da la espalda”. Y esta vez, al entrar Edie en escena, y volver a defender a su marido, esta vez  sabiendo la verdad, “Tom es quien dice que es”, ésta se coloca al mismo nivel que su marido.

Una historia de violencia

Cuando Sam se va, Edie y Tom se enzarzan en una pelea, donde el campo de batalla es el sexo. La lucha, encarnizada, es una pugna por parte de Joey para reafirmar su poder; esta es la primera vez que Edie se acuesta con Joey, un Joey violento, de pasado turbio, que mataba por dinero y por placer. Y en la escalera, empezando a tortas y terminando en sexo, Joey se satisface con su mujer y Edie se da cuenta, al fin, de la personalidad de su marido. Al salir del baño, ya no es como la escena en que va vestida de cheerleader, ella no lleva el control de la situación. Al igual que en “Vértigo“, Edie sale del baño, pero esta vez desnuda; una desnudez en todos los sentidos. Sus creencias, sus cimientos se acaban de derrumbar, como la Madeleine de “Vértigo“, sale del baño para convertirse en otra mujer distinta. Es la soledad, cuando ya vemos en la espalda de Edie la herida que le ha dejado la “batalla” con Joey. Se ha visto marcada física y espiritualmente.

Una historia de violencia

Una llamada nocturna: “Hola, hermanito, ¿sigues con el mismo talento para matar?”, provoca que Joey se vaya a Philapelphia a ver a su hermano Richie. “Un viejo amigo”, como dice el cartel del bar donde para Joey. Ya está de vuelta.

Contrasta el pequeño pueblo con la mansión donde vive Richie; el negocio de la mafia es muy lucrativo. Los hermanos se saludan cariñosamente, aunque su beso no deje de ser un beso de Judas.

Una historia de violencia - David Cronenberg

Los hermanos hablan sobre la familia, sobre el matrimonio, sobre las ventajas de estar casado; “ahora le veo las ventajas” dice Joey.
El pasado violentísimo de Joey cada vez va tomando más cuerpo antes nuestras ojos a través de las palabras de Richie: “Atracas la casa de un hombre poderoso, matas a varios de sus hombres, le arrancas un ojo (…) alambre de espino ¿verdad? ¿Serás cabrón? Siempre fuiste el más loco. Vives el sueño americano, ¿te lo has tragado a fondo, ¿eh? (…) Dime, cuando sueñas, ¿sigues siendo Joey?“. Richie le da la espalda a Joey mientras intentan matarle, pero Joey consigue salir indemne dejando trás de sí a un montón de cadáveres. En un momento casi rozando lo cómico, Richie se queda fuera de su casa e intenta buscar las llaves en el bolsillo para abrir la puerta. Pero Joey, que se ha apoderado de la casa en un acto que simboliza la usurpación de la casa de su hermano para destruir todo lo que hay dentro, el fantasma de Joey incluido,  abre la puerta y mata a Richie.

Una historia de violencia

Tom, ya habiendo terminado con Joey, con Richie y con todo lo que conllevaba su pasado, llega a su casa mientras la familia cena. Se crea un momento denso, de confusión, emociones contenidas y miradas, sólo roto por la inocencia de la hija, que acoge al padre en la mesa poniéndole sus cubiertos y su plato. El hijo es el siguiente en acoger al padre, ofreciéndole comida. Edie, en actitud de recogimiento, de oración, termina mirando a Tom, quien a su vez la mira; momento que se crea entre ambos, de emoción ya vertida en lágrimas, de miradas en las que se perdona y se dice “te quiero”. Tom ya ha vuelto al hogar, a vuelto a renacer después de tener que matar a Joey. Aunque tampoco lo sabemos. El carácter violento de Tom/Joey es tan pronunciado, que a pesar del momento intensísimo del final, en ningún momento se nos indica que Tom haya terminado con él; sólo ha matado a Joey. Cronenberg nos deja un happy end abierto a todo tipo de especulaciones acerca del futuro de la familia Stall, pero intuimos que no va a volver a ser igual.

Una historia de violencia

 

 

Jack. ¿La violencia se hereda?

Jack, el hijo, sufre un cambio muy notable desde el principio de la historia. Puede que sea el que más ha evolucionado. Al principio vemos a un chico tímido, educado, acosado por sus compañeros de clase, pero al que su padre le ha dicho que debe defenderse con educación y buenas maneras, lo que provoca aún más la violencia de sus compañeros. Al conseguir ganar el partido de baseball en el último momento, le llaman “capullo” y el contesta “Sí, es verdad, soy un capullo”. Luego le dice “tratarme con violencia sería cruel, y un sinsentido”. Se deja ver que detrás de todas estas palabras está la educación de Tom.

Al hablar con una amiga mientras se fuma un cigarro furtivamente habla de su futuro en el pueblo, “creceremos, trabajaremos, tendremos amantes y seremos alcohólicos”, dejando ver un sentimiento de apatía hacia todo lo que le rodea.

Al llegar su padre a casa después del intento de atraco en la cafetería, muestra su orgullo y entusiasmo al ver a su padre convertido en un héroe. Jack empieza a ver su padre como un modelo a seguir, ya que al fin y al cabo, prefiere ver a su padre violento que educado.

Jack se asombra ante la actitud violenta de su madre cuando la ve con la escopeta en las manos. Pero la escopeta, con toda la simbología que acarrea, va a convertirse para él en el instrumento que le sirva de rito de iniciación en el grupo.  Desde siempre, el hombre ha tenido que superar una prueba para poner su valor en alza, y así ir escalando peldaños hasta dirigir el grupo. En el instituto, al verse otra vez acorralado, puede que manteniendo en mente la imagen de su madre con la escopeta, la emprende a golpes y puñetazos con sus agresores, incluso con ensañamiento. Podemos ver muy bien este comportamiento en “2001, una odisea del espacio“, cuando el homínido aprende que los huesos pueden servir de herramientas para matar y así conseguir comida, lo que le convierte no sólo en líder del grupo, sino que provoca el miedo de los demás al ver que también puede matar.

"2001: Una odisea del espacio"

Cuando vemos que Tom está acorralado por Fogarty, cuando creemos (cree) que está todo perdido, mientras oímos y vemos a las moscas que indican renovación de la sangre, Jack salva a su padre matando a Fogarty con la escopeta. A sangre fría y de manera implacable. La escopeta, ese símbolo fálico y de poder en la familia que antes ha tenido su madre en las manos pero que no ha usado. Ahora a él le ha servido para defender a su familia. En un sólo instante, el chico tímido se ha tornado violento, como su padre. Su padre contempla al chico,  con miedo de que su hijo sea violento como él. Le arrebata el arma, en clara señal de arrebatamiento del poder. De que haya heredado su violencia. Estamos hablando de un tipo de violencia innata, no aprendida.

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Este miedo de Tom lo vemos por ejemplo, en “American History X“. El personaje de Edward Norton se vuelca con su hermano para intentar que no copie el pasado violento de su hermano; con poco éxito, ya que el germen de la violencia ha calado en él. Cronenberg no es tan explícito, pero el debate acerca de la naturaleza de la violencia está servido. Esperemos que Jack, en un futuro termine mejor.

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