“La fiesta del cine”: Pan para hoy, hambre para mañana

La Fiesta del cine“La Fiesta del cine” ha convocado a miles de espectadores a colas kilométricas de acceso a los cines. ¿Esto apoya la recuperación del cine?

 

El que sigue de aquí en adelante, es un artículo impopular. Lo será porque suele ser el destino habitual, o el efecto indeseado, cuando se argumenta que la reducción puntual del precio de un servicio puede ser más un síntoma de la desesperación del sector que una estrategia seria para la recuperación del mismo. En este mismo instante miles de personas hacen kilométricas colas frente a las salas de cine para disfrutar de películas al tentador precio de 2,90€, un precio extraordinariamente reducido al que sólo pueden acceder tras inscribirse en la web de la iniciativa “La fiesta del cine” y dejar sus datos personales. Según la prensa, la iniciativa ha captado más de 1 millón y medio de personas y está generando colas por doquier frente a las salas.

En primer lugar, vaya de antemano una felicitación explícita dirigida a quiénes han concebido y ejecutado “La Fiesta del Cine” que ha logrado un espectacular apoyo popular propagándose por redes sociales, e-mails, whatsapps y por supuesto mucho boca a boca, del analógico y offline, generando todo un movimiento que ahora mismo se apelotona frente a las salas. Se trata de un ejemplo brillante de campaña bien ejecutada y que ha sabido adaptarse a la nueva red de canales digitales disponibles y a las costumbres de comunicación de su público objetivo. La mayoría de quiénes tenemos una afición por este arte hemos recibido estos últimos días la información de “La fiesta del cine” por más de un canal; y hemos sido impactados a menudo bajo la recomendación sincera de nuestros amigos que querían asegurarse de que estábamos al tanto de esta oportunidad “casi histórica”, o al menos así nos lo hacían llegar. Un éxito de propagación.

La Fiesta del cine” es una táctica para perseguir unos objetivos de apoyo al cine, al sector de la distribución y al de la producción que tan malos momentos están atravesando no sólo por la pérdida progresiva y paulatina de espectadores sino también por el claro empeoramiento que las condiciones de comercialización del cine han sufrido durante esta larga crisis (como por ejemplo el aumento del IVA de los productos culturales). La fiesta del cine” pretende impulsar un entretenimiento cada vez más perdido, el de acudir a las salas de cine para disfrutar de una película, con la esperanza de que una parte de los espectadores animados por el precio bajo repitan la experiencia, ya a precio convencional, incorporando el plan a sus actividades de entretenimiento habitual. Se pretende que la dramatización artificial del plan cinéfilo tenga un eco en semanas venideras, fuera de promoción, que puedan multiplicar la experiencia de las películas y que incluso puedan crear nuevos cinéfilos. Por otro lado, también pretende aumentar la venta directa de entradas en las salas de cine que, aunque a precio más bajo del habitual, seguramente harán una caja decente llenando sus salas con las colas kilométricas que se hacinan en la entrada. Además, los días elegidos para “La fiesta del cine” son los 3 menos frecuentados por los cinéfilos para acudir a las salas, lo que garantiza que la promoción no canibalizará los resultados habituales de los días de gran consumo (fines de semana). No olvidemos, asimismo, que las salas de cine hacen un gran negocio con la venta de productos periféricos como las palomitas o los refrescos que, durante la promoción se venden, en la mayoría de los casos, al precio habitual. Con estos productos periféricos, las salas de cine aumentan su facturación más de un 40% con un margen de beneficio no despreciable. Visto así, convendrán, “La fiesta del cine” no es un coste tan importante para los exhibidores, si es que en el cómputo final lo es en algún caso, aunque como son cientos las salas de cine adheridas, si supone un coste o no… irá por barrios.

La fiesta del cine” se dirige principalmente a público joven que 1) es más sensible al precio de las entradas de cine al disponer de menos recursos y 2) se maneja a diario con las redes sociales y su impacto publicitario estaba plenamente garantizado. Además, las familias con hijos tienen más dificultades para beneficiarse de esta promoción por dos motivos: Primeramente, porque les resulta más complicado acudir a los cines entre diario (lunes, martes o miércoles) que a los espectadores sin hijos. Segundo, porque en la mayoría de los casos no aprovecharían el precio reducido más que en una ocasión (cuando el verdadero ahorro se produce al emplear el descuento para ver la mayor cantidad posible de películas durante esos tres días).

En cualquier caso, felicitamos a los organizadores por haber sido capaces de diseñar una operativa de promoción transversal y cuasi-sectorial con un número notable de salas de exhibición adheridas y una repercusión tan amplia. Eso sí, conviene informar a los espectadores de que esta iniciativa se debe también al apoyo del Ministerio de Educación y Cultura, siempre comprometido en servir de sustento artificial para eso que algunos llaman “la industria del cine español”, y que como bien dice mi colega Marcos Isabel, aquí no existe. Si acaso, “cine español”, pero de industria… nada.

El gran problema de “La Fiesta del cine” es que responde a la urgencia desesperada de las salas de cine

y de la distribución cinematográfica que han puesto en marcha una iniciativa cortoplacista y conformista que valorará como exitoso cualquier resultado que llene las salas de cine durante 2 ó 3 días. Si es verdad que el público es sensible al precio y que la verdadera razón por la que no van al cine tan a menudo es que el precio de la entrada es demasiado alto, el esfuerzo de la promoción no tendrá más éxito que las colas frente a las puertas de entrada de tres días mediáticos. Tan pronto como las entradas vuelvan a su precio habitual, es decir, este jueves, la afluencia volverá poco a poco a ser la de antes. Una promoción basada en precio va a tener efectos miopes y limitados. Entradas de cine a 2,90€ y un sarao mediático y social ponen en marcha una suerte de “happening” pretendidamente cinéfilo que interesa más por la afluencia social y el bochinche entretenido que por el éxito de cualquier naturaleza cinéfila. El efecto inmediato es bien saludado y seguramente compensa el esfuerzo de organización. Es decir, la iniciativa en sí es recomendable, interesante, conveniente y el riesgo es inexistente, pero debemos entender bien qué podemos esperar y qué no de esta clase de iniciativas que se relacionan con los intentos de un sector por ser salvado y que, en realidad, no tienen nada que ver con lo que se debería hacer para salvarlo, si es que hay algo en nuestras manos. La semana pasada, Javier Angulo, el director de la Seminci de Valladolid (la Semana Internacional de Cine), reivindicaba la socialización del verdadero valor del cine a través de la educación, es decir, a través de una estrategia a largo plazo que sirva para poner en valor al cine, y no que lo devalúe (a 2,90€) frente a las mentes de quiénes se pretende que paguen la entrada. La salvación del cine no pasa por su abaratamiento durante 3 días, que es pan para hoy y hambre para mañana, sino a través de una mejora estable de las condiciones económicas de acceso a las salas de cine y, sobre todo, mediante la puesta en valor de este arte fundamental que el público no debería percibir como Plan B(arato) sino como un arte y/o un espectáculo deseable por el que está dispuesto a pagar la entrada. Y si el contexto en el que le situamos para (re)descubrirle el valor del cine es una lluviosa tarde de martes pasando frío en una cola kilométrica frente a un cine con las salas llenas, quizás no obtengamos el efecto que deseamos.

La verdadera razón por la que el cine (mercado, distribución, exhibición, producción, etc.) está menguando de forma aparentemente inexorable es porque también lo está haciendo el deseo de los espectadores por acudir a las salas de cine. La competencia del cine en casa, los servicios de streaming, los videojuegos, la reducción de la calidad cinéfila de los espectadores, la calidad cada vez más reducida de la oferta cinematográfica… o las razones que cada uno pueda proponer de acuerdo con su saber y entender son, en conjunto, la razón por la que cada vez, los espectadores, tienen menos deseo por ir a una sala de cine. Cualquier intento de atajar el problema de la pérdida de espectadores a largo plazo debe aceptar que es necesario incrementar el deseo de los espectadores y su interés por el producto y SU VALOR. Y esto descarta promociones basadas en precio que llenan las salas durante 3 días pero las vacían el resto del año. Es necesario apostar por estrategias que aumenten la capacidad de atracción del cine, o la percepción de su valor, lo que supone intervenir en las propuestas cinematográficas mismas. Y desde luego, no conviene perseverar en la recuperación de modelos de negocio o tipos de entretenimiento hoy en día ya incompatibles con las formas de ocio de los espectadores. Ellos, los que pagan, son los que deciden cómo quieren que sea su ocio, y tratar de ofrecerles fórmulas obsoletas es desperdiciar un tiempo precioso para hacer evolucionar el mercado del cine y adaptarlo cuanto antes a los nuevos deseos de los espectadores. Quizás haya fórmulas de cine que, simplemente, ya no volverán.

En Código Cine hemos reivindicado constantemente y desde su fundación una concepción del cine como un arte de valor más allá del entretenimiento, cultura fundamental para el ser humano y alimento para nuestra mente y nuestro corazón. Si el cine puede ser esto, quizás éste sea un buen camino para esa salvación del cine. Si es a 2,90€, mejor. Y si lo es todo el año, aún mejor, pero no perdamos el Norte: No salvaremos al cine abaratándolo, sino poniéndolo en valor y seduciendo al público. El Cine es arte, es placer, es espectáculo, ¿no deberíamos recurrir a todo ello para hacerlo deseado?. “La Fiesta del cine”, sí. Cuantas más, mejor. Pero que “La fiesta del cine” apoya la recuperación del cine es algo que deberíamos pensar dos veces. Y que haya demostrado que la reducción del precio aumentaría la cantidad de espectadores a largo plazo y salvaría al cine, también.

 

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  • Hola, Ricardo! Bueno, normalmente soy bastante reacia a dejar comentarios en las webs, (por aquello de que no me gusta “hablar por hablar”) pero quería decirte que, tras leer tu artc., parece que me hubieras leído el pensamiento ayer noche mientras escuchaba en el telediario una noticia relacionada con el descuento de estos días!! Totalmente de acuerdo contigo, no creo que a nadie se le escape, por un lado, la favorable respuesta del público a una reducción de precio, así como que el hecho de que se trate de una medida “excepcional” no supone una solución al problema de la escasez de afluencia de público al cine. Parece como si los propios encargados de todo lo que rodea a la industria cinematográfica (productores, distribuidores, exhibidores) no se tomasen “en serio” el asunto. Y sí se deciden a seguir una línea, deberían de seguirla bien y de una manera definitiva, sin recurrir a medidas parciales y esporádicas y, en consecuencia, no adscritas a una finalidad práctica.

    Un saludo enorme de una “seguidora” incondicional!!

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