“Lolita”: Largo epílogo hacia la desgracia

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Y ese lavado de la luna del coche revela más secretos, como el de la muerte de la madre ante la insistencia de Lolita preguntando por ella. Lolita se derrumba y la volvemos a ver como una niña, enroscada en la cama, llorando. La volvemos a ver con el pijama grande, con los tirabuzones recogidos. Ya no es la mujer-niña que hacía días que se insinuaba a Humbert; ahora es la niña que busca a su padre desconsolada.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

“Esa noche nos reconciliamos con ternura; la verdad es que ella no tenía a dónde ir”. Esta reflexión de Humbert sobre Lolita puede que sea la que gobierne los siguientes eventos en la historia. Ella no tiene no dónde ir.

“Fue entonces cuando empezaron nuestros largos viajes por los Estados Unidos”, nos informa Humbert con la imagen de la entrada a una población en la que un cartel da la bienvenida a la vez que vemos a un padre y… ¿su hija? ¿su mujer? ¿Lolita y Humbert, o hay alguien más?

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Esto también marca el momento en el que vemos a la Lolita más insoportable y caprichosa; esa mezcla entre niña y mujer que no sabe muy bien de qué lado está, aunque el cartel en un hotel de “Niños menores de 14 gratis” puede que nos coloque a Lolita en el lugar adecuado.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Su lado más caprichoso empieza a sacar de quicio al profesor, y no lo oculta. Lolita le dice en un momento: “Estás mucho mejor cuando no puedo verte”.

“Seguimos un itinerario sinuoso, por decirlo de un modo suave; mi deber era llegar a nuestro último destino: la universidad de Beardsley, donde pensaba incorporarme finalmente como profesor. Pero en el fondo de mi alma necesitaba seguir viajando, seguir conduciendo. Y a pesar de nuestras trifulcas, a pesar de sus protestas y sus caras largas y del peligro y la incertidumbre de todo aquello; a pesar de todo eso, me sentía en el paraíso. Un paraíso cuyo cielo era del color de las llamas del infierno, pero un paraíso al fin y al cabo”. Humbert sigue en su luna de miel con Lolita, en una burbuja que él ha creado para ambos, pero teniendo muy presente que todo puede terminar pronto. Que el cristal que les separa de la realidad es muy frágil, pudiendo estallar en cualquier momento.

Pero a pesar de la felicidad de Humbert y de la felicidad que a veces dejaba entrever Lolita, ella llora como una niña en la cama. Hay algo a lo que él es ajeno pero de lo que se nos empieza a dar señales, aunque realmente, ya se nos anticipó con el primer encuentro de Humbert y Quilty. Ahora la señal es más clara.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Las moscas eran consideradas como animales alineados con Belcebú; de hecho, el nombre de Belcebú quiere decir “el señor de las moscas”. Las moscas son consideradas las culpables de la cuarta plaga de Egipto que Dios envió para que el faraón liberase a los judíos. Por lo que las moscas siempre han sido signos de mal augurio, de algo malo que está por venir. Y, efectivamente, el mal se está aproximando a las vidas de Lolita y Humbert. Muy significativa la mosca encima del cómic, subrayando aún más si cabe la presencia del insecto; la maldad encima de lo infantil.

La voz en off de Humbert continúa provocándonos, como lo lleva haciendo desde el comienzo: “No estaba muy preparado para la realidad de mi doble papel; por una parte el del encantado corruptor de una inocente, y por otro, el de la feliz ama de casa Humbert”. Nos da la sensación de que a raíz de haber podido dar rienda suelta a sus fantasías con Lolita, es incapaz de decirse a sí mismo aunque se tratara de una piadosa. Sí, se llama a sí mismo corruptor de menores, sin ningún tipo de cortapisa ni miramiento.

El día a día no tiene nada que ver con la vida que llevaban antes, ahora Lolita es una colegiala y Humbert es un profesor a la vez que lleva su día a día como “amo de casa” y padre/amante. Veamos cómo Lolita le comunica a Humbert que “quieren que salga en una obra”:

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Lolita se pinta por enésima vez las uñas de los pies, signo inequívoco de querer sentirse mujer, una femme fatale. Humbert se siente celoso e inseguro ya que la política del colegio contempla la vida “amorosa” de los estudiantes, siendo más importante que la programación o los estudios. Cuando le pregunta sobre si van a participar los demás chicos, ella dice que “puede que sí”, a lo que Humbert contesta que no le gusta la idea. Lolita ha cambiado; estar rodeada de más chicos y chicas de su edad alimenta en ella un inconformismo a la situación que le rodea, su situación con Humbert y el “encierro” al que está sometida. Es por ello que Lolita contesta que “la está privando de sus derechos civiles” al oponerse a que participe en la obra del colegio. Pero ella (ya) sabe cuál es el punto débil de Humbert, y no duda en hacer uso de ello; “¿te gusta?”, le pregunta Lolita mientras se pone en posición sumisa sentada en el suelo, mientras con el pie (desnudo y con las uñas recién pintadas de rojo) le balancea en la mecedora y sube su pie por la pierna. “¿Quieres más?”, le pregunta; “yo también quiero cosas (…) ¿Sabes que mi asignación semanal es de un dólar?”.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

La negociación se le da bien a Lolita, que consigue al fin lo que quiere ante la claudicación de Humbert; consigue los dos dólares semanales y actuar en la obra.

“Oh, sonrosada dueña de la noche: has hechizado los corazones de muchos cazadores, pero esta vez, tentadora mía, has dado con un alma gemela. Más que cazador, yo soy poeta”.

Este es uno de los fragmentos de la obra en la que participa Lolita, interpretando ella el papel de bruja que usa a sus ninfas para atraer a cazadores a su guarida. Y aquí, mientras el director de la obra le pide a Dolores (como él la llama) que use a sus ninfas para seducir a cazadores, Quilty, el autor de la obra, vuelve a aparecer otra vez en la penumbra con el profesor.

-“Bruja, ¡conviértete en una bruja!”- le insta el director de la obra a Dolores. Tras estas palabras, pasamos una vez más a la voz en off de Humbert, confesando(nos) lo que cada vez va siendo más patético: “A medida que crecía su indiferencia a mis caricias, me acostumbré a comprar sus favores. Nunca supe dónde escondía el dinero; estaba convencido de que lo guardaba para escapar de mí”. Esta frase es la banda sonora a una escena que, puede que sea la que más llame la atención del espectador, por inesperada y por no aparecer en el libro; una escena “en azul” en la que los dos desnudos, en la cama, libran una batalla por unas monedas, y en la que Lolita incluso muerde a Humbert, llegando este a exclamar: “No puedes hacerme esto, no puedes hacerme pagar ahora”. Lolita ha pasado ante nuestros ojos de nínfula a prostituta.

Como contrapunto, la siguiente escena nos resulta patética por contraste, ya que el claustro de profesores le dice a Humbert que “es una niña encantadora, pero esta fase de su desarrollo sexual parece que le crea problemas, ¿no lo ha observado usted, reverendo? (…) La impresión que produce es que a sus catorce años, Dolores siente un morboso desinterés por los asuntos sexuales”. La directora del colegio le pide a Humbert que, ante tal situación, alguien de la familia, por ejemplo él, ya que es el padre, le debe instruir en el proceso de reproducción humano. Esta escena resulta bizarra por la desinformación del profesorado y la información de Humbert (y del espectador).

La falsa clama que sobrevolaba toda la película desemboca en escenas donde la contención explota y cae por su propio peso; los dos explotan echándose en cara todo lo que llevaban guardado. En verdad puede que la insolencia de Lolita al faltar a las clases y sus respuestas, junto a la expresión corporal…

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

…hayan hecho estallar a Humbert, tratando a Lolita mal. No hace falta describir lo que simboliza la leche encima del labio de Lolita… Ella también le provoca llamándole “señor” y “pervertido”. “Cualquiera intentaría escapar de ti”, le dice tras pedirle él que le diga dónde guarda el dinero que tiene para escapar. “¡ESE DINERO ME LO HE GANADO!”, grita Lolita. La respuesta de Humbert es abofetearla. A Humbert le incomoda que ella le diga (recuerde) que le ha dado ese dinero tras un acuerdo. “Adelante, mátame como mataste a mi madre”.

Lolita escapa ante la mirada de Humbert, que la busca desesperadamente bajo la lluvia, escena digna de una película romántica: chica escapa, chico busca a chica bajo la lluvia, chico encuentra a chica, ¿final feliz?

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Efectivamente, Humbert encuentra a Lolita en una cafetería, llamando por teléfono; parece la femme fatale de una película de cine negro, tan sólo difiere en el detalle de que en vez de una copa ella prefiere una gaseosa con helado y doble ración de chocolate. Y ante la mirada de perrito mojado de Humbert, Lolita alarga los tiempos, sorbiendo la gaseosa con molesta sonoridad. Sabe que tiene la sartén por el mango. Y al fin sabemos la respuesta de Lolita, gracias a que Humbert lo cuenta (¿al jurado? ¿a nosotros?): “Y, ¿saben cuál fue su respuesta? ¿La que me había desdeñado, la que se había burlado de mí, la que sólo unas horas antes había planeado dejarme? Me dijo que quería irse de Bearsley inmediatamente, que quería hacer otro viaje, pero que ella elegiría el destino. ¿Accedió Humbert a su petición? Claro que sí. Seguí mi destino con gratitud”.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

¿No nos recuerda esta imagen a la típica escena de película romántica?

Lolita le pide a Humbert que la lleve a la cama tras quitarse la camisa lentamente para él. El profesor tiene los ojos llenos de lágrimas, no sabemos si de emoción o porque intuye que el final de todo está cerca, pero se nos aparece un hombre absolutamente devastado por los sentimientos y en manos de los caprichos de Lolita.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Ya el viaje que emprenden nos anticipa algo: la voz de Quilty en un anuncio de la radio; su voz aparece en medio de Lolita y Humbert. Sí, Quilty ya ha aparecido, y de hecho, Humbert nota su presencia, la presencia de alguien que les sigue. ¿Y qué hace Lolita mientras Humbert expresa su preocupación?

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Se come un plátano en una actitud bastante sugerente. Como sugerente y familiar nos resulta el siguiente gesto de Lolita:

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Se pinta los labios, quiere parecer mayor. De hecho, a lo largo de este viaje la vemos con los labios siempre pintados. Se paran en una gasolinera y el profesor se prueba unas gafas de sol mientras ve a través de la ventana cómo Lolita habla con un hombre; Lolita se ve feliz, parece que conoce a ese hombre ya que sus gestos son de complicidad.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Pero para el pobre Humbert esta escena se nos va a convertir al público en algo tragicómico, ya que la etiqueta de las gafas de sol y el ventilador van a hacer que Humbert no pueda ver bien la escena que está pasando delante de sus ojos.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Humbert, muerto de celos, le pregunta a Lolita sobre lo que le ha dicho ese hombre, y ella, en su tónica habitual, tan solo canta la canción retransmitida en la radio. Cuando Humbert la apaga, ella sigue cantando, y la última palabra de la canción que pronuncia es “temptation”. Sí, tentación. “Le dije: eres demasiado joven como para entender que la gente puede abusar de ti”. Lolita le contesta con un tono cargado de ironía “no me lo puedo creer”. Claro que lo sabe, primero porque Humbert abrió la vereda de esos abusos, pero ahora mismo, no lo puede ver, no lo puede concebir.

Cuando se dispone a apuntar otra vez la matrícula, ya que va cambiando de coche, se da cuenta de que Lolita ha cambiado los números, los ha falseado para evitar que Humbert denuncie a Quilty.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Humbert abofetea a Lolita y ella sale corriendo del coche. Puede que Humbert, a cada segundo que pasa, se esté dando cuenta de lo lejos que está ya Lolita de él. La deja en un hotel mientras él se va al barbero; ella le pide que compre plátanos, parece ser la fruta favorita de Lo. Cuando Humbert vuelve, se la encuentra con una camisa masculina, con la cara manchada de carmín… y con plátanos.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Lolita se encuentra mal y se queda la noche ingresada en el hospital. Al llamar a la mañana siguiente para saber su estado, le dicen que le han dado el alta y que se ha ido con su tío. Ya está. Lolita le ha dejado. Se va al hospital en pijama, desesperado. Pero cuando ve a la policía acercarse, se da cuenta de que él también puede ser juzgado por el mismo delito. Y a la vez que se disculpa iba entendiendo que Lolita se había ido para siempre. Ha sido el último en enterarse, y así lo dice en voz en off, así nos lo cuenta, mientras vemos la búsqueda que llevó a cabo para localizarles: “Para ustedes que ya saben quién era, debe ser difícil entender mi desconcierto, o quizá crean que son imaginaciones mías. Quizá consideren imposible que pueda haber otra persona como yo, otro loco enamorado de las nínfulas que nos hubiera seguido por las enormes y horribles llanuras. Bien, pues tienen razón. Desde luego, no había otro como yo”.

Ya solamente le quedaba aceptar su soledad, que queda aún más evidente al limpiar el coche de todos los chicles que Lo iba pegando, de todos los envoltorios de chocolatinas que se había ido comiendo. Todo eso que le encantaba a Humbert.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Tres años después, Humbert recibe esta carta de Lolita, aunque como ella misma firma, ya es Dolly, ya se ha convertido en una mujer casada y casi en madre. Ya no será Lolita nunca más. “Querido papá, ¿cómo anda todo? Me he casado, voy a tener un hijo; creo que nacerá hacia Navidad. Es difícil escribir esta carta: me estoy volviendo loca porque no tenemos dinero como para pagar nuestras deudas y marcharnos de aquí. A Dick le han prometido una buena colocación en Alaska. ¿Sigues enfadado conmigo? Por favor, mándanos un cheque, podemos arreglarnos con 300 o 400, o incluso menos. Cualquier cosa nos vendrá bien. He pasado por muchas penas y privaciones. Esperando verte, Dolly. Señora de Richard….”. No, el nombre no es el que buscaba. Es otro hombre.

Humbert va a ver a Dolly, como ahora se hace llamar. Ya no es la chica esplendorosa y coqueta que conoció. Ahora es una mujer ajada para la edad que tiene, mal arreglada y embarazada.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Humbert le pregunta si el chico que está fuera es su marido, y ella le contesta que si le llama. Humbert le dice “no, no es a quién busco”. Parece que Humbert tenía la esperanza (o el miedo) de que se hubiera casado con Quilty.

-¿No es quién?-le pregunta Lolita.
-Ya me entiendes-le contesta el profesor.
(…)
-¿De verdad no lo sabes?-le pregunta Lolita.

Humbert abre los brazos con gesto de “me rindo”.

-Por Dios, papá, fue Quilty. Fue Clare Quilty (…) Él ha sido el único hombre que me ha vuelto loca de verdad-le cuenta Lolita.
-Y yo, ¿qué?-le pregunta Humbert.

El silencio de Lolita es más revelador que cualquier palabra.

-Todos sabían que le gustaban las niñas. Las filmaba en su mansión, pero yo no quería hacer aquellas cosas-le dice Lolita.
-¿Qué cosas?-le pregunta Humbert.
-Dos niñas y dos chicos, o no sé, tres o cuatro hombres- Lolita cuenta cosas realmente escabrosas, y que al negarse a participar en aquello, la echó, porque según ella “yo sólo le quería a él”. Parece que Lolita se enamoró verdaderamente de Quilty, pero que su perfil era el del puro pederasta, al contrario de Humbert, que se enamoró de Lolita, de su frescura e inocencia.

“La miraba, y con la misma certeza que sé que un día he de morir, supe que la amaba más que a nada que hubiera visto o imaginado en la tierra. Hacía mucho que sólo era el pálido reflejo de una nínfula, pero yo amaba a esta Lolita pálida y sucia y con el hijo de otro hombre en su vientre. Se estropearía y se echaría a perder, me daba igual, yo me seguiría volviendo loco de ternura ante la simple visión de su rostro”

Aquí Humbert se nos aparece como ese San José bíblico, aceptando a la mujer que ama a pesar de no esperar un hijo suyo. Aquí su resignación y su inconmensurable amor hacia Lolita nos enternece, y expresándolo resulta a la par patético e irresistible. Pero Lolita, esta Lolita que vemos ahora, poco o nada tiene que ver con la primera que conocimos, con esa Lolita que se sentaba frente a la nevera a comer yogurt.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Y ahora presenciamos uno de los diálogos más importantes de la película, en el que Humbert se desnuda para Lolita y para nosotros, convirtiéndose en un ser vulnerable. ¿Puede haber acaso declaración de amor más bonita que esta? Seguramente sí que la hay, pero más desesperada no:

-Lolita, desde aquí a ese viejo coche que tan bien conoces hay unos 25 pasos. Da esos 25 pasos ahora conmigo.
-¿Me dices que nos darás dinero si voy a un motel contigo?-le pregunta Lolita.
-No, no. Te digo que te vengas conmigo y mueras conmigo y hagas de todo conmigo.
-Tú estás loco.
-Te daré el dinero aunque rehúses.

Lolita no se lo puede creer cuando le entrega un sobre con 4000 dólares. Intenta acariciarle la cara, pero Humbert le dice: “Si me tocas me muero”.

-Dime si hay alguna posibilidad de que vuelvas conmigo.
-No, cariño, casi preferiría volver con Clare. -Esta frase suena a sentencia, y de hecho, puede que la sentencia más dura que vaya a sufrir el profesor.

Un lloroso Humbert se acerca a la puerta, muerto de dolor.

-Lo, ¿me podrás perdonar lo que te he hecho?- le pregunta a Lolita.

Ella sólo le puede decir al perro “despídete de mi papá”. La sentencia ya está firmada.

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Humbert quiere retener la imagen de Lolita tal y como él la recuerda, con la ropa que llevaba el día que se despidió de él con un efusivo beso antes de irse al campamento. Antes de que la madre de Lolita se muriese y empezara esa aventura por carretera que los llevaría a un destino final que está muy cerca.

“Damas y caballeros del jurado. Debo decir que lamento todo antes de la despedida, pero no lamento nada de lo que ocurrió después”. Esta es la introducción que nos adelanta todo lo que va a pasar a continuación. El principio del fin de la historia. La venganza y la redención para… ¿Lolita? ¿Humbert? Un final que se asemeja al fotograma de una película de terror:

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Sentado al fin frente a Quilty, Humbert le pregunta:

-¿Recuerda a una niña llamada Dolores Haze? Yo soy su padre- al pronunciar la palabra “niña” se para levemente, puede que por el último recuerdo que tiene de ella o porque para él no era una simple niña, era su nínfula.

Lo que sigue a continuación es el patetismo llevado al extremo: un Quilty diciéndole que no le pudo proporcionar placer porque es impotente y un Humbert preguntándole que si prefiere que le ejecute de pie o sentado.

-Admita que usted nunca fue un padrastro ideal; yo no fui la que obligó a su pequeña protegida a seguirme, sino que fue ella la que me pidió que la llevara a un hogar más feliz- le confiesa Quilty.

Intenta sobornar a Humbert con niñas, con todas las niñas que quiera, incluso con asistir a ejecuciones. Pero Humbert no es como Quilty y además, está dispuesto a acabar con su vida.

Lo que impera en esta secuencia es el patetismo: Quilty, desnudo, intentando huir, tocando un piano que se toca solo, resaltando lo impostado de todo en su vida; Humbert intentando matar a Quilty, pero ni apunta bien ni sabe cargar debidamente el revólver.

Al disparo mortal, Quilty, en su último segundo de lucidez antes de morir le dice: “Señor, no debería seguir por este camino”.

Ya está, Humbert acaba de firmar su sentencia. Volvemos al principio de la película, y ya entendemos la perturbación de Humbert ante el volante, los bandazos, el revólver, la sangre, la horquilla de Lolita… Perseguido por la policía se adentra en un prado de vacas. Curiosa imagen esta, de una vaca cruzándose delante de Humbert:

"Lolita"(Adrian Lyne, 1997)

Humbert se refirió una vez a la Señora Haze como “vaca”. Parece que esta vaca fuera la madre de Lolita reencarnada , apareciendo justa ahora, a punto de ser capturado por la policía tras haber vengado a Lolita.

Humbert se para a escuchar: son niños jugando. Humbert reflexiona: “lo que entonces oí fue la melodía de niños jugando, sólo eso. Y no era la ausencia de Lolita junto a mí lo que me conmovía desesperadamente, sino la ausencia de voz en ese coro”.

Al terminar la película y aparecer sobre fondo negro el final de Humbert y Lolita no nos puede parecer más desgarrador: Humbert muere de un ataque al corazón en prisión. Su punto más débil, su corazón, ya no puede soportar la ausencia de Lolita y se para.

Lolita muere durante el parto, al mes siguiente, el día de Navidad. El día en que Papá Noel trae regalos a los niños, Lolita no puede soportar el paso a la adultez y muere al dar a luz.

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  • Muy interesante y profundo análisis de una película cautivadora (y en mi opinión, aunque me suponga un fusilamiento al amanecer, superior a la de Kubrick). El análisis de la simbología que hay detrás (y que muchas veces escapa al espectador) es sobresaliente. Recomiendo las escenas eliminadas que se pueden visionar en Youtube, pues alguna (otras son reiterativas) añade contenido a las reflexiones de Humbert y a ese sentimiento tan dual (y tan destructivo) que siente hacia Lolita (miradas, silencios, desesperaciones…)
    Sólo añadir una pregunta: Cuando Irons comenta que Lolita no tiene dónde ir… ¿No se referirá también a él mismo, en cierto modo?
    Repito: Magnífico análisis de una “Lolita” que engancha fotograma a fotograma. Conmovedora y perturbadora a la vez.

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