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John Williams: O de cómo convertir el sinfonismo en música popular

John Williams no sólo es el compositor vivo más famoso del mundo, sino también el que mejor ha sabido popularizar su obra musical hasta convertir sus melodías en imaginario mismo del siglo XX y del propio cine.

El cine más allá del mero artificio estético o del puro entretenimiento, entraña algo que lo diferencia de la pintura o la escultura en todas sus vertientes, ya que al menos yo, no puedo entenderlo sino como un conjunto de varias disciplinas artísticas como la escritura, la interpretación, el vestuario, la iluminación o la música.

Desde los comienzos de este arte, donde el infernal ruido de las máquinas de proyección hizo necesario el acompañamiento musical de las películas, mudas aún por aquel entonces, hasta hoy; la imagen y el sonido se han confabulado para hacernos sentir de las formas más inverosímiles, las sensaciones de realidad o ficción que con mayor o menor acierto el creador de la película quería transmitir.

Y buena parte de todas esas sensaciones de amor, terror, felicidad, tristeza, exaltación, desolación, pasión o repugnancia, han sido logradas por medio del acompañamiento de música e imagenes.

A mi modo de ver, el cine no puede entenderse sin música igual que no puede entenderse una tormenta sin truenos, un mar sin el viento o un encuentro sexual sin gemidos.

Asi las cosas para mí un compositor de bandas sonoras es un artista o creador al mismo nivel que un bailarín o un poeta.

Dejando clara cual es pues mi percepción sobre la música de cine, me apetecería comenzar por hablar del que para muchos es el compositor vivo más importante de música para cine, el señor John Williams y no es que lo diga yo, lo que por otro lado tampoco nada querría decir, sino el American Film Institute que sitúa en el lugar de honor de su lista de bandas sonoras más importantes de la historia su composición para “La guerra de las galaxias”.

Todos sabemos que encabezar una lista no es sinónimo de nada más que de estar en sintonía con una serie de personas y que el criterio de cada cual es subjetivo a la hora de valorar algo, pero para mí, esta lista si refleja otro dato que es muy fácilmente comprobable.

John Williams es el compositor vivo más conocido del mundo y quizá el que mejor ha sabido popularizar su obra más allá de los locos del séptimo arte.

Es cierto que no ha sido el único en conseguir ser tremendamente popular, ni entender la banda sonora como algo individualizable con respecto al todo que es una película, el ejemplo de ello podría estar en alguien muy ligado a él en sus comienzos como fue Henry Mancini: pero sí es la más fiel imagen de este fenómeno de traspasar el simple hecho de crear un acompañamiento musical de un film, ya que él al igual que otros como él han conseguido popularizar la música de cine hasta cotas inimaginables en otras épocas.

Star Wars con música de John Williams

Si algo hay que reconocerle por derecho propio es su capacidad de trabajo que se extiende ya por más de 6 décadas de la historia del cine y más de cien películas, lo que le convierte en representante  destacado de la composición de música para cine.

Las partituras más famosas de Williams suponen una vuelta a las composiciones orquestales de los ya míticos creadores de los años 40 que en las décadas de los 60 y 70 habían sido abandonadas para crear una imagen de nueva modernidad o de un nuevo realismo de lo cotidiano.

No es que no use sintetizadores o que no otorgue a sus temas una sensación co sino que su forma de acompañar la imagen se basa en la búsqueda de convertir algo simple en grandioso mediante la epicidad del sinfonismo y algo normal en algo cercano con el uso de los temas recurrentes (leitmotiv) para los personajes, objetos o situaciones.

Sin duda podríamos quedarnos con el John Williams de las letras en rodillo de Star Wars pero no sería justo quitarle el mérito de habernos infundido el terror a meternos en una playa, la adrenalina de correr en vagoneta delante de una enorme piedra de varias toneladas, el encogimiento de estómago por la masacre del holocausto judío, la capacidad de imaginar la comunicación con otros mundos a través de cinco notas musicales y principalmente la capacidad de volar más allá de nosotros mismos ya sea en una bicicleta con la luna de fondo, encima de un tejado con un violín o simplemente en la imagen de un adolescente oteando el horizonte ante la puesta de sol de dos estrellas.

Ecléctico por definición y en cine mucho más. Puedo ver de una sentada "Gritos y susurros" seguida de "Una jaula de grillos". Apasionado del cine musical desde "La calle 42" hasta "The Rocky Horror Picture Show" y capaz de emocionarme con las bandas sonoras de cualquier década y género desde las composiciones de Korngold hasta las de Giacchino pasando por Vangelis o Herrmann.

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