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En el laberíntico alcantarillado de "El tercer hombre"

Las escaleras: esa serie de peldaños que nos ayudan a desplazarnos de un piso a otro en un edificio, a subir, a bajar, que facilitan la salida o la entrada en caso de incendios, que permiten trasportar objetos y, a veces incluso, se cuelan en nuestros sueños. Las hay anónimas o con nombres y apellidos, como la de Francesco Borromini, en el Palacio Barberini de Roma. Del siglo XVII, compuesta por parejas de enormes columnas, en ella, la luz juega con esas curvas tan propias del Barroco, que llegarán a desafiar al estilo renacentista hasta el punto de sucederlo; una escalera que se retuerce de tal manera que da la sensación de que el arquitecto se olvidó de construir su final.

Cuando uno comienza a adentrarse en la Viena de El tercer hombre (The Third Man, Carol Reed, 1949)no puede sino únicamente sentirse como si estuviese ascendiendo por una escalera en espiral similar. De la mano del personaje que interpreta Joseph Cotten, Holly Martins, uno da vueltas, vueltas infinitas por la ciudad austriaca interrogando a testigos, avanzando dando giros sin descanso en torno a un mismo pensamiento que lo obsesiona: ¿qué le sucedió a Harry Lime? Una idea que nuestro protagonista la pone del revés, la sacude, la orea y la pone a descansar, hasta que al final obtiene una respuesta, aunque no exactamente la que él hubiese deseado.

El tercer hombre es de esas pocas obras de arte que destacan entre las selectas por su atemporalidad, por lo bien que ha sabido envejecer. Si es que ha envejecido, porque es un filme que sigue proyectándose y sorprendiendo por su fotografía, su giro de trama, sus diálogos y su banda sonora; más bien, en verdad, parece haber hecho un pacto con el diablo para mantenerse joven. Estrenada en el año 1949, a simple vista puede parecer que se trata de una película que, meramente, nos cuenta una historia dramática, vinculada al cine negro, en la que se ve envuelto un escritor de novelas baratas en la Viena posbélica. Sin embargo, eso sería resumir mucho el asunto, sería lo mismo que definir un guepardo como un animal de cuatro patas, y El tercer hombre no merece ser pasto de simplificaciones.

3. Una secuencia de persecución.

Para empezar, destaquemos que hubo intención, desde el primer momento, de hacer una película cuyo contexto fuese la Viena ocupada después de la II Guerra Mundial, que reflejase un lugar destruido —en su sentido amplio— por la guerra. El productor Alexander Korda encargó al escritor Graham Greene visitar la ciudad austriaca, empaparse del ambiente y buscar inspiración para componer un relato que luego sirviese de base para confeccionar una cinta cinematográfica. El novelista elaboró en primer lugar, antes de hacer el guion, una historia con un narrador en primera persona, un coronel británico llamado Calloway (Trevor Howard), quien relataba lo ocurrido, basándose en la información que, a su vez, el personaje de Martins (Joseph Cotten) le había proporcionado con anterioridad. Asimismo, también incluyó un conato de rapto, perpetrado por los rusos, con respecto a la protagonista femenina, Anna (Alida Valli), y un final más romántico que distaba mucho del que luego plasmó el director, Carol Reed, en la película. Y es que, según se sabe, Graham Greene y Carol Reed entendieron de manera diferente la historia. Si Miguel Ángel veía en los bloques de mármol sus futuras obras, Greene, cuando escribió El tercer hombre, vio en él una obra de entretenimiento, mientras que Reed no la percibió de este modo, dotándola de una mayor significación política y realizando cambios en el guion para convertir la trama en un círculo perfecto.

Hemos de ser conscientes de que la película proyecta sobre el espectador diversas ideas que parten del contexto histórico en el que se rueda el filme, e igualmente de quiénes son los promotores y realizadores de la propuesta; el director era británico y en su producción contribuyeron la London Films, así como el norteamericano David O. Selznick, conocido por financiar películas como Rebeca (Rebecca, Hitchcock, 1940), Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, V. Fleming y G. Cukor, 1939) o Duelo al sol (Duel in the Sun, K. Vidor, 1946).  El esbozo poco simpático de los sujetos rusos en la película, nos habla de un clima atravesado por recelos entre aliados, de un ambiente de desconfianza mutua y, en definitiva, de los inicios de la Guerra Fría, que es el momento de rodaje del filme. No obstante, no nos olvidemos que hay hechos basados en la realidad. En general, se puede constatar el impacto de la guerra sobre Europa: la destrucción material, el cuestionamiento de los valores morales o los cambios territoriales. Mientras que, en particular, a través de la película, uno puede sumergirse en el conocimiento de la escasez de antibióticos disponibles durante la posguerra, siendo la penicilina tan insuficiente que, en algunos países, se traficaba ilegalmente con ella, llegando incluso a ser adulterada previamente. 

Por su parte, contemplando la escenografía de la película, se percibe una profunda influencia del expresionismo alemán, un movimiento cinematográfico surgido al final de la I Guerra Mundial y caracterizado por ambientes recargados, fuertes contrastes de luces y sombras, y decorados que contribuían a distorsionar la realidad. Para conseguir todo ello, no sólo se apeló a la iluminación o a la decoración, sino que también se logró mediante cambios en la posición y en la angulación de la cámara. Hay quienes dicen que El gabinete del doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, R. Wiene, 1919) es la primera y casi la última película expresionista alemana. Sin embargo, parece claro que, aunque fue un movimiento que no duró mucho tiempo, influyó en realizadores posteriores. En El tercer hombre, vemos perfectamente aspectos que hunden sus raíces en esa tradición. Un ejemplo sería cuando la cámara se inclina, haciendo de los planos imágenes torcidas, proporcionando una sensación de gran desequilibrio, como si los personajes no fuesen capaces de colocar con aplomo sus pies en el suelo y estuviesen a punto de caerse.

4. Como se puede comprobar en el filme, la catedral de San Esteban en Viena sufrió serios daños a finales de la II Guerra Mundial.
5. Los juegos de luces y sombras se combinan con planos escorados. Los planos picados y contrapicados también están presentes, llegando incluso a invitar a esta fiesta de planos a los nadir (cuando la cámara, situada perpendicularmente con respecto al suelo, enfoca de abajo a arriba). La imagen octava es un ejemplo de esta última tipología citada.

Asimismo, en la película, parece más que claro el influjo de las ya diversas experiencias fílmicas anteriores asociadas al cine negro. El halcón maltés (The Maltese Falcon, J Huston, 1941), La sombra de una duda (Shadow of a Doubt, Hitchcock, 1943) o Perdición (Double Indemnity, B. Wilder, 1944) ya habían inaugurado el género, estableciendo las típicas atmósferas oscuras y las temáticas atravesadas por el crimen y la corrupción. Destaquemos que, a pesar de que no hay un acuerdo pleno en relación a la definición de film noir, hay personajes con modelos de conducta arquetípica de este cine y el conjunto de individuos que participan en el argumento de El tercer hombre, encajan perfectamente en los moldes de comportamiento de los personajes del género. Como se observa en el filme de Carol Reed, aparecen sujetos que no son perfectos, ni completamente "buenos", sino que cada uno de ellos trasluce cierta ambigüedad, entendida aquí como una de las sustancias principales de las que se compone el alma del ser humano. Se trata de protagonistas marcados por la decepción, la soledad y el abatimiento, y quienes a su vez poseen normalmente un sentido del humor que nos habla de la umbría que oscurece sus pensamientos, de su pesimismo o de su melancolía. En Holly Martins, aunque en él hay finas pinceladas de sensibilidad —el amor que siente por Anna o la fidelidad inicial a Harry Lime—, también las hay, y en este caso de brocha gorda, de desilusión por un pasado del que no está satisfecho; de cansancio, de quien ahoga sus desdichas en alcohol para salir momentáneamente del paso. 

Si las comedias románticas y los musicales coetáneos al film noir nos enseñan un universo amable, donde solo hay cabida para el fulgor de la felicidad, en contraposición, el cine negro lo que nos dice es que el mundo no es un lugar iluminado totalmente por el sol de la bondad, sino que, más bien, los días pueden aparecer cubiertos por nubes que revelan sus espacios más lóbregos. La Viena de El tercer hombre, ocupada por cuatro potencias diferentes y dividida en cuatro zonas de dominación a partir de la Conferencia de Potsdam (1945), es una ciudad que se ajusta al género negro en cuanto a que, en ella, reina una sensación de pesimismo y de desconfianza, y a que acoge en su interior todo tipo de asuntos turbios, el tráfico ilegal de penicilina entre ellos. Algunos habitantes se limitan a sobrevivir entre las ruinas de la capital austriaca, mientras otros se aprovechan y se lucran de las necesidades de los demás. Tan absoluto es el desajuste derivado de la guerra, que la vida parece contraerse como el fuelle de un acordeón, llegando incluso a alterarse hasta el punto de bajar hasta las alcantarillas, por las que antes solamente merodeaban las ratas y ahora también lo hacen los seres humanos, en busca de una sombra en la que guarecerse y que oculte lo que traman.

9. Una escena en las alcantarillas.

El tercer hombre puede considerarse también una obra de reflexión en la que, como el personaje de Joseph Cotten, el espectador se bate en duelo con las preguntas: ¿cuán lícito es querer seguir siendo fiel a un amigo que sabes que ha tenido un comportamiento reprobable y que, además, no se arrepiente de ello?, ¿cuán leal puede uno continuar siendo a una persona que se muestra tan indiferente con respecto a la vida de los demás?, ¿hasta dónde una persona está dispuesta a rebajar su integridad por un amigo? Harry Lime (Orson Welles) no demuestra tener remordimiento alguno por el fraude en el que estuvo involucrado, enarbolando la bandera de que el fin justifica los medios, asociada a El príncipe de Maquiavelo, figura del Renacimiento italiano, un periodo al que Harry honra en su famoso monólogo, con el cual justifica su moral. En la película, se toman diversas posturas en relación a estas cuestiones. Si bien Holly Martins prefiere preservar su honestidad, Anna, como la mítica Antígona, prefiere seguir siéndole leal a Harry, pese a que es consciente de los crímenes que éste ha cometido; ella evita hacer cualquier análisis ético en detrimento de la relación que la unía a Harry. 

Cuando uno está viendo la película, atraviesa diversas etapas emocionales. Primero, puede sentirse engañado, pues puede pensar que han jugado con él o ella a los triles durante buena parte del filme, al darse a entender en éste que la trama va a caminar en dirección a la limpieza del nombre de Harry Lime por parte de su amigo Holly Martins. Sin embargo, cuando el argumento cambia de ruta, los ojos como platos, la boca abierta y los brazos sobre la cabeza, en definitiva, la cara de sorpresa es inevitable. Uno puede sentirse engañado... pero nadie negará que gratamente engañado. Uno, de repente, se convierte en Holly, comienza a cuestionar el modus vivendi de Harry y quizás empieza a verse decepcionado por su cruel indiferencia. Y al final de la cinta cinematográfica, aquel que albergue un ápice de romanticismo en su ser puede sentirse incluso desolado, porque la mujer no acabe con el hombre quien verdaderamente ha velado por ella, la cual, cegada por sus sentimientos con respecto a Harry, ha sido incapaz de valorar su sacrificio. Es lo travieso que tiene el amor, que alguien puede querer a una persona, cuyos sentimientos, sin embargo, pertenecen a otra. 

10. El propio Greene reconocería más tarde que el final de Reed era más acertado.

El tercer hombre fue galardonada en el prestigioso Festival de Cannes como Mejor Película y nominada a tres categorías en los Oscar, siendo premiada en la de Mejor Fotografía (Blanco y Negro). Además, dio a conocer al músico Anton Karas, cuya banda sonora adereza la historia hasta convertirse en un elemento esencial; para quien ha visto la película, es imposible no pensar en ella sin escuchar la cítara de Karas en su memoria. Alida Valli, Trevor Howard y Joseph Cotten representan extraordinariamente a unos personajes desencantados con la realidad que les rodea, destacando, Joseph Cotten, quien ofrece una actuación tan creíble que parece llevar interpretando toda su vida a esos melancólicos escritores que tienen la suficiente experiencia para saber que el desengaño se ha convertido en su compañero de viaje. Sin embargo, el que roba toda la atención de los focos es el inconfundible actor y también director de obras como Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941), que parece estar recordándonos quién es a cada paso que da entre las ruinas de la devastada ciudad, a cada mirada perspicaz, a cada palabra mordaz que pronuncia en el filme. Un personaje que parece estar recordándonos, sin decirnos una sola palabra y para que no nos olvidemos de él, lo que realmente sí manifiesta a viva voz al final de otra de sus famosas películas El cuarto mandamiento (The Magnificent Ambersons, 1942): «Mi nombre es Orson Welles». 

Referencias

Caparrós Lera, J.M. (1997). 100 películas sobre Historia Contemporánea (1ªEd.). Madrid: Alianza editorial.
García, J.E. y García E. (2004). Antibióticos y cine: El tercer hombre y Mercado prohibidoRevista Española de Quimioterapia17 (3), 223-225.
Kemp, P. (2011). Cine. Toda la Historia (1ªEd.). Barcelona: Blume. Martínez-Salanova, E. (2002). Aprender con el cine, aprender de película. Una visión didáctica para aprender e investigar con el cine (1ª Ed.). Huelva: Grupo Comunicar.

Otros documentos web:

Bermejo, A. (2010, marzo 19). Días de Cine: Expresionismo alemán [Vídeo]. Recuperado de https://www.rtve.es/play/videos/dias-de-cine/luces-sombras-del-expresionismo-aleman/724377/ 
González, R. (2020, octubre 18). Movimientos cinematográficos: el Expresionismo Alemán [Entrada blog]. Recuperado de https://www.cpaonline.es/blog/cine-y-tv/movimientos-cinematograficos-el-expresionismo-aleman/

Graduada en Historia por la Universidad de Salamanca y Máster Universitario de Profesorado por la Universidad de La Rioja. Alguien me dijo una vez que, a la edad adulta, la imaginación podía coger la gripe y que los sueños podían quedarse sin gasolina, pero mentía, porque el cine, para mí, es ese lugar que atesora todo aquello eternamente.

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