Manual para el análisis del compositor reciente: “Beetlejuice” y Danny Elfman

La banda sonora de “Beetlejuice” continúa siendo la creación más ingeniosa y significativa de Danny Elfman, tanto por su frescura y adecuación a la película como por su relevancia estilística en las producciones posteriores del compositor.

 

Betelgeuse” es el nombre de la novena estrella más brillante del firmamento, la primera cuyo diámetro pudo ser medido con exactitud.  Muestra un estado evolutivo avanzado; ha agotado la etapa más importante de su vida, llamada “secuencia principal”, y ha aumentado su tamaño hasta las dimensiones colosales que la caracterizan hoy en día. Podríamos decir, por tanto, que se trata de un gigante difunto el cual, precisamente por esta condición de no-vivo, resalta tanto por su monstruosa apariencia como por su imprevisibilidad, puesto que en cualquier momento puede saltar por los aires y llevarse por delante cualquier resquicio de equilibrio que haya podido sobrevivir a su presencia.

Parece incuestionable, por tanto, la idoneidad del nombre de Beetlejuice, protagonista de la película homónima dirigida por Tim Burton, probablemente la más fresca, original y audaz de toda su carrera. Este grotesco y estrambótico no-muerto alborotará la reciente llegada al más allá de los Maitlands, una rural y apacible pareja de Connecticut fallecida en accidente, cuyo único deseo es deshacerse de los excéntricos Deetzes, estrafalarios neoyorquinos nuevos propietarios de su casa. Estrenada en 1988, este segundo trabajo del tándem Tim Burton-Danny Elfman fue un éxito absoluto de taquilla, catapultando a sus creadores a la primera división de la industria Hollywoodiense.

La banda sonora que Elfman compuso para esta película enmarcó de forma tan impecable la atmósfera tétrica y oscura, a la par que cómica y grotesca, que Burton necesitaba para su obra, que hoy en día no se puede abordar un análisis de esta película sin prestar suma atención a su banda sonora. Si bien Burton y Elfman ya habían colaborado en “La gran aventura de Pee Wee”, donde habían descubierto sus intereses artísticos comunes, sería en “Beetlejuice” donde su simbiosis creativa llegaría a su punto álgido.

La música de “Beetlejuice” se caracteriza por la exaltación de lo grotesco, lo morboso, lo circense y lo caótico. Temas y leitmotivs recurrentes, relacionados con personajes y situaciones al estilo más puramente wagneriano; desarrollados y entremezclados de forma desconcertante y trastornada, que nos introducen fulminantemente en el contexto sombrío a la par que cómico de la película. Las reminiscencias del grupo de rock “Oingo Boingo”, del cual Elfman era compositor y vocalista, se presentan en forma de cuerdas caprichosas y bajos potentes que le valieron numerosas críticas en la época del estreno, las cuales identificaban al compositor con un extraño espécimen musical, sin estudios reglados y  excepcionalmente heterogéneo.

Bitelchus

La singularidad de esta banda sonora queda perfectamente ejemplificada en los dos temas musicales que caracterizan al extravagante protagonista: el “bioexorcista” Beetlejuice. El primero se caracteriza por un uso percutido del piano en su registro grave, creando recursos mediante la repetición hipnótica de octavas por intervalos de terceras menores los cuales, si bien ya habían sido tímidamente esbozados en “Pee Wee”, llegan aquí a su punto de máxima expresión, otorgando al tradicionalmente dulce, familiar y afable instrumento, una actividad frenética y casi diabólica que parece dotarle de vida. En seguida le seguirán la percusión y los instrumentos de viento-metal más graves (trompas y trombones), favoritos de Elfman, que confieren al protagonista el talante carnavalesco y circense que le identifica. La utilización de cuerdas “fiddle” (violines y violas tocados al estilo “folk”) nos recuerda el origen rural tanto de Beetlejuice como de los Maitlands, en contraposición con el estilo urbanita y refinado de los estrafalarios Deetzes y entroncando directamente con la tradición del viejo oeste americano. El anuncio de Beetlejuice que aparece en la TV, al más puro estilo cowboy, no hace sino reforzar esta utilización de la música country para definir a los personajes.

Los coros comienzan a utilizarse de forma sistemática en esta película, especialmente en los temas relacionados con el “Manual para Difuntos Recientes” y piezas relacionadas con el más allá, si bien modificados electrónicamente para conferirles una apariencia más terrorífica. Las voces humanas serán, probablemente, el instrumento más representativo de Elfman en sus producciones posteriores, llegando a su punto culminante en “Edward Scissorhands”.

El segundo tema de Beetlejuice, “Obituaries”, un tango grotesco cargado de glissandi ascendentes, explota el recurso “fiddle” y construye una melodía de viola que representa el lado más seductor y perverso del protagonista. Es interesante comparar el manejo de Elfman de los instrumentos de cuerda en esta pieza con el que desarrolla en “Travel Music”, melodía amable y saltarina que acompaña el viaje en coche de los Maitlands. Esta afable pieza irá oscureciéndose a medida que la pareja va acercándose a su muerte, introduciendo progresivamente motivos “fiddle” que nos alertan de la pronta irrupción de Beetlejuice, hasta llegar a la entrada del acompañamiento musical de órgano de tubos que precede a la muerte de los Maitlands, recurso tradicional del cine de terror desde las películas de la productora Hammer en los años ‘60.

No obstante, si hay un rasgo que caracteriza la banda sonora de la película en su totalidad, así como el toque humorístico que la define, es la inclusión de música calipso: cuatro canciones de Harry Belafonte que la producción ayudó a popularizar entre las generaciones más jóvenes. Su utilización en la escena más divertida de la película, la posesión de los Deetzes por parte de los Maitlands, (introducida casi al final del rodaje por exigencias del estudio), en la secuencia final, y en otras escenas como música diegética,  vienen esbozadas en “Main Titles”, la música de los títulos iniciales originales de la película, donde Elfman insertó una cita de “Day-Oh”.

Este estilo de música caribeño y, en el caso de “Day-Oh”, relacionado con los cantos de trabajo de la población negra jamaicana, enlaza directamente con el ambiente de la Nueva Inglaterra profunda que Burton pretende retratar tanto en los Maitlands como en el propio Beetlejuice, en oposición a los  relamidos Deetzes.

La utilización de diferentes estilos y formas musicales es una constante en toda la película, la cual contribuye a la sensación de imprevisibilidad y caos que subyace al personaje de Beetlejuice. Además del empleo de los ritmos de tango y calipso ya mencionados, Elfman se vale de sonoridades cercanas al jazz de big band en la pieza “The Fly” que aparece en la escena de la mosca que servirá de merienda al protagonista; ritmos de vals para “Lydia discovers”, tema que acompaña el descubrimiento del ático donde se esconden los Maitlands por parte de la hija del clan Deetz; pop ochentero para “Girls, Girls!”, cuando Juno distrae a Beetlejuice haciendo aparecer un burdel enfrente de su tumba; e incluso ópera en la escena en que Lydia escribe su nota suicida al son del aria “Regnava nel Silenzio” perteneciente a “Lucia de Lammermoor” de G. Donizetti. Es de suponer que esta miscelánea estilística, perfectamente diseñada para contribuir a la desintegración del ritmo musical pretendida por Elfman, fuese uno de los obstáculos que encontrase el aclamado director de orquesta Lionel Newman quien, ante las diferencias de criterio musical que presentaba con Elfman, hubo de ser reemplazado por William Ross, más joven y relacionado con nuevas tendencias musicales, para obtener una ejecución orquestal más cercana a la intención del compositor.

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A pesar de esta amalgama estilística, la partitura de “Beetlejuice” presenta una notable coherencia musical gracias a dos elementos: la creación de temas y leitmotivs específicos para personaje/situación ya mencionados y, por encima de todo, la orquestación. Elfman contó con una instrumentación constante a lo largo de toda la película la cual, si bien es algo escasa (se echa en falta cierta potencia sonora en temas como “The Incantation”, durante el exorcismo de los Maitlands), crea un hilo conductor firme. Basada en la utilización salvaje del piano y las cuerdas, y la presencia constante de viento metal, la orquestación de la banda sonora se completa con una percusión densa, coros y sintetizadores. Los momentos mágicos y fantasmagóricos, más claramente vinculados al más allá, suelen musicalizarse de forma grácil y sutil; en ocasiones se utilizan técnicas texturales, con elementos atonales que escasean en el resto de la partitura, e instrumentos como el arpa, la caja de música, el clavicémbalo, los xilófonos y los vientos imitando a voces (como en “The Other Side”, durante la escena del encuentro con la sala de las almas perdidas). La cuerdas siempre preludian el regreso al mundo de los vivos y presentan dos vertientes: en su versión más amable se relacionan con la vida sencilla de los Maitlands antes de su accidente; en su versión “fiddle”, según hemos visto, representan al Beetlejuice más sugerente y la vida rural de Nueva Inglaterra mientras que, por otro lado, los metales graves entroncan con la faceta más grotesca, extravagante y circense del personaje. Al igual que manifestará en sus siguientes trabajos hollywoodienses, en general Elfman se decantó en esta banda sonora por una estructura mayoritariamente tonal, si bien desintegrando en muchas ocasiones las relaciones armónicas funcionales y sirviéndose en bastantes ocasiones de cromatismos casi atonales que acompañan a ritmos y percusiones potentes, como en el caso de la pieza “Beetle Snake”, cuando la serpiente en la que se transforma Beetlejuice intenta atacar a los Deetzes.

Dejando de lado el recurso de la repetición percusiva de notas y la utilización constante de metales, probablemente la pieza más representativa del desarrollo creativo de Elfman en producciones posteriores sea “The Incantation”, la cual aparece en su forma más brutal durante el exorcismo de los Maitlands y posterior aparición estelar de Beetlejuice.  Esta pieza es la primera incursión de Elfman en la grandiosidad musical que después explotará en partituras como “Batman” o “Alice in Wonderland”. La amenaza creada por un piano repetitivo y diabólico dará paso a un crescendo con órgano, arpa y coro que llegará a su punto culminante en la irrupción de Beetlejuice, con su tema musical más grotesco y amenazante. Los metales más graves y las resonancias agudas tienen cierta reminiscencia del Blaster Beam más oscuro de Jerry Goldsmith en Star Trek (1979).

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La banda sonora de “Beetlejuice” ha sido recientemente recopilada en versión extendida en “The Danny Elfman y Tim Burton 25th Anniversary Music Box“, una compilación de la música más representativa de las películas del tándem Burton-Elfman, la cual incluye material inédito inexistente en el CD que publicó Geffen en 1988. En esta nueva colección se mantiene el orden cronológico de las piezas y, si bien se prescinde de los cuatro temas de Belafonte que aparecen en la película, se añaden veintiún temas ampliados y/o completamente originales, entre los cuales se encuentran contribuciones vocales del propio Elfman en algunas piezas. Las adiciones más significativas son las  extensiones de las piezas más amables vinculadas con los Maitlands antes de su accidente, y algunas escenas de la película que suceden al aire libre. Sin embargo, el elevado precio del producto ha provocado que esta nueva presentación del material musical de Elfman no haya sido tan difundida como se esperaba.

Hace unos años Tim Burton declaró a la revista “Fotogramas”: “Beetlejuice es la única de todas mis películas que me ha dado esa sensación de ‘¡que se joda todo el mundo!’ El público no necesitaba cierto tipo de cosas; yo podía hacer lo que me viniera en gana y eso era estupendo”. Probablemente también Elfman compuso su banda sonora desde esta perspectiva; su visión del extravagante y cómico argumento, la tenebrosa y original estética y el sórdido mensaje de la película cuajaba a la perfección con aquella de Burton, y sólo podemos entender el conjunto de la película atendiendo también a su música. Por otro lado, podemos apreciar ya desde este momento temprano las características que definirán el estilo de Elfman en películas tan apreciadas como “Batman”, “Edward Scissorhands”, “Nightmare Before Christmas”, “Alice in Wonderland” y muchas más, siempre identificadas por un dinámico gusto por lo lúgubre, lo dramático, lo mágico y lo majestuoso. Recursos como la utilización constante de viento-metal, la reiteración de notas y motivos, la asociación de leitmotivs con personajes y situaciones, la utilización de coros y cajas de música y el desarrollo del modo menor musical se aprecian de forma constante en sus producciones posteriores. Lo gótico, lo fantasmal y lo morboso alcanzan su plenitud musical en este compositor y, concretamente, en la banda sonora de “Beetlejuice”, en la cual Danny Elfman alcanza el estado de maestro de la música asociada a imagen que le ha valido su reputación hasta nuestros días.

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