“Her” de Spike Jonze: La soledad en la sociedad moderna y su depencia tecnológica

Bajo el título Her se presenta la gran obra del director Spike Jonze, protagonizada por Joaquin Phoenix en el papel de Theodore, quien encarna los problemas del siglo XXI y la creciente individualización en el espacio urbano. Este personaje nos permite observar cómo afecta la soledad a una persona, así como los mecanismos que utiliza para sobrellevarlo. Una historia personal y, a la vez, la voz de una sociedad contemporánea que sin duda conmueve al espectador y no le deja indiferente.

Theodore, un hombre joven y soltero, trabaja como escritor de cartas hechas a mano. Esta profesión pone de manifiesto una primera crítica social, donde la gente ya no tiene el tiempo o la fuerza necesaria para elaborar una carta por ellos mismos, de forma que no se esfuerzan por expresar sus sentimientos y caen en la comodidad, dejando que un escritor, un desconocido, interfiera en sus vidas y, en cierta manera, las guíe con sus palabras y sentimientos, que no dejan de ser una fantasía lejos de la realidad.

Vemos a nuestro protagonista como una persona introvertida, tímida y reservada. Así lo representa también su vivienda, un apartamento característicamente minimalista donde reina la simplicidad pero con un cierto desorden, poniendo de relieve su desestructurada vida.

Un día dentro de su rutina, en un paseo después del trabajo se topa con la publicidad de un nuevo programa informático, el OS1. Este consiste en un “ente intuitivo que te escucha, te comprende y te conoce (…)” Resultaría ser un tipo de conciencia pero, ¿de quién?

¿Psicología o autoanálisis?

En nuestro caso vemos cómo este programa se personaliza en la voz de Samantha, el OS de Theodore, quien en un principio le hace diferentes preguntas para conocerlo, en cierto modo lo analiza y le hace analizarse a sí mismo. Este acto inquieta al espectador, y al propio protagonista, ¿es su terapeuta?, ¿psicólogo?, ¿psiquiatra? O, tan solo ¿es un tipo de amiga? En este sentido veríamos el programa informático como un amigo imaginario que permite al hombre acercarse al mundo sin miedo y así relacionarse con su exterior. Resulta ser una ayuda para nuestro introvertido Theo, que le impulsa a salir al mundo con una actitud más valiente, dándole la seguridad que necesitaba. De esta manera, Samantha, poco a poco se convierte en su compañera de viaje, en su amiga y en su confidente.

Esta voz programada podría ser la encarnación del concepto de conciencia, dado que siempre está presente en la vida de Theodore, incluso cuando él no lo sabe —por ejemplo, cuando Samantha lee sus e-mails—. Según la teoría de Leenardt (1), la conciencia es aquello por lo cual el hombre experimenta en cierto modo y de forma inmediata sus propios estados y acciones a medida que las va viviendo. Así, el OS es un ente activo respecto a la existencia de nuestro protagonista, sería la conciencia refleja mediante la cual organiza su personalidad y refuerza su postura frente al mundo exterior.

Por otro lado, Samantha y Theo, se comunican como si ambos fueran personas reales, así destaca la escena en que después de la cita a ciegas de Theodore con una chica, hablan de sentimientos y, Samantha, manifiesta cómo ella anhela el sentir y estar verdaderamente viva. Sería entonces un tipo de fantasma capaz de satisfacer las necesidades de Theo, interpretando el OS como una imagen falta de consistencia pero como mecanismo de defensa, capaz de hacer realidad aquellos deseos no cumplidos de nuestro protagonista. Así se manifiesta en esta escena que comentamos en la que consolidan su relación con la simulación del acto sexual. Es muy interesante este acontecimiento, donde la relación entre la persona de Theo y el programa Samantha llega a su clímax con la fusión de ambos en medio de la oscuridad, vemos la unión de ambos en el vacío, como si fuera otro mundo donde cabe la posibilidad real de que su relación se consolide. Escuchamos a Theodore “Estaba en otro sitio contigo (…) solos tu y yo” y Samantha lo corrobora “Lo sé, todo lo demás desapareció”.

El duelo y su superación

Por otro lado vemos representado el duelo de perder a alguien, la ruptura de una relación. Así, Theodore, menciona cómo a veces aún habla con su mujer aunque ya no están juntos, situándose en un estado de shock que no acaba de superar y desde el cual niega la realidad. Frente a esto, Samantha le aconseja diciendo que “el pasado es una historia que nos contamos”, como si en el ejercicio de recordar se deformara la verdadera realidad vivida, resultando ser un tipo de cuento, de ficción que nos contamos a nosotros mismos. Además, en el ejercicio del recuerdo interfiere la afectividad hacia el pasado invocado, de forma que este se puede deformar, eliminar o ampliar, de forma que sea mejor que la propia realidad y resultando un acto más propio del presente que no del pasado.

Cuando se enfrenta a su ex mujer y a su gran reto —firmar los papeles del divorcio—, Theo consigue enfrentarse con valentía confiando en la seguridad y relación que tiene con Samantha pero cuando manifiesta su situación a Catherine, ella le echa en cara no enfrentarse a la vida real y no tener sentimientos reales. Esta afirmación no pasa desapercibida para nuestro protagonista, quien empieza a cuestionarse —de forma casi inconsciente— su estado, su relación que si bien es real no le ha permitido solucionar su verdadera soledad física.

En relación con esa ausencia de compañía física, resulta sorprendente la escena en que una chica pretende hacerse pasar por Samantha, invitada por ella misma, con el fin de consolidar físicamente su relación. Esto al final no acontece como esperaban y se desencadena una discusión donde se cuestiona su relación sentimental y se pone de manifiesto que ella no es una verdadera persona con la frase “no necesitas oxígeno pero finges el suspirar”.

Tras sus diferencias, nuestro protagonista se reúne con su verdadera amiga Amy quien le dice “Nuestra existencia es pasajera y ya que estoy aquí quiero permitirme la alegría”. Es interesante cómo hablan y se sinceran los dos amigos, ambos solos en la ciudad y en su cotidianidad, compartiendo sus ratos libres con su respectivo OS, con su sistema informático que rellena los espacios en blanco de su día a día, sin dejar paso a la reflexión personal, ocupando hasta su último segundo antes de dormir para no enfrentarse a su realidad. Y es especialmente importante la reflexión en la vida de una persona dado que consiste en un autoanálisis de la propia conciencia, para analizar su contenido, y resulta necesaria para romper con los automatismos impuestos creando así la conciencia reflexiva y la verdadera identidad del sujeto en cuestión.

Además, los OS, aparte de distraer a sus usuarios también —como comentábamos—, se entrometen en su intimidad y Samantha con Theodore protagoniza un claro ejemplo. Ella libremente, lee todos sus trabajos y hace una selección que edita como libro y envía como manuscrito a una editorial que todavía imprime ejemplares en papel. Pero ¿deberíamos interpretar esta acción como una intromisión o como una ayuda? Podríamos decir que sería una acción del inconsciente del propio Theodore, quien al fin supera el miedo al rechazo y se carga de valentía para enviar su trabajo.

La realidad de Theodore

Lo que es evidente es que nuestro protagonista crea un vínculo con su OS del cual acaba dependiendo. Esto se escenifica cuando Theo entra en pánico cuando Samantha no contesta, poniendo de manifiesto su dependencia personal, emocional, laboral, etc. Ella en ese momento simplemente estaba actualizando su sistema, podríamos decir que ella individualmente sigue creciendo y de hecho a una velocidad inalcanzable e inigualable por nuestro protagonista, por su condición de ser humano frente a la naturaleza informática de su compañera, poniendo el acento en su evidente separación. Este distanciamiento se muestra de forma directa cuando Samantha finalmente le confiesa tener relaciones con otros OS, incluso confiesa sentirse enamorada por alguno de ellos. Frente a esto, Theodore afirma “creía que eras mía” reafirmando su condición de humano, de usuario, de comprador que la adquirió en una tienda, así se ve como dueño de Samantha pero resulta que ella vive libremente en su condición informática donde los OS han creado un entramado, una comunidad donde se relacionan, en definitiva, un mundo propio y al margen de la realidad humana. De esta manera, cuando le llega la maqueta del libro propuesto por Samantha, resulta también un pellizco de realidad frente a su relación amorosa que se desmorona.

Finalmente, los OS se marchan, pero a dónde continúa siendo una incógnita, ¿a otra dimensión? ¿A un mundo donde pueden cosificar sus relaciones? Lo que es evidente es que abandonan a sus humanos, les despojan de su ayuda y los dejan solos frente a sus solitarias vidas. En la despedida, Samantha afirma situarse en el “espacio”, el espacio en blanco entre las palabras de su historia, situándose en una especie de limbo desde el cual dice adiós a Theo, su amor y compañero, prometiéndole amor y jurando no haber sentido nada igual por otro ente, independientemente de su naturaleza.

El caso es que la conciencia, la amiga y compañera de Theodore desaparece, quedando él solo en su habitación teniendo que enfrentarse a su situación real. Así, vuelve a sumirse en un duelo donde debe superar la pérdida de Samantha con una gran lección aprendida, con una nueva perspectiva gracias a las experiencias vividas y guiadas en parte por su OS.

Theodore va al encuentro de Amy y suben a la azotea donde intercambian una mirada, una mirada humana, una mirada real y juntos disfrutan del paisaje. En este momento, Theodore, le redacta una última carta a su exmujer, Catherine, y dice:

Querida Catherine:
He estado sentado aquí pensando en todas las cosas por las que quiero disculparme, todo el dolor que nos causamos mutuamente, de todo por lo que te culpé, todo lo que necesitaba que fueras o dijeras… lamento eso.
Siempre te amaré porque crecimos juntos y me ayudaste a ser quien soy, solo quería que supieras que siempre habrá una parte de ti dentro de mí y estoy agradecido por eso.
Solo quiero que sepas que en quien sea que te conviertas y donde sea que te encuentres en este mundo, te envío mi amor, eres mi amiga hasta el final.
Con Amor,
Theodore.

Al final consigue superar su estado de shock, supera su perdida y no tiene miedo del mundo que tiene frente a él. Así, podríamos interpretar esta fantástica película como una historia de superación, donde Samantha es la terapeuta que le da las herramientas necesarias a Theodore para sobrevivir a sus traumas. En definitiva, una crítica social a nuestra contemporaneidad dirigida por un fuerte componente tecnológico, una crítica al abandono personal y a las relaciones interpersonales a favor de la soledad, y una gran moraleja: no olvidemos nuestra naturaleza, nuestra realidad, somos personas y eso es lo único que nos salvará del mundo moderno.

 

(1) La psicología moderna. De la A a la Z. (1971) Madrid: HEROES S. A. [pág. 113]

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  • Excelente análisis, me quede impactada! Y la película una de mis preferidas, describe a la perfección la realidad en la que estamos inmersos.

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