“El Hombre de Acero” (Superman 2013): ¿Otra oportunidad perdida?

Esta no era la idea. Los fans de la saga Superman, decepcionados tras “Superman Returns”, confiaban en que Christopher Nolan obrara el milagro de “Batman” y refundara la saga del Hombre de Acero. Sin embargo, el milagro no llegó.

Como ya hemos comentado largo y tendido en Código Cine, Christopher Nolan acertó extraordinariamente cuando cogió las riendas de “Batman”, una saga descarriada y defenestrada por culpa de los excesos cometidos en sus últimas entregas dirigidas por Joel Schumacher y con nombres como los de George Clooney, Alicia Silverstone o Arnold Schwarzenegger. Su “Batman begins” fue el flamante pistoletazo de salida para una completa refundación de la franquicia con un nuevo casting, una nueva estética, un nuevo guión, un nuevo estilo… y el impulso fue tal que aún le seguirían una de las mejores películas de superhéroes de la historia del cine (“El caballero oscuro”) y una tercera entrega adicional con muy buenas maneras. Y todo para contar la historia de un héroe sin poderes, Batman, en plena rivalidad histórica con Superman. El pique entre fans estaba servido y tras una anodina y decepcionante “Superman Returns: El Regreso” (2006), parecía que el único hombre capaz de repetir el milagro y retomar la saga Superman para hacer de ella una historia digna y seria era… Christopher Nolan.

Y es por este motivo por el que “El hombre de acero”, la nueva película de Superman, había levantado una enorme expectación, ante lo que podría ser un “Supeman begins que cautivara no sólo a los incondicionales del cómic, sino también a los nostálgicos de Christopher Reeve, a los cinéfilos en general y, por pedir, incluso a la crítica, como sucediera increíblemente con el estreno de “El caballero oscuro” (aunque quizás en eso tuviera más mérito Heath Ledger que Chris Nolan). Sin embargo, semejantes proezas ocurren en muy singulares momentos de la historia y en esta ocasión, el milagro, simplemente no se ha obrado.

Y no habrá sido por falta de nombres: David S. Goyer, Henry Cavill, Michael Shannon, Russell Crowe, Kevin Costner, Connie Nielsen (“Boss“), Laurence Fishburne, Diane Lane… y por supuesto el de Chris Nolan. Ya desde sus primeros planos con la historia en el planeta Krypton parece que estamos ante una nueva mala entrega de Star Wars y con el paso de los planos la cosa parece una mezcla pastiche de elementos tomados de películas como “Matrix”, “Alien” o “Dune”, y por supuesto de las primeras películas de Superman de las que terminamos echando de menos algunas cosas importantes.

Henry Cavill - Superman 2013

El problema más grave de “El hombre de acero” es el guión del tándem Goyer-Nolan que, en esta ocasión, no ha acertado a confeccionar una historia firme apoyada en una interpretación única y con una lógica argumental que construya al personaje desde su base fundacional y nos acompañe con él hasta entender sus más terribles batallas. Al contrario que en el caso de “Batman begins”, cuyo valor fundacional, origen prístino del personaje, era su lidia personal con el miedo, el Superman de Goyer-Nolan parece perderse en una colección de pequeñas lógicas de entre las que no emerge una historia contundente. Hay varias ocasiones en las que ésta puede llegar a surgir, apoyándose en el personaje de su padre (interpretado por Kevin Costner), o bien en la diatriba sobre la fé en la Humanidad, así como otros temas menores. Sin embargo, el guión no elige con vehemencia un tema que desarrollar y el personaje termina descosido en aproximaciones erráticas y truncadas que sólo encuentran una perspectiva histórica gracias a los recuerdos y experiencias que la mayoría de nosotros vivimos con las entregas anteriores de la saga. Al final de la película, nos parece haber entendido todo lo que se nos ha contado, pero no porque se nos haya narrado debidamente, sino porque son los temas clásicos de Superman y compensamos con nuestros recuerdos y nuestro conocimiento colectivo las carencias de una historia que a pesar de sus más de 140 minutos de metraje no llega a emocionarnos en ningún momento. Todo se cuenta… pero de forma parcial, y desde luego sin alcanzar culminación emocional alguna. A este Superman apenas llegamos a entenderle las palabras (aunque algunas frases son de lo más risibles), pero no tanto las historias de su corazón.

El hombre de acero - reminiscencias Alien

Como decíamos, la película toma prestada una buena galería de elementos propios de otras películas que reconocemos no sin cierta decepción. La estética de los edificios y su destrucción recuerda claramente a las imágenes de “Origen”, dirigida por el propio Nolan. Las imágenes de las naves espaciales, sobre todo sus interiores, recuerdan excesivamente a la estética de “Alien, el octavo pasajero” o la reciente “Prometheus”, ambas de Ridley Scott. Los planos del planeta Krypton recuerdan al “Episodio III” de “Star Wars”, seguramente pecando, como aquélla, de un exceso de CGI (imágenes generadas por ordenador) que nos impide “aposentar” las escenas sobre nada tangible. Por otro lado, la estética de algunos superpoderes recuerda peligrosamente a los de “X-Men”, entrando en un debate sobre quién llegó primero que probablemente sólo interesará a los más incondicionales de los cómics. Y ya sólo cabe añadir una dosis suficiente de “space opera” de lo más convencional como para empezar a dudar sobre el género mismo de la película que estamos viendo. Se aprecia, por tanto, muy escasa originalidad en la manera cómo esta historia ha sido “diseñada” para la pantalla y suficientes elementos de otros “textos” como para lanzar la pregunta de si ésta es, realmente, una película autónoma.

Michael Shannon - El hombre de acero

Repartamos algunas buenas notas para 1) El personaje de Michael Shannon, a la altura del reto, aunque puede que la mitad de este personaje suyo llamado “General Zod” estuviera ya contenido en el “Nelson Van Alden” que conocemos por la serie de TV “Boardwalk Empire”. A los aficionados a esta serie seguro que el plano en que Shannon exclama “¡¡Herejía!!” les hará sonreír. 2) Algunos pasajes de la banda sonora en los que ésta alcanza cierto carácter grandioso y emocionante, especialmente en los planos en los que Superman descubre su propia identidad y comprueba por primera vez los límites aéreos de sus superpoderes. Poco más.  3) la urgente renovación del traje del protagonista cuya nueva discreción ha aumentado su dignidad visual. 4) la renovación estética de Lois Lane, mucho más actual, estilizada y sexy que la histórica Lois Lane .  5) La brutalidad de las peleas entre superhéroes, seguramente más próximas a lo que deberían ser, aunque sólo satisfarán a los aficionados a esta clase de largas escenas de golpes al estilo de “Transformers en donde resulta difícil hasta saber quién golpea a quién, y en donde nadie encontrará el más mínimo ápice de la psicología del personaje.

¿Qué hemos perdido frente a entregas anteriores? Lo cierto es que los guiones de las primeras películas de Superman contenían algunos elementos que, al margen de si figuraban o no en los comics originales, aportaron elementos interesantes para la construcción del personaje principal. Por ejemplo, la primera Superman” de 1978 relataba mejor la historia romántica con Lois Lane, hasta el punto de que la audiencia llegaba a comprender su idilio más allá de las dotes evidentes (visuales o no) del personaje en sí y sus superpoderes. La incompetencia de “El hombre de acero” en lo que se refiere a relatar esta historia de “amor” es tal, que para cuando llega el beso entre los protagonistas… la audiencia se pregunta qué se ha perdido para que Lois sublime en amor lo que tan sólo debería ser un enorme agradecimiento por la cantidad de veces que el hombre volador la rescata de sus frecuentes caídas al vacío. Puede que Amy Adams sea mucho más atractiva que Margot Kidder, pero los rostros de ésta última sirvieron mejor a un relato que más allá de la evidente atracción debía construir una profunda comprensión mutua.

Lois Lane actrizTambién hemos perdido algunos momentos emocionalmente muy intensos que vivimos en películas anteriores. En la citada “Superman” de 1978, hay que recordar, el guión mostraba a un superhéroe incapaz de salvar en primera instancia a Lois Lane, que termina engullida en una grieta en el suelo por donde se hunde sin remedio. Su muerte (provisional) sirve para ver el rostro de un superhéroe romperse de dolor por asistir a la mayor tragedia que podía imaginar, la pérdida de la mujer a la que había descubierto que amaba. La historia emocional entre ambos había sido desarrollada correctamente, y ello contribuyó a que contempláramos con empatía el desgarrador grito de dolor de Superman con el cuerpo de Lois entre sus brazos. Así se diseñaron personajes intensos que con el tiempo han envejecido especialmente mal en lo que a cinematografía se refiere, pero a los que hay que conceder, nos guste o no, unas capacidades emocionales que van más allá de esta nueva versión más interesada en hacer a sus personajes atravesar unos edificios detrás de otros que en enseñarnos profundidades emocionales y escenarios humanos. Esta Superman se ha perdido en sus CGI’s a pesar de ser tan consciente desde el primer momento de que lo más importante era construir el personaje; que nada tendría sentido después si no era capaz de explicar los por qués del personaje protagonista, su esencia y, sobre todo, sus verdaderas debilidades (aquí prácticamente desaparecidas).

Naves que vuelan, armas que disparan rayos de colores, diálogos que pueden provocar la risa floja, … Independientemente de la receta original del cómic, aquí tocaba hacer una película, y seguramente… ésta no era la idea. Por este motivo, y con la esperanza de que sus seguras secuelas enderecen sus progresos, cabe preguntarse si “El hombre de acero” no habrá sido una nueva oportunidad perdida para contar la historia de Superman que los fans se merecían y que han visto suceder antes con su rival “Batman”.

Antes de terminar, una última nota para poner de relieve la cantidad de actores y actrices de “El hombre de acero” que se encuentran en este momento a medio camino entre el mundo del cine y de las series de TV. A Connie Nielsen, que interpreta a la madre de “Clark Kent”, acabamos de disfrutarla como “Meredith Kane”, esposa de “Tom Kane” en la serie “Boss”. A Laurence Fishburne, cuyo rostro se volvió tan popular en “Matrix” dando vida a “Morpheus”, le vemos triunfar esta temporada en “Hannibal”, la serie de TV basada en el personaje de “Hannibal Lecter”. A Michael Shannon, al que popularizamos con la serie “Boardwalk Empire”, le han reservado nada menos que el papel del villano principal en “El hombre de acero”. Y aún encontramos otros papeles como el que interpreta Michael Kelly, a quién hoy disfrutamos junto a Kevin Spacey en “House of Cards”; o a Richard Schiff, el inolvidable Tobey Ziegler en la serie “El Ala Oeste de la Casa Blanca” de Aaron Sorkin. Definitivamente, hoy la línea que separa el mundo del cine del de las series de televisión está irremisiblemente desdibujada y ya no queda claro cuál de los dos sentidos entre ambos mundos es el más prestigioso y conveniente de los dos.

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