“The Favourite” o cómo ganar y perder un Lanthimos al mismo tiempo

Que fuera necesario, conveniente o siquiera buena idea, es algo que habrá que dirimir más tarde, pero que “The Favourite” es ya no solo una de las películas del año, sino también una de las películas mejor recibidas del director griego Yorgos Lanthimos, es un hecho. Así lo atestiguan las magníficas valoraciones críticas que ha obtenido, así como la generosa afluencia de público que ha acudido a ver el film allí donde se le ha dado la oportunidad, a pesar de tratarse de la película de un director griego que hasta hace no mucho oscilaba entre ser un desconocido, una pieza de consumo para el esnobismo, y un director de obras al límite de lo experimental o lo distópico solo recomendable para una cierta franja del público. El cambio se venía gestando desde hace película y media, pero Lanthimos necesitaba un título que hiciera oficial el cambio de estatus, que le asentara en el plano del cine mainstream y que le permitiera sacudirse las limitaciones cinematográficas que, sin embargo, hasta ese momento, le habían servido de taburete para impulsarse y hacerse un hueco en el escenario cinematográfico internacional. “The favourite” es ese punto de inflexión, el momento de la verdad para este nuevo Lanthimos al que todo hace pensar que asistiremos a partir de ahora. La pregunta que nos hacemos es, ¿qué ganamos y qué perdemos con el Lanthimos de “The favourite” en comparación con, por ejemplo, el Lanthimos de “Canino” o “Langostha”?

 

Lanthimos y la nueva ola de cine experimental griego

Y es que la cinematografía de Lanthimos es una de las piezas más fundamentales del cine aportado por eso que aquí propondríamos considerar la nueva ola de cine experimental griego. Hablamos de un conjunto de films y de realizadores que han utilizado el cine para lanzar toda clase de reflexiones acerca de las relaciones humanas, la sociedad, la muerte, la crisis económica, etc., y todo ello empleando narrativas en el límite de lo convencional, así como una estética bastante desnuda por entero dedicada al despliegue de sus más  inesperadas e irresistibles premisas. En un ejemplo paradigmático del cine de Yorgos Lanthimos, “Langostha” (2015), el director horadaba los cánones amorosos por su cancerígena manera de convertirse en imposición colectiva sobre la individualidad del sentir de cada uno, y todo mediante el enfermizo despliegue de una visión distópica con la que ensayar en qué se convertiría la vida cuando uno termina en los márgenes de semejante canon. Otro ejemplo, quizás aún más escorado, sea la película “Boy eating the bird’s food” de Ektoras Lygizos, cuya narración cobra un sentido extraordinario cuando sus elementos, un grupo discreto de personajes, lugares y objetos, se inscriben en el contexto de la crisis económica griega y las penurias que han alcanzado a la población durante los últimos años. En las antípodas del documental, este cine griego ensancha la ficción más allá de su representación convencional para disponer escenarios extraordinarios en donde hacer precipitar por exceso las partículas que componen “lo normal”, y así entender lo preocupante de su dirección contemporánea. Así, pareciera que aquella otra narrativa convencional y su capacidad para presentar reflexiones, hacer preguntas o plantear temas, es decir, el cine que mayoritariamente se consume en las salas de cine, se quedara corta para el cine de un país que ha atravesado momentos dramáticos, hasta el punto de que solo en visiones distópicas paralelas de la realidad pudiera llegar a cocinar las sensaciones y las inquietudes que desea llevar a la pantalla. Dicho de otra manera, como si de una vivencia psicosociológica tan intensa como la alcanzada en el marco sociopolítico griego, emergieran preocupaciones y alertas más afectadas, y fuera de ellas de donde partieran estas historias a veces tan clarividentes. Juntos, todos estos filmes y sus directores (Lygizos, Avranas, Athina Rachel Tsangaris, etc.) han cobrado la forma de un movimiento, cuyo gran líder, siquiera por su éxito “industrial”, ha terminado siendo Yorgos Lanthimos.

"Attenberg" (Athina Rachel Tsangaris, 2010)

“Attenberg” (Athina Rachel Tsangaris, 2010)

Y esta venía siendo, en efecto, la inercia cinematográfica de este director que ya desde películas como “Alps” (2011) venía experimentando incluso con formas de dar esquinazo a la muerte. Durante un tiempo, “Alps”, “Canino” (una de sus películas iniciales más celebradas) o “Langostha” configuraron no tanto un director de historias, no un director de emociones, sino un director de visiones distópicas radicales de las que, sin embargo, el espectador siempre podía “traerse algo” de esa historia lejana e improbable que aplicara en su vida íntima; como si del experimento radical se desprendiera un saber, un sentido posible, siquiera una noción o una sensación de alerta que cada espectador pudiera convertir en un elemento de valoración de la realidad circundante, ya fuera en materia de relaciones humanas, de relaciones políticas, etc. Mediante este mecanismo, Lanthimos nos hablaba de nosotros, o mejor, de una periferia inmediata a nosotros de la que, sin embargo, a menudo no éramos conscientes, y que debíamos incorporar en nuestra forma de percibir la vida contemporánea y sobre todo los cambios que se van produciendo.

"Alps" (Yorgos Lanthimos, 2011)

“Alps” (Yorgos Lanthimos, 2011)

Esta inercia de films estaba ya forjando un perfil de director tan determinado, tan eficaz en el examen de sus premisas distópicas, que cabía preguntarse en ocasiones si no se trataba más de un compromiso que había encontrado en el cine la mejor forma de reflexionar y ensayar sus distopías, que de un director de cine al uso; de hecho, podríamos preguntarnos si realmente se perdería tanto si aquellas películas distópicas de Lanthimos se adaptaran a otros formatos como el teatral o la novela. La potencia de las premisas hacía hueco a la posibilidad de que Lanthimos hubiera elegido el cine como pudiera haber elegido cualquier otro formato que se le brindara por sus recursos.

Sin embargo, el éxito internacional de Lanthimos iba a proporcionarle una vida cinematográfica más allá de este grupo de experimento griego, y que iba a mostrar efectos ya en su siguiente película, “El sacrificio de un ciervo sagrado” (2017), ya contando con un múltiple reparto internacional (nada menos que Nicole Kidman y Colin Farrell en los papeles principales) y con un diseño de producción de mayores proporciones. Lógicamente, el resultado ya no es un pequeña película de potente premisa como habían sido hasta ese momento, sino un híbrido perfecto entre dos formas de producción, una de su etapa anterior, y otra de la que iba a ser su próximo paso, que parecieron trenzarse de una forma algo incómoda y que dio como resultado una película que sin entrar en el mainstream internacional, parecía estar empezando a dejarse llevar hacia él progresivamente. Puede que su inclasificable dirección de actores, su extraña puesta en escena o su conexión latente con el mundo del mito griego anclara la cinta a unas coordenadas más clásicas de su filmografía, pero era evidente que algo ya estaba cambiando. De hecho, a pesar de la peculiaridad de la sensación de su visionado, seguramente producido por la frialdad de los personajes (mano directa de Lanthimos, no cabe duda), no cabe concebir el film como distópico, signo que trasluce el cambio que se iba a producir.

Y a todo esto, Lanthimos presenta “The Favourite”.

 

“The Favourite” como fin y como comienzo

Aparentemente desconocedora del pasado de Lanthimos, “The Favourite” irrumpe eclipsando sus orígenes, distraída por haber sido tan bien recibida por su calidad intrínseca, como objeto de cine internacional sin más contexto que sí misma. Si en “El sacrificio de un ciervo sagrado”, la potencia interpretativa del tándem KidmanFarrell parecía no estar a pleno rendimiento en el ejercicio que Lanthimos proponía, aquí sucede todo lo contrario: en el centro de la narración se sitúa el desparpajo de una Emma Stone venida a más por su reciente escalón llamado “La La Land” (2016), y el de Rachel Weisz, bien alineada con el exceso que convoca su propio personaje (y que además ya había trabajado con Lanthimos en “Langostha“). Son, sin duda, ingredientes de una potencia industrial, externa a Lanthimos (por más que no sea fácil liderarla y ponerla a trabajar para el film), que sumados a la potencia increíble de la estética portentosa e innovadora de esta película, dan como resultado una potente producción con suficientes atractivos para atraer a la audiencia incluso sin atender al hecho de que se trate de una cinta de Lanthimos.

"The Favourite" (Yorgos Lanthimos, 2018)

“The Favourite” (Yorgos Lanthimos, 2018)

Lógicamente, ahí es donde comenzamos a perder un cierto Lanthimos. Perdemos al potente director de una fórmula hecha con la que nos había sorprendido varias veces forzando la realidad. Perdemos un estilo de narración que venía retratando bien en qué se había convertido la cinematografía europea más contemporánea, que se había hecho muy consciente de los recursos sintácticos del cine y que había decidido ponerlos a trabajar para crear atmósferas, realidades y sub-realidades extremas en donde encontrábamos elementos inesperados. Pareciera que hemos perdido la mano visible de un director de los que interviene para asegurar un discurso muy personal, una forma de dirección que es protagonista, y que se ve más cuanto más pequeñas son sus producciones. Desde el punto de vista del espectador de Lanthimos, no del espectador mainstream, para el que este efecto aplica escasamente, el film responde a una lógica más convencional, justo lo que NO se buscaba en este director, y si no fuera porque la diversión que acompaña al visionado nos resarce de la pérdida, y sin duda esto se puede afirmar alto y claro, lo que la película NO es habría pasado más violentamente al centro de los comentarios.

Lo que “The Favourite” nos ha regalado es un director de cine abierto que pareciera haber dejado atrás su condición de ejecutor de un modelo preestablecido. Tenemos un Lanthimos más libre, capaz de enfrentarse a toda clase de historias, relatos que seguramente nunca pensó que llevaría a la pantalla, o siquiera que deseara hacerlo, pero que se ha encontrado por el camino, probablemente como resultado de un proceso de maduración personal y de cineasta que le ha puesto en dirección a los universales humanos. Y si no ha llegado del todo, “The Favourite” nos hace pensar que el cambio está en marcha. Lanthimos parece haber prescindido de esa pizarra con líneas horizontales imborrables pintadas, esas guías que facilitaban la caligrafía pero que imponían un formato, aquellos modelos distópicos con los que nos sorprendió, y ahora se atreve con una pizarra en blanco, que es una pregunta hacia su propio interior y para cuya investigación antropológica va a contar con todo el apoyo de una industria cinematográfica internacional que no esperaba el éxito de “The Favourite”. En esencia, un Lanthimos sin corsé que ha ampliado el campo de batalla, que cuenta con mucho más recorrido por delante y que se ha convertido en uno de esos directores cuyas películas merece la pena esperar una por una.

Así, es posible que “The Favourite” alcance a mostrar el cambio del que “El sacrificio de un ciervo sagrado” solo habría sido capaz de mostrar su lidia, su progreso. No sabemos hacia dónde nos llevará la próxima película de Lanthimos (aunque el hecho de saber que será una serie de TV, “On becoming a God in Central Florida”, nos da una pista), si será una reacción contra el cambio, una reivindicación de raíces, o si será el comienzo de un periplo más industrial en el que esperamos que siga, al menos, como hasta ahora, añadiendo siempre un ingrediente innovador, un elemento reconocible por irreconocible, inesperado, que nos recuerde la potente capacidad creativa de este director tan distinto. Así, con “The Favourite” ganamos y perdemos un Lanthimos al mismo tiempo, aunque esperamos que lo perdido quede aún incorporado e integrado en lo ganado, como un patrimonio más, un “haber pasado” de cuyo resto se extraiga el material de lo mejor de lo nuevo. Lo que no se puede negar es que hacía tiempo que no teníamos tanta curiosidad por los próximos pasos de un cineasta, y que eso es algo valioso para el cine mismo.

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