“Scandal” (segunda temporada): La curiosidad mató al gato

Perdimos la oportunidad de ver una serie digna sobre un supuesto irresistible: Un presidente de los Estados Unidos que tiene una amante secreta. La historia parecía seria, el ritmo parecía el adecuado y el desarrollo prometía ser idóneo para llegar donde la realidad no llegaría nunca. La temporada 2 lo ha desbaratado en gran medida.

Cuando escribimos aquí sobre Scandal” tras ver la primera temporada, una corta de apenas 7 capítulos, nos admirábamos al descubrir la oportunidad de asistir al comienzo de una serie que podría poner en escena la hipótesis de un presidente de los Estados Unidos con una amante secreta. Se trataba de un escenario irresistible que recordaba demasiado a la realidad y a la ficción como para no suscitar un enorme interés, sobre todo teniendo en cuenta que, tal y cómo se disponían los personajes sobre la trama, parecía que iba a ser tratado con cierta seriedad. Sin embargo, lamentablemente, la serie tomó, a partir de su segunda temporada, un rumbo diferente, quizás para apuntar a “escándalos” aún mayores que el propuesto, traicionando a la propuesta original de su primera temporada y, desde luego, apuntando a alturas narrativas para las que no ha demostrado dar la talla.

Estas carencias, además, no se han dejado ver en un solo área, sino en varios de ellos simultáneamente. En primer lugar, el equipo artístico parece no estar a la altura de la seriedad de cuanto se narra, que precisa en todo momento de una prudencia, un drama y un gesto de responsabilidad permanente que, “Scandal”, simplemente, no logra. La serie trata de narrar con coherencia pero no alcanza la seriedad de estado que la gravedad de lo contado requeriría, y el nivel artístico de sus intérpretes no ayuda a alcanzar semejantes alturas. O quizás, estas carencias interpretativas sean, sin embargo, el techo máximo alcanzable cuando se combina una dirección anodina con un guión poco serio. Los referentes de series de tv de carácter político que tenemos en mente sí llegaron a construir, cuando la trama lo

requería, una altura presidencial digna, pero Scandal” parece morder más de lo que puede masticar, tanto en materia artística como de guión.
En todo momento, da la sensación de que la historia no está trasladando a la audiencia la seriedad de lo que se cuenta, como si se tratara de un escenario a escala en un mundo al que se le ve demasiado “el cartón”.

Adicionalmente, hemos de decir que la prolongación de la segunda temporada hasta los 22 episodios, aunque proporciona más tiempo y espacio para desarrollar las historias, no ha terminado sentándole bien a la narración final. Y aunque los últimos episodios de la temporada sí consiguen por fin poner en marcha la maquinaria pesada que tanto esperábamos, llega tarde… y sólo después de perderse en innumerabless meandros de segunda sin demasiado sentido para la historia. Visto lo visto, ojalá se hubiera limitado al sentido de su primera propuesta, la de la primera temporada, y hubiera desarrollado la historia dentro del cerco de aquella sin aspirar grandes teorías de la conspiración para las que no ha terminado estando preparada.

En el lado del “haber”, eso sí, colocamos el haber desarrollado más algunos personajes cuyo potencial ya sospechábamos en la primera temporada, como el de “Hack”, cuyo pasado termina compitiendo en interés incluso con la trama principal.

En definitiva, una promesa que termina en decepción y que tras sus curvilíneos bandazos narrativos termina la segunda temporada prometiendo para la tercera apenas un poco más de… lo mismo. No es que la promesa fuera de primer nivel, pero sí esperábamos mucho más de una serie que ha terminado poniendo en escena tantos graves episodios y conspiraciones sin la dignidad necesaria, que todo parece una historia de juguete sin trascendencia ninguna. Quizás la lección a aprender sea algo tan sencillo como que cuanto más alta es la ambición de una historia, más sólido debe ser su guión, pues también es mayor el riesgo de caer en el ridículo de sentir que la historia no trasciende.

Cojamos aire para resistir una tercera temporada que promete aún más meandros a los que aguanten.

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